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martes, 26 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Vilarinho en Espinhosela (Enero de 2023)

 A la tarde algo se despejó la niebla, aunque no del todo. Sin embargo nos envalentonamos y pusimos dirección hacia el parque de Montesinho. Si bien no es muy extenso y es más seco y menos abrupto que en la parte del litoral, tiene unos rincones espectaculares llenos de lomas arboladas y arroyos caudalosos.

Paramos cerca de Vilarinho y pronto nos dieron la bienvenida ciervos y la perra se puso a correr tras ellos. Algo caminamos por la aldea de casas con pórticos y balcones de madera y casi todas convertidas en casas rurales. Llegamos hasta la ermita de Santo Amaro y nos metimos en zona boscosa y con vegetación típica de matorral. Todo ello envuelto en un silencio enorme y reparador.

No pudimos hacer un recorrido circular por las torronteras que cortaban el camino y otras alternativas las descartamos porque había que pasar por una zona con perros de malas pulgas (hacía años que no nos veíamos en un brete tan complicado). Y cerca del merendero dimos un par de vueltas para ver cómo había muchos más senderos que conectaban barrios y aldeas de la freguesía. Desde aquí no queda tan lejos La Puebla de Sanabria, otro lugar hermoso y quizás nos acerquemos en un futuro para patear aún más este hermoso rincón.

lunes, 25 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Bragança/Braganza (Enero de 2023)

No me habían hablado bien de la ciudad porque es pequeña y no tiene la atracción de las ciudades del litoral atlántico, pero me gustó bastante aunque mucho no pudimos ver en todo su esplendor por la ubicua niebla densa que atenazaba todo paisaje. Eso sí, en algunos momentos daba tintes muy épicos.

El hotel bastante bien aunque algo anticuado y lejos del centro pero nos permitía movernos con amplitud. El primer punto del paseo fue hacia la catedral, bastante nueva y me decepcionó algo. Pero bueno, estábamos alejados del centro y mientras más nos acercábamos mejoraba el ambiente. Llegamos hasta el recodo del río Fervança con sus parquecitos y de ahí a la Praça Camões con su pista de patinaje navideño y edificios blancos, destacando la torre de la vieja catedral.

Caminamos hasta las murallas del castillo, que encierra la población vieja y paseamos bastante aunque fuese pequeño porque las casitas blancas y la niebla, junto a que a esa hora no había mucho movimiento, dejaban una atmósfera de ensueño. Lo que más me sorprendió no fue el pequeño castillo, sino el domus municipalis, con su acabado románico y sus pequeñas ventanas que dejaban entrar una fuerte luz blanquecina en el lugar. Fue bastante bonito el momento y me hizo pensar en la gente reuniéndose hace muchos siglos y debatiendo los pormenores de una plaza fuerte fronteriza.

Hicimos la ronda por parte de la muralla y también recorrimos el verde campo que bordea a la muralla. Bastante bonito, la verdad. Una pena no haber podido ver ningún paisaje sobre la muralla.

Llegando al hotel nos paramos para comprar comida para llevar. Feijoada fue la elección y nos hartamos de comer. Por un precio muy asequible tuvimos para almuerzo y cena. Bestial.

lunes, 18 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Vieira do Minho (Enero de 2023)

 De camino a Braganza decidimos tirar por carreteras secundarias para acercarnos a la autovía en un lugar más oriental. Retroceder hasta Oporto de nuevo no estaba en nuestros planes. Tampoco queríamos llegar tarde y por si las moscas paramos en Vieira do Minho para repostar y comprar comida. Nos quedamos a las afueras y no pudimos disfrutar de muchos detalles. Ya se sabe que los arrabales de cualquier pueblo que tiene polígonos industriales se parecen mucho entre sí.

Eso sí, los caminos que rodeaban otro embalse, el de Ermal, tenían muchos pueblos pequeños y de piedra, muy bonitos y evocadores. Los bosques caducos y llenos los troncos de líquenes daban un aspecto de cuento de hadas. Es zona montañosa y vas llegando hasta la autovía (fallé en el desvío y fuimos sentido Oporto un rato hasta encontrar una salida). Y cerca de Braganza la niebla y la noche lo invadieron todo.

domingo, 17 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Vilar da Veiga en Terras de Bouro (Enero de 2023)

 Bajando de Ermida llegas a bordear el río Cávado, que queda configurado como un embalse. Hay desperdigadas pequeñas casitas, seguramente atentas para la temporada estival. Aparcamos en el camino de vuelta y nos quedamos admirando los montes frondosos que rodean al embalse y con el sol en cierto ángulo que generaba bonitos destellos en el agua. Como no había mucha gente la paz rodeaba todos los rincones.

sábado, 16 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Ermida en Vilar da Veiga (Enero de 2023)

 Ya de camino al interior de Portugal decidimos dar un buen rodeo y acercarnos a la frontera norte para pasear por el parque nacional de Peneda-Gerês, una joya verde del norte del país. Si bien fuimos por carreteras secundarias el último tramo para llegar a Ermida fue por una carretera sinuosa muy estrecha y nos sorprendió encontrar el derrumbamiento de una gran piedra que dobló el asfalto como si fuera dulce de leche.

Ermida es muy pequeñita y el silencio entre sus casas de piedra nos sobrecoge. Las vistas al valle son increíbles, nos quedamos un largo rato mirando y después, tras la caminata, nos quedamos almorzando en el mirador para ver tal hermosura. La aldea queda en una ladera y se pueden ver al fondo bosques más densos y salpicado por todo rincón viñedos y casitas.

Empezamos a seguir una ruta que nos llevó por zonas boscosas hasta desembocar en una carretera que te dejaba cerca de la cascada de Fecha de Barjas, donde se encuentran dos arroyos en una combinación larga de caídas de agua hasta una principal. Muy bonito, la verdad.

La vuelta nos acercó a un lugar de matorral y, para sorpresa nuestra, seguimos el sendero que hacía tiempo que nadie había hecho. Se notaba el camino pero la vegetación había cerrado casi todo el ascenso y fue bastante difícil y lleno de arañazos. Por suerte llegamos de nuevo a Ermida y pudimos recorrer por otro lado la aldea y disfrutar de sus detalles.

lunes, 11 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Costa en Guimarães (Enero de 2023)

Tras visitar la ciudad nos encaminamos en coche hacia el Santuário da Penha, una obra que queda en la cima de los montes y se divisa desde Guimarães casi desde cualquier lado. Pues bien, el santuario es pequeño pero queda enclavado en un monte de singular belleza. Me pareció muy moderno pero las vistas de la ciudad y los valles son espectaculares.

Almorzamos en el restaurante y nos acompañó un gato muy cariñoso. Incluso parecía un perro. Y vagar por el bosquecillo con caminos de piedra y vegetación enorme fue muy placentero. Es más, es lo que destaco de esta visita, aparte de las vistas inmejorables. Puedes llegar hasta la gruta de Nossa Senhora de Lurdes y llegar hasta el mirador, que estaba a rebosar. En la lejanía se podían atisbar otros monasterios y te daban ganas de seguir recorriendo.

viernes, 8 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Guimarães/Guimaranes (Enero de 2023)

 Un compañero de vivencias en Ecuador era de esta ciudad y siempre había hablado maravillas. Pues intentamos quedar en su ciudad natal, pero no pudo ser. Sin embargo, le tomamos la palabra y visitamos este lugar que sí que merece todas las alabanzas que prodigaba.

También queda cerca de Morreira, así que por secundaria aparcamos cerca del estadio y en un periquete caminamos por el famoso Largo do Toural, que te permite ver en su explanada alargada muchos detalles de la ciudad, como las fachadas típicas portuguesas de colores vivos y ventanas alargadas, la basílica de São Pedro y el trozo de muralla y torre con el lema de que fue justo en esta ciudad donde se fundó Portugal. Merece la pena disfrutar esta parte de la Historia.

Seguir caminando hace que empieces a rodear el casco histórico por el Jardim da Alameda hasta llegar al bulevar con un largo jardín que asciende hasta la estrecha y alta Nossa Senhora da Consolação e Santos Passos. Desde ese lugar, y viendo que se retoma la muralla, no queda muy lejos la fachada de la catedral y la plaza que tiene enfrente con el Largo da Oliveira y esa construcción que parece un techado gótico, el Padrão do Salado. Las casas tienen ese aire medieval con pasillos y columnas en la planta baja para proteger al transeúnte del sol o la lluvia.

Callejear te permite encontrarte con la escultura del primer rey portugués, Alfonso Henriques. Muy modernista, por cierto. Llegas a la Praça de São Tiago y de ahí hasta el Arco do Amor (lo que en Toledo se conoce como cobertizo, pues está habitado el paso entre edificios más que un arco defensivo) no hay mucho. Justo en las inmediaciones hay una tienda de postres y dulces típicos que está bastante bien, muy recomendable.

Justo desde ahí puedes caminar un poco más llegas a la zona más histórica con mucha vegetación para ver el imponente palacio de los Duques de Braganza y en una loma el inexpugnable castillo de Guimarães. Entre medias queda la pequeña iglesia de São Miguel do Castelo y puedes estar paseando entre los sillares del castillo y los ventanales del palacio. Hermoso el lugar.

jueves, 7 de marzo de 2024

Diario de Viaje: Braga (Enero de 2023)

 Desde Morreira queda cerca la ciudad y tenía muchas ganas de visitarla desde hace tiempo. Por suerte yendo por secundaria se llega pronto y a lo lejos, en una loma, te da la bienvenida el curioso templo de Bom Jesus do Monte. Desde la ciudad se pueden ver las características escaleras.

Hubo suerte para aparcar, no muy lejos de la zona histórica. Un breve paseo y llegamos al Palácio do Raio, bajo pero con una mezcla de sillería y azulejos bien interesante. De ahí empezamos a subir por la avenida da Liberdade y ver la cantidad de puestos de castañas asadas que había, daban ganas de volver a comprar. Al llegar al a Praça da República tienes una buena vista del ayuntamiento y la torre del castillo que hay detrás. Otro paseo por la zona de parques hasta llegar a la igreja Senhora-a-Branca y callejear un poco por ese barrio.

Y a lo bueno, a internarnos en el casco histórico de calles amplias y casas blancas y piedra con esos detalles tan característicos. Bordeamos un poco hasta llegar al Arco da Porta Nova, encastrado entre edificios. De ahí llegamos hasta la catedral, que tenía una zona de acceso público donde había expuestos a la intemperie varios arcos y columnas. Buen momento para entender la arquitectura del norte de Portugal. Almorzamos en un bar cercano el típico pescado de la zona y caminamos otro poco hasta llegar a la imponente igreja de Santa Cruz junto a las letras de la ciudad.

jueves, 15 de febrero de 2024

Diario de Viaje: Morreira (Enero de 2023)

 Tras la anhelada visita a Oporto, tocaba viajar un poco más al norte para visitar esta región portuguesa. Y Morreira fue la pequeña freguesía que elegimos para descansar un par de días. Y parece que lo conseguimos espectacularmente porque el lugar estaba lleno para pasar fin de año pero justo cuando llegamos ya no había nadie y la casa rural estaba íntegramente para nosotros.

El defecto fue que los dueños tenían perros y no dejaban a Midna correr tranquila pero había tantos lugares que nos las ingeniamos para que pudiera esparcirse. Había hasta caballos y todo. Zona de ping pong y un descansillo cerrado al lado de la puerta para poder comer a gusto y degustar los oportos que habíamos comprado. Y una zona común con candela con una biblioteca espectacular y billar y dardos. Disfrutar, disfrutamos.

Tuvimos jodido encontrar primero la calleja (estrecha y de barro) para llegar a la casa rural pero la tranquilidad del lugar y el paisaje boscoso me gustaron mucho. Visitamos la pequeña iglesia del lugar, blanca y con esas líneas que caracterizan la arquitectura portuguesa. Y tenía en obras la torre del campanario. El núcleo urbano es pequeño y casi todo son casonas. Cosa ideal si queríamos salir y recorrer un rato los montes boscosos, cosa que hicimos, por supuesto. Al ascender veías otros montes más lejanos y entre la niebla al atardecer daba un paisaje muy bonito.

Me gustó mucho la desconexión que tuvimos y la amabilidad de los dueños.

martes, 13 de febrero de 2024

Diario de Viaje: Vila Nova de Gaia (Enero de 2023)

 Ya saliendo de Oporto decidimos llegar a esta enorme ciudad que está solo cruzando el río Duero. Aparcamos allí y empezamos a caminar para ver las buenas vistas que teníamos de Oporto. Desde Oporto también se ve esta ciudad y la dominan las bodegas de vinos del lugar (repito mucho la palabra oporto) y la cúpula del monasterio agustino de Serra do Pilar. Y de ahí al abarrotado jardín do Morro y teniendo cuidado de pasar por la parte superior del puente de Luis I y no tener percances con el tranvía.

Desciendes por callejas y hueles las bodegas y nos entraron ganas de entrar en varias de ellas y comprar mucha variedad de oporto. Hay algunos rincones con esculturas metálicas haciendo como de fresco en ciertas paredes y la típica iglesia portuguesa. También a pie del río decidimos gastarnos los cuartos y almorzar con esas vistas maravillosas.

lunes, 12 de febrero de 2024

Diario de Viaje: Porto/Oporto (Diciembre de 2022)

 Muchas ganas de recorrer esta ciudad, tanto que ideamos pasar más días aquí para poder disfrutar. Y pudimos hacerlo a pesar de que casi al llegar recibimos SMS indicando que la cosa se iba a poner fea por temporal. Dicho y hecho.

Bien, el primer lugar al que fuimos fue la playa de Gondarém. Nublado con mucho viento pero pudimos pasear entre la blanca arena y zonas rocosas. El oleaje era espectacular y terminamos callejando por los grandes edificios costeros para encontrar algo para comer. Un sitio de comidas vegano, muy recomendable.

Tras eso, nos pusimos en marcha para ir a un Mercadona, atravesando algunos parques grandes, bloques de edificios y algunas barriadas con mucho jaleo y con ganas de recorrerla corriendo. Había que hacer acopio de comida para pasar la Nochevieja. Y lo conseguimos. Nos libramos de la lluvia y con los clientes de otras habitaciones y la responsable (era una casa compartida) nos juntamos a pasar una buena velada y hablar sobre nuestros países y metas. Fue bastante curioso y novedoso para nosotros, de pasar cambios de año con la familia o solos a pasarla con gente desconocida pero que le ponía muchas ganas.

Año Nuevo era bastante lluvioso pero teníamos que hacer de tripas corazón para poder recorrer algo de la zona más céntrica. Un paseo hacia la famosa Torre dos Clérigos, muy distintiva de la ciudad y empezar a callejear hacia el río Duero. Ves las típicas casas de colores estrechas, fachadas de piedra con encalado otras, y vagando un poco llegamos hasta la catedral. Muy bonito todo pero pasado por agua. Y cerca de la igreja dos Clérigos nos dejaron pasar (ay, la perra) para almorzar unas ricas francesinhas.

Al día siguiente el sol salió con toda su fuerza tras una mañana de niebla. Ahí pudimos caminar mucho más y pasar por el puente de Luis I y llegar hasta la igreja de Santo Ildefonso con su fachada de azulejos. Esto es muy característico de la zona y recorrer la calle de Santa Catarina con sus puestos de castañas y mucho movimiento hasta la capela das Almas que es una maravilla a la vista.

De ahí pasamos a la plaza del enorme ayuntamiento y callejeamos hasta la igreja do Carmo junto a la fuente de los Leones. Lleno de turistas. Y más lleno estaba la librería Lello y no pudimos entrar (cola inmensa y ventanales cerrados para no poder asomarte). Una ciudad maravillosa, la verdad. Subir y bajar sus cuestas y encontrarte esos edificios merece mucho la pena.

domingo, 4 de febrero de 2024

Diario de Viaje: Viseu/Viseo (Diciembre de 2022)

 Siguiendo la tradición, dentro de lo posible, tocaba volver a Portugal para pasar fin de año. Con los temas de la pandemia y algunas excepciones intentamos que esto se cumpla para así tener una excusa para recorrer tan bello país. Como ya habíamos estado en la zona sur queríamos hacer un repaso general a la zona norte. Y para evitar pegarnos una paliza con el coche pues hicimos noche en Viseu.

Es increíble cómo pasar de Salamanca a Portugal cambia tanto la fisonomía, se nota la zona montañosa que detiene toda la humedad atlántica y bajamos y bajamos (tras el típico susto con el peaje, pues primero te encontrabas las cámaras y a los kilómetros la zona para asociar la matrícula a una tarjeta, no al revés como en el sur). Llegamos a la caída de la tarde y tras meter las maletas en la habitación empezamos a recorrer y se nota la característica acera de piedrecitas blancas y las casas con ese estilo tan particular con encalado y arcos de piedra.

Lo primero que ves es el funicular en una gran pendiente y subes hasta la zona de la catedral con su sillería perlada de musgo en ciertas zonas, dándote un aire tradicional e histórico. Frente a la catedral, la iglesia da Misericórdia con su típica fachada blanca. A sus alrededores los arcos que hacían de puertas en la antigua muralla y entre las casitas típicas la estatua de Dom Duarte. La atmósfera me gustaba mucho y llegamos por la calle peatonal principal con sus estatuas a la Praça da República junto al ayuntamiento. Había una zona de puestos navideños y pudimos disfrutar de nuestro querido vino caliente y frente a nosotros un mural de azulejos enorme, típico portugués.

Paseamos un rato por la zona nueva hasta llegar al arroyo y su paseo ajardinado, el Parque de Santiago. Aunque estaba oscuro y húmedo el paseo fue reconfortante y llegamos hasta las famosas letras del municipio (ya no hay lugar que no lo haga, oye).

A la mañana siguiente, antes de partir, nos acercamos al sendero elevado que bordea la Cava de Viriato. Había también una escultura y me quedé con la duda de si este caudillo era de aquí o si fue su base de operaciones. El paseo entre tanto verde y tranquilidad fue muy reconfortante.

jueves, 28 de enero de 2021

Diario de Viaje: Sesimbra (Diciembre de 2019)

Ya bajaba el sol en el último atardecer del año. Luchando contra la niebla que se arremolinaba en las carreteras que atravesaban los montes llegamos hasta Sesimbra y tuvimos complicado encontrar aparcamiento. Un lugar muy concurrido, lleno de turistas y armando los escenarios para festejar el nuevo año. Lo primero que reparas es que estás rodeado de verde monte y en una ladera, de longitud considerable, ves las murallas del castillo del lugar y te dan ganas de conocer leyendas sobre tan hermoso lugar.

Caminamos hacia la playa hasta llegar al Forte de Santiago, que está justo a pie de playa y en caso de marea alta supongo que sus gruesos muros son bañados por el oleaje. Desde ahí caminamos por las claras playas do Ouro y da Califórnia, viendo algunos murales intervenidos que embellecen el lugar y viendo cómo el sol bajaba cada vez más hacia el horizonte.

Como un regalo vimos un puesto de castañas asadas y pudimos degustar unas cuantas. Daban calor y energía a un lugar cada vez más en sombras y donde el frío reinaba. Era el momento de volver a la casita rural y comenzar los preparativos de la cena de Nochevieja.

viernes, 22 de enero de 2021

Diario de Viaje: Portinho da Arrábida en Setúbal (Diciembre de 2019)

De playa a playa en el día de Nochevieja. Tras Setúbal cogimos el coche y fuimos más hacia el oeste, zizagueando por una carretera sinuosa que seguía la costa atlántica y cada vez tenía la orografía más presente la figura del acantilado. Pero lo bueno es que estaba todo rodeado de bosques y el camino era precioso y cautivador. Al final, nos desviamos para entrar en esta minúscula freguesía, así que aparcamos cuando empezamos a ver edificios que se llenarían, supongo, en verano.

Es gracioso que el descenso se hace por una estrecha carretera que va con semáforo porque no caben dos coches en sentido opuesto. Y la acera era casi nula. ¡Y es un buen trecho! Al menos llegas a pasar al lado de las puertas del fuerte de Santa Maria da Arrábida (con el escudo portugués con corona real, indicando que fue construido hace mucho). Abajo, a nivel del mar, había un diminuto aparcamiento abarrotado y casitas de pescador. Sospecho que muchas estarían para ser alquiladas en la temporada estival.

De ahí caminamos por la playa, aunque en esa zona, antes de la playa turística con chiringuitos y esas cosas, es bastante rocosa. Así que pudimos estar un rato a solas escuchando las olas y viendo esas columnas de piedras que parecen rendir homenaje a dioses olvidados. Incluso había sobre una gran roca un pilar granítico con una cruzo lobulada o un trébol de cuatro hojas, no sé. ¿Indicación de cableado? ¿Monumento a algo? ¿Señal fronteriza de jurisdicción nobiliaria o caballeresca? La vista de bosques y mar invita a imaginar leyendas.

jueves, 21 de enero de 2021

Diario de Viaje: Setúbal (Diciembre de 2019)

Llegado el día de Nochevieja tocaba hacer ruta por la zona para descubrir más de esta región. Fuimos a la ciudad de Setúbal, con un día neblinoso y que vaticinaba lluvia. Sin embargo, al pasar de las horas fue mejorando mucho la climatología. La ciudad la atravesamos de pasada, con el susto de un coche que casi nos choca porque iba marcha atrás pasando de todo lo que le rodeaba.

Llegamos a la playa de Albarquel, dominando el abandonado fuerte y la batería. A cierta distancia, en el mar, la niebla a veces te permitía ver la vecina península de Troia con sus edificios gigantes. Nosotros avanzamos por la playa, viendo a gente meditando para despedir el año y algunos círculos de flores. Interesante. El camino, para sortear los acantilados que aparecían, te obligaba a adentrarte de una a zonas boscosas. Bastante interesante ese entrar y salir de un paisaje a otro.

Retornamos cuando llegamos al imponente, pero abandonado, Palácio da Comenda. Da pena ver tanta solera abandonada cuando podría ser un excelente reclamo turístico o para eventos.

A la vuelta, ya casi sin niebla se divisaba el puerto de Setúbal imponente con tráfico portuario no menor.

martes, 19 de enero de 2021

Diario de Viaje: Quinta do Anjo en Palmela (Diciembre de 2019)

Salir de Albufeira y dar unas cuantas vueltas para enganchar la autovía y moverse hacia el norte fue más sencillo de lo que esperaba. Cierto que en los peajes te cobran una barbaridad pero a cambio tienes un camino para ti y pocos más, así que conducir así es menos estresante. El camino tiene montes a ambos lados y es muy verde, se nota la influencia de la enorme costa atlántica que tiene Portugal. Paramos en una estación de servicio para comer y reanudamos la marcha con el lío del cruce de autovías que irradian desde la capital pero tuvimos buen tino de desviarnos por donde debíamos.

Casi a la caída del sol llegamos a la freguesía de Quinta do Anjo, una población no muy pequeña (pero para nada grande) enclavada en una ladera con casas blancas y un silencio acogedor. Un hombre nos esperaba para dejarnos la habitación con cocina y, lo mejor de todo, una estufa a leña que debíamos encender nosotros y mantenerla viva. Un rincón espectacular pero, eso sí, bastante frío por la noche.

A pocos cientos de metros ya termina la freguesía y empiezan los caminos rurales y con un desvío que bordea algunas casas llegas a un cementerio neolítico descubierto por casualidad en unas obras. Básicamente son enterramientos mortuorios en forma de cúpula con abertura en forma de túnel por un lado y otra abertura en la parte superior. Los diámetros de las aberturas eran pequeños y daba la sensación que observabas un útero terrestre, como si las antiguas culturas intentasen emular la contraparte del nacimiento, un nacimiento invertido donde entras a la tierra. Me dejó pensando bastante tiempo y reflexionando sobre la manera de entender el mundo de aquellas personas.

Bajando hacia la carretera principal pasas por la iglesia de Nossa Senhora da Redenção y en el paseo puedes ver algunas fuentes con los escudos municipal y de freguesía y alguna que otra placita. Sí que había varios lugares donde hacían vino y podías entrar a comprar. Malo que pensamos hacerlo en Nochevieja y habían cerrado ya para ese día. Para no pasarlo mal compramos cosas para la cena y las guardamos. Y bien que comimos. Eso sí, esperábamos espectáculos en televisión y solo había entrevistas y te avisaban casi al límite la cuenta atrás y listo. Fue algo íntimo y quizás necesitamos algo más de acción (y más sabiendo cómo iba a darse el 2020). Algo de fuegos artificiales hubo, pero pronto cesaron. Por la mañana de Año Nuevo, cosas de no emborracharse y despertarse temprano, subimos a los montes que coronan Quinta do Anjo y paseamos entre brumas, molinos abandonados y grupos de hippies que meditaban al tímido sol. Un buen lugar para descansar y reflexionar, sinceramente.

sábado, 16 de enero de 2021

Diario de Viaje: Sesmarias en Albufeira (Diciembre de 2019)

Tranquilamente salimos de Olhão por la mañana para dirigirnos, de nuevo por carreteras secundarias, hacia occidente. Atravesábamos pintorescos pueblos por la N-125 y se hacía más evidente que la zona era más turística al aumentar el número de hoteles y zonas recreativas.

El paso por Albufeira fue por la zona más periférica y sin detenernos pero nos dio bastante buena impresión. Incluso pensamos que podría ser un nuevo destino para las siguientes Navidades (cosa que el destino se negó con esta pandemia).

Al poco de atravesar la ciudad empezamos a desviarnos para acercarnos a la costa, atravesando más resorts y grandes hoteles a pie de playa. Se nota que en verano el lugar ha de estar a rebosar. Cerca de la Praia de São Rafael hay un enorme aparcamiento, dejamos el coche ahí y nos acercamos a la playa de arena muy clara y un oleaje del Atlántico majestuoso. Lo pintoresco es que la playa está salpicada de grandes rocas, acantilados y formaciones muy curiosas. La tierra erosionada me recordaba a las formaciones conocidas como cárcavas y la vegetación generaba un excelente contraste. Llegamos a bajar a una zona aislada donde pudimos descansar un rato y escuchar el mar. La perra correteó como nunca y cavaba y cavaba, se ve que le gustaba la textura de lo que pisaba.

Avanzando un poco llegamos a la inaccesible Praia dos Piratas, vimos desde arriba del acantilado cómo se había formado un hoyo gigantesco que llegaba al nivel del mar. La formación casi parecía un cilindro de no ser por un par de curiosas aberturas hacia el mar con la forma de una T con un punto arriba si mirabas desde el ángulo correcto. Daba algo de vértigo pero la vista es impresionante.

Nos acercamos desde arriba a la Praia do Ninho de Andorinha, donde la arena ha de buscarse paso entre grandes rocas y acantilados pero como había mucha gente no nos atrevimos a bajar (cosas de ir con perro, aunque siempre terminan ensuciando más los humanos que los perros).

jueves, 14 de enero de 2021

Diario de Viaje: Vila Real de Santo António (Diciembre de 2019)

Tras la visita por Olhão tocó pensar cómo preparar el viaje hacia el siguiente destino porque la inmensa mayoría de autovías portuguesas son de peaje. Las que tienen el peaje tradicional no había ningún drama pero hay ciertas que son de peaje electrónico y estas requieren de, justo al entrar por la frontera (y no por todos los sitios) hay un desvío donde tienes que parar para dejar los datos de tu tarjeta de crédito y que le hagan una foto a tu matrícula. Evidentemente, casi nadie te explica esto y apenas hay sitios web que te lo indiquen, así que lo dejo por aquí. Es más, si preguntabas o entendían que no querías pagar y necesitabas consejos y te decían que hacer, aunque cada versión que escuchamos era completamente diferente. En el Algarve solo hay de este tipo la paralela a la costa pero al norte de Lisboa casi todas tienen peaje, así que ojo al dato.

La primera parada fue en el aeropuerto de Faro, donde intentamos en varios lugares de alquiler de coches preguntar (ya que estaba cerrada la estafeta de correos y muchos indicaron que había que dirigirse a estos lugares). Nada, pocos sabían cómo era, ya que alquilaban los coches con eso ya pagado (o con un aparatito configurado para ello), así que como último recurso decidimos volver por donde entramos y no tirar por la carretera secundaria, sino por la misma autovía y hacer el proceso.

En la ida paramos por la hermosa Tavira, que recorrimos de nuevo y paramos a tomar café y unos postres típicos del lugar. Es una ciudad maravillosa, realmente. Da para visitarla otras cuantas veces más. Y ya que estábamos volvimos a Huelva para aparcar en Ayamonte y darle un buen paseo tras almorzar y ver el verde contrastando con el azul del mar y del río. Sí que también con mi familia habíamos pasado fugazmente por el lugar, así que saldamos la deuda de visitarla como es debido.

¡Por fin hecho! Ya con el trámite del peaje automático bajamos un nivel y decidimos, antes de volver, ir a visitar la cercana Vila Real, que se ve desde el otro lado del Guadiana como una ciudad hermana y de brazos abiertos. Pues nada, aparcando cerca del paseo fluvial empezamos a recorrer esa zona, pasando por un vetusto hotel de inspiración muy principios de siglo XX. Muchos turistas, mucha gente, mucha paz durante el recorrido, incluso pasamos por el barrio pesquero que era más precario para avanzar por una zona boscosa y acercarnos a la triple confluencia de tierra, río y océano, en el Foz do Guadiana. Más lejos de lo que pensábamos pero justo estaba atardeciendo y la panorámica era hermosa. Nuestra perra flipó cuando llegó a la Praia da Ponta da Areia (había un rompeolas en la desembocadura y no se podía acceder, así que decidimos parar en ese punto triple) y estuvo jugando y corriendo como loca. La temperatura era ideal y la comunión con la naturaleza fue espectacular.

Ya de noche, y por la zona boscosa llegamos hasta el faro del lugar, aunque me pareció que estaba demasiado tierra dentro. Callejeamos un poco y llegamos a la Praça Marquês de Pombal con todas las atracciones infantiles navideñas e iluminación de la época. Ya con el frío volvimos al coche y fuimos por la autovía, frenando cuando pasábamos bajo los distintos arcos con cámaras del recorrido. Las señales de tráfico, aunque muy parecidas, eran algo diferentes y a veces me desconcertaba por dónde ir y salir, o en qué punto kilométrico estábamos. Sin embargo, llegamos a Olhão justo a tiempo para comprar algo e ir a cenar.

miércoles, 13 de enero de 2021

Diario de Viaje: Olhão da Restauração (Diciembre de 2019)

Tras lo caótico de la jornada enfilamos hacia el puente que atraviesa el Guadiana y así entrar en mi querido Algarve portugués. Decidimos, por los líos que tiene el tema, ir por carretera secundaria hasta Olhão, viendo la esperpéntica secuencia de que un Porsche fue adelantado por una tartana humeante. Y es que en Portugal se conduce más agresivo, según mi parecer. Es verdad que el asfalto cambia a unos tonos más claritos y las carreteras secundarias, como en todos lados, atraviesan de manera zigzagueante una infinidad de pueblos.

Justo cuando el sol estaba por ponerse llegamos a la bonita ciudad, a un barrio de calles estrechas y cortadas pero con alcorques para árboles y plantas por todos lados. Un italiano nos recibió en una casa del lugar reconvertida en hotelito, las habitaciones daban todas a un patio común con lucecitas navideñas y una enorme cocina. Un poco fresco salir a cocinar y llevar la comida pero todo muy tranquilo. La decoración temática estaba muy bien y tuvimos un susto porque la televisión explotó cuando la pusimos. No pasó nada, por suerte.

Nos pusimos a callejar por la ciudad y el ambiente navideño estaba por todos los rincones. Es muy loco que solo hay un río de separación pero ya notas diferencias en la arquitectura y la manera de ser. La mezcla de edificios altísimos y vanguardistas y casas viejas poco cuidadas crea unas sinergias que son difíciles de explicar, pero que te atrapan. Esas terminaciones que te hacen recordar al diseño inglés tan usado en las estaciones de trenes antiguas nunca dejan de sorprenderte. Esos acerados con aleatorio teselado blanco te confirman que estás en otro país, en una cultura muy similar pero también diferente y que por desgracia no tienes tiempo suficiente para conocerla en profundidad.

Bueno, la caminata nos llevó hasta el puerto, concretamente en una zona que supongo que era una antigua lonja reconvertida a restaurantes de lujo. El ambiente era impresionante y el débil reflejo del sol en el anochecer daba una sensación muy calma. Esa zona es como una marisma en el sentido que el océano queda más allá (Olhão tiene varias islas en esa zona de gran atracción turística) y tenía una decoración navideña con puntos de luz siguiendo la arboladura de una barca de pesca típica de la región (de vela latina triangular, con sus ojos desafiantes al mar y quizás usada desde tiempos bien remotos) y que está consagrada en el escudo de la villa.

Caminamos por varios lugares admirando la iluminación y en algunas plazas te indicaban ciertos recorridos por barrios muy tranquilos y envueltos en penumbra mientras te comentaban de vez en cuando leyendas acaecidas en esas mismas callejas de Olhão.

sábado, 8 de febrero de 2020

Diario de Viaje: Idanha-a-Nova (Enero de 2019)

En Año Nuevo tocaba regresar a España, a casa. Cosas de tener pocos días de vacaciones disponibles. Por eso decidimos salir temprano de Castelo Branco y llegar a la frontera por otra ruta. Íbamos a hacer en definitiva un gran círculo en carreteras secundarias. La misión era llegar a Idanha-a-Nova, que quedaba a mitad de camino. Sí, había que desviarse algo y subir unas cuestas bastante fuertes pero la tranquilidad del día nos permitió llegar bien y aparcar en un sitio amplio. Todo cerrado, para nuestra sorpresa.

Sin embargo, el día estaba bastante soleado y nos pemitió dar un buen paseo y recorrer algunas calles de la ciudad. Todo tranquilo, algunos niños jugando en plazas adoquinadas y ese contraste entre edificios nuevos y viejos tan típica de Portugal.

Nuestros pasos nos llevaron a la Torre do Relógio y pudimos ver la sobria fachada de Nossa Senhora da Conceição, con ese blanco de fachada y detalles clásicos en piedra. Muy recomendable acercarse a los restos del castillo, del que solo quedan algunas murallas y parapetos. Ahí puedes ver dese arriba una buena parte de la región con sus bosquecillos, sus zonas de cultivo, sus pastos y riachuelos. Si afinas la mirada puedes intuir dónde está Castelo Branco e incluso el monte donde se sitúa Monsanto. Se tienen unas vistas espectaculares, realmente. Y la villa genera una atmósfera de tranquilidad y lugar de esparcimiento que te llega a impregnar, sintiendo esa tranquilidad tú mismo.

La vuelta nos llevó también por parajes bastante bonitos hasta llegar a la rotonda por la que entramos al país. Camino de vuelta por la carretera donde un coche quería adelantarnos como fuese a pesar del estado y las curvas del camino. Lo loco es que en la primera encrucijada pega frenazo para apartarse del camino y estudiar un mapa. ¿Entonces por qué tantas prisas? Nosotros, ya con hambre, decidimos aguantar unos pocos kilómetros más y parar en la zona de recreo Fuente de la Zarzamora. Las vistas de los montes portugueses desde ahí son impresionantes y dan ganas de quedarte un rato largo observando el paisaje. Ya con las energías cargadas tocaba volver a casa, con los consabidos atascos que iba a haber en la autovía en sentido Madrid. Valió la pena la experiencia.

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