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viernes, 29 de diciembre de 2023

Diario de Viaje: Lyon/Liyon/León de Francia (Noviembre de 2022)

 Saliendo temprano en tren desde Grenoble te da tiempo a ver los campos y zonas montañosas hasta llegar a Lyon. Mira que desde hace años me han hablado muy bien de esta ciudad pero nunca tuve la oportunidad de darle una vuelta. Finalmente, la agenda cuadró y armado con una mochila empecé a recorrer como loco sus calles antes de partir hacia el aeropuerto.

Desde la estación de tren enfilas hacia el centro y te encuentras con grandes rascacielos, la zona económica de la ciudad parece. Pero empieza lo bonito cuando cruzas el puente del Ródano y te ves la majestuosidad del Palais de la Bourse. Ventanas alargadas y en gran número, esculturas, techos en ángulo de pizarra, detalles dorados, lo que te gusta de este país. De ahí hasta el ayuntamiento con su torre central hermosa y asomándose a la Place des Terreaux con su fuente. Espectacular el lugar y con muchos turistas, evidentemente.

Callejeé un poco por la zona, con callejuelas y casas típicas francesas. Hasta paré para comer un bocadillo típico del lugar. Incluso compré un postre, que reservé para probarlo en casa. Nada mal. En esta zona hay muchos detalles y calles en cuesta, todo de tonos blancos y con el sol que asomaba te sentías bien. Y la caminata llegó hasta el anfiteatro romano, que está bien conservado y tiene unas vistas a la ciudad inmejorables.

Empecé a bajar hasta cruzar el río Saona, que hace una curva muy interesante y tienes buena panorámica del lugar. Y de ahí al Vieux Lyon, repleto de gente y con calles con detalles de madera y partes bajas con arcos (aunque no en voladizo, creo que es una estructura típica de esta parte del país). Pude llegar hasta la catedral de San Juan Bautista, que me pareció pequeña, y anduve hasta la iglesia de San Jorge, con su torre afiladísima.

Tenía tiempo, así que acumulé fuerzas y empecé el complicado ascenso hacia la basílica de Notre-Dame de Fourvière. Enorme, muy blanca, con detalles impresionantes y teniendo una vista de la ciudad envidiable. Me encantó pasear por la zona y tener diferentes puntos de vista de la basílica (sobre todo desde el Parc des Hauteurs) y de una torre de comunicaciones que le hacía homenaje a la Eiffel. Incluso entré en el templo y sus paredes me encantaron.

Empecé el descenso por una zona boscosa en vez de deshacer mis pasos por la calle y me encontré con una manifestación multitudinaria, aunque pude sortearla para hacerle unas fotos a la iglesia de Saint-Nizier. De ahí, ubicar qué calle era la que tenía que tomar y de vuelta a la estación de tren y de ahí la lanzadera hacia el aeropuerto. Me encantó la ciudad y ojalá poder volver.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Diario de Viaje: Sassenage/Sassenâjo (Noviembre de 2022)

 Es duro hacer turnos de medición en los sincrotrones pero lo bueno es que si te organizas bien puedes tener un momento para recorrer la ciudad y los alrededores. Tenía esta vez varias cosas como plan pero decidí en último momento ir al cercano pueblo de Sassenage. Lo que me enamora de Francia es que tiene una red de caminos muy buena y acondicionada y puedes ir a pie casi al lugar que desees.

La mañana era fría y bien otoñal, con mucha humedad y hojas doradas por todos lados. Caminar hasta el lugar te permite recorrer el puente sobre el río Drac y enfilar por su ribera hasta llegar a las inmediaciones del estadio y empezar a caminar por el parque que bordea un canal. Hay prados enormes y muchos sitios para que jueguen los niños y los perros. El tema de ocio y naturaleza lo tienen bien interiorizado, sí. De ahí caminé hasta el castillo que me decepcionó un poco: es en realidad un pequeño palacete con unos pequeños jardines.

Mientras me iba acercando al pueblo había visto a mayor altura otro castillo que asomaba entre verde y nubes bajas y me dio ganas, dada la hora, de seguir internándome en el pueblo y comenzar a ascender. Este chasco fue mayor porque era algo privado y no había posibilidad de echarle un ojo desde fuera. Y es que tenía una pinta de ensueño por su ubicación y torres altas. Bueno, el premio gordo me lo llevé caminando un poco más porque llegué a la cascada de las Cuves, un torrente de agua muy bonito y caudaloso. El entorno verde y húmedo, con algunos restos de edificios le daba un toque mágico. Y también había multitud de senderos para continuar la aventura y disfrutar más pero como en Francia se almuerza pronto no podía demorarme más.

Pero mientras quería bajar eché un ojo y vi que no estaba nada lejos la iglesia de Notre Dame des Vignes. Es pequeña pero a su lado tiene un pequeño cementerio con nombres en sus callejas que daba al paraje un especial interés. Y las vistas de Grenoble eran impagables. Un descubrimiento muy hermoso antes de ponerse a trabajar a destajo.

martes, 18 de abril de 2023

Diario de Viaje: Saint-Martin-le-Vinoux (Marzo de 2022)

 Tras mi regreso a Grenoble quise ir caminando hasta el fuerte que domina la ciudad. Un rato largo caminando y más que la subida era bastante exigente. Pero bueno, las vistas merecen la pena.

Para cerrar bien la jornada decidí deshacer el camino por otro sendero y este me dejó por la otra ribera del Isère para adentrarme un poco por Saint-Martin-le-Vinoux. Un pueblo pequeño donde priman casonas para gente que quiere vivir cerca de los montes y a la vez cerca de la ciudad. Mucho verde, muchos jardines y casas, donde algunas tenían características bastante curiosas, al estilo belle époque. A saber que excéntrico ricachón vivió allí casi un siglo antes que han quedado sus obras para el curioso que llegue a pasear por la zona.

sábado, 11 de febrero de 2023

Diario de Viaje: Grenoble (Noviembre de 2021)

Casi ocho años después tuve la oportunidad de volver a pisar suelo francés. La verdad es que lo había echado de menos y con el tiempo ya se me ha oxidado el idioma, cosa de la que me arrepiento bastante. Pero gracias al trabajo tengo la oportunidad de acercarme a mi querida Francia.

Eso sí, el viaje estuvo lleno de complicaciones pues íbamos a Ginebra y de ahí cruzábamos la frontera para llegar a Grenoble. El avión tuvo que volver a Barajas por un pequeño incendio, así que inauguré la cuenta de aterrizajes de emergencia. Evidentemente, todo se retrasó y tuvimos que ir a la carrera con todo, ya que del aeropuerto había que llegar a la estación de trenes de la ciudad, sacar el pasaje ahí (porque en el aeropuerto por algún motivo ese día no podían) y cruzar los dedos para lograr llegar antes de que cerrasen la cantina para la cena. Sin cobertura tampoco podía avisar a nadie y cuando llegamos todo estaba cerrado justo ante nuestras narices. Pedir comida a domicilio se hizo bien complicado, puesto que al que la iba a traer se le rompió la cadena de la bici y anuló todo. Al final, con mucha suerte, pudimos cenar bien de noche.

A la mañana siguiente el paisaje te impresiona, pues está lleno de grandes macizos, peñas, cortes geológicos y enormes cordilleras nevadas a lo lejos. El oriente francés tiene un atractivo que no lo conocía. En posteriores viajes a la luz del sol pude ver cómo el camino boscoso y salpicado de lagos queda enmarcado por imponentes macizos y hay multitud de pueblecitos que te piden a gritos ser visitados.

Lo malo del trabajo es que son pocos días y muy intensos, turnos de 12 horas al día. Cansa mucho y no te da tiempo a nada. Sin embargo, pudimos escaparnos una noche a callejear en el centro con la baja iluminación típica de Francia. Pero al menos pude callejear por el casco histórico, con callejas de estilo típico: planta baja con puertas en la pared imitando a los arcos de medio punto y muchas y pequeñas ventanas. Y madera por todos lados. Es parecido al oeste pero a la vez diferente.

En otro viaje pude sacrificar sueño y hacerme una larga caminata para ascender al fuerte que hay en la zona norte. Es como una bastilla a la que se accede mediante funicular. Yo lo hice a pie, desde una zona bastante pintoresca y en el ascenso cada vez podía ver mejor una panorámica de la ciudad y cómo está enclavada entre varias cadenas montañosas. Me gustó mucho subir y tener una vista magnífica del lugar. Caminar por la ribera del Isère con tanta agua y vegetación siempre te hace bien. Ojalá más tiempo libre para poder recorrer todo con tranquilidad.

viernes, 10 de junio de 2022

Elecciones en Francia, ¿punto de inflexión?

 Muy interesante el proceso electoral francés de los pasados meses. Evidente iba a ser la reelección de Macron, aunque se pensaba que iba a ganar de calle, tanto que empezó a hacer un postureo poco sano como mediador del conflicto entre Rusia y Ucrania y con algunos empujones del resto de candidatos la elección volvió a estar reñida. Había prometido Macron que iba a ser el presidente de todos los franceses y que iba a gestionar el país de buena manera, con una perspectiva europeísta intensa y que no se iba a dar su victoria in extremis esta vez (en alusión al fantasma de la ultraderecha). Para sorpresa de muchos, la victoria in extremis volvió a darse aunque ahora con algo más de holgura.

Emmanuel es un genio a la hora de la puesta en escena, del simbolismo, de la declaración justa y del ángulo de fotografía preciso. En una república con tintes tan monárquicos (la Constitución de la V República da unos poderes al Jefe del Estado impresionantes, haciéndolo el protagonista indiscutible de la vida política del país) el tema del simbolismo y comunicación son algo muy importantes. El dirigente socioliberal tenía a numerosos competidores, pero ha sabido granjearse el voto mayoritario. Ojo, en el proceso de cambio en el que está inmersa Francia ese voto es bien volátil, es un voto prestado: muchos lo votaron como mal menor, en defensa de la democracia contra Le Pen.

La aliada rusa y adalid de la extrema derecha francesa ha jugado muy bien sus cartas. No se desmotiva, no pierde la paciencia, le basta ganar una vez aunque haya perdido decenas de veces. Su cambio de discurso ya oculta su malestar con los colectivos LGTB y pro derechos de las mujeres, ahora se mueve más en generar una figura de defensora de los valores (no tradicionales, sino actuales) franceses contra el enemigo interior, o sea, los franceses descendientes de inmigrantes, así como inmigrantes de nuevo cuño. Sus posturas anti-islámicas la convierten en atractiva para los conspiranoicos, los xenófobos y los racistas, así como gente que queda asustada por la atmósfera de malestar que se ha encargado de generar (y que ya llevaba cargando Francia hace mucho tiempo con la inclusión de inmigrantes y descendientes). También ha ayudado mucho la abusiva atención mediática hacia Zemmour, con posturas más radicales aún de extrema derecha. La han hecho ver indirectamente como la moderada.

Por otro lado Mélenchon no tira la toalla nunca, quiere pisar moqueta. Y cada vez está más cerca de conseguirlo. Ha acaparado un voto de enfado que lo está catapultando cada vez más, se ve como alternativa de gobierno contra la extrema derecha y el centro-derecha socioliberal de Macron, personaje muy afín al stablishment y a los poderes económicos (recordemos que fue el banquero aventajado de Rothschild). Mélenchon tiene a su favor que la Asamblea, tradicionalmente opositora al poder de la Jefatura del Estado, va a inclinarse a su favor en las elecciones legislativas. Incluso se ha soñado como Primer Ministro. Y justo ese es el problema de Mélenchon: él mismo. Porque sus posturas antieuropeas (le da rencor encontrarse la bandera de la Unión) o sus veleidades (recordemos cómo se definía como el Estado cuando la policía debía investigar un recinto en el que él estaba) le hacen inclinarse hacia una radicalidad que termina siendo compartida por los simpatizantes de Le Pen. Cuando intenta alejarse del centro dirigiéndose hacia la izquierda se acerca, irónicamente, al otro extremo. Mientras no modere sus posturas (o deje el paso libre a una nueva hornada) el Elíseo va a seguir lejos.

Lo curioso es que la izquierda y derecha tradicional, Partido Socialista y el refundado partido descendiente del de Sarkozy (Les Républicains), respectivamente, han quedado en la nada, en la marginalidad más absoluta. Es como la defunción de la vieja política, de los grandes bloques hegemónicos que se odiaban pero se necesitaban para alternar cada cierto tiempo. Hoy rige la polarización y su espacio ha desaparecido. Eso y que ya nadie cree en sus promesas miles de veces incumplidas, en su vestido de ejemplaridad hace años sucio y roto. Esta lectura tiene un análisis muy interesante y puede ser precursor de los derroteros europeos en la siguiente década.

Muchos han señalado que, para que Francia se revitalice y Macron pueda atajar los problemas acuciantes, el propio Presidente ha de hacer una jugada maestra: perder poder, delegar. Francia ha sido siempre muy centralizada y puede ser hora de empezar a descentralizar, a dar más poder y autonomía a las regiones que la componen. Habrá problemas, sí, pero su figura dejará de estar tanto en el punto de mira. Hoy cualquier logro o fracaso queda achacado al Jefe del Estado e, indirectamente, a la propia República Francesa. Si delega la capacidad de llevarse logros y fracasos la responsabilidad se diluirá, convirtiendo en ente neutral, como debe ser, al propio Estado. Veremos qué nos depara el futuro.

lunes, 19 de abril de 2021

El separatismo islamista en Francia

 Hace unos pocos meses hubo revuelo en Francia por unas declaraciones impactantes del presidente Macron. En estas abogaba por un conjunto de medidas para luchar contra lo que denominó «separatismo islamista». Según esta idea, la reclusión de musulmanes en los mismos barrios hace que actúen al margen del Estado francés, aplicando sus propias leyes e ignorando las demás.

Todo esto se creó a la sombra del cruel asesinato de un profesor francés que habló a sus alumnos sobre censura y libertad de expresión trayendo a colación las conocidas caricaturas sobre Mahoma de Charlie Hebdo. O sea, ni siquiera se mofó, sino que habló del tema y fue ejecutado por personas execrables. Y es que el tema de la libertad de expresión en Francia y las posturas de algunos musulmanes (ojo, la mayoría de practicantes de una religión no son, ni de lejos, unos engendros sanguinarios) han llegado a choques muy fuertes, atentados terroristas incluidos.

Francia tampoco es que tenga una tolerancia al concepto que tienen del «ser francés» y justo por ahí Macron entonó parte de un mea culpa: se han generado una serie de valores idiosincráticos muy estrechos y muy definidos que al no cumplirlos ya quedas fuera del concepto de cómo ha de ser un buen francés. Evidentemente, este concepto es más fácil de cumplir si eres de la Francia metropolitana que de otros lugares, excolonias incluidas. Tanta intransigencia crea con el tiempo aversión, tanta idea de pureza de Francia (o idealización, que tiene menos tintes oscuros) que termina acumulando a migrantes en barrios periféricos, dejando plena libertad de reorganizarse y actuar de manera diferente a lo que dicta el Estado francés. Y si sumamos la plena campaña de radicalización en medios y mezquitas sufragadas por el wahabismo el caldo de cultivo es perfecto.

No olvidemos que Francia usa golpes tajantes cuando los parámetros son algo (o muy) diferentes a lo que considera qué debe ser francés y qué no. Manuel Valls y su operativo policial para detener un bus escolar y sacar a una niña cuya familia era deportada ese día; el criterio de un juez de anular la nacionalidad que acabó de darle a una mujer porque, según su religión, no podía tocar la mano de un hombre; dictámenes de rechazo absoluto al velo sin debate previo o estudio antropológico sobre cómo mitigar el rechazo a la medida o proponer algo de igual valor simbólico sustitutivo. Estos actos terminan haciendo que los descendientes de los migrantes que consiguieron la nacionalidad y, por tanto, ya franceses de nacimiento, empiecen a abrazar ideas y costumbres de sus antepasados cada vez más divergentes a lo que pasa en sus entornos. Discriminación, falta de empleo, frustración sobre cómo tratan a los de tu origen, caldo de cultivo ideal para radicalizarse bajo un mensaje que te da respuestas fáciles, que te integra y que te permite formar parte de un todo mayor, de una causa. Adiós a la convivencia.

Surge el problema de la integración, pero no de la integración de los recién llegados, sino de los que ya nacieron. Por otro lado, hay acciones del Gobierno que intentan proteger a los niños de prácticas horripolantes de su familia (como la horrible mutilación genital) y gran parte de la sociedad apoya más una convivencia de diferentes idiosincracias que una asimilación que borre tus orígenes. Me parece lógico (yo lo hice) intentar integrarse en la sociedad de destino: hablar su idioma, compartir sus costumbres, profundizar en su historia pero no a cambio de renegar de tus raíces. Encerrarte en tus raíces genera guetos que son discriminados; abrazar toda la nueva cultura y anular la previa crea frustraciones porque, se quiera o no, nunca te verán como un igual (Abdelmalek Sayad señala esto a la perfección y lo tilda de «doble ausencia» pues si tras unos años retornas a tu lugar de origen tampoco tus compatriotas te van a ver como a un igual).

Cuando vivía en Nantes era muy significativo que en mis paseos llegabas a ciertos barrios y el cambio era abismal. No porque estuviesen vandalizados, que fuesen hervideros de delincuencia o que estuviesen abandonados o rehechos con otros conceptos culturales, sino más bien te daba la impresión de que a sabiendas la administración los había dejado de lado, los olvida e ignora. Ya no hay repavimentación, ya no se arregla el mobiliario que se deteriora con el tiempo, hay ausencia de parques y si los hay no están bien cuidados, no se pintan fachadas o elementos comunes. Y, qué casualidad, casi siempre son barrios de mayoría migrante o descendiente de migrantes. Y esto, indirectamente, te marca, te dice que el ayuntamiento, la prefectura, el Gobierno, no te presta mucha atención y que eres un francés de segunda categoría. Y se vuelve al comienzo, un perfecto caldo de cultivo por la desafección a la hermosa tierra francesa y a la llegada de interesados con soflamas poco democráticas.

sábado, 26 de octubre de 2019

Chalecos amarillos

Ya parece que esto pasó hace décadas, que sucedió en lugares distantes un corto tiempo. Y todo lo contrario. Las medidas de Macron para favorecer la transición energética pasaron por aumentar el precio de los combustibles fósiles y muchos se echaron a la calle. No solo agricultores y gente de campo que dependen del gasóleo, sino gente de toda condición y lugar. Y es lo que me esperaba de la idiosincrasia francesa: su actitud tan recta y poco emocional generada por estrictas imposiciones se rompe bajo ciertas circunstancias y explota todo lo reprimido. Es por eso que no solo protestaban personas directamente afectadas en mayor o menor grado, sino que se generó caldo de cultivo para sacar la rabia interior. Ojo, esto no le quitaba legitimidad a las protestas, sino más bien las hizo más virulentas y duraderas.

El chaleco amarillo creo que se usó por ser un atuendo típico que está en casi todo medio de transporte motorizado, lo que tenían más a mano los agricultores para identificarse como colectivo, por ejemplo. Quizás con intención o no, usar un chaleco sin significado creaba una atmósfera apartidista del motivo de la protesta. No era contra el partido político de Macron, ni ideología de tal o cual rama la que abrazaba y alentaba las protestas, sino gente enfadada que siempre sufre todo cambio para mal. Eso sí, a medida que se recrudecían las protestas y no solo se localizaban en París, banderas de todo signo pulularon en las manifestaciones. A bote pronto recuerdo, cómo no, las de índole comunista, francesas (por supuesto), corsas, bretonas, francesas con la cruz de Lorena (en alusión a la resistencia liderada por De Gaulle) e incluso francesas de la época monárquica. ¡Menuda mezcla!

Leí bastante que el movimiento de chalecos amarillos estaba siendo coordinado por personajes muy ligados a la ideología de la familia Le Pen, que eran conocidos por sus ideas retrógradas y su capacidad de crear altercados. Pero si soy sincero no sé si es que la extrema derecha fraguó todo esto para dinamitar al Presidente o si intentaron acaparar algunas de las protestas. No cuento con esa información por ahora. Eso sí, ha sido asombroso la capacidad que han tenido de organización masiva y puntual sin levantar sospechas de los cuerpos y fuerzas de seguridad de Estado. Vigilaban redes, vigilaban sospechosos pero nunca sabían si en tal o cual ciudad ese sábado, a una hora particular, se iba a congregar mucha gente para liarla parda. A Macron no le temblaba la mano de usar mano dura, la represión policial alcanzaba cotas difíciles de soportar, por mucha legitimidad que tenga la violencia estatal. Incluso se propuso la idea de si la cosa se ponía mal, que los agentes pudiesen usar armas de fuego. Herido y mutilados ha habido, eso sí es una prueba.

Pero las protestas no solo fueron destruir por destruir, la subida del precio de los combustibles fue frenada. Y a todo esto se le sumó un paquete de medidas de subidas salariales y menos impuestos a los jubilados. La aplicación de medidas sociales extra ha calmado mucho los ánimos aunque de los reclamos iniciales aún quedan puntos sin ser concedidos o, al menos, ser debatidos (como por ejemplo la reimplantación del impuesto a las altas fortunas, derogado por Macron).

Muchos países, España incluida, intentaron imitar a los franceses y se dieron algunas concentraciones de chalecos amarillos que reclamaban asuntos similares. Sin embargo, ha sido una moda pasajera que no logró convocar a mucha gente. ¿Por qué? Simplemente porque estos brotes de protesta forman parte de la idiosincrasia francesa, están justificados (o entendidos si suena fuerte lo otro) en el marco societario que ha constituido la República Francesa. Fuera de este marco se hace poco entendible, o se politiza rápido.

Si es legítimo o no usar actos violentos para lograr los puntos políticos que defiendes lo voy a dejar para otro momento. Aún ando pensando sobre el tema, a pesar de que cada día tenga menos tiempo de relax y de ejercicios de reflexión.

lunes, 12 de febrero de 2018

Diario de Viaje: Chenonceaux (Septiembre de 2013)

El paseo con mis amigos australianos y argentinos tuvo más sorpresas.

"Tras esto y con par de puntos desorientados (el GPS nos llevó a un camino de bicicletas con postes metálicos que evitaban que pasasen automóviles de altura) nos dirigimos al castillo de Chenonceau, que está justo sobre el río Cher. Más imponente y en el seno de un frondoso bosque. Una fachada con miles de detalles y un puente que se convirtió en parte del castillo para dar lugar a un salón de festejos enorme. La capilla diminuta es una joya y muchas salas están decoradas hasta la saciedad con tapices, esculturas sobre las enormes chimeneas y salitas de lectura con vistas hacia el río impresionantes y con multitud de cuadros. Las cocinas, con los pertrechos de la época son para admirar. La cantidad de recovecos e ingenios para postres o asados. Y la sobrecogedora sala negra y de nula iluminación de la viuda de Enrique III de Valois, Luisa de Lorena, donde todo está de luto y los frescos hablan de lágrimas y dolor. Salones enormes con frescos y escudos heráldicos lo llenaban por todas partes y el suelo del salón estaba desgastado en ciertas zonas. Es más, había un museo en donde hubo algunas cabezadas. Alrededor del mágico castillo había varios parques donde mirar diferentes perspectivas del castillo, así como un torreón, unas casitas medievales, otro laberinto, una huerta con enormes y deformes calabazas y un parque donde retozaban diferentes clases de burros."

lunes, 5 de febrero de 2018

Diario de Viaje: Villandry (Septiembre de 2013)

Retomando visitas que no tienen su entrada propia en este blog paso a modo reciclaje.

"El primer punto de parada fue la pequeña población de Villandry y su hermoso y restaurado castillo. Pero la verdad es que no entramos en él, porque en el exterior está lo mejor. Un patio de armas coqueto y un foso con agua que caía de una pequeña catarata. Pero la guinda del pastel era el enorme e interminable jardín que lo rodeaba. Había una enorme huerta con figuras geométricas y multitud de cultivos frutales y vegetales, no faltaba de nada y después jardines de plantas aromáticas y parras con unas uvas aún un tanto ácidas. Lo bueno de los jardines es que van escalando en altura y puedes tener hermosas panorámicas. Recuerdo que había un laberinto (sin callejones sin salida, aburría esto) y jardines con plantas exóticas que al internarte parecía que cambiabas de mundo. Un estanque con patos inmenso y que daba unas vistas impresionantes a los jardines geométricos con distintos símbolos heráldicos y alegorías al amor. Y para terminar un apretado bosque con vistas al valle del río Cher. Finalizada la visita comimos opíparamente a la salida del castillo. Probé unas setas (no, alucinógenas no) muy ricas y jugosas y una crème brûlée espectacular."

lunes, 22 de enero de 2018

Diario de Viaje: Dinan (Junio de 2013)

Rememorando ciudades de paso me toca repetir lo que escribí de una de mis favoritas:

"Y la parada fue a Dinan, ciudad bretona con multitud de casas de piedra y rincones con ancianos tocando instrumentos medievales. Un paseo tomando helado hasta la torre del reloj y de ahí al borde de la ciudad para contemplar un tajo enorme y verde donde el río domina la panorámica. Casitas y pesqueros adornan todo su curso y al fondo se contemplaba un bosque impenetrable. Una maravilla, vamos. Aprovechamos para internarnos y bordear las murallas y así contemplar la ciudad medieval. Había una enorme iglesia que vimos en unos minutos, así como otra con gárgolas y entrada abocinada que pasamos de largo."

miércoles, 29 de octubre de 2014

Diario de Viaje: Trélissac/Trelhissac (Febrero de 2014)

Última parada en Aquitania. Saliendo de Périgueux y remontando el río Isle hay un camino entre bosques y campos deportivos, donde se pueden ver los saltos del río y disfrutar de la naturaleza (y de los corredores que visten esperpénticamente, que siempre vienen bien unas risas).

La caminata fugaz de un día nos llevó hasta Trélissac, un pueblecito con un par de iglesias y el imponente Château Magne. Pero lo que más gustó fue la caminata en sí, donde se pudo contemplar y disfrutar de un buen día y unos paisajes espectaculares. Llevábamos algo de carga, pero pudimos comer y descansar en entornos donde reinaba el silencio de la civilización y el ruido de la naturaleza imperaba.

Guiados por mapas en puntos estratégicos que te indican cómo patearte y por dónde todo el departamento de Dordoña pudimos calcular el kilometraje y ver que podríamos llegar sin problemas al hotel para salir corriendo hacia el tren y volver a Nantes. Y el viaje de vuelta se hizo muy ameno, incluso con algunas variaciones por otros caminos secundarios que nos presentaron grandes casonas.

martes, 14 de octubre de 2014

Diario de Viaje: Brantôme/Brantòsme (Enero de 2014)

En nuestra estancia en Aquitania, Geo apuntó vehementemente a este pequeño y encantador pueblo. Y la verdad es que no pudo acertar más si cabe. Es un pueblo minúsculo en el corazón de la Dordoña y la parte medieval es una islita abarcada por los dos brazos de la Dronne. Pues bien, a pesar de la lluvia localizamos el autobús que nos llevaba y en el trayecto conocimos a una argentina que estaba dando clases en Périgueux y huía a una ciudad más grande para pasar el fin de semana. El viaje estuvo espectacular, puesto que pasamos por pueblos minúsculos rodeados de verdes bosques y con castilletes o abadías.

Pues bien, Brantôme está cercado por una línea de colinas plagadas de cuevas donde seguramente estuvo el Neanderthal o los primeros Cro-Magnon, puesto que en esta región se han localizado muchos restos cavernícolas y pinturas rupestres. Ideal para valorar el lapso de tiempo y el entorno natural de los primeros habitantes. Y lo sorprendente es que a día de hoy las cuevas se siguen usando, ya como casas ya como almacenes o aparcamientos. Un contraste muy interesante. Por desgracia el ayuntamiento del típico estilo francés estaba cerrado y el museo anexo también. Solo pudimos asomarnos un poco, pero bueno, algo es algo. También estaba una abadía (o iglesia, me parece) también cerrada, la de Saint-Pierre, pero de sólida arquitectura y el contraste entre la piedra blanca y el verdín por la climatología.

De punta a punta del pueblo se recorre en un santiamén. Había casas curiosas y lugares donde se podía ver el salto de agua del río. El sonido era apaciguador. Y lo interesante es que aunque escampado, seguía subiendo el nivel del río y se estaba inundando la zona cercana, pero no una mini-isla que estaba demasiado bien cuidada. El paseo por la zona del ayuntamiento nos permitió ver alguna que otra tienda y también estábamos a la búsqueda de alguna plazuela céntrica para localizar algún restaurante y almorzar. Pero lo mejor estaba en la isla, con sus casas antiguas de piedra, su trazado medieval en zigzag y la estrechez. Incluso vimos una puerta que daba al río y que en la orilla opuesta se abría otra puerta, como si hubiese un camino. Como en esta zona, siempre hay una casa señorial con su gran blasón. En la calle principal, cuando comenzaba la lluvia, localizamos un bar que también era casa de apuestas y conseguimos comer un excelente estofado y carne asada. Un éxito, recomendado también.

Con el estómago lleno y el cielo algo indulgente seguimos nuestro periplo por la islita y cruzamos un estrecho puente hecho con barrotes bien trabajados y todo rodeado de árboles que tiraban sus largas ramas al caudal de agua. Ya en el continente paseamos más por la zona del cementerio y más casas solariegas, aunque esta zona estaba más abandonada. Mucho callejeo hasta orientarnos y de allí fuimos a dar una vuelta al lado del río hasta parar al verde y extenso parque del pueblo, que seguro que es donde hacen fiestas veraniegas. Está hecho con asientos y pérgolas del Renacimiento, donde se podía ver incluso cruces y detalles trabajados hace siglos. Una joya. Seguía subiendo el nivel del agua, pero sin problemas llegamos hasta la parada del autobús para volver a la base, aunque la lluvia ya no nos respetó tanto y apretó un poco antes de partir.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Diario de Viaje: Périgueux/Periguers (Enero de 2014)

Desde siempre quise visitar el sur de Francia. Los paisajes y la historia de la Occitania siempre me han llamado la atención: pinturas rupestres, guerras santas, la tradición cátara... Por eso, tras estropearse nuestro primer plan de visitar Italia nos decidimos por el departamento de Dordoña, verde y montañoso. Fue así cómo fuimos primero en un tren hacia Burdeos y de ahí hacia Périgueux, con anécdota de Geo tranquilizando a uno que tomaba el tren tarde y no sabía si era el bueno o el niño-niña cargando con aparatos más grandes que su persona. Pero el traqueteo nos dejó un paisaje verde, pero de otra vegetación algo diferente y menos oscura que allá por la zona norte. Evidentemente, llovía en esta parte de Francia, no es para menos en ese país, no sé cómo hacen. Bien orientados llegamos al hotel y de allí a visitar algo de la ciudad. Lo que resalta es la catedral de St.-Front, enorme y de un estilo que yo identifico con renacimiento italiano. Es enorme y con varias cúpulas y de tonos muy claros. Pero el interior es solo y lúgubre, aunque pudimos encontrar algún regalo para mi suegra.

Incluso en la región de Aquitania hay aún casas con vigas de madera y esparcidas por la ciudad. La más pintoresca es la que está situada sobre un muro, como evitando la amenaza de roedores, ¿sería un granero? Un paseo por el río y vuelta a la ciudad para investigar todos los rincones, incluso al lado de una antigua torre hay un centro de turismo que se alegró (yo mentí un poco para provocar la alegría) al enterarse de que veníamos de Argentina directamente al lugar. Es muy loco lo grande que es Francia y la cantidad de pueblos y ciudades apasionantes que apenas reciben turismo exterior. Parece que solo París tiene la fama (algo inmerecida me parece). Por el callejeo encontramos plazoletas dedicadas a los judíos y casas hechas totalmente de piedra, como si fuesen fuertes los inviernos también por allí. Sumado a esto también estaban muchas casas al estilo de la catedral, el estilo que llamo renacentista italiano. La plaza principal también tiene este estilo y es muy blanca. Merece la pena pasear por el centro, en serio. ¿Los precios? No andan mal, pero siempre es más barato hartarse en los desayunos que ofrece el hotel y comprar algo en un supermercado (o en las ferias ambulantes que hacen a veces) para comprar algo barato y comer en el hotel mientras se ve una película.

Pero esto no es todo en Périgueux, yendo un poco más al sur está la iglesia de St.-Étienne, que parece cortada a la mitad y con las mismas cúpulas que la catedral. Y al lado hay un bar que dan un café y cruasanes bastante ricos y baratos. Paseando se pueden encontrar plazas más modernas y una plaza que contiene los restos del anfiteatro romano de la ciudad. Parece que Périgueux fue un centro romano importante en la Edad Antigua. No muy lejos está la torre de la Vésone medio derruida, pero aún se puede contemplar su aspecto imponente. Existen por aquí y por allá partes de la muralla romana y alguna casona medieval (con sus blasones) derruida que puede ser un perfecto escenario de algún cuento gótico.

Existe también como un canal paralelo al río que se puede recorrer tranquilamente. Incluso tiene sitios para hacer ejercicios con máquinas simples y ejercitar así músculos que no se mueven mucho al correr. Todo el paraje está rodeado de un monte muy verde con algunas casas señoriales al estilo de la Ilustración. Muy tranquilo todo, la verdad. Recomiendo la ciudad por su callejuelas escalonadas con esas casas de piedra y madera y haciéndose parte de la muralla medieval y esa mezcla con un estilo de la Edad Moderna que atrae de por sí.

sábado, 30 de agosto de 2014

Diario de Viaje: Quimper/Kemper (Enero de 2014)

Fue una decisión de Geo en el último momento, pero muy acertada. Saliendo de una fiesta para madrugar e irnos a pasar un día en la mitad de Bretaña. Os recomiendo, improbables lectores, esta ciudad francesa. ¡Incluso tuvimos buen tiempo!

El tren nos dejó en la estación y pronto fuimos acompañando al acanalado Odet con varios puentecillos adornados con flores y macetas. Incluso con forja bastante antigua. Los carteles estaban todos en francés y bretón, cosa que apenas se observa en Nantes. Y bajando el curso del río se llega a la muralla antigua de la ciudad donde asoman por todos lados los dos pináculos de la catedral de Saint Corentin. Parece que fueron añadidos después, pero son de un gótico impresionante. Me encantó la catedral y el museo al aire libre, con una escultura de un crucificado cuyo rostro era idéntico al afamado Cristo de Borja, la restauración fallida más famosa de los últimos tiempos. Sin embargo, el interior de la catedral es bastante normalito, con la excepción de que en un punto se ve que está profundamente desviada. Se nota, y mucho. La plaza al lado de la catedral era extensa, para ver las estructuras arquitectónicas del exterior de la catedral y sus gárgolas, así como edificios anexos antiguos. Los bloques de casas son los típicos de grandes balcones y en número importante.

Pero recorriendo la zona se observan las típicas y atractivas casas de madera de la región. Muchas, demasiadas. Con multitud de colores y entramados. Bajas, de varios pisos o dobladas, con o sin figurillas religiosas. Fueses donde fueses te encontraban con muchas de ellas y el contraste con la catedral hace un lugar maravilloso para recorrer. Nos fuimos a almorzar en el mercado, cerca de donde desemboca el Steïr en el Odet. Y comimos un pescado muy rico, servido por alguien que tenía familia en las Islas Baleares, así que pudo practicar un poco de español. Muy loco que aún se asombren de que les visitan turistas que no son franceses, pero tiene su encanto.

Después fuimos hasta la iglesia de Saint Mathieu y tras una fugaz lluvia subimos el monte Frugy. Ideal para tener una buena panorámica de la ciudad y su imponente catedral. Hay incluso una urbanización de ricachones en su cima. Merece la pena el paseo y salir por otro lado para recorrer una zona ya más moderna. Pero si se sube como hacia el norte desde la catedral se puede ver una curiosa torreta con una muralla antigua. No pudimos ingresar dentro pero el paseo ayudó a descubrir nuevas calles y recovecos, donde la madera y la pizarra dominan. Incluso una plazuela con varios restaurantes y edificaciones de piedra bastante interesantes, con el contraste eterno de los pináculos asomando.

viernes, 15 de agosto de 2014

Francia, lamentablemente, zozobra

Logré hace poco uno de los objetivos académicos de mi vida: trabajar e investigar en Francia. La verdad es que me venía bien el cambio de aires y el probar cómo se investiga por aquellas afamadas tierras. Y visitarla, viendo su idiosincrasia, por supuesto. Y no hay que negar que es una sociedad respetuosa y algo fría (excepto cuando beben una copa de vino) y con una infraestructura que merece la pena.

Pero aún así, mucho mejor que España y Argentina, llegué en la época en que ya habían sido descendidos de nota por las agencias de calificación y la economía bailaba entre el estancamiento y la ligera recesión. La verdad es que muchos conocidos tenían ideas funestas sobre lo que estaban pasando: ya no eran uno de los motores europeos. Y no había posibilidad de ofertar ya contratos fijos. Sorprende el listón de cada país, puesto que estando infinitamente mejor que España se los veía a los franceses decaídos y con temor a entrar a tiempos duros. Y creo que incluso con este declive seguían mucho mejor que cuando España era una economía boyante.

Hollande poco ha podido hacer, excepto seguir perdiendo popularidad. Ya no circula por las redes el documento (apócrifo) que decía que don François en dos meses había hecho más que don Mariano en un año. Vale que Rajoy es pésimo, pero resulta patético hacerlo más malvado de lo que es. Sobre todo cuando la comparativa es Hollande, el socialista que no es reconocido como tal por los socialistas. Lo malo es que el ala derecha de la política gala está destruida por los tejemanejes de Sarkozy y en vez de ir a la izquierda por el soñador Mélenchon están yendo masivamente al populismo racista de Le Pen.

De nada sirvieron las proclamas de no ser más un perro faldero de Alemania y que el socialismo francés arrojaría pistas a los demás miembros de la Unión Europea para hacer una nueva y mejor política económica. Incluso las propuestas de reformar el capitalismo de Sarkozy quedaron como un brindis al sol. Y bailar al son de Alemania sigue siendo aún lo tradicional en este gran país. El déficit y la deuda siguen subiendo y ni siquiera las arriesgadas propuestas de Valls pueden frenarlos. 50000 millones de euros que se iban a recortar, más al estilo de derecha que de izquierda. Pero tal cantidad aún es insuficiente. Y ya sabemos que recortar por recortar (y más donde no se debería hacer) promueve el estancamiento de la economía y presagios aún más funestos. Además, aún el Primer Ministro tiene el temor de que no es aceptado como un francés más, por lo que sus posturas las hace con cierto resquemor, conllevando más críticas si cabe. Que asuma quién es, que vea qué dice cuál papel y que diga sin tapujos que es del ala conservadora del socialismo, quizás así pueda hacer una política coherente.

Ni los escándalos románticos de Hollande ni sus ideas de ser un 'padre de la patria' durante la conmemoración del 100º aniversario del inicio de la I Guerra Mundial lo van a rescatar del pozo de popularidad en el que está. El Presidente menos valorado de la V República (o sea, desde 1958). Sigue haciendo lo contrario que había prometido, esclavo de lo que se diga afuera, esperando algunas concesiones y migajas de la Unión para no ver cómo la industria francesa se va al garete. Ni siquiera el empujón del italiano Renzi pudo consolidarse y él aprovecharlo. No le quedan muchos aliados y más desde que Reino Unido se empeña en jugar solo (o en contra de los demás).

Bajan las inversiones y sube el paro (10,5 %) y no sé cuánto ahorrarán en la remodelación de la división regional de Francia. Al ser un Estado centralista esto lo puede hacer sin problema, pero seguro que ganará algunas quejas de regiones autonomistas con betún nacionalista y pedirán más prebendas y exenciones. Espero que las quejas no sean vertidas, como siempre, a las clases inmigrantes menos favorecidas. Eso es lo que quieren los partidos xenófobos de discurso sencillo. El asunto es más delicado de lo que se supone y Francia debe despertarse antes de que termine el año. Lo malo es que en la arena política no hay nadie que pueda armar un buen equipo y tirar del carro (¿deberían ganar y convencer en las primarias Ségolène Royal y/o Jean-Marc Ayrault?). 2017 está muy lejos, desgraciadamente.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Diario de Viaje: Le Croisic (Enero de 2014)

Tras las vacaciones, merecidas, vuelta a Francia y nueva búsqueda de lugares que visitar. Esta vez fue el pueblo pesquero de Le Croisic al que fuimos en tren un día bastante malo. Casi llovió, pero el viento frío y el cielo plomizo, todo azotado por un intenso viento, hizo que no pudiéramos disfrutar del todo. En Redon el cambio de trenes nos pilló con una niebla espesísima, pero el pueblo, que es una península, no tenía esta desventaja, así que pudimos ver la bravura del Océano Atlántico. Lo primero fue salir de la estación y subir el Monte Espíritu, que es como una cúpula de piedras con la subida en espiral y con piedras salidas, como si las tuviese que escalar Gandalf. El parque, pequeño pero cuidado, para variar (y con el consabido monumento a las víctimas locales que lucharon en ambas Guerras Mundiales). Seguimos por el lado norte, pasando por la mansión Kenaudu y pasamos a los puertos del pueblo, llenos de barcos y con el nivel del mar subiendo. Las casas, estrechas y muy asociadas a los pescadores.

En frente se veía otra zona de tierra con una mansión, que parece que ahora es como un hospital o algo así. Una señora nos dijo que las mejores tomas eran por el larguísimo malecón. Pasamos por una parte parecida a un muelle, bajo el parque Lénigo, con cosas para que los niños jugasen. Si no, se aburrirían hasta la saciedad. El viento y frío en el malecón fue enorme y casi al final nos dimos vuelta y volvimos a la playa de arena amarilla y algas dispersas por todos lados. En un intento de ir a comer volvimos hacia atrás y nos sumergimos en las calles. Pocas casas de madera, muchas de piedra y un Ayuntamiento de diseño curioso. Incluso una iglesia que parecía de negro y verde: Notre-Dame de Pitié (es decir, de la Piedad). En comparación con otros sitios, nada para tirar cohetes, vamos.

Pero el comer es otra cosa, impresionante las galettes que se encuentran en el lugar (Le Cap Horn por si alguien me lee y quiere comer bien visitando esta zona de Loire-Atlantique). Muy repuestos, atravesamos las tranquilas calles del pueblo, viendo organismos oficiales y parques, hasta la zona sur. Esta parte de la costa está mucho mejor, llena de riscos y acantilados. Y unas vistas muy buenas, incluso con bajadas a pequeñas playas para los más valientes. Y el camino bordeando las rocas es espectacular. Y llegar a Pierre Longe (Piedra Larga, se podría traducir; sí, nombre muy tolkieniano) puedes hacerte fotos y tocar un menhir que yace ahí desde tiempos inmemoriales. Incluso las casas y los faros tienen mejor pinta en esta zona sur de Le Croisic. A la vuelta fuimos por el inmenso parque de Penn Avel, con avenidas cubiertas de árboles gigantes. Para los amantes de la naturaleza. Tras eso, la curiosidad de ver casas particulares con nombres propios. Y en grande, hecho de acero e incrustado en la parte más alta y visible de la casa. Muy curioso.

lunes, 17 de febrero de 2014

Diario de Viaje: Angers (Noviembre de 2013)

Tenía ganas de visitar esta ciudad. Durante mi estancia en Francia he tendido más a visitar Bretaña, pero tenía ganas de ver cómo era el interior. Además, la región de los Países del Loira tienen multitud de bellos paisajes y mucha arquitectura. Además, Angers fue lugar fronterizo entre el territorio de realengo y el ducado bretón, por lo que debía haber una mezcla interesante. Y otra cosa más, he crecido usando una bandeja de metal donde estaba estampada la imagen del castillo de la ciudad y siempre me motivó la idea de conocerlo en persona. Pues momento ideal.

Bueno, un día lluvioso y algo complicado para orientarse, pero la ciudad tiene muy buena pinta y al poco pude llegar al castillo. De verdad, sus jardines, en lo que era el foso, están muy bien cuidados y dan un aire de naturaleza y verdor, junto a las figuras geométricas que les gustan tanto a los franceses. El castillo es bastante enorme, de gran altura e imponente. Sobre todo destaca el intercalado de sillares amarillos y negros que le dan un decorado que no tiene ningún castillo defensivo. Una maravilla que puede ser contemplada horas sin problemas. Para evitar la lluvia nada mejor que entrar en este castillo medieval e ir a su restaurante que tiene implantado el modo de 'sírvase usted mismo' para que elijas lo que te parece más apetitoso (una vez que pagaste por una combinación prefijada). Y, ¡albricias! Un sol magnífico, aunque un viento enorme y más cuando por el pretil te asomabas al río. Dentro no tiene muchas cosas, un par de construcciones y una iglesia sosa, junto a mucha historia sobre la Casa de Anjou y sus relaciones con la Casa de Aragón.

Nada mejor que hacer la ronda y ver el huerto y observar la ciudad y las torretas de la catedral. Y una vez hecho eso, recomendación total: la visita al tapiz del Apocalipsis. Es una sala en penumbra donde está colgado un tapiz (o colección de ellos) y representa punto por punto los capítulos de Apocalipsis. Impresionante el detalle y la imaginación de la gente de aquella época para transmitir mensajes de manera directa. Tras eso, una visita al museo para ver las excavaciones de lo que fue un santuario/fortaleza neolítica.

Caminar por fuera del castillo también está fabuloso, así puedes ver en toda su magnitud las coloridas murallas y torres. Y subiendo escalones desde la ribera está la catedral de San Mauricio, que recibía con algunos cánticos. Rosetones enormes y un púlpito en madera impresionante, como que representaba una ciudad engalanada y otra abandonada, pero con gran cantidad de detalles. Y recomiendo además una rápida visita al centro para ver la casa de madera de Adán tras la catedral (más el intento de meterse en un lugar de reuniones catedralicio) con sus figuras de índole sexual. La ciudad muy tranquila y con edificios claros y blanquecinos y amplas plazas para poder observarlos. Llegué hasta la Torre de San Albino y recorrí parquecitos hasta la estación de trenes, esquivando a los tranvías, por supuesto. Tranquila y bella ciudad.

sábado, 8 de febrero de 2014

Diario de Viaje: Clisson (Octubre de 2013)

Momento a finales de mes cuando el tiempo está cambiando, pero no quita para seguir visitando partes del departamento de Loira-Atlántico. Y eso que la mañana se presentó lluviosa, pero íbamos todos los conocidos, al más estilo delegación ONU. Además, a la tarde había programada una visita a unos viñedos, por lo que era una oportunidad que no se podía dejar escapar.

Tras los miedos y dudas con la fría mañana y la lluvia incesante llegamos al pueblecito de Clisson, cerca de la frontera de Vandée (o Vandea, en español), por lo que esta ciudad fue testigo de las cruentas guerras civiles que destruyeron la región tras la Revolución Francesa. Un ruinoso castillo nos dio la bienvenida, mudo testigo de mejores épocas, de cuando los Duques de Bretaña paraban por estas marcas para relajarse o revivir sus infancias. El barrio antiguo no era muy grande y estaba salpicado de nuevas construcciones, por lo que el aire medieval estaba muy difuminado, excepto por la plaza del pueblo, con un techo de madera de épocas pasadas, algo de lo poco que sobrevivió intacto a la guerra civil. Increíblemente, había un mercadillo e hicimos buena cuenta probando pizzas y panes, además de comprar el famoso muscadet.

Lo bueno de este pueblo, aparte de gran tranquilidad, fue la aparición de numerosas construcciones totalmente inspiradas en la Italia renacentista, y sus buenas vistas al estar cierta parte del pueblo en un terraplén. Muchos ricachones y pintores intentaron recrear lo que vieron en sus viajes, por lo que crearon casas, iglesias y templos para inspirarse en sus paseos, composiciones musicales, poéticas o pictóricas. Y vaya si lo consiguieron. Hay incluso un templo romano en lo alto de un promontorio. Tras visitar la iglesia y sus toscanas pinturas fuimos hasta el río Sèvre (rodeado de césped y árboles) y cruzamos los puentes para ver el pueblo desde otro lado y hacer tiempo hasta la hora de almorzar galettes y crêpes. La gente se maravillaba de ver a tantos turistas y preguntaban de dónde éramos.

Tras la comida nos fuimos hacia un parque enorme, la Garenne Lemot, lleno de estatuas y templetes de inspiración romana y griega. Incluso había grutas y alamedas enormes que te llevaban a cualquier lugar. Buenas vistas del pueblo, por cierto. Y bonito palacete, además. Todo esto para ir corriendo al viñedo y que nos explicase que por el poco sol y el exceso de agua las uvas no pueden oscurecerse y cómo llevaban a cabo el proceso para conseguir el muscadet. Incluso probamos varios tipos en proceso de fermentación. Tras eso nos llevó a la bodega donde estuvimos probando clases diferentes de caldos y hablando con la gente que no conocíamos para estrechar vínculos. Siempre es bueno conocer gente de todos los rincones del planeta. Tras eso, y un poco beodos, nos tocó el corto trayecto de regreso a Nantes, con comentarios jocosos sobre quien conducía. Risas, siempre.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Diario de Viaje: Saint-Herblain (Octubre de 2013)

Nuestra amiga uzbeka nos invitó a su casa a probar las delicias de su país, así que el equipo de hispanohablantes tomamos el tranvía para salir a Saint-Herblain, un pueblo que está pegado a Nantes. Como es evidente, no vimos mucho del pueblo, excepto las zonas residenciales y el famoso Sillon de Bretagne, un enorme edificio funcional de tres brazos escalonados, que hoy en día está lleno de residentes.

Impresionante la cantidad de comida que había en su casa, tanto que pensamos que toda la comida iba a ser lo que abarrotaba una mesa. Pero no, eran los entrantes. Así que hicimos de corazón tripas (volteo la famosa sentencia para acercarme a los hechos) y nos pusimos a probar de todo. Ahí nos reunimos gente de todas las nacionalidades, contando con españoles, uzbekos, portugeses, algún francés, italianos, kazajos, indios y libaneses. Una reunión ONU, para variar. El niño chico creo que no había tenido tanta gente en la casa porque no paraba se hacer cosas y no quería irse a dormir por nada del mundo.

La nota discordante fue el valenciano prepotente que había ahí con sus sentencias sobre que la juventud ya no sabía nada y que dominaba la historia a la perfección (pero confundía evidentemente reino con territorio de realengo a la hora de hacer consideraciones sobre el feudalismo y la importancia del Duque de Bretaña)... o que aún entendía el español, cuando el resto de nacionalidades evidentemente no (y es que por deferencia se escoge el inglés para entendernos todos, y alguna vez que otra el francés). Bueno, nada que no pasase a mayores, por lo que decidimos aprovechar para pasar una buena velada y escuchar de primera mano el relato de exiliados de su país, que por opiniones políticas diferentes y acusar al Presidente (con motivos sobrados y objetivos) de dictador la familia no puede volver a su país sin pasar por la cárcel tras un juicio parcial. Momentos traumáticos hasta conseguir llegar a Francia y obtener la ciudadanía, que tampoco fue cosa fácil.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Diario de Viaje: Saint-Malo/Sant-Maloù/Saent-Malo (Septiembre de 2013)

Aun con un fuerte resfriado, no podía dejar de visitar la región occidental francesa. Además, el coche estaba alquilado y me esperaban para partir, aunque esperé en el sitio que habíamos quedado durante casi media hora, mientras que los demás estaban en la parada de tranvía. Bueno, al final se arreglaron las cosas y pudimos viajar sin complicaciones hacia la Bretaña.

Nuestra primera parada fue en Dinan, que sigue siendo encantadora y nos quedamos con las ganas de descubrir más de esta ciudad. Directamente nos fuimos al bastión o torre defensiva y visitamos su museo interior con sus enormes chimeneas y la cantidad de objetos que había en cada sala. Para destacar, como siempre, las grandes cocinas que se usaban por aquellos años y los jardines aledaños con esculturas y zonas semiderruidas. Impresionante la vista desde la parte más alta de la torre: bosques verdes hasta donde la vista alcanzaba, racimos de casitas de techo inclinado de pizarra entre bosques y bosques, la línea de la ciudad con sus sillares de piedra característicos. Recomiendo ir a esta ciudad, gente. Después salimos y recorrimos por el exterior para ver el desnivel y el riachuelo, pero pronto subimos para recorrer el centro y visitar como siempre la torre del reloj y la catedral, además de recorrer la muralla exterior y ver el bastión donde estuvimos. Paramos en el centro de casas de travesaños de madera para comer las típicas galettes y escuchar algo de música medieval que estaban tocando. Al final bajamos hasta el nivel del río para ver la ciudad desde abajo y recorrer las casitas medievales que hacían de lavaderos en la Edad Media.

Tras eso, y un par de equivocaciones y algo de lluvia nos dirigimos a Saint-Malo, una ciudad colindante a la costa atlántica y que sus cambios de marea cambian el paisaje que es una barbaridad. Atravesamos la parte nueva y llegamos hasta el puerto, donde conseguimos encontrar aparcamiento subterráneo (con coches británicos bien de los setenta) y conseguir un mapa. Bueno, Saint-Malo antigua está dentro de una muralla y las casas son de piedra para aguantar los fríos invernales y las calles estrellas y alargadas me recordaron mucho a Cádiz. Sin embargo, hay montículos que te dejan ver u ocultan bellos paisajes. Mientras degustaba productos típicos atravesamos el centro y recorrimos las calles hasta pasar por la catedral o iglesia principal y de ahí visitar grandes casas hasta llegar a la playa. Como había marea baja era enorme y se conectaba con el fuerte de la isla por medio de grandes piedras, por lo que fuimos hacia allí recorriendo poco a poco y viendo lo que formaba la marea baja. Había incluso un dique que no supimos para qué serviría pero las burbujas de aire que salían nos dieron la idea de que podía ser un criadero de marisco: con el dique no se los llevaría la marea. Recorrimos por tanto la muralla desde fuera viendo algas y moluscos adheridos, junto con desagües de hace cientos de años. Incluso vimos una enorme piscina con trampolines y todo... que funciona cuando la marea está baja, puesto que queda bajo el nivel del mar cuando sube la marea. También conexiones con otros islotes que se veía claramente cuál era el nivel que alcanzaba la marea (varios metros) por el cambio abrupto de vegetación. Tras esto subimos a la muralla e hicimos la ronda para ver el interior de la ciudad y el puerto nuevo, llegando así hasta la plaza principal para ver a bohemios vendiendo cuadros.

La vuelta nos llevó hasta Rennes para cenar, llegando a la plaza del Ayuntamiento y la ópera, que causó grata impresión. Además, ver el imponente edificio del sector République de la ciudad también hace que gane mucho enteros. Del Parlamento de Bretaña a recorrer sus calles típicas y cenar fue todo a gran velocidad y de ahí, con una oscuridad creciente atravesamos el barrio de las típicas casas de madera y las avenidas principales con balcones apretujados entre sí. Ya de noche cerrada tuvimos algunos problemas para salir de la ciudad pero en un rato volvimos a Nantes para dormir con fuerza, puesto que había que comenzar la jornada laboral en pocas horas.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...