martes, 7 de junio de 2016

Diario de Viaje: Ciudad del Vaticano (Octubre de 2015)

Religioso dejé de serlo hace muchos años pero siempre tuve ilusión por visitar el país más pequeño del mundo y eso siempre tiene un aliciente. Ahora quedaría Rusia para haber visto el más grande del mundo. Bueno, a lo que íbamos. Enclavado en la ciudad de Roma no dista mucho del río Tíber y el redondo castillo de Sant'Angelo. Una ancha avenida lleva hasta la ovalada plaza con su obelisco en el centro y la cúpula de la basílica de San Pedro. Una lástima no haber entrado en ella, pero será para la siguiente vez.

Pasando unas bajas verjas cambias de país en un tris: de Italia al Vaticano. La plaza estaba a rebosar porque el Papa estaba dando audiencia pública y se le veía al fondo vestido de blanco. Un par de fotos y a rodear la muralla del país en un intento de llegar a los Museos Vaticanos. Y es recomendable, porque siempre hay cola y parece que durante las audiencias no hay nadie.

Impresionantes los museos, nada desperdiciable. Kilómetros y kilómetros de pinturas y esculturas de todas las épocas, resaltando la era romana. Los jardines que se pueden atisbar son impresionantes, bien cuidados y muy verdes. Las galerías y los frescos te van a detener mucho tiempo y más si te gusta el arte egipcio. Hay incluso momias. Lo que sí fue una relativa decepción fue la Capilla Sixtina, muy pequeña y abarrotada de gente, con guardias de seguridad chistando y rompiéndote la paciencia.

Lo que me maravillaron fueron los mapas antiguos, sobre todo uno árabe hecho en una placa de metal y con la característica de que el sur está representado arriba. Las obras religiosas inundan todo como no podía ser de otra manera. Tras varias horas salimos del país hacia Italia para acicalarnos y encontrarnos con mi buen amigo y colega investigador Mattia.

sábado, 4 de junio de 2016

Diario de Viaje: Roma (Septiembre de 2015)

Uno de mis planes más esperados era visitar Italia. En un par de ocasiones se me frustró el plan, pero, como dicen, a la tercera va la vencida. Pues bien, de Sevilla a Fiumicino y tras unas pocas vueltas y un engrase rápido del italiano de mi esposa pronto llegamos a nuestra habitación, en lo que eran los sótanos de un antiguo convento. Excelente. Y rápidamente empezamos a pasear por el barrio de Trastevere. Callejeo, plantas trepadoras, cientos de personas, recodos medievales y tráfico a mil. Un barrio con encanto y con la oportunidad de probar el famoso espresso italiano.

De ahí nos pusimos a visitar el río Tíber con esa isla en medio y al pronto entramos en la zona más histórica de la ciudad eterna. Mezcla del arte renacentista tan típico de la zona y antiguos restos romanos nos llevaron al Altar de la Patria, el enorme monumento en homenaje al monarca unificador de Italia, Víctor Manuel II. Con guasa lo llaman el pastel, ya que está sobre una colina y es blanco. Tras recorrer esto pronto llegamos al Foro de Augusto, con sus columnas ciclópeas y los atisbos a lo que tuvo que ser un lugar impresionante. Cerca, creo, está la sede de la emblemática Orden de Malta.

A lo antiguo, con un mapa en la mano, pudimos llegar al Palacio del Quirinal, sede del Presidente italiano. Con la ayuda de algunos transeúntes pudimos orientarnos y llegar a la abarrotadísima Fontana di Trevi, algo deslucida por la ingente cantidad de turistas y las vallas que la protegían en los trabajos de restauración. Un poco de callejeo nos llevó a un hermoso centro comercial y de ahí a otra columna, de nuevo 'pedida prestada' a los egipcios. Las calles y la arquitectura son espectaculares, nos atrapó incluso más que París. Seguidamente, llegamos al Panteón, donde descansan los restos de los reyes de Italia. La cúpula es inmensa e impresiona soberanamente, más el ojo que hay en su centro. De ahí no queda otra que visitar las fuentes de la Piazza Navona, enclavada en el centro de Roma. La anécdota fue aquí un adolescente estadounidense buscando con desesperación un McDonald's. Sí, en la capital de la pizza y la pasta. Un poco de arreglo y a comer lo típico, faltaría más.

Otro día tocó visitar un poco más esta zona, con las numerosas plazas que tiene y dirigirnos hacia el Foro Romano, aunque fuimos por el lado que no era, aunque las vistas desde el Campidoglio son espectaculares. Arcos y restos te daban a ensoñar cómo tuvo que ser la zona en la época de máximo esplendor. La lluvia tocaba ahora, pero no nos impidió bordear el Circo Máximo y de ahí embocar el Arco de Constantino y el famoso Coliseo Romano (antaño el Anfiteatro Flavio). Contemplar la magnificencia de dicha obra y los espectáculos que tuvieron que darse ahí impresionan. Los museos incluso hablan de anécdotas características que han podido reconstruirse mediante la arqueología. De ahí tocó visitar las enormes ruinas del Palatino, donde residían los altos dignatarios. Lo poco que queda no creo que pueda hacer homenaje a cómo tuvo que ser eso.

Por último, antes de descansar para el vuelo de vuelta, tocó pasear por el Foro Romano y maravillarse con los restos de los templos y con los arcos de Tito y de Septimio Severo.

viernes, 3 de junio de 2016

Mis idas y vueltas con el andalucismo

Pues si alguien sigue este blog verá que inicialmente (aunque el culmen llegó por 2007) era andalucista y empecé un viaje hacia el constitucionalismo, acompañado por las ideas y buenos augurios de UPyD. Sí, en este largo lapso de tiempo uno ve cómo mi interés sobre política versa sobre el nivel nacional. No sé, pero tiene que haber de todo, desde los que solo se interesan por la política europea hasta los que se embelesan únicamente por la política local. Lo más probable es que muchos se enfoquen en todas pero someramente, hay pocos fanáticos de solo una cosa. Pero por esa regla de tres tiene que haber gente que solo le interese la política nacional y otros solo la autonómica.

Aún me parece raro volver a enfocarme en la política andaluza. Ahora, y por razones más sentimentales que prácticas, empecé a interesarme por la política y sucesos de mi pueblo, en un afán de no terminar de cortar lazos con el sitio que me formó. Pero vivir en el centro de Andalucía tiene un efecto de atracción inmenso. Las historias sobre moros y cristianos, el particular dialecto, las costumbres y folklore (sevillanas y flamenco sobre todo) que han sido extrapoladas a toda España e incluso adoptadas como características. También la historia de familiares sobre los destrozos y crueldades de la Guerra Civil, así como la espantosa represión franquista. También las ideas anarquistas y más actualmente comunistas que siempre predominan en los pueblos vinculados al sector agrícola. La eterna lucha obrera y el problema del latifundismo siempre han resonado en todos los andaluces, en algunos con más fuerza que otros.

Esto ha formado parte de mi infancia, aunque no me ha empapado como a otras personas que han vivido esto de manera más directa. Mi familia siempre tuvo el tino (o no) de no mojarse decididamente por una u otra opción política cuando éramos niños. Ya más en la adolescencia vi decantarse a mis padres más claramente por un sector político. Pero conociendo poco (ya por mi cuenta fui investigando, no mucho aún) ya se me hizo claro que España es claramente un Estado, al que doy un fuerte apoyo, pero compuesto por muchos sentires y sensibilidades, llamémoslas Naciones.

En mis años de nacionalista andaluz llegué incluso a coquetear con la idea de independencia. Eso sí, no unilateral, sino en vistas de un proceso inevitable y en un futuro lejano. Pero recordemos que no solo lo pedía para Andalucía, sino para todas las naciones. Hoy no me tomo esta idea a rajatabla, lo que pienso ahora es que España ha de seguir unida y que en un tiempo se integrará en un nuevo Estado a lo EE.UU. de Europa.

Seguimos, tras recorrer siete de las ocho provincias andaluzas (te la debo, Almería) y contrastar mis ideas con otros tipos de nacionalismo (sobre todo quedé influenciado con el nacionalismo bretón) tengo ahora un nuevo acercamiento, pero a un andalucismo desde un punto de vista folklórico. A ver, no digo que viva el flamenco y las peinetas (en realidad, los aborrezco y no puede vivir una autonomía de esto en vez de apostar por igualdad, socialdemocracia y desarrollo tecnológico), sino más bien de la arbonaida blanquiverde, de la estrella tartéssica, del indalo, de los campos eternos de olivos, de la arquitectura musulmana, del oscurantismo barroco... esos son mis reclamos y cosas a potenciar. Evidentemente, estos homenajes no están en contra de alabar otros símbolos que no vienen de Andalucía. Adoptar más bien que atacar como si tuviéramos miedo.

Vivir en el extranjero (también esto es parte de ayuda) termina limando diferencias. Uno ya no se ve de Andalucía, sino de España. Es más, las políticas nacionales son las que te afectan tan lejos, no las autonómicas. Sin embargo, en la política española la presencia de las regiones y nacionalidades es muy importante. Desgraciadamente, el nacionalismo centrífugo parece ser la única solución para que el Gobierno central se fije en los problemas de las autonomías. Es triste, pero quien no llora, no mama. El autogobierno, necesario y legítimo, se ve opacado por reclamos de lo más estrambóticos y el comienzo de desigualdades. El Senado no funciona como cámara de representación territorial, sino como una versión desmejorada del Congreso. Si el Congreso representa la Nación española y crea leyes útiles (en principio) para el país, el Senado debería encargarse de debatir si esas leyes son buenas para una determinada autonomía, con sus particularidades. Ese debate parlamentario hubiese sido harto interesante. Pero hasta en la cámara baja, la de solo representantes de la Nación por cada provincia, hace apología del nacionalismo.

Vascos, catalanes, gallegos, canarios y ahora también valencianos y aragoneses ponen la frase '¿qué hay de lo mío?' donde debería decirse 'esto ha de ser común para todos'. Los Gobiernos, para lograr sus objetivos, han dado y fomentado estas voces nacionalistas, luego si uno quiere que su autonomía tenga prebendas parece que no le queda otra que montar el mismo lío. Ojalá eso cambie pronto. Andalucía siempre ha estado atrasada. Ocho millones de habitantes vistos como de segunda, un caladero de votos para partidos políticos que se interesan poco en los problemas andaluces. Recordemos que el paro, el fracaso escolar y la corrupción en esta comunidad autónoma son sus particularidades. Cierto que el gobierno autonómico no hace nada para paliar esto, o muy poco. Si el PSOE-A vive de este caos no lo va a cortar para no matar lo que le da de comer.

Un andaluz (entendido como el que vive y paga impuestos en Andalucía) tiene más peso y conocimiento de lo que necesita él y su entorno que uno que viene de fuera y a las prisas. Andalucía tiene un extenso territorio, cubierto con llanuras y cordilleras, con marismas y desiertos. Estas personas que viven ahí intentan llevar el día a día lo mejor que pueden, pero las condiciones no están disponibles. El Estado ha de mirar a todas las autonomías por igual, pero no lo hace por iniciativa propia, solo si hay voces de queja. Quizás un Estado federal podría compensar esto. Un andalucista debería luchar por conseguir esto porque sería bueno para Andalucía, pero poco más, ya que por definición debería estar abocado a la política autonómica. Por eso me parece un despropósito que un partido político nacionalista se defina como republicano, por ejemplo: su misión es que su autonomía tenga voz en el Parlamento y las necesidades de sus conciudadanos, no plantear cambios (o mantener cosas) a nivel estatal, para eso están los partidos nacionales y constitucionalistas.

Mis primeros amoríos con la política (tras la rebeldía del voto en blanco o abstención y mis flirteos con el anarquismo) fue con Foro Andaluz, el partido fundado por Pimentel. Sí, centro-derecha. Después pasé al centro-izquierda de UPyD de Rosa Díez, con un enfoque consitucionalista. Ahora, si me enfoco de nuevo en el andalucismo folklórico (o histórico, para que no piensen en saetas de Semana Santa y trajes de faralaes) no apostaré por ninguno independentista o cuya postura sobre el sistema económico sea el comunismo radical. En este grupete entrarían Nación Andaluza, el grupo Jaleo! o a la CUT del endiosado Gordillo. Lo siento, pero la democracia me permite disentir aunque el fondo sea común. Quizás las nuevas formaciones como Somos Andaluces y Andalucía Por Sí tengan un enfoque nuevo y moderado, que recojan lo mejor del extinto Partido Andalucista y sus escisiones. Trabajar por y para los andaluces, no porque Andalucía sea especial y mejor que las demás regiones, sino porque Andalucía ha de ser igual que las demás regiones.

sábado, 21 de mayo de 2016

Diario de Viaje: Sevilla (Junio de 2000)

Sevilla, la capital de Andalucía. Aunque se le critique mucho por parte de los cordobeses y malagueños, es una ciudad que merece ser visitada varias veces. Su Plaza de España es inmensa y espectacular, con razón la eligieron para Star Wars. Tiene azulejos representando todas las provincias españolas, con mapas y motivos particulares y las vendedoras de romero te harán pasar un rato complicado (es gratis, pero paga). Del Costurero de la Reina hacia la Torre del Oro se puede recorrer la ribera del río Guadalquivir y ver sus famosos puentes. Ahí está la plaza de toros sevillana y cruzando el río puedes entrar en los típicos barrios de cante jondo.

La catedral sevillana es enorme, una de las más grandes del sur de Europa. Su arte barroco es impresionante, te atrae (esa obra arquitectónica que alberga un museo del detalle) y repugna (la fastuosidad de una religión que casi asfixia) a partes iguales. Merece la pena recorrer dicha catedral e ir ascendiendo poco a poco la mítica Giralda para ver una excelente panorámica de la ciudad. Sí, la Giralda combina el arte almohade con el cristiano y es uno de los referentes sevillanos por excelencia. A pocos pasos está el Real Alcázar, obra maestra musulmana. Sus patios y habitaciones son una inspiración para cualquiera y te permiten retrotraerte a otras épocas. Y sus jardines son excelentes, pavos reales incluidos. Uno deja de dudar entonces de por qué se eligió el lugar para grabar parte de Juego de Tronos.

Callejear es excelente, entras en el barrio antiguo y hay recovecos geniales. No se olviden pasar por la calle Sierpes, por favor. De vez en cuando te cruzas una iglesia y desembocas en la plaza recubierta por las Setas. Modernidad y clasicismo. Si encaminas correctamente tus pasos puedes llegar hacia el Palacio de San Telmo, actual sede de la Junta de Andalucía, o a las murallas romanas.

Por otra parte, si te gusta el tema, puedes meterte en la basílica de la Macarena (con el arco previo) y ver el arte barroco consolidado en los pasos y figuras de Semana Santa.

jueves, 19 de mayo de 2016

Hacia la permeabilidad del Estado-Nación

Hace poco leí una interesante entrevista a Álvarez Junco sobre los Estados-Nación. Evidentemente, llega a muchas conclusiones que había intuido y más siendo uno de los temas de estudio de mi esposa. La concepción de Nación, ente cultural y lingüístico, nace y se arraiga con fuerza en el siglo XIX en un intento de aplastar a los imperios aglutinadores y homogeneizadores. Monarquías que incorporaban a diferentes pueblos con una tendencia a eliminar sus costumbres. Los Imperios, los Reinos, deberían funcionar políticamente y administrativamente de manera independiente a la actuación del monarca, es decir, funcionar como el Estado que hoy conocemos. El romanticismo decimonónico ayudó a afianzar la idea que cada Nación ha de tener su Estado propio. ¿Quién mejor que el propio paisano para conocer lo que está necesitando tu gente?

Fue así donde los nacientes Estados-Nación, finalmente consolidados al finalizar la I Guerra Mundial, determinaron fronteras fijas e inamovibles, cuestión de guerras si se violaba el más mínimo acuerdo. Dentro de esas fronteras la sociedad tenía que ser homogénea, tener una cultura común. O sea, lo que se criticó durante los imperios ahora se aplicaba para los habitantes. Quizás esta homogeneización no era tan fuerte o drástica como antaño, pero de sobra es conocido que cualquier comunidad humana que quede relativamente aislada del resto, desarrolla sus propias particularidades, incluso dentro de una misma Nación. Además, ya fuese como novedosas repúblicas o monarquías reconvertidas, la soberanía era ejercida firmemente en el país que ocupaba la nación. Ya fuese el pueblo, o las Cortes, o los Jefes de Estado, pero la soberanía era algo que te permitía decir y hacer dentro de tus fronteras lo que deseabas.

Ya eso no tiene sentido, ni por asomo. Ojo, no estoy diciendo que el Estado-Nación hoy esté obsoleto y haya que quitarlo por algo que aún no está del todo claro. Los Estados-Nación siguen poseyendo un poder simbólico y jurídico aplastante y siguen funcionando. Pero tienen que ser repensados, reimaginados y, con el tiempo, abolidos. Al menos esa es mi opinión. Si bien Francia tuvo mucho éxito (aunque el proceso merezca hoy reprobación) en la homogeneización, España no (aunque el proceso merezca hoy alabanza). Zapatero, al menos que recuerde, fue el primero en quitarse pudores y definir a España como una Nación de Naciones. No olvidemos el concepto de nacionalidad en la Constitución de 1978, dentro de la indisoluble Nación Española. Ya, por suerte, había quedado atrás el lema de Una, Grande y Libre. Hoy, inspirados por la Bolivia que una vez se inspiró en nosotros, habla sin miedo la casta política de plurinacionalidad. Y ya los que me siguen (lo siento, neófitos) saben que la defino como un Estado compuesto de varias Naciones, incluso antes de que se pusiera de moda hacerlo.

Pero no solo la coexistencia de varias naciones en un antiguo Estado-Nación pone en entredicho a esta construcción humana. La migración desde la segunda mitad de siglo XX, con los procesos descolonizadores, también tiene parte en esta cuestión. Ciudadanos que abandonaron su lugar de nacimiento para tener una oportunidad en un nuevo país, comunidades que se forman, descendencia y trascendencia de la cultura natal. Antes por el aspecto de una persona podías identificar más o menos de qué país era pero hoy en día, afortunadamente, la mescolanza es tal que ya es difícil. La segunda o tercera generación, bien integrada, tiene incluso oportunidades de participación y ascenso político y social. Es más, incluso puede haber más vínculos que entre los añejos nacionales, puesto que la diferencia entre clases puede ser abismal si el Estado siguió unas políticas de poco sentido social. Familiares, viajes, globalización, abandonan ya la idea de frontera rígida, si bien los trámites migratorios y las opiniones racistas y xenófobas sigan resonando y dificultando la integración... o conllevando la falta de ella. Aún los Estados-Nación intentan ver al migrante como alguien foráneo, alguien cuya participación en la vida política que le afecta ha de ser limitada, al menos durante un tiempo.

Y bueno, el concepto de colaboración, el de acuerdos comerciales, económicos y turísticos, la supranacionalidad. Los valores de la Unión Europea antes de sustituirlos por las vallas con alambre de espino. Las ansias de movilidad en el Mercosur. Sí, poco a poco, para mejorar esta interconectividad, los Estados-Nación han de ceder soberanía. Ya deciden en otras instancias y el Estado solo tiene que refrendarlas. Ya se debate para el bien común de varios países, a pesar de que a la bancada nacionalista le duela esta pérdida hacia arriba (y no hacia abajo) de soberanía. No se pueden, a mi criterio bajo esta sociedad mundial actual, ir concibiendo Estados-Nación cada vez más pequeños. Lo que ha de hacerse es pensar en Estados-Nación si no más grandes (para no repetir la época de imperios) más fluidos, menos fijos, heterogéneos, con fronteras desdibujadas. Permeables. Recuerdo que la especie humana ha sido durante muy poco tiempo (como unos 8000 años) sedentaria. El nomadismo genético no combina bien con el concepto decimonónico de qué es un ciudadano y qué es un Estado-Nación.

sábado, 14 de mayo de 2016

Diario de Viaje: Villa del Río (Mayo de 2008)

Un pueblecito enclavado entre las provincias de Córdoba y Jaén, empapado en una larga historia que llega a las antiguas minas romanas de Sierra Morena, dato consolidado por el puente romano que es uno de los mayores símbolos del pueblo (aunque, desgraciadamente, no de sus habitantes al ver el lamentable estado de abandono en el que está).

Pueblo de tradición obrera y jornalera, queda a los pies de un meandro del Guadalquivir y unas lomas (una alberga al legendario Árbol del Amor, que destaca entre tanto olivo) que lo encierran y generan un clima de humedad especial. No es muy grande este pueblo, pero poco a poco intenta salir hacia delante con renovaciones de paseos y aumentando poco a poco la oferta cultural. Recordemos que es una fuente de actores teatrales interesante.

La devoción por la Virgen de la Estrella en este pueblo es inmensa. Cerca está su austera ermita. Y si tienes buena guía puedes llegar al enclave conocido como Humilladero, donde según la leyenda se dio la afamada aparición mariana allá a finales del siglo XV. Casas solariegas inundan la población con curiosas historias para quien quiera escuchar. Además, fue la cuna del gran periodista Matías Prats.

Su estadio de fútbol sala es uno de los mejores de Andalucía y para deporte dos grandes piscinas, una de ellas climatizada. Plazoletas alegóricas que aún albergan a ancianos en las tardes veraniegas que comentan los vaivenes de la vida y añoran sus años mozos. Varios polígonos industriales, que intentan hacer al pueblo el centro neurálgico de la industria maderera de la región, son la esperanza de despegue de la localidad y sus habitantes.

jueves, 12 de mayo de 2016

Esfuerzos para ganar confianza (o solidez)

La XI Legislatura ha sido la de más corta duración en la reciente democracia española. Si bien el 20-D hubo un clamor en las urnas que abogaban por un inicio del verdadero parlamentarismo, ya que obligaban a todas las formaciones a dialogar y a consensuar (como en los míticos años de la Transición), el empecinamiento y la cortedad de miras por un lado y el rancio inmovilismo por el otro han decepcionado a muchos. El Gobierno de Rajoy, aunque en funciones, seguirá otros meses más, por mucho que nos pese.

Ante el virtual vacío de poder muchos han vuelto su foco hacia la Corona, puesto que en estos momentos delicados un paso en falso puede quebrar su obligatoria neutralidad. Recae al Rey proponer un candidato a la presidencia y a falta de consenso este tema es muy trascendente. Pero seamos sinceros, aunque en teoría puede proponer a cualquiera (incluso al famoso independiente sugerido por Ciudadanos), en la práctica todo queda reducido a la avenencia del Presidente del Congreso y al voto positivo del Congreso de los Diputados. Es necesario entonces sondear opiniones, sugerir acercar posturas y hacer las preguntas correctas para aclarar las posiciones de unos o de conocer las posiciones de otros. Pero seamos sinceros, no se le puede pedir más de lo que se le exige constitucionalmente: no achaquemos el inmovilismo al monarca en vez de a los propios partidos políticos (o sus representantes). Desgraciadamente, parece que hoy en día está de moda criticar a alguien porque no hace lo que no puede hacer (como mucho sugerir o fomentar). ¿Desconocimiento o mala fe?

Ya las encuestas más recientes indican que ya nadie opina que la Corona es uno de los problemas principales para España. En el primer año de reinado de Felipe VI se le dio una puntuación de 6,67 sobre 10 (según Sigma Dos en junio de 2015). Los simpatizantes del PP le dan el mayor puntaje (8,1), mientras que los de IU el menor (4,5) y en los otros tres grandes partidos (PSOE, Podemos y C's) aprueba. La franja etaria de más de 65 años también le da la mayor nota (7,9), mientras que la que está entre 18 y 29 años de edad le otorga la menor (6,1).

El nuevo monarca posee un 75,1 % de opiniones favorables al desempeño de su cargo y los simpatizantes de todos los partidos se decantan mayoritariamente por el SÍ. Por otro lado, el 49 % (contra un 44,2 %) afirma que Felipe VI está recuperando el prestigio de la institución monárquica. En este caso, el NO se hace mayoritario entre los simpatizantes de Podemos e IU.

La opinión por el anterior Príncipe es en general buena, opción preferida de todos los simpatizantes y todas las franjas etarias. Esto se opone a la opinión que tienen sobre Juan Carlos I, donde si bien predomina que es buena, los simpatizantes de Podemos e IU indican que es mala de manera general (aunque todas las franjas etarias indican que la opinión mayoritaria que tienen es buena, aunque en porcentajes menores a los de Felipe VI).

Los apoyos a la Monarquía Parlamentaria han ido variando: desde el 53,8 % de enero de 2013 (41,0 % para la opción republicana), al 49,9 % de enero de 2014 (43,3 % en contra). El anuncio de abdicación en junio de 2014 invirtió la tendencia, llegando al 55,7 % de apoyos y el 35,6 % de detractores. Un año después, el apoyo subió al 61,5 % y el rechazo bajó al  33,7 %. El rechazo sigue siendo mayoritario en los simpatizantes de Podemos y de Izquierda Unida.

Finalmente, la reina Letizia por su lado ha aumentado la buena percepción por parte de los encuestados en detrimento de doña Sofía, que si bien es buena, los porcentajes de esta opción decaen paulatinamente. Solo queda decir que el 45 % le pareció bien la nueva política de transparencia de Zarzuela y el 49,8 % indica que le han parecido buenas las acciones de la nueva Familia Real. Además, el 51,9 % indicó que le pareció buena la presencia internacional del Monarca y el 82,9 % ve bien que el rey emérito siga teniendo una agenda reducida y no desean que aumente el número de apariciones. Datos para pensar y reflexionar que aunque parezca que haya un vacío de poder las instituciones españolas son sólidas y que podemos confiar en ellas y en los procesos que fueron previstos por ellas mismas, aunque a veces nos decepcionen.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...