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sábado, 15 de junio de 2024

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hasta la perfección y cómo esto afecta en la organización social y el progreso de toda la Humanidad. Tras esto, Blas Infante pudo recorrer y documentar la existencia de Andalucía y destacar cuáles son sus características más definitorias. Y para que Andalucía implemente lo mejor de sí se puso a evaluar sobre qué elementos impiden en la actualidad (tanto en la que escribió su obra como en el momento actual) que desarrolle todas sus potencialidades. "Existe un ideal para Andalucía, Andalucía existe; y es capaz de realizar ese ideal; imponiendo el matiz de su genio en el triunfo del Progreso español". Esto no es exclusividad de Andalucía, sino de todas las regiones españolas y estas han de competir sanamente en hacer predominar sobre las demás su personalidad y sus cualidades para motivar a las demás. Y es así, generando un ambiente de dar lo mejor de uno mismo, ya sea región o persona, que España logrará volver a reivindicarse en la escena internacional y aportar sus cualidades en el progreso de toda la Humanidad: la determinación por los ideales, la renuncia al egoísmo, la caballerosidad. Ya lo dice el lema andaluz: Andalucía, por sí, para España y la Humanidad.

Ahora bien, ¿cuál es el ideal de Andalucía? Ya hemos visto que la mayor característica es el amor por la vida, una alegría de vivir traída por los griegos, pues al compartir geografía y climas similares la filosofía es totalmente homologable. Aun estando el genio andaluz debilitado puede verse en el cante, en la liturgia, en las fiestas, costumbres y en toda manifestación artística. Infante da por hecho que entonces no son necesarias sesudas investigaciones para determinar cuál es, y mucho menos inventarlo. Ya se ve y se detecta en multitud de eventos históricos. Es el papel de relegación de los últimos siglos y al fanatismo de pureza religiosa es la responsable de dicha desolación. El fanatismo nunca ha hecho bien a Andalucía, pensar en la vida del Más Allá choca con los postulados andaluces de saborear y disfrutar la armonía del universo. Creer que la muerte es la única manera de librarse de las penas es lo más antiandaluz que puede existir. El Ideal andaluz condensa el optimismo y el amor por la creación, el culto a la naturaleza y a la Humanidad que tiende a enaltecer la armonía que lleva a la perfección, haciéndonos progresar sin fin.

El artista andaluz no piensa en el dolor y la miseria sino que anhela contemplar el mundo perfecto para implementarlo en nuestro mundo, en nuestro momento. No es egoísta, quiere que participe toda la Humanidad de este placer. Los medios de realizar el Ideal son los hitos a cumplir para llegar hasta él. Como no se puede implementar directamente se deben alcanzar ideales próximos e ir refinando hasta llegar a este. Estas condiciones han de cumplirse, a saber: fortalecer el genio, trabajar con él para consolidar una voluntad inspiradora y libertad para realizar los valores que resultan de la inspiración. Para el primer punto, y viendo ya que el genio andaluz hoy en día está débil, necesita purificarse de estigmas. Hay que eliminar el optimismo exacerbado, el optimismo que no es de origen griego y que llama a la lucha, al desprecio a la naturaleza y que termina en el pozo de la fatalidad vital y las actitudes indolentes. Este ni siqueira es el generado al considerarse víctima de la providencia, hay un regocijo en la indolencia, en sentirse sombrío. Este fatalismo nunca ha sido propio en la Historia de Andalucía. Hay que erradicar la exageración y el apasionamiento que no se vuelca en la fe por la capacidad creadora de la Humanidad. Hay que empezar a reconocer la dignidad y la responsabilidad, eliminando pasiones desbordadas. Esto nos devolverá al optimismo griego que tanto bien nos ha hecho a lo largo de los siglos.

El segundo punto sí que está casi ausente. El genio andaluz está débil y por tanto no hay una voluntad unificada. No hay conciencia de pueblo, no hay conciencia de unidad que se manifieste en todas las esferas de la vida andaluza. Sin un pueblo fuerte y capacitado no se puede defender correctamente la vida ni nuestros ideales. Y sin este segundo punto el tercero no podrá existir. "Para que la vida de un pueblo sea reconocida por la ley constitutiva de una sociedad es preciso que imponga su reconocimiento mediante vigorosas revelaciones". ¿Cómo generar unidad? Mientras los elementos constitutivos, o sea, las provincias, se consideren como entes homogéneos y con poca afinidad con las demás, poco podemos hacer. No puede haber una fuerte voluntad de las provincias están disgregadas. Aunque para Blas Infante es la debilidad de pueblo la que conlleva la debilidad de los lazos entre provincias, no al revés. Es por eso que todo intento por la fuerza de la ley a generar algo que no existe en los corazones no puede triunfar. Una ley que obligue artificialmente a ser solidario en un marco artificial y con unos límites a la libertad está abocada al fracaso. Las combinaciones humanas no pueden sustituir con sus obras formales y vacías a las obras esenciales de la Naturaleza. Como ejemplo da la coetánea Ley de Mancomunidades, la cual intentaba ser implementada a todas la regiones aunque no estuviesen preparadas. Infante cree que solo Cataluña podría ser la receptora, pues en ese momento era la región más fuerte y con más conciencia de sí misma de España. En resumen: el cambio ha de ser de abajo hacia arriba, crear conciencia en las personas y de ahí, en sinergia, germinará la conciencia en municipios, comarcas y provincias. Solo así se afirmará políticamente la existencia de Andalucía y se conseguirá la capacidad administrativa. Construir de arriba hacia abajo ni siquiera sirve como acicate. Solo contempla su implementación sin son normas muy elementales y poseen mecanismos de ampliación en función de los grados de avance del territorio: no pueden aplicarse todos los mecanismos al inicio porque de manera natural se intentaría gestionarlo todo con pocas fuerzas y recursos. La actual organización provincial oculta la existencia de Andalucía como un ente común, los municipios no se ven como elementos de un todo mayor. Es más, las concejalías no se ven como parte de un todo común (el Ayuntamiento) a la hora de recaudar impuestos y aplicar normas. Es más, Congreso y Senado no se ven como parte de un todo común, la organización del Estado en tres poderes. Ese es el problema de aplicar un marco muy amplio cuando aún no hay preparación. El mecanismo debe existir pero debe ser paciente con Andalucía para no ahogar su creatividad ni a su genio. Aunque queramos dotarnos de un sistema jurídico propio y administrar nuestra propia riqueza y autogobierno necesita de un proceso de fortalecimiento previo y la capacidad de indicar cuándo y hasta qué grado podemos exigir competencias exclusivas. Pero, atención, esto no quiere decir que la organización estatal sea heterogénea. Un sistema de aplicación gradual pero que sea el mismo en último grado al resto de regiones: no se puede mutilar el desarrollo de ninguna región y darle menos oportunidades en el pugilato nacional. Porque Andalucía no es más que nadie, pero tampoco menos que nadie. Reconocer el marco es ya un paso para la redención, para el progreso. La libertad de aplicación dependerá de la evolución de la conciencia de pueblo. Pero esta libertad ha de ser contraria a los impulsos independentistas: extirpar a España de alguna de sus regiones conllevaría a que no pudiese nunca llegar de nuevo al concierto de las naciones, cosa indispensable para el progreso de la Humanidad.

Primero de todo hay que fortalecer el espíritu regional difundiendo la Historia andaluza y su genio a través de sus producciones culturales. Debe hacerces hincapié en la solidaridad y la dignidad para afirmarse políticamente y reivindicar autogobierno y su utilidad. Y esto ha de aplicarse sin demora para luchar contra el centralismo que ahoga a toda región española. El marco legislativo actual ahoga el progreso de las regiones porque se aplica sin contar la psicología, la geografía y la historia de las regiones que conforman España. Andalucía no puede quedarse atrás en este camino porque quedaría eternamente esclavizada y dirigida por intereses foráneos, estigmatizadas ante el mundo entero. Este es un ideal próximo: fortalecer el espíritu y la conciencia de pueblo. Los ideales se cunplirán en función de las energías ya existentes. Ya se ha expresado que no se puede abarcar todo desde primera hora, sino en función de las fuerzas del momento para evitar así la disociación y la frustración. Es necesario conocer los puntos débiles para ir fortaleciéndose e ir generando solidaridad entre municipios, comarcas y provincias. Hay que centrase en el elemento básico y natural: el municipio. Sin una conciencia municipal la conciencia de pueblo no existe. Si no se abarcan los problemas más directos, que más están a la vista, ¿cómo atender a lo lejano, a lo que no se ve? Sin un municipalismo fuerte y sincero no se puede tener conciencia regional ni nacional.

Si bien existe un amor por el terruño en el que se nace y vive, poco amor hay por el desarrollo municipal en temas de legislación, administración y obras. Sin este refinamiento poco se puede lograr en el pugilato entre municipios de la misma comarca. Se cree que lo de uno es lo mejor cuando en una región las características de tierra y clima siempre son idénticas a las de otros pueblos. Hay que cambiar ese sentimiento visceral y hacerlo consciente. Porque es por estas pasiones que el individuo genera mentalidad de rebaño, sensación ideal para que el cacique maneje el municipio a su antojo. Se necesita hacer pedagogía, mucha, para enseñar a las personas las características del municipio, de hacerle saber cuáles son sus elementos constitutivos y generar una consciencia regional que indiqué hacia dónde se quiere ir y cómo. Hay que hacer hincapié en el medio antes de explicar el fin. Hay que explicar primero el ideal próximo, generar un patriotismo municipal que defienda las características del municipio y que se dediquen esfuerzos en pos de lograr la prosperidad de todos los habitantes del municipio. Hay que fomentar la participación del ciudadano en la vida municipal, defender su autonomía y adaptar una legislación en función del avance del municipio para no frenar a los que posean más consciencia. ¿Por qué no se ha logrado hasta ahora? Por las penalidades históricas que ha ido sufriendo el andaluz, que le han alejado de su instinto sociable y de su afán por vincularse para un fin mayor. No existen instituciones que velen cultural, política y socialmente de los municipios. No hay quien fomente valores debido a las imposiciones administrativas que lo evitan y de las trabas económicas para crear y mantener. Para el primer punto, Blas Infante rechaza que haya trabas administrativas, al menos en cuanto a organización municipal se refiere, en cuanto al caciquismo cree que no se prolongará a partir de que el municipio empiece a funcionar correctamente: no es la causa del atraso, sino uno de los síntomas. Es así que las trabas económicas y sociales han de ser las verdaderas causantes. En efecto, el pueblo andaluz está conformado por jornaleros y clase media. Los terratenientes no viven en el campo asiduamente o ni siquiera viven en Andalucía. De la clase media se puede definir el propietario que trabaja su propia tierra, el colono, los artesanos e industriales elementales y los burócratas. Infante considera como jornalero a los trabajadores del campo y a los obreros industriales de ciudad. En Andalucía predomina la clase agricultora, los jornaleros, pues el campo ha sido históricamente la vocación de Andalucía: ha alcanzado grandes cotas civilizatorias siempre que ha enfocado su interés a la agricultura. La clase media campesina apenas existe. Los jornaleros no pueden sustituir a la clase media, la cual sustenta los ideales colectivos. El pobre jornalero está maltratado, su jornal se ha mantenido intacto durante siglos y la pena y el desasosiego que se genera al ver cómo son maltratados hace saltar lágrimas al empático. Duele el corazón.
 

lunes, 5 de febrero de 2024

La era Milei

 Llevo unos años que mi don de acertar no está muy afilado. Y justo me ha pasado eso con el tema Milei. Una sorpresa, la verdad, aunque en el fondo sabía que no era una misión imposible.

Un candidato mediático que, independientemente de su estabilidad emocional y psíquica, ha sabido atraer el descontento generalizado argentino. Tal y como lo consiguió Podemos hace una década es ahora (ironías del destino) la extrema derecha la que es depositaria del voto bronca. Milei tiene los parabienes de Orban, Bolsonaro, Trump, Abascal... es decir, está en la órbita de Steve Banon y su plan de derechizar Latinoamérica para que vuelve a acercarse a EE.UU. en vez de a China. Ya sabes, el oscuro tema del patio trasero.

Sin embargo, hay muchos matices en Milei que lo diferencia, por ejemplo, del ideario de Vox. Milei se define como libertario, mal entendido, eso sí. Todas sus políticas se enfocan en adelgazar todo lo que pueda al Estado, para que el comercio y la economía se regulen solas sin trabas. Eso siempre es un peligro porque, si bien en el papel todo funciona, en la práctica el mercado termina orbitando en pocas multinacionales y expulsando a la gente de pocos ingresos. Algunos lo tachan de anarcoliberal, pero otros también dicen que no cumple todos los requisitos. En la práctica podemos decir que es un reboot de Menem y su política privatizadora sin cuartel.

Me sorprendió que ganara en las PASO y la victoria de Massa en primera vuelta me tranquilizó algo. Milei había alcanzado su techo electoral y muchos votantes de la derecha no iban a votarlo ni locos (léase, radicalismo). Además, la estrategia de Massa era buena, resaltando sus logros y distanciándose del Gobierno para que no le salpicase su nefasta gestión. Y su plan a largo plazo de arrinconar al kirchnerismo ha sido bastante buena en su intento de retomar posturas del peronismo clásico. Sin embargo, la inflación galopante, la inseguridad que cada vez es más grande, la corrupción en todo estamento político y la ineficacia en el sistema de ayudas estatales ha pesado mucho. La gente ha votado no a favor de Milei, sino en contra del peronismo. Habrá "cryptobros" convencidos y libertarios, pero esos son los menos (había que ver que casi no hubo publicidad electoral mileista en las calles) pero muchos se han hartado de estatus quo actual, del entramado casi extorsivo de sindicatos y de organismos que reciben mucho dinero y generan dudosa producción.

Claro está, la gente sabía que ganara quien ganase iba a haber recortes y devaluación. Están dispuestos a apretarse aún más si cabe el cinturón. Pero en las calles se respira calma tensa. Si para abril no hay signos de mejoría las calles pueden estallar y recrearse otro nuevo 2001. Muchos alegan que por fin terminó la impunidad, sea lo que sea que entienden por ello, pero no están dispuestos a apostar por una nueva derrota.

Milei tiene varias opciones que le van a hacer moderarse y no aplicar esa agenda ultraliberal que tenía en mente. Los poderes fácticos ya se habrán reunido con él y advertido sobre lo que se puede y no se puede hacer para mantenerse en el cargo. También, su acercamiento a la derecha macrista por falta de experiencia gobernando puede hacer que combine propuestas y que, eventualmente, termine convirtiéndose en un títere de un Macri que gobierne desde las sombras. Por ahora, el megadecreto que quería imponer por la fuerza está siendo bien matizado, el Legislativo le ha dicho que no, que no puede saltarse con algo tan variopinto y extenso el escrutinio de los poderes políticos. Incluso los gobernadores están empezando a reclamar más peso en las decisiones, más contrapoder. El pueblo argentino espera expectante si hay avances o no. Ya se ven las primeras protestas de la oposición y queda saber dónde han puesto el límite porque hay sapos que no se pueden tragar.

jueves, 31 de agosto de 2023

Las raíces andaluzas, según Blas Infante (Libro de Feria 2023)

 En este particular recorrido que venimos haciendo cada año junto al Padre de la Patria Andaluza por El Ideal Andaluz (1915) ya habíamos visto que nuestro pueblo, desde antaño, ha quedado caracterizado siempre por un optimismo sin par por la vida, por una dignidad propia y ajena que facilita un trato igualitario, por un sano y crítico humor hacia dentro y hacia arriba y por una cultura de gran profundidad. Ahora, en la tercera parte de esta obra, titulada Andalucía y El Ideal, Infante se enfoca en desmontar las sentencias que sugieren que esta tierra es incapaz de gestionarse a sí misma, que tiene un lastre congénito que le impide una y otra vez alzarse con dignidad para lograr el Ideal Humano. Veamos qué argumentos generados por los prejuicios y el desconocimiento se han usado contra Andalucía y las sabias respuestas que da Blas Infante.


¿Es el medio físico una fuente de incapacidad? Muchos usan este argumento centrado en temperaturas extremas como arma contra el progreso de Andalucía. Sin embargo, nuestra tierra está a una latitud similar a la de Grecia, cuna de la civilización occidental. Sus orografías son parecidas. El sol es el mismo, que produce las mismas sequías y hace madurar los mismos cultivos que provocan las lluvias estacionales. Flora y fauna similares. Trigo, vid, olivo: marcadores de dos culturas e idiosincrasias homologables.


¿Es entonces la pertenencia étnica una fuente de incapacidad? Para empezar, Infante tiene claro que esto no tiene fundamento debido al origen común de todas las razas. Los que aducen una posible ascendencia africana como freno del avance andaluz demuestran gran ignorancia: solo basta con pensar en Egipto y Libia y su esplendor durante la Antigüedad. Incluso recuerda Blas Infante que el origen de la especie humana es africano. Además, no descender de los imperios actuales no es una crítica justa porque estos se han alzado y caído a lo largo de la Historia. Los que fueron bárbaros, ahora son cultos. Y viceversa. ¿Ha habido mezcla de pueblos en Andalucía? ¡Por supuesto! Pero esto es algo positivo, pues la pureza (si tal concepto existe en la realidad) termina siendo sinónimo de aislamiento y decadencia.


¿Y qué pueblos se han mezclado con los habitantes autóctonos? Las culturas de Los Millares o El Argar hablan de una fuerte presencia asiática desde tiempos inmemoriales. Fue en Andalucía y no en otro emplazamiento europeo occidental donde se encuentra un contacto micénico, dejando numerosas pruebas arqueológicas. ¿Y cómo es posible que se argumente que Andalucía nunca puede llegar a nada cuando en estas tierras se desarrolló la civilización tartéssica? Infante juega con la idea de qué civilización influyó en cuál, pues las leyendas de los Campos Elíseos y la Atlántida siempre señalaron al occidente del Mediterráneo. También es claro que el legado de Argantonio fue heredado por los íberos, los cuales fueron alabados por el mismísimo Estrabón. Y los turdetanos siempre se jactaron de sus leyes en verso, ¡afirmando que tenían más de 6000 años de antigüedad! Los fenicios pronto acudieron para comerciar y con los griegos se generó una hermosa y duradera amistad. Se fundaron importantes colonias litorales y hubo abundante mezcla de sangre. La similitud de caracteres entre ambos pueblos propició la llegada de los romanos, que hicieron a la Bética su centro neurálgico peninsular. Lucano, Pomponio Mela, Columela, Séneca, Adriano, Teodosio, Trajano… fueron recibidos en Roma con los brazos abiertos, ejemplificando el desarrollo que logró Andalucía en dicha época.


¿Puede contemplarse la hipótesis de la llegada de un pueblo que truncase para siempre la pujanza andaluza? La historiografía demuestra a Blas Infante que esto ha sido muy improbable, pues poco o nada de influencia germánica se puede detectar en tierras andaluzas a pesar de que la corte visigoda fuese trasladada a Sevilla en tiempos de Amalarico. Ni siquiera las uniones promovidas por Recesvinto entre católicos y arrianos fomentaron la mezcla y los vándalos nunca tuvieron intención de mezclarse, sino de saquear.


Por otro lado, Bizancio solo se entretuvo en admirar la jerarquía eclesiástica hispalense antes de la llegada de árabes y bereberes, pueblos de gran pasión, dignidad, carisma y hospitalidad. Es la mezcla con la sangre semita la que da el gran esplendor a Andalucía. Incluso los andalusíes atemperaron los impulsos fanáticos de los almorávides y a los rigoristas del islam. Y es que al-Ándalus siempre se consideró más afín a la razón, alejada de extremismos y con un afán por el cultivo de las ciencias y las artes. La mezcla con los belicosos almohades y benimerines es casi anecdótica. Además, tampoco quedó en Andalucía vestigio de pensamientos fatalistas, pues la lucha contra la opresión nunca fue acallada y la tolerancia siempre fue un gran valor en esta tierra.


La ingente cantidad de bibliotecas en la Córdoba califal y la creación de textos científicos y tratados de higiene sorprendieron a la Europa medieval, que adaptó pronto su ordenamiento político y administrativo. La presencia de consejeros y religiosos cristianos y judíos en la corte Omeya habla de una coexistencia sincera. También tenemos como pruebas contra el tópico fatalista la prosperidad cultural de los reinos de taifas, destacando la corte de al-Mutamid, pues contaba con gran cantidad de poetisas, artistas, agrónomos, cosmólogos y pensadores. Esto se une a la posterior fundación del Reino de Granada en abierta oposición a las restrictivas políticas almohades. Aixa, Abulcasis, Averroes, Abulcasim, Wallada, ¡qué grandes ingredientes para crear el caldo de cultivo para el inicio del Renacimiento europeo!


¿Es entonces la conquista castellana la responsable del declive andaluz? Si bien hubo persecuciones y expulsiones de judíos y moriscos no puede olvidarse que durante el Renacimiento Sevilla se convirtió en uno de los puertos más importantes del mundo, punto neurálgico del comercio con América. Además, la cantidad de pintores, filósofos, matemáticos y geógrafos andaluces que pusieron a la cultura española en el escaparate mundial también habla de una Andalucía moderna pujante. No es el dominio castellano, sino la interrelación con el resto de las regiones españolas impuesta por el modelo centralista del Estado borbónico lo que ha terminado ahogando el genio andaluz. Andalucía siente los síntomas de ahogamiento cuando es considerada periferia que solo puede producir y exportar y no se le permite prosperar industrial y económicamente. ¡Andalucía se encuentra sometida a pesar de lo que le debe el genio español a esta!


Así pues, Andalucía no es que no pueda llevar a cabo grandes empresas, sino que ya ha llevado varias a buen puerto. Y estos argumentos previos no deben sonar a prepotencia, puesto que Infante clama por una solidaridad más fuerte, basada en la inteligencia y el amor para fomentar el progreso de todas las regiones. El factor más importante de la decadencia nacional que ve el de Casares es el afán de políticos y escritores de no querer que el pueblo piense por sí mismo. Y arrogándose la potestad de ser voz del pueblo, no ejercen la tarea ni con responsabilidad ni con sacrificio. Las causas del deterioro andaluz son, por tanto, históricas y no naturales. Eso quiere decir que pueden ser eliminadas y solo hace falta remover tales circunstancias para erradicar el freno del Progreso andaluz.

sábado, 10 de junio de 2023

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (III): Andalucía y el Ideal

 La tercera parte de El ideal andaluz (1915) de Blas Infante se enfoca ahora no ya en describir sus principios filosóficos y en demostrar que existe realmente Andalucía. Lo que ahora toca es desmontar las sentencias que indican que esta tierra es incapaz de gestionarse a sí misma, que tiene un lastre congénito que le impedirá alzarse con dignidad para dirigirse a lograr el Ideal Humano. Las razones negativas que se esbozan se refieren a un terreno que no ayuda al progreso y a un sustrato étnico incapaz de lograrlo. Blas Infante se plantea negar, mediante ejemplos, tales postulados, originados por una falta de estudio de la realidad andaluza y una negativa a comprobar de primera mano qué sucede.

Infante comienza admitiendo que sí existen las predisposiciones, ya sean a nivel de pueblo como de individuo, eso no es refutable. Pero más que un lastre, la predisposición es requisito indispensable para la existencia de una variedad de caracteres y puntos de vista, una mezcla y competencia que ayuda a la consecución de ideales. Eso sí, atestigua que hay una predisposición común del ser humano hacia la libertad. Gracias a ella el ser humano es tal, gracias a ella se puede, mediante esfuerzo, desbaratar los lastres que pueden generar ciertas predisposiciones. Da igual qué argumento fatalista se dé, con la libertad se pueden lograr grandes metas. Y es la propia libertad la que garantiza incluso la existencia de posturas fatalistas. Infante cree que con sus argumentos se hace lo suficiente como para callar a los fanáticos deterministas basados en razas.

¿Es el medio físico una fuente de incapacidad? Andalucía está a una latitud similar a la de Grecia, cuna de la civilización occidental. Sus orografías son parecidas. El sol es el mismo, que produce las mismas sequías y hace madurar los mismos cultivos que provocan las lluvias estacionales. Flora y faunas similares. Trigo, vid, olivo, marcadores de ambas culturas y forjadoras de genios e idiosincrasias homologables.

¿Es la pertenencia étnica una fuente de incapacidad? Para empezar, Infante tiene claro que esto no tiene fundamento debido al origen común de todas las razas. Aparte, muchas culturas que han pasado por Andalucía han tenido muchos puntos comunes, procedencias similares. Y el tiempo que han morado en estas tierras no ha sido suficiente para generar rasgos fisiológicos particulares. Tacha de ignorantes a los que apoyan la idea de que solo los pueblos dominantes del momento son los que tienen capacidad civilizatoria. Los imperios han ascendido y caído a través de los milenios: los bárbaros de ayer son los cultos de hoy. Y viceversa.

Si se piensa que es un lastre tener sangre africana solo hay que pensar en el milenario Egipto, donde la antigüedad de Grecia y Fenicia palidecen. Incluso se consideraba Libia en esos años el germen de la cultura mediterránea. Se puede argumentar que era un imperio esclavista, aunque las posturas revisionistas (las de mirar con juicios del presente actos pasados) pueden ser aplicadas incluso al día de hoy para las civilizaciones futuras. Y si todos los pueblos partieron de las mismas prácticas, ¿cómo es que las potencias actuales no pudieron lograr el nivel de avance de Egipto? Si es un lastre tener sangre africana al pertenecer al tipo de Cro-Magnon, ese lastre debe ser compartido por todos los pueblos de España y Europa. Además, no se sabe a ciencia cierta el lugar de origen de dicha raza. ¿Canarias? Su pureza puede ser por originarse ahí o porque quedaron aislados. ¿Y qué es el concepto de pureza sino un constructo? Cita varios estudios del momento que confirman la presencia de Cro-Magnons en todos los puntos de la Península Ibérica y que su origen es inequívocamente africano. Incluso habla despectivamente de la raza aria asiática, que truncó muchas culturas neolíticas de gran proyección e Infante deduce que por culpa de tales salvajes (de los que se enorgullecen naciones centroeuropeas) no se dio en Asia un florecimiento similar a lo ocurrido en Grecia.

Pero tampoco se puede demostrar fehacientemente un origen plenamente africano porque en el oriente peninsular se han encontrado numerosos yacimientos de procedencia asiática que cobijaron culturas milenarias como Los Millares o El Argar. Fue en Andalucía y no en otro emplazamiento europeo donde se encuentra una presencia micénica, elevada cultura de origen oriental. La presencia de dólmenes de influencia micénica atestigua una interacción privilegiada mucho anterior al contacto con los fenicios. Los descubrimientos de joyería en Carmona y las etimologías de numerosas poblaciones que perduran aún tienen una clara raíz micénica. Nombres de pueblos prerromanos como túrdulos o turdetanos, incluso el propio nombre de Argantonio, son de origen asiático. Incluso el propio pueblo ibero se le achaca un origen asiático, independientemente de si llegaron por el Estrecho de Gibraltar o por los Pirineos. ¿Cuál es el origen étnico del andaluz? Solo la arqueología podrá descubrirlo pero todo apunta a una presencia ya desde el Paleolítico Superior. Los restos de esta época y del Neolítico son idénticos al de tipo caucásico, tipo predominante en la Prehistoria europea. La civilización primitiva andaluza por tanto es sui generis, pues no puede adjudicarse plenamente a orígenes africanos, asiáticos o europeos de manera exclusiva.

Dicha civilización andaluza, pre-tartéssica, trabajaba con maestría el oro incluso antes de llegar a la Edad de los Metales. La cerámica encontrada en el oriente andaluz habla del gran sentido artístico de aquella gente. Incluso existen antiguos vestigios de escritura original, anterior a la presencia fenicia. La novedad es que es fonográfica, se representan sonidos, no objetos o ideas y hay suficientes estudios y pruebas que lo confirman. Dicho sistema de escritura autóctono pudo convivir con otros en la Península, incluso influenciar idiomas posteriores. Infante descarta el origen fenicio debido a la disparidad de símbolos alfabéticos entre ambos idiomas y no entiende por qué la historiografía moderna no tiene más presente este singular hecho. ¡Recordamos que los turdetanos decían que tenían leyes escritas en verso con más de 6000 años de antigüedad! Y esto habla bien del primitivo pueblo andaluz, pues debía ya tener alta inteligencia como para desarrollar un antiquísimo y complejo sistema de escritura. ¿No habrá sido Andalucía el verdadero foco de la civilización grecolatina? ¿O un importante foco más bien? Incluso se ha detectado una influencia del alfabeto griego por parte del andaluz. ¿Pudo haber influido también en los alfabetos etrusco y frigio? Incluso hay pruebas que indican que la civilización cretense usaba o se inspiró en el alfabeto. 

Ya Blas Infante especula si las construcciones megalíticas andaluzas puedan ser autóctonas y que los micénicos hayan podido importarlas, llevándose la fama. ¿Y si la desconocida raza pelásgica no fuese en realidad descendiente de la andaluza? Se expandió por el Mediterráneo y se dividió en iberos, libios y ligurios, llegando a asentarse en Asia Menor posteriormente para emigrar al tiempo hacia Europa. Quizás esto explique por qué los griegos pensaban que los Campos Elíseos estaban en la Península, explica también las relaciones fraternales entre griegos y tartéssicos y las grandes semejanzas entre pueblos mediterráneos. Ya se sabe de las exploraciones tartéssicas por Europa y sus contactos con los pueblos del sur de Europa. Pudiera ser que incluso aleccionasen a los cartagineses para que explorasen la costa atlántica africana. Y todo esto puede concluir que la raza andaluza no es inferior, sino que pudiera incluso ser la generadora de las razas que hoy se consideren superiores. ¡Quién sabe si esto es la prueba definitiva de que la humanidad no se generó en el Extremo Oriente! ¡Quién sabe si ha sido Andalucía la musa para crear el mito de la Atlántida!

Defendida queda la raza andaluza (recordemos que habla Infante desde el estado del arte de comienzos del siglo XX, donde había hipótesis asentadas que aún no estaban del todo confirmadas y se creía verdaderamente en la existencia de razas, incluso la teoría del origen chino de la humanidad era una fuerte rival a la teoría africana) y por tanto es momento de ver qué influencias han tenido en este pueblo andaluz las invasiones de pueblos. Si los iberos tienen un origen africano o asiático no importa, pues este no impactó a las raíces del lugar, de similar procedencia. De dicha mezcla fue que surgiría Tartessos, aliada y potenciada posteriormente por los griegos. Civilización mencionada incluso en la Biblia. La cultura del Sudeste también fue revelada para los pueblos orientales y muy bien considerada. Incluso la Dama de Elche fue encontrada cerca de la frontera con Tartessos. Puede ser de manufactura ibérica, pero tuvo que tener fuertes influencias tartéssicas. Estrabón se atreve a afirmar que los celtíberos fueron muy influenciados por Tartessos, tanto que estas civilizaciones no hubiesen prosperado si no hubiera sido por el legado de Argantonio. En cuanto al legado fenicio y cartaginés, estos no pueden ser el origen del pueblo andaluz por el simple hecho que hubiesen desconfiado también del rival fenicio, esto es, Grecia. Además, el pueblo fenicio nunca fue muy numeroso y sus colonias no fueron urbes, por lo que la influencia se debe al contacto comercial, no al patronazgo de los pueblos camíticos. Hubo más encontronazos con los sucesores de los fenicios, los cartagineses, su carácter sombrío impedía buenos contactos y la influencia no pudo ser mucha por la proximidad de la llegada de los romanos a la Península Ibérica.

En cuanto a los griegos hay numerosas pruebas de fundaciones de importantes colonias no solo en el litoral, sino también en el interior peninsular. Muchos pueblos autóctonos incluso se decían descendientes de estos navegantes griegos y aportaban un fuerte amor por la literatura, tanto que algunas ciudades, como Cádiz, se erigían como centros de peregrinaje de los sabios de la época. La mezcla de los pueblos autóctonos con los romanos fue propiciada por la similitud de caracteres y pronto los gobernantes romanos eligieron la Bética como centro neurálgico de su imperio. La fundación de numerosas ciudades a lo largo del Guadalquivir, el desarrollo de artes similares a otros puntos principales del mundo romano, las grandes personalidades (Silio, Lucano, Tiloso, Pomponio Mela, Columela, Séneca, Adriano, Teodosio, Trajano) que fueron recibidas en Roma con los brazos abiertos, son ejemplos del desarrollo que logró Andalucía en dicha época. La Bética no luchó contra el influjo romano por su amor a la paz y a la civilización. Provincia senatorial que fue resguardada de ínfulas belicistas.

En cuanto a la influencia vándala solo se dio de manera bélica. No hubo mezcla, pues el pueblo invasor estuvo menos de dos décadas antes de su paso a África y lo único que dejó fue sangre y fuego. Infante pronto desmiente las teorías del origen del nombre de Andalucía: bajo ningún concepto pudo ser una derivación de Vandalucía. Si hubiese sido así, los autores contemporáneos deberían haberse referido a la tierra con tal nombre, cosa que no hacen, aunque sí refieren y documentan la invasión vándala. Es más, el nombre de Andalucía, o su origen, solo empieza a escucharse en los años de la presencia musulmana, no antes. Infante indica que poco o nada de influencia germánica se puede detectar en tierras germánicas a pesar de que la corte visigoda fuese trasladada a Sevilla en tiempos de Amalarico. El pueblo visigodo dominaba la zona central de la península y poco contacto generaba con las periferias, lugares donde nunca eran bien recibidos. Ni siquiera las políticas de Recesvinto sobre uniones entre católicos y arrianos pudo fomentar la mezcla de ambos pueblos. Los bizantinos, en continuo conflicto con Atanagildo, no pudieron ejercer mucha influencia, a excepción de zonas costeras del Levante. Eso sí, admiraban el avance de la civilización se que desarrollaba en el sur debido a la pujanza de la Iglesia hispalense. 

Por otro lado, la invasión musulmana permitió la mezcla con sangre árabe y bereber, aunque la presencia almorávide y almohade, debido a su extremismo religioso, no promovió la mezcla con otros pueblos del norte de África. El pueblo andalusí nunca fue muy afín a los extremismos, ni siquiera los veían con buenos ojos como aliados ante el avance cristiano. Eso sí, el pueblo almorávide no llegó a ser tan inflexible como parecía ser: bajo su dominio se permitía el estudio, la numismática, la elaboración de documentos científicos, etc. Es decir, los almorávides fueron parcialmente apaciguados con la idiosincrasia andalusí. Por otro lado, el dominio almohade fue muy restrictivo aunque aparecieran grandes pensadores como Averroes. El odio que se tenían era tal que la mezcla sanguínea y su influencia fueron prácticamente nulas y como prueba está el esplendor del Reino de Granada, forjado en contra de los almohades. Tampoco se espera mucho de la fugaz estancia de los benimerines en el año 1276. Se sucederán diferentes correrías hasta su expulsión final a manos de Fernando IV de Castilla.

Para Infante, el árabe posee una grandeza histórica sin parangón, de gran belleza y actividad ligera y rauda. De gran imaginación y gran fortaleza, propiedades que les hacen apasionados por el amor, por las cosas bellas, por la hospitalidad, por la libertad y por la lucha por unos ideales superiores. Sin embargo, un exceso de pasión hace que les sea fácil llegar al fanatismo, fuente perenne de sus desgracias. Es la mezcla con esta sangre semita la que da el gran esplendor a Andalucía. En cuanto a los bereberes, Infante destaca su sentimiento de igualdad, su carisma, de su propia dignidad, de su libertad y de su cariño por su hogar. Eso sí, ambos pueblos también han sido caracterizados por sus estigmas. El fanatismo es uno de ellos que tiende hacia posturas intolerantes, actitudes insolidarias y un miedo al progreso. Otro estigma es el fatalismo, que reduce de conceptos al ser para lograr resignar toda idea de lucha contra la opresión. Sin embargo, estos estigmas apenas afloraron en al-Ándalus, quizás debido a que estos fueron atemperados por el pueblo autóctono. Quizás hubo algunos momentos donde preponderaron pero globalmente el mundo andalusí se conoció por ser una civilización altamente tolerante. 

La civilización andalusí progresó tanto que su ordenamiento político y administrativo fue adoptado pronto por los cristianos del norte: leyes, impuestos, procesos judiciales... En ningún lugar del mundo musulmán, excepto en al-Ándalus se dio que los gobernantes musulmanes aceptasen juicios a cristianos por obispos cristianos por vejar la religión dominante en tiempos de Abd al-Rahman II. El fatalismo fue ahogado por el genio andaluz, más proclive al uso de la razón que desencadena siempre a la libertad. El fanatismo desaparece absolutamente en la época califal, donde Abd al-Rahman III permite las algaradas del monje Gorza y cuenta como consejero al obispo Rosemundo. El fanatismo y la intransigencia son tan extraños a Andalucía que el resto del Islam los consideraban como tibios creyentes. "Ellos hubieran concluido bajo la acción constante del espíritu andaluz, por tener solo una sonrisa, compasiva para tales máximas y tales códigos, que interdicen la razón". A pesar de los pasos atrás de Almanzor en favor del populismo, los reinos de taifas fueron protectores de los libre pensadores y científicos que se sumergían en los saberes clásicos y retrucaban al Islam con sentencias irónicas. Todo esto promovió un odio dentro del Islam para con al-Ándalus, dando luz verde a la desposesión de los territorios y fomentando los malos tratos hacia los andalusíes. Fue por esta causa que el Imperio Almorávide dio el salto desde África y las frases andalusíes donde se clamaba por mejor estar al lado de un cristiano peninsular que de un musulmán africano.

Si Blas Infante desmonta el tópico de la intolerancia, también lo hace con el del fatalismo. Un centro civilizatorio como fue Córdoba, que iluminó el posterior Renacimiento europeo, no puede ser fatalista. Faro para las primeras universidades europeas, heredera de los grandes sabios de la antigüedad. En Córdoba las bibliotecas llegaron a ser numerosas (se habla de más de medio millón de volúmenes), la venida frecuente de sabios europeos, casi un centenar de escuelas y academias, hogar de príncipes ilustrados y grandes médicos como Abulcasim, historiadores como Aben Pascual, filósofos y escritoras como Aixa, Habibah y Mitilene.

Por su parte, en la Sevilla del rey al-Mutamid, también afloraron poetisas, agrónomos, matemáticos, astrónomos, químicos, cosmógrafos, gramáticos, oradores... El reino nazarí también contó con nombres muy ilustres y bibliotecas gigantescas. Las escuelas andalusíes eran buenas y numerosas, evitando la existencia de población iletrada. Sus saberes agronómicos y sus sistemas novedosos de irrigación levantaban envidias. Revitalizaban tierras estériles y sus productos y limpieza (no solo de ropajes sino también que había en Córdoba casi mil baños) admiraban a todos los europeos. Y los impuestos eran llevaderos y movilizaban el comercio. Esto se dio durante el Califato, como el esplendor intelectual se dio durante las taifas y la prosperidad de todo orden durante Granada. Entonces, ¿qué argumentos quedan en los que echan en cara la herencia semítica a los andaluces? ¿No será que más bien pervive un odio atávico que viene de la Reconquista y aún es imperdonable que Andalucía haya nutrido las raíces del Renacimiento europeo?

Resume entonces Infante que la subraza andaluza es autóctona, de procedencia desconocida (¿quizás íbera?), la cual se ha nutrido a lo largo de milenios con sangre de diferentes culturas. Muchos indicarán que tanta mezcla hace que los puntos fuertes se debiliten, quedando un compuesto débil. Infante recurre a un símil biológico: si todo es homogéneo, si nada cambia, la población termina por agonizar, luego es la pureza lo que es preocupante, no la mezcla.

Andalucía hasta la Edad Moderna, entonces, ha sido una parte importante y muy destacada de España. Incluso después, en los siglos XV y XVI, en pleno Renacimiento, Sevilla se erige como el puerto más importante del mundo con tráfico ingente de tejidos y máquinas. Y la cantidad de pintores, filósofos, matemáticos y geógrafos andaluces que pusieron la cultura española en la puntera mundial también habla de una Andalucía moderna pujante. ¿No es curioso que también en Andalucía de forjó el descubrimiento de América y fuera solar de las revoluciones más importantes? Es la interrelación actual con es resto de regiones españolas lo que ha terminado ahogando el genio andaluz. Andalucía se encuentra sometida a pesar de que el genio español le debe gran parte a Andalucía. Infante se rebela contra los que llaman a los andaluces como raza inferior, incluso frases vertidas por andaluces hacia otros andaluces. Ha demostrado que todos los argumentos en favor de la inferioridad no son sólidos. No es que no pueda llevar a cabo grandes empresas, sino que ya ha llevado a buen puerto multitud de ellas. Y no quiere que estos argumentos suenen a prepotencia, a supremacismo, sino que clama por una solidaridad más fuerte, basada en la inteligencia y el amor. El factor más importante de la decadencia nacional es el afán de políticos y escritores de no querer que el pueblo piense por sí mismo. Y arrogándose la potestad de ser voz del pueblo, no ejercen la tarea ni con responsabilidad ni con sacrificio.

Las causas del deterioro andaluz son, por tanto, históricas y no naturales. Eso quiere decir que pueden ser eliminadas, solo hace falta remover tales circunstancias que frenan el Progreso andaluz.

sábado, 5 de noviembre de 2022

La realidad andaluza, según Blas Infante (Libro de Feria 2022)

 Queridos lectores, en la última edición de la Revista de Feria nos quedamos estudiando la parte más filosófica de Blas Infante. En este arranque de su Ideal Andaluz (1915) exponía la misión vital de perfección que todos tenemos y cómo la finitud de nuestra vida hace que este camino se convierta en una lucha colectiva por conseguir ciertos ideales. Además, esa colectividad, si cada individuo ponía lo mejor de sí, generará un pueblo que buscará lo mejor para la humanidad entera. Y bajo el concepto de colectividad se pasó por el ideal de España, país que debía recoger lo mejor de sus partes para que pudiese progresar de manera óptima.


Blas Infante termina la sección preguntándose si realmente existe Andalucía, pues ve de manera urgente que esta tierra aporte su idiosincrasia y sus potencialidades para liderar al resto de regiones españolas y hacer que España retorne al concierto de las naciones. En la segunda sección del Ideal Andaluz (titulada, precisamente, Andalucía), Infante da por hecho su existencia: siempre se habla de ella, aunque sea para criticarla.


A inicios del siglo XX Andalucía estaba debilitada, triste, sin pulso. Para revertir esto y transformarla en una tierra fuerte, industriosa y feliz solo se requiere que el pueblo andaluz no pierda el genio con el que fue forjado. No todo está perdido, puesto que el genio andaluz, aunque aletargado, existe. Pero, ¿cuál es la particularidad del pueblo andaluz? Su mezcla, la aportación de otros pueblos que nutren su original energía vital. Las sucesivas fuerzas dominadoras del solar andaluz no han podido diluir la idiosincrasia andaluza, sino más bien la han enriquecido. Sus fronteras pueden haber cambiado a lo largo de los siglos pero sus características permanecen inmutables.


Muy bien, el pueblo andaluz ha pervivido a lo largo de los siglos. ¿Pero cuál es el genio que lo caracteriza? A diferencia de postulados posteriores centrados en al-Ándalus, Blas Infante señala que el genio viene de antes, del influjo griego que legó un optimismo sin precedentes al pueblo tartéssico. Dicho genio ha caracterizado a las gentes de Andalucía a lo largo de toda su historia: la vida está para ser vivida, para lograr el Ideal Humano; no es un triste tránsito hacia la muerte. Una alegría de vivir que llega a reivindicarse en forma de dignidad incluso en los momentos de mayor sufrimiento y pesadumbre. Una psicología optimista en un entorno de gran belleza natural, he ahí el genio andaluz: ser exagerados en la generosidad, actuando de manera sencilla y sincera. Una exaltación fastuosa que, paradójicamente, otorga a todas las personas el mismo trato y dignidad.


Ambas características, la exaltación de la alegría de vivir y la consciencia de la dignidad propia y del prójimo hacen que el genio andaluz se caracterice por su amor, por su respeto a la vida y a los semejantes, elementos primordiales del humanismo y la democracia, nada menos. Andalucía no puede ser solar de pérdida de derechos, de desigualdades. Puede haber momentos de resignación o de hacer tambalear lo logrado, pero estos pronto dejan paso de nuevo a la pulsión andaluza original. En estas tierras se exaltaron las ideas griegas (con su Hércules que crea por el amor y al contrario que el belicoso Hércules-Melkart fenicio), las cuales inclinaron la balanza hacia los romanos y no hacia los cartagineses. Fue la Bética, una nueva y renovada entidad heredera del legado de Argantonio, la que siguió dando ejemplo al mundo a través de grandes pensadores y dirigentes. La Bética prosperó en libertad y en esplendor, porque a través de Roma, Andalucía expresaba su amor por Grecia.


Andalucía tuvo esplendor con los monarcas visigodos de talante más dialogante, destacando los apoyos de las causas justas y de la repercusión de sus pensadores, como San Isidoro. Ni siquiera las invasiones vándalas pudieron doblegar su pujanza: atemperaron al invasor en pocos años. Solo cuando las ideas reformistas de Witiza fueron acalladas por el belicista Rodrigo los andaluces empezaron a mirar al otro lado del Estrecho. Pronto los árabes quedaron subyugados por el genio andaluz: cuando el fanatismo empieza a impregnar las madrasas orientales, en Córdoba se reafirma la libertad. Al-Ándalus retoma la ciencia clásica, la poesía, el deporte, la higiene, la oratoria y la filosofía. Y este legado fue heredado por los reinos de taifas (con al-Mutamid como ejemplo paradigmático) los cuales, ante el fanatismo almorávide y almohade, facilitan indirectamente el avance cristiano por la Península Ibérica.


El amor por Grecia se muda con los siglos a Granada y espera pacientemente al Renacimiento europeo y la reivindicación del saber griego. En Andalucía nunca se implementó la idea de castas y el feudalismo apenas arraigó. Incluso Gonzalo de Córdoba llegó a ser un referente renacentista por su genio andaluz. Si bien es cierto que la Inquisición y el absolutismo enmudecen y humillan, pero no aniquilan, el genio andaluz, fue esta tierra la que vio nacer al Estado constitucional y las Revoluciones de talante democrático. La Constitución antequerana de 1883, como culmen, hace patente las ideas federalistas y libertarias que llegaron a darse en el solar andaluz. En momentos de necesidad el genio andaluz despierta con fuerza.


Una consecuencia de la alegría de vivir es el sentido del humor andaluz, tachado a veces injustamente de superficialidad. "En Andalucía, una sonrisa es el mejor símbolo de la fe" afirma, tajante, Infante. Y no solo el humor es expresión del genio andaluz, sino sus formas artísticas: su cante, su poesía, sobre todo las que irradian desde Sevilla, erigida ya como núcleo espiritual andaluz en el Siglo de Oro. Las particularidades del genio andaluz, a través del artista, se cuelan de vez en cuando en las obras, dando a pensar el potencial encerrado en un pueblo dormido, pero no muerto. Pintura, música, teatro, arquitectura, todas pueden tener el adjetivo andaluza, puesto que tienen un vínculo bien contrastable a la cultura gallega, castellana, aragonesa, vasca, catalana, etc.


El genio andaluz ha llegado, por tanto, malherido hasta la época de Blas Infante, aunque sus bases siguen bien intactas y bien presentes en las ocho provincias. Los lazos de unión espiritual y psicológica definen al pueblo andaluz como un ente independiente y con marcada personalidad, capaz de reclamar justicia e independencia, como pasó en las rebeliones de los siglos XVI y XVII. Andalucía, para existir, no necesita de lengua propia; Andalucía, para existir, no necesita de leyes propias antiquísimas. La coyuntura político-jurídica del momento es igual para todas las regiones y todas tienen el mismo derecho de otorgarse un autogobierno en un país que no ha sabido (o no ha podido) generar un nuevo derecho duradero y aplicable en todos sus rincones.


"Andalucía existe: no es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado", concluye Infante. Que no pueda desarrollar su fortaleza ni gestionar políticas no dictamina la inexistencia de ninguna región. ¿Cómo revertir esta situación de debilidad? Lo primero es la Vida, vivirla requiere de generar un derecho. Para ello se necesita un pueblo andaluz (que ya existe), que se fortalezca y capacite. Pero antes de esto es preciso saber si las incapacidades son inherentes al pueblo andaluz o si son las coyunturas históricas las que impiden el alcance del Ideal. Así termina esta segunda sección del Ideal Andaluz, con un fuerte alegato a la historia e idiosincrasia andaluzas. El estudio de las causas que lastran el desarrollo andaluz merece un estudio detallado aparte. Pero eso, queridos lectores, tendrá que ser el año que viene. ¡Disfruten la Feria!

jueves, 21 de julio de 2022

Hipocresía de contaminar allí, pero no aquí

Hace unas semanas, si no un par de meses, varios influencers de la energía acudieron para ser testigos privilegiados del derrumbe programado de torres de refrigeración de una central térmica. Esto lo publicitaron como un éxito y como cosa a aplaudir en pos de la transición energética.

Dejemos por sentado que tras haber estudiado (no por mi cuenta, estudios reglados que dan título universitario) sobre energías renovables y sostenibilidad tengo claro que es necesaria una transición energética, pero no a todo coste o de cualquier manera. Y esto lo digo porque a los políticos el planeta les importa poco o nada, lo que quieren es rentabilidad económica y quedarse muchos años en el sillón. Si no, como prueba un botón: la reciente guerra entre Rusia y Ucrania ha roto el equilibrio de distribución energética y las instituciones europeas, mágicamente, han considerado como energías verdes al gas natural y a la energía nuclear. Sí, esas mismas que hace un año eran miradas con sumo recelo si no vilipendiadas.

A día de hoy es imposible depender únicamente de energías renovables sin centrales de reserva, centrales base que tengas confianza de que te van a dar de manera ininterrumpida en cualquier momento del día. La variabilidad de las renovables aún es un reto muy serio y no hay que descartar ninguna fuente en territorio propio, incluso el carbón y el gas natural. No digo que se usen hidrocarburos como antaño pero que sí se los tenga como carta en caso de problemas graves, tales como los que vamos a sufrir si Rusia sigue jugando estúpidamente a la guerra en el invierno que se avecina.

Las proclamas de Greta, en cierta parte acertadas, quedaron borradas por la pandemia y la guerra actual pero la seguidilla de altas temperaturas que estamos alcanzando este verano, junto a los tristes y descorazonadores incendios, están retomando el debate a cotas muy interesantes. Negacionistas va a haber, y con la cabeza tan dura que no van a querer ser convencidos con datos. Y ultra-alarmistas también, con mapas de colores donde las temperaturas aceptables ya las colorean con tonos anaranjados. El cambio climático es innegable, pero hay que enfocarlo bajo criterios científicos y racionales. Y aquí quiero mencionar que si bien las políticas de bajar emisiones están bien para atemperar los efectos de este calentamiento global, poco o nada se está haciendo para generar políticas para afrontar el cambio climático que nos va a tocar, porque vamos a llegar a ese escenario. Por ahora no escuché sobre políticas migratorias, ni solidaridad entre países, ni políticas de mejora de almacenamiento, distribución y consumo de agua o fondos para controlar los montes para que si hay incendios no se propaguen de manera tan virulenta y extensa.

Y es que, lo siento, pero hay que implementar políticas reales, no deseos sobre que si cortamos de raíz todo el cambio climático va a desaparecer. O como el tema de las megagranjas solares, fuertemente criticadas, con razón. Pero las críticas parece que van encaminadas a que no las quieren aquí, al lado de su casa, sino que estén en la casa de otras personas. Si bien son compañías especuladoras que quieren quedarse terrenos apetecibles también hay que pensar que nuestra sociedad despilfarradora requiere de la producción de mucha energía. No querer la megagranja no quiere decir que evaluaemos nuestra manera de vivir y organizarnos de manera poco eficiente, quiere decir que vayan a otro sitio (con menos recursos para que no se quejen mucho) y que las hagan allí. Y la solución, aparte de que nuestros hábitos de consumo basculen hacia la máxima eficiencia) es la deslocalización de las granjas, de la generación distribuida y cercana a los puntos de consumo. Quizás paneles más transparentes y flexibles para que estén en tejados, ventanas, farolas, etc., sea mejor que hectáreas y hectáreas de paneles.

Y con el tema de querer lo mismo pero lejos me genera cuestiones. Las reservas de litio extremeñas podrían ser algo muy valioso para España y que rompiese la tendencia europea general de ser sitio de consumo y no de producción (con la inmensa dependencia que esto genera, claro). Evidentemente hay resquemor por parte de los vecinos de las prácticas poco éticas y medioambientalmente amigables que van a tener las empresas (por eso el fracking está prohibido porque por ahorrar costes y maximizar beneficios les da igual destruir todo) pero en vez de fiscalizar por un buen desempeño y un mínimo impacto se piensa en que hay que seguir con el litio pero extraído en otro país, lejano y pobre a ser posible, puesto que las restricciones legales ya no son tan estrictas y podemos contaminar a nuestro gusto.

Lo mismo pasa con el petróleo canario, que por evitar temas corruptos y que contaminen no quieren explotar los pozos. Y al final serán seguramente explotados por Marruecos y las islas serán contaminadas a la vez que la soberanía energética queda reforzada en nuestro país vecino.

Porque, gente, por mucho coche eléctrico que tengamos (que ya han apostado los mandatarios por él, el resto de híbridos ya se descartan aunque sean más eficientes y seguros), si hay que contaminar a lo loco para lograr una batería de litio y hay que anegar de crudo una costa lejana para generar electricidad, la transición energética será una impostura.

transicion energetica

viernes, 24 de junio de 2022

El Sahara Occidental, abandonado

 Hasta el día de hoy está dando de qué hablar el reciente cambio de postura oficial española con respecto al Sahara Occidental. Desde hace décadas, la ONU, bajo el paraguas de la Minurso, plantea un referéndum de autodeterminación del Sahara para decidir su destino. Un destino marcado a fuego por sus antecedentes: un territorio colonial español abandonado a su suerte tras la Marcha Verde y ahora bajo la sombra de los intereses de anexión por parte de Marruecos.

Hay que tener bien en cuenta que España es la última responsable de todo el desaguisado actual. Desde que se enfocó sobre sí misma y abandonó este territorio a su suerte para afrontar con fuerzas la Transición, el Frente Polisiario ha regido una pequeña porción del territorio, casi siempre en disputa con Marruecos, que ansía sus costas y sus riquezas que posee en el subsuelo. Aunque España se haga la loca sigue siendo la potencia soberana, a pesar de que legó la administración, si mal no recuerdo a Marruecos y a Mauritania. Si no mueve ficha, todo va a quedar estancado.

Ahora parece que se movió ficha, pero de una manera un tanto rocambolesca. El Presidente del Gobierno anunció de sorpresa un cambio de postura, uno en el que apoyaba las reclamaciones expansionistas de Marruecos. Y esto en plenas tensiones entre Argelia (que tiene frontera también con el Sahara y ha actuado en multitud de ocasiones) y Marruecos. Malos momentos de conflicto bélico, inflación y lenta recuperación postpandémica como para mover así de fuerte el tablero internacional. El desconcierto generado ha sido enorme y las consecuencias se están viendo poco a poco.

Como primer resultado fue el natural enfado de Argelia, ya que le hacía un flaco favor a su rival marroquí y ponía en serias dificultades a los dirigentes saharauis, tradicionales aliados de los argelinos. Su respuesta ha sido amenazar con cortar el suministro de gas natural hacia la Península Ibérica. Recordemos que por las tensiones el gasoducto que pasa por territorio marroquí ha de tomarse como inservible. La tradicional dependencia energética ha mostrado con toda crudeza sus costuras. Por suerte, la Unión Europea ha salido al rescate del Reino de España y ha atemperado las posturas argelinas. Sin embargo, los movimientos diplomáticos de Portugal e Italia para ser socios preferentes con Argelia no se han hecho esperar.

Marruecos, con gesto de beneplácito hacia el cambio de postura encabezado por el presidente Sánchez, ha prometido colaborar con la defensa de la parte sur (con la inquietante declaración de que va a tomar como asegurada la soberanía española de Ceuta y Melilla) y controlará los flujos migratorios (aunque esto no lo hace com mucho celo). Está bien llevarse bien con los países fronterizos pero esta gran concesión y traición a tus principios queda falta de alguna explicación convincente. ¿Qué gana España renegando de su tradicional postura sobre el Sahara? Muchos apuntan a que no es una jugada maestra sino que está relacionada con el uso del software espía Pegasus. Puede ser que hayan encontrado algo en los móviles de los miembros del Gobierno y este sea el alto precio a pagar por el silencio marroquí. No lo sé. Pero sí sé que al final de la era Trump Estados Unidos reforzó sus lazos con Marruecos, el cual acabó reconociendo a Israel, país que desarrolló el software de espionaje. Y, mira por dónde, ahora mismo España le tiene que comprar el gas natural faltante a ¡Estados Unidos! Sorpresas te da la vida. Aunque también el haber traído al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, a España para ser tratado contra el coronavirus de manera secreta haya podido influir también (recordemos la severa ruptura de relaciones y los masivos saltos de valla que se produjeron como represalia).

Deberíamos los ciudadanos ser considerados como personas adultas y racionales y tener acceso a la cruda verdad, a qué ha motivado al abandono de unas tierras que comparten fortísimos lazos con nosotros. Si es entendible o no la excusa que den ya dependerá de nosotros, pero si estas decisiones nos afectan de manera económica y social deberíamos saberlo. Y no solo por nosotros, sino por los saharauis que han visto que de la noche a la mañana un pueblo amigo les ha dado, porque sí, la espalda.

viernes, 10 de junio de 2022

Elecciones en Francia, ¿punto de inflexión?

 Muy interesante el proceso electoral francés de los pasados meses. Evidente iba a ser la reelección de Macron, aunque se pensaba que iba a ganar de calle, tanto que empezó a hacer un postureo poco sano como mediador del conflicto entre Rusia y Ucrania y con algunos empujones del resto de candidatos la elección volvió a estar reñida. Había prometido Macron que iba a ser el presidente de todos los franceses y que iba a gestionar el país de buena manera, con una perspectiva europeísta intensa y que no se iba a dar su victoria in extremis esta vez (en alusión al fantasma de la ultraderecha). Para sorpresa de muchos, la victoria in extremis volvió a darse aunque ahora con algo más de holgura.

Emmanuel es un genio a la hora de la puesta en escena, del simbolismo, de la declaración justa y del ángulo de fotografía preciso. En una república con tintes tan monárquicos (la Constitución de la V República da unos poderes al Jefe del Estado impresionantes, haciéndolo el protagonista indiscutible de la vida política del país) el tema del simbolismo y comunicación son algo muy importantes. El dirigente socioliberal tenía a numerosos competidores, pero ha sabido granjearse el voto mayoritario. Ojo, en el proceso de cambio en el que está inmersa Francia ese voto es bien volátil, es un voto prestado: muchos lo votaron como mal menor, en defensa de la democracia contra Le Pen.

La aliada rusa y adalid de la extrema derecha francesa ha jugado muy bien sus cartas. No se desmotiva, no pierde la paciencia, le basta ganar una vez aunque haya perdido decenas de veces. Su cambio de discurso ya oculta su malestar con los colectivos LGTB y pro derechos de las mujeres, ahora se mueve más en generar una figura de defensora de los valores (no tradicionales, sino actuales) franceses contra el enemigo interior, o sea, los franceses descendientes de inmigrantes, así como inmigrantes de nuevo cuño. Sus posturas anti-islámicas la convierten en atractiva para los conspiranoicos, los xenófobos y los racistas, así como gente que queda asustada por la atmósfera de malestar que se ha encargado de generar (y que ya llevaba cargando Francia hace mucho tiempo con la inclusión de inmigrantes y descendientes). También ha ayudado mucho la abusiva atención mediática hacia Zemmour, con posturas más radicales aún de extrema derecha. La han hecho ver indirectamente como la moderada.

Por otro lado Mélenchon no tira la toalla nunca, quiere pisar moqueta. Y cada vez está más cerca de conseguirlo. Ha acaparado un voto de enfado que lo está catapultando cada vez más, se ve como alternativa de gobierno contra la extrema derecha y el centro-derecha socioliberal de Macron, personaje muy afín al stablishment y a los poderes económicos (recordemos que fue el banquero aventajado de Rothschild). Mélenchon tiene a su favor que la Asamblea, tradicionalmente opositora al poder de la Jefatura del Estado, va a inclinarse a su favor en las elecciones legislativas. Incluso se ha soñado como Primer Ministro. Y justo ese es el problema de Mélenchon: él mismo. Porque sus posturas antieuropeas (le da rencor encontrarse la bandera de la Unión) o sus veleidades (recordemos cómo se definía como el Estado cuando la policía debía investigar un recinto en el que él estaba) le hacen inclinarse hacia una radicalidad que termina siendo compartida por los simpatizantes de Le Pen. Cuando intenta alejarse del centro dirigiéndose hacia la izquierda se acerca, irónicamente, al otro extremo. Mientras no modere sus posturas (o deje el paso libre a una nueva hornada) el Elíseo va a seguir lejos.

Lo curioso es que la izquierda y derecha tradicional, Partido Socialista y el refundado partido descendiente del de Sarkozy (Les Républicains), respectivamente, han quedado en la nada, en la marginalidad más absoluta. Es como la defunción de la vieja política, de los grandes bloques hegemónicos que se odiaban pero se necesitaban para alternar cada cierto tiempo. Hoy rige la polarización y su espacio ha desaparecido. Eso y que ya nadie cree en sus promesas miles de veces incumplidas, en su vestido de ejemplaridad hace años sucio y roto. Esta lectura tiene un análisis muy interesante y puede ser precursor de los derroteros europeos en la siguiente década.

Muchos han señalado que, para que Francia se revitalice y Macron pueda atajar los problemas acuciantes, el propio Presidente ha de hacer una jugada maestra: perder poder, delegar. Francia ha sido siempre muy centralizada y puede ser hora de empezar a descentralizar, a dar más poder y autonomía a las regiones que la componen. Habrá problemas, sí, pero su figura dejará de estar tanto en el punto de mira. Hoy cualquier logro o fracaso queda achacado al Jefe del Estado e, indirectamente, a la propia República Francesa. Si delega la capacidad de llevarse logros y fracasos la responsabilidad se diluirá, convirtiendo en ente neutral, como debe ser, al propio Estado. Veremos qué nos depara el futuro.

domingo, 10 de abril de 2022

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (II): Andalucía

 En la última entrega nos quedamos estudiando la parte más filosófica de Blas Infante, cómo veía la misión vital de perfección, cómo los límites de nuestra vida hacen que este camino se convierta en una lucha colectiva por conseguir ciertos ideales y cómo esa colectividad, si cada parte pone lo mejor de sí, genera un pueblo que busca lo mejor para la humanidad entera. Y como colectividad se pasó por el concepto e ideal de España, la cual debía recoger lo mejor de sus partes para que pudiese progresar de manera óptima.

En el Ideal Andaluz, Blas Infante termina la sección preguntándose si realmente existe Andalucía, pues ve de manera necesaria que se aporte su manera de ver el mundo, sus potencialidades, para liderar al resto de regiones españolas y así volver con fuerza en el concierto de las naciones, las cuales esperan ansiosas el retorno de España. En esta segunda sección de su gran obra de 1915, titulada precisamente Andalucía, Infante defiende con uñas y dientes la existencia de dicha región.

A principios del siglo XX se dudaba, a pesar de los renovadores impulsos federalistas de la no nata Constitución de Antequera de 1883, de si los andaluces tenían derecho de constituirse como pueblo, de regir sus destinos, de converger individualidades en una comunidad. Algunos medios decían que sí, pero por pena, como si fuese una dádiva: un pueblo débil y con muchas injerencias ajenas. O sea, se aspira a una Andalucía fuerte, industriosa, feliz, pero se constata una Andalucía debilitada, triste, sin pulso. Aunque estas afirmaciones piadosas encierran el dato incontestable que aunque mal, existe. Y si existe puede resurgir siempre que el pueblo no pierda el genio con el que fue forjado. Y Blas Infante atestigua que no está todo perdido, puesto que este genio andaluz y el pueblo que lo mantiene ha existido desde hace mucho tiempo.

¿Cuál es la particularidad del pueblo andaluz? Su mezcla, la aportación de otros pueblos que nutren su original energía vital. Las fuerzas dominadoras del solar andaluz no han podido absorber la idiosincrasia andaluza, sino más bien enriquecerla: el sustrato indígena continúa porque los conquistadores no pudieron sino querer unirse e, indirectamente, mejorar al pueblo conquistado. E Infante ve el germen allá en el esplendoroso Tartessos, reconvertido en la Bética por los aportes cartagineses y romanos. No fue destruido el mítico reino de Argantonio, sino que mutó a una nueva y renovada entidad que siguió dando ejemplo al mundo. Los visigodos reconocerán su personalidad a pesar de las divisiones artificiales que se le hayan podido hacer. Los musulmanes la convirtieron en su centro neurálgico. Y durante la Reconquista se aceptó su existencia y su unidad, hablando de los reinos de las Andalucías, aunque las conquistas se alargasen en el tiempo. Ni siquiera la "reciente" división provincial ha logrado desvirtuar el concepto de Andalucía. Esta pervivencia y demarcación no solo se achaca a sus accidentes orográficos (Sierra Morena y el valle del Guadalquivir), puesto que muchas veces el influjo andaluz llegaba al Levante, al sur extremeño o al Algarve portugués, sino la localización (expandida o replegada) de un pueblo con ganas de hacer valer el genio que los constituye.

Muy bien, el pueblo andaluz ha pervivido a lo largo de los siglos. ¿Pero cuál es el genio que lo caracteriza? A diferencia de postulados posteriores centrados en al-Ándalus, Blas Infante señala que el genio viene de antes, del influjo griego que legó un optimismo al pueblo tartéssico, el cual ha caracterizado a las gentes de Andalucía: la vida está para ser vivida, para lograr el Ideal Humano; no es un triste tránsito hacia la muerte. Una alegría de vivir que llega a reivindicarse en forma de dignidad incluso en los momentos de mayor sufrimiento y pesadumbre. Una psicología optimista en un entorno de gran belleza natural, he ahí el genio andaluz: ser exagerados en la generosidad, llevando a cabo la tarea con gran sencillez. Una exaltación fastuosa que, paradójicamente, otorga a todas las personas el mismo trato y dignidad.

Como ejemplos personificados del genio andaluz Infante relata el trato amable de Argantonio para con los comerciantes griegos. Estos, expulsados de sus tierras, son recibidos por el monarca como hermanos perdidos y los quiere incluir en la sociedad. Ante la negativa de estos, no se enfada el rey, sino que promueve fundar ciudades para que puedan asentarse. También cita a Gonzalo de Córdoba, mirando por el bien de sus soldados, no importándole que saqueen su propia casa si es en beneficio de sus hombres. También menciona a varios monarcas andalusíes, personas de gran sensibilidad y corazón.

Una consecuencia de la alegría de vivir es el sentido del humor andaluz, tachado a veces injustamente de superficialidad. "En Andalucía, una sonrisa es el mejor símbolo de la fe" afirma tajante Infante. Esto ayuda que ante las calamidades y problemas el andaluz contemple su situación a veces estoicamente, con seriedad e impávido y otras veces con ironía y cierto desdén, ya que al principio molesta el obstáculo hacia la Perfección pero se termina dando cuenta uno que no hay nada que le pueda impedir seguir tras ella.

No solo el humor es expresión del genio andaluz, sino sus formas artísticas: su cante, su poesía. Un análisis sesgado puede decir que es muestra de pensamientos funestos y negativos pero hay que atender bien a los detalles para detectar ese desprecio innato hacia la muerte. Exaltar lo lúgubre, darle esas notas características andaluzas son causa de la inspiración pero siempre se termina relativizando todo, incluso la propia muerte.

La exaltación de la alegría de vivir y de la dignidad propia y del prójimo hacen que el genio andaluz se caracterice por su amor, por su respeto a la vida y a los semejantes, elementos primordiales del humanismo y la democracia, nada menos. Como dato que lo confirma, en Andalucía nunca se implementó la idea de castas y el feudalismo tuvo muy escasa aceptación. Cuando en Europa el derecho divino era la doctrina principal, la Andalucía musulmana, con esa evocación griega que nunca se fue, propugnaba la igualdad política. Puede haber en Andalucía aristocracia fundada en sangre, pero la autóctona es la del talento: no es cosa novedosa que los latifundistas y los jornaleros lleguen a tratarse de tú a tú sin problemas. Han podido existir momentos regresivos y de pérdida de derechos avaladas en Andalucía, sí (como el apoyo a las Cortes de Cádiz y el posterior apoyo al absolutista Fernando VII), pero estos datos hay que verlos en el contexto histórico y en la vehemencia y espontaneidad del genio andaluz. Porque si bien esto ha pasado se puede ver que el apoyo fernandino nunca prosperó y sí el constitucional.

Andalucía no puede ser solar de pérdida de derechos, de desigualdades. Si bien los griegos fueron barridos por los cartagineses, la concepción de la vida como actividad creadora mediante el amor y no la fuerza quedaron plasmada en el Hércules heleno que ha llegado a nuestros días, el belicoso y sediento de sangre Melkart cartaginés no ha prosperado aunque en un momento concreto se le aceptara. Por eso se acepta la llegada de Roma (y no de Cartago), que lleva el testigo espiritual griego en su forma de ser. Por eso prosperó la Bética en libertad, en esplendor, porque a través de Roma Andalucía expresaba su amor por Grecia. Por eso Andalucía no tuvo con buenos ojos la invasión de los vándalos, los cuales llegó a atemperar en cierto grado. Y en el dominio visigodo Andalucía tuvo esplendor con los monarcas de talante más dialogante, destacando los apoyos de las causas justas y de la repercusión de sus pensadores, como San Isidoro. Y cuando el belicista rey Rodrigo se impuso al reformador Witiza, pronto los andaluces miraron al otro lado del Estrecho para buscar ayuda en los bereberes y sus caudillos árabes. Y pronto los árabes quedaron subyugados por el genio andaluz, tanto que cuando el fanatismo empieza a impregnar en las madrasas orientales, en Córdoba se reafirma la libertad en sus madrasas. Se retoma la ciencia clásica, la poesía, el deporte, la higiene, la oratoria y la filosofía. Y el movimiento cultural fue mantenido a la caída del Califaro en los reinos de taifas. Unos reinos de taifas que, ante el fanatismo almorávide y almohade no terminan de apoyar y unificar al Islam, facilitando así indirectamente el avance cristiano por la Península Ibérica.

Un amor por Grecia que se muda con los siglos a Granada y espera pacientemente al Renacimiento europeo y la reivindicación del saber griego. Sin embargo, el origen del fanatismo de la Inquisición empieza a ahogar el genio andaluz. La intolerancia ataca a las personas de mente abierta, independientemente de su religión. Conversiones forzosas, expulsiones masivas, autos de fe, quema de libros, empezaron a oscurecer los logros y avances andaluces. Tal y como pasó con Cartago, con los pueblos germánicos, los almorávides y los almohades, el genio andaluz se ve aplastado por la intransigencia.

Pero dicho genio no ha sido extinguido a pesar de tales avatares. Queda mudo, humillado, pero no muerto. Muchos pintores y poetas han dado señal a lo largo del tiempo del potencial que guardan los andaluces y políticamente queda patente el intento de proclamar en el siglo XVII al Duque de Medina Sidonia como Rey de Andalucía al calor de la independencia portuguesa. Dicho genio andaluz ha llegado malherido hasta la época de Blas Infante, aunque sus bases siguen bien intactas y bien presentes en las ocho provincias, generando lazos de unión espiritual y psicológica que definen al pueblo andaluz como un ente independiente y con marcada personalidad.

Y este espíritu andaluz queda patente y reconocido por todos los rincones de España. Si se piensa en Galica queda evocada la nostalgia melancólica; si se piensa en Castilla queda clara su gravedad severa; con Aragón el alma reconoce la lealtad sincera y el amor por la naturaleza; con Vizcaya, la férrea voluntad viril, y con Cataluña, una impaciencia rebelde. Y a la hora de pensar en Andalucía se evoca lo hermosa que es la vida, o sea, la alegría de vivir. Y las diferencias con las evocaciones castellanas son tantas que difícilmente pueden tener orígenes comunes. Andalucía no puede ser Castilla: no solo Sierra Morena corta la conexión, sino también el matiz psicológico y la fisonomía moral.

Andalucía, para existir, no necesita de lengua propia. Infante pone como ejemplo el de Aragón, que nadie discute su existencia ni historia y tiene como lengua inmensamente mayoritaria la castellana. Andalucía, para existir, no necesita crear un derecho ni tener leyes antiquísimas. La coyuntura político-jurídica del momento es igual para todas las regiones y todas tienen el mismo derecho de otorgarse un autogobierno en un país que no ha sabido (o no ha podido) generar un nuevo derecho duradero y aplicable en todos sus rincones.

Donde Andalucía se refleja mejor es en el arte, donde las particularidades del genio andaluz, a través del artista, se cuelan de vez en cuando, dando a pensar el potencial encerrado en un pueblo dormido, pero no muerto. Pintura, música, teatro, arquitectura, todas pueden tener el adjetivo andaluza. Algunos dirán que solo sale de Sevilla pero se puede ver que solo con esta ciudad falta algo de perfección. Sevilla es el centro espiritual de un ente mayor: Andalucía. Y es en el centro donde con más fuerza se puede detectar el renacer con renovada vitalidad.

"Andalucía existe: no es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado", concluye Infante. Los que niegan este hecho piensan más en que no poder expresarse políticamente es no existir pero son dos cosas diferentes. Que no pueda desarrollar su fortaleza y por tanto no necesite gestionarse administrativamente no dictamina la inexistencia de ninguna región. ¿Cómo revertir esta situación de debilidad? Lo primero es la Vida, vivirla requiere de generar un derecho. Para ello se necesita una base que ya existe, el pueblo andaluz, solo hace falta que se le fortalezca y capacite. Pero antes de esto es preciso saber si las incapacidades son permanentes, sistémicamente presentes en el pueblo andaluz o si por el contrario son coyunturas históricas que pueden ser superadas para alcanzar el Ideal.

Así termina esta segunda sección de El ideal andaluz, con un fuerte alegato a la historia e idiosincrasia andaluzas. El estudio de las causas que lastran el desarrollo andaluz merecen un estudio detallado aparte.

lunes, 28 de marzo de 2022

El conflicto de Europa del este

 A pesar de que creía que Putin lo que deseaba era que le hicieran caso, o sea, ser tenido en cuenta como si fuese Rusia un Estado relevante en el panorama internacional, me equivoqué. Contra mis pronósticos decidió invadir Ucrania trayendo la inestabilidad en Europa. 

Aunque la televisión diga que está loco me atrevo a decir que no. Muchos señalan torticeramente que un magnicidio acabaría con todo esto. Tampoco me parece, no está solo en su megalomanía. Y no solo personalidades fuertes de su país, sino la connivencia de China. Parece un pacto tácito: no hagas nada en la invasión de Ucrania y yo no haré nada cuando invadas Taiwán. No sé, pero huele a que sí.

Evidentemente, estoy en contra de la guerra. Cansa mucho repetirlo una y otra vez, es como que tienes que dejar claro los mínimos para poder continuar. Incluso de gente que ya conoces. Esa justificación previa para hablar es divagar y volver siempre a la casilla de inicio. Pero bueno, por si alguien que no me conoce recae por aquí. Estoy en contra de la guerra, estoy en contra de las acciones violentas de Putin y de su postulado de negar la propia existencia de la nación ucraniana para legitimar una guerra estúpida.

Sí, ya dicho esto puedo decir que esta guerra (ninguna, en verdad) no la pueden pintar de malos muy malos contra buenos muy buenos. Eso sí, que pululen varias organizaciones neonazis por Ucrania con bastante peso no acredita que pueda ser invadido el país. Esto ha de ser perseguido, juzgado y condenado por otros medios. También las represiones a los pro-rusos en Donbass y Lugansk, así como las represalias inhumanas a salteadores o los crímenes de guerra que están cometiendo hoy mismo contra soldados rusos. Esto es deleznable y debe ser castigado pero, de nuevo, esto no hace que sean "invadibles". No justifica nada.

Tampoco me ha gustado mucho el tema de censurar a partidos políticos ucranianos por no llevar una línea muy afín a Zelensky. Sí, es momento de que todos arrimen el hombro pero aún así se pueden tener diferencias de criterio. La discrepancia, incluso en este momento, ha de ser tolerada. De otra manera se está creando un antecedente muy, pero que muy, peligroso.

Por otro lado, a los rusos que conozco lo primero que me han dicho es que están, como cualquier persona de bien, en contra de esta guerra y que Putin debe parar y ser juzgado por estos atroces crímenes. La mayoría que apoya a Putin lo hace por desinformación (algunos habrá fanatizados, claro) y desde fuera la cosa se ve como lo que es, un ataque cruel a un pueblo hermano, pues tanto Rusia, como Ucrania y Bielorrusia comparten en mismo origen. También tengo un conocido ucraniano, que tras el impacto de la noticia fue a la frontera para poder traer a España a parte de su familia. Y es que con la leva obligatoria todo varón puede ser obligado a empuñar un arma. Es una medida desesperada y creo que no sopesa lo que puede pasar tras la guerra, que muchos traficarán con ellas o se pueden convertir en señores de la guerra.

Ya el varapalo de Crimea fue un anuncio muy fuerte. Un anuncio que no quiso ver la Unión Europea, ansiosa de Estados tapón que han de hacer lo que aquí no se quiere hacer. Rusia también consideraba Ucrania como Estado tapón y por eso se consigna ese prontuario de envenenamientos a antiguos presidentes, en promover el independentismo en las regiones más orientales y en quitarle territorio. En los tiempos del Euromaidán pronto Rusia reaccionó para borrar todo impulso pro-europeo. Quiere su patio trasero y va a aplastar a los ucranianos hasta que vuelvan a Ucrania manejable a su antojo.

La última chispa fue que Ucrania quiso entrar en la Otan y que esto fue intolerable a la jerarquía rusa. Es el argumento que esgrimen los que disculpan o condenan a Putin con la boca chica: todo es culpa de la Otan y de Estados Unidos. De lo que sí tienen culpa (y la UE está incluida) de que han embelesado con bellos cantos a los ucranianos y a la hora de la verdad los han ignorado. Mucho edificio de azul y amarillo, muchas bonitas palabras, pero han saltado con miedo dejando a su merced a Rusia. Eso sí, el paso de la invasión está siendo más lento de lo esperado, han fallado en las predicciones y eso ha dado fuerzas a los ucranianos en su resistencia, incluso los Estados occidentales han ganado en valor y han comenzado dando armas y otro tipo de apoyo.

Muchos con aire suspicaz dicen que esto es por presionar a Rusia, por acercarse a su zona de influencia. Estos análisis siempre adolecen de algo, ni se preocupan en saber qué querían los ucranianos. Quizás si querían entrar en la Otan es porque ya se veían amenazados, no solo atraídos por cantos de sirena. Da que pensar que la mayoría de países que estuvieron del lado oriental del Telón de Acero pronto han movido ficha para acercarse a la UE y a la Otan. Ojo, reitero, no me parece que la Otan ni la UE sean los buenitos de la película, han jugado un juego y se han asustado a la hora de la verdad: han dicho a Ucrania que podían confiar en ellos y pronto en los primeros compases han esquivado el bulto.

Sí, las sanciones económicas implican asfixiar a Rusia. Sí, está dando sus frutos pero a costa del ciudadano de a pie. Esperan, no sin falta de razón, que un malestar generalizado vaya conduciendo a conatos revolucionarios y que Putin, para apaciguarlos, tenga de sacar sus tropas de Ucrania. Eso sí, si hay sanciones no vale por otro lado seguir negociando, seguir comprando su gas natural. Países como Alemania y Hungría han tardado mucho en condenar, y quizás Hungría tarde más tiempo en condenar. Poderoso caballero es don dinero, como decía Quevedo. ¿Que tenemos que apretarnos el pantalón? Estoy de acuerdo, aunque me da miedo que ciertos Estados lo usen para mantener sine die esta situación o justificar políticas que vayan contra el derecho de los ciudadanos. Quizás es momento de recapacitar y pensar que la Unión Europea debe tener industria propia, recursos propios y que no vale decir que eres muy verde y ecológico, ya que para serlo haces que otros lugares no lo sean.

También el drama humano, el drama de refugiados que huyen de lo peor de la guerra. Muchos critican que estos refugiados sí importan porque son cercanos y sus fenotipos son considerados como aceptables. Tienen razón los que hacen esta crítica, pero espero que esto cuele en las conciencias, que sea semilla para preocuparnos por los refugiados que vienen a Europa huyendo de otras guerras. Los que saltan las vallas de Ceuta y Melilla no lo hacen por deporte, sino por necesidad. Ya que hemos empezado a empatizar con el pueblo ucraniano, hagamos lo mismo con el sirio, y el etiope.

jueves, 10 de marzo de 2022

Visiones blanquiverdes

 Ya me conocéis. Del pie que cojeo ya creo que está claro. Pero también es de sobra conocido cómo voy basculando cada cierto tiempo entre varias de mis opciones preferentes. Como era evidente, ante tanta polarización y descreimiento de la clase política, sin fuertes referentes que merezcan la pena, me volví a inclinar hacia el andalucismo.

Tuve siempre ciertas nociones históricas y folklóricas pero decidí profundizar un poco más. No solo he ido publicando algunos artículos reivindicativos de la cultura andaluza en la revista de feria villarrense. Por fin tuve tiempo y me leí la gran obra de Blas Infante, el Ideal Andaluz. Me quedan otras muchas obras de gran importancia y que desarrollan su pensamiento inicial (o lo transforman completamente) pero primero quiero empaparme de su piedra angular, de la que mayoritariamente bebe la Andalucía actual. También me queda mucho que aprender sobre el andalucismo de segunda ola, el político, que inició a la par que la Transición (o incluso un poco antes) y que termina contra todo pronóstico y toda traba consiguiendo la consideración de nacionalidad histórica con una autonomía de primer nivel. Hay un par de libros sobre el Partido Andalucista y unas memorias (creo que son memorias) de Rafael Escuredo que quiero conseguir.

Y mis aficiones andalucistas, ya esbozadas hace mucho tiempo con las propuestas de Foro Andaluz, el partido liderado por Manuel Pimentel y con la piedra fundacional llevada a cabo en mi pueblo, han visto que desde la crisis económica de 2008 y la decretada disolución del Partido Andalucista puesta en marcha en 2015, ha quedado en paralelo con la novedosa y cultural tercera ola del andalucismo. Un andalucismo que cuaja a veces en formaciones políticas (ahí está Teresa Rodríguez) pero que es más desenfadado, más juvenil, más reivindicativo de sus características para evitar que lo usen como tópico, más vinculado al cante, a la música, a la poesía, al activismo. Es más dinámico y coge muchos hilos para poder tejer un andalucismo menos encorsetado.

Estoy ahora escuchando el programa de radio liderado por Pura Sánchez llamado Andalucía, un pueblo con historia. Ahí se relatan junto al debate de expertos temas interesantes para Andalucía, no solo históricos (4D, Reconquista, América, orígenes, Gibraltar) sino de actualidad y que son los constitutivos de la Andalucía actual (educación, minería, olivar, agua). Es bueno aprender de los expertos.

También ando escuchando en retrospectiva el canal de Youtube llamado Café en Andalú, donde un par de chavales con muchas ganas e ilusión han conseguido consolidar un nuevo espacio de andalucismo, invitando a militantes históricos del andalucismo (Isidoro Moreno, Manuel Delgado, Rojas Marcos...) y a nuevas figuras de este movimiento, tales como a Antonio Manuel, Pilar González, Pastori Filigrana, Pilar Távora, Manuel Ruiz Romero...). Se aprende mucho escuchando a gente comprometida y tratando muchos temas, tales como el feminismo, la ruralidad, la gentrificación, la definición de Andalucía, etc. Lo que no me termina de cuajar es que, si bien hacen un trabajo pedagógico encomiable, apenas abandonan la órbita del marxismo y de posturas muy afines a Podemos (o Adelante Andalucía, tras la crisis Rodríguez-Iglesias). No digo que esté mal esto de por sí, pero se nota que no llevan a invitados con opiniones algo diferentes a lo que debe ser el andalucismo. ¡Incluso se descolocan cuando un invitado propuso un modelo de España confederal para que encaje Andalucía en vez de abogar por las posturas independentistas! Además, el decir que el andalucismo es aglutinador y a paso seguido dar etiquetas de qué es andalucista y qué no es me descoloca mucho, la verdad. O el tejemaneje que hacen para agarrarse de una definición muy arriesgada de colonia para llegar a explicar que Andalucía es una colonia de España, aunque después sea el primer caso donde la metrópoli hace suya la idiosincrasia de la colonia para venderlo como algo típico español (de todo el territorio, se entiende), como Marca España (cosa que también critican por apropiación y anulación cultural, evidentemente).

Hay muchos artículos de opinión que postulan una Andalucía con dos vertientes del andalucismo principales: una socialdemócrata con foco municipalista y sin complejos por la identidad dual Andalucía-España y otra soberanista y más transformadora. Creo que ese es un buen camino donde mucha gente puede sumarse en vez de una única visión del andalucismo muy concreta y con tendencia a excluir posturas dispares.

Como dijeron en uno de los programas, para volver a levantar a Andalucía hace falta ponerse unas gafas blanquiverdes, o sea, arreglar los problemas de los andaluces desde una perspectiva andaluza, con herramientas y soluciones andaluzas. A día de hoy hay tres formaciones con tendencias andalucistas: Adelante Andalucía con Teresa en la cabeza (aunque puede que esté la formación muy coptada por Anticapitalistas), la coalición Andaluces Levantaos (con el andalucismo municipalista de AxSí y el trasfondo de Más País) y Unidas Podemos (con mucho lastre, a mi entender, de lo que se dicte en Madrid). Quizás tanta fragmentación no es buena electoralmente pero se puede hacer la lectura que el andalucismo no murió nunca, sino que se aletargó y resurgió cuando menos se lo esperaban. Incluso la derecha de Moreno Bonilla empieza (no sé si por convencimiento o por electoralismo) a empatizar con las partes más moderadas del andalucismo. Algo se cuece, veamos qué será.


miércoles, 19 de enero de 2022

El bilingüismo, de entrada, sí

 Aunque parezca algo alocado, el tema de las lenguas cooficiales siempre trae polémica. Básicamente se genera porque las posiciones extremas ven un ataque a sus esencias si se regula la convivencia de lenguas, una convivencia que a pie de calle es real y palpable.

Parto de la base que cualquier constitucionalista de bien no tiene problemas en aceptar (es más, le encanta) que haya una multitud de lenguas oficiales en el Estado. Es una señal de su rica historia y su complejidad com territorio. Más triste es que solo hubiese un idioma y se aplastase cualquier conato de usar idiomas que han sido del lugar (de todos nosotros en esencia) y han generado y apadrinado el desarrollo de culturas diferenciadas. Y, como siempre, la diferencia siempre está bien para evitar homogeneidad y destrucción de intentos de evolución, porque lo que siempre es igual no evoluciona, se estanca y es más proclive a la desparición.

Que conocer el castellano sea obligatorio no me parece tan dramático, la verdad. Todos los países intentan tener una lengua franca para poder comunicarse en cualquier lugar del territorio entre dos personas cualquiera. Los que no tienen el uso de una lengua franca ya se ve que tienen más dificultades (pienso en Bélgica, para qué nos vamos a engañar) que mejoras. Y sí, ha de estudiarse en escuelas para entender y comprender el idioma y expresarse mejor al usar todos sus matices y fortalezas. Una cosa es potenciar una lengua minoritaria, otra excluir la lengua mayoritaria. Los furibundos ataques a la familia del niño (incluso al niño) por pedir que se aplique la ley que indica que se puede impartir el 25% del tiempo en castellano y el restante 75% en catalán no los puedo comprender, ni perdonar.

No me gusta tampoco que se arrincone una lengua cooficial minoritaria como muchos están ahora haciendo con las peticiones de cooficialidad del asturiano. Me parece que es necesario que se le dé el respeto y fuerza que se merece, como muchas otras lenguas que se encuentran en desuso o son apenas habladas. Hace unos años comentaba con un amigo brasileño que el aragonés era prácticamente una lengua muerta pero parece que ha vuelto a resurgir por la protección y promoción institucional. Sí, sé que el riesgo es que se puedan generar chiringuitos alrededor de la promoción de la lengua y que pueden aparecer discriminaciones (las típicas oposiciones que te excluyen indirectamente si no hablas una lengua cooficial porque la puntúan mejor que tener títulos académicos) pero creo que es un precio a pagar a cambio de fortalecer el andamiaje que sostiene a una cultura, a una idiosincrasia particular. A fin de cuentas, lo que tiene que ser perfectamente bilingüe es la Administración del Estado o la autonómica. O sea, que te puedas dirigir perfectamente ante los entes en el idioma que desees y que te responderán de igual modo (no que el que te atienda debe ser sí o sí bilingüe).

Lo que no me gusta nada es que se fuerce a crear exclusividad, a diferenciarse por el hecho de ser diferentes y no por aportar un granito de riqueza y multiculturalidad. Pienso en este tema en los intentos de dar una sintaxis diferente al andaluz con respecto al castellano. Si ahora cualquier acento se toma como un idioma vamos camino no a la riqueza (porque se hace artificialmente), sino a la fragmentación. Que existan sonidos en andaluz que no los recoja el castellano o que se pronuncien las cosas de manera diferente no creo que sea punto de partida para forzar a generar una lengua, puesto que ni siquiera los hablantes más puros del andaluz se sentirían cómodos con una nueva ortografía de gran e innecesaria complejidad. Una cosa es valorar la cultura y el habla andaluzas, otra es plagiar cosas a lo bruto para destacar tu cultura y habla, que se valúen por lo que realmente valen, los adornos impostados sobran y le quitan fuerza.

jueves, 6 de enero de 2022

Histeria informativa

 Desde que viví en Argentina me acostumbré a ver poca televisión. Incluso llegó a parecerme lógico no tener tele. La verdad es que se gana como lector y se pueden ampliar horizontes. Se puede tener para conectarla al ordenador y a la consola pero sintonizar algo como que hace mucho tiempo.

Y en el fondo ayuda. Ha sido ir a la casa de mis padres para pasar las fiestas navideñas y empezar a acojonarme por todo. En especial Antena 3 le gusta generar una alarma impresionante. Y sobre todo por el tema de la pandemia. Sí, la cosa sigue; sí, hay que seguir cuidándose; no, generar la misma atmósfera que en marzo de 2020 no tiene sentido. Y ojalá fuese todo eso, pero los políticos vuelven a las mismas políticas infundadas (mascarillas en lugares abiertos y públicos cuando incluso la OMS advirtió que no sirve eso para nada si no hay concentración de personas, desinfectar toda superficie con aspersores y camiones cuando se ha demostrado hasta la saciedad que el virus, aunque sea pesado, se transmite mediante aerosoles) que no tienen ningún efecto, salvo el de indicar que están haciendo algo.

Todas las noticias sobre incidencia, sobre lo mal que lo hacemos todos, sobre el fin del mundo. Es lógico que quieran meter miedo, siempre vende mejor publicar noticias así. Siempre viene mejor tener a una sociedad preocupada y manejable. Ahora incluso tras los Estados de Alarma inconstitucionales ya se pasan la democracia por el forro y mediante ordenanzas municipales pueden confinar pueblos enteros e imponer toques de queda arbitrarios (el virus ataca sin importar la hora del día).

Repito, no hay que vivir un viva la Pepa y que se contagie todo quisqui, hay que seguir cuidándose. Pero otra cosa muy diferente es querer usar los mismos parámetros previos a la vacuna, como si el número de hospitalizados y fallecidos no hubiese bajado drásticamente gracias a las vacunas. Desde el minuto 1 decían que debíamos aplanar la curva para no saturar la sanidad. Lo hemos logrado, hay que actuar de manera diferente. Por eso me hace gracia el hincapié que hacen los telediarios sobre incidencias y despúes, corriendo como locos y en voz medio baja, indican que las hospitalizaciones, en cambio, bajan.

Incluso les ha salido rana la variante ómicron. La tenían (por venir de Sudáfrica) como la cepa contagiosa (verdad) y definitiva que nos iba a devolver al 2020 (mentira). Contagiosa es pero menos agresiva, los síntomas son menores y el porcentaje de hospitalizaciones se reduce mucho. Les ha jodido unos cuantos titulares, realmente. Y ahora se empecinan en generar algo de miedo con el flurona (gripe y Covid-19) pero al final es algo que ya se ha estado dando desde hace bastante tiempo. El terrorismo informativo ha de parar en algún momento. Además, por favor, haz caso a los investigadores de África, son tan buenos como los daneses que te van a dar la misma conclusión tres semanas después. Que se os escapa el racismo, chavales.

También otro tirón de orejas a los políticos. No puedes imponer las mismas restricciones que hacías antes de las vacunas porque indirectamente estás diciendo a la gente que las vacunas no han servido para nada (cuando sí han servido, y mucho). Al final, les estás dando la razón a los antivacunas y eso es lo peor que puedes hacer. Tampoco te puedes quedar de brazos cruzados cuando clamabas por activa y por pasiva que había que llegar a la inmunidad de rebaño: se ha hecho, y ahora, ¿qué? ¿Seguimos igual o actuamos en consecuencia? Otro tirón de orejas es que han pasado dos años y aún no se han puesto manos a la obra para elaborar los casos de emergencia sanitaria en un marco legislativo coherente. O sea, si el Estado de Alarma no puede abarcar medidas de restricción de libertades y sí el Estado de Excepción, pero este no contempla que se aplique en caso de calamidad sanitaria, algo hay que hacer. O reformular el Estado de Alarma para que sí se pueda restringir libertades (temporal y justificadamente) con este o reformular el Estado de Excepción para que sí incluya como supuesto de aplicación los casos de emergencia sanitaria. No, no, la Ley de Pandemias suena a ocurrencia de último momento y que si llega a ser promulgada va a nacer ya vieja y desfasada. Usemos las herramientas que ya tenemos, reformémoslas.

Y otro tirón de orejas a los políticos es que empiecen a dejarse de tonterías y de aplicar medidas arbitrarias e inútiles a cambio de no invertir ni un euro en la sanidad. Sí, esos sanitarios que tanto loaban y animaban a aplaudir a las 20.00 fueron despedidos malvadamente al final de la primera ola. Invierte en infraestructuras y material, invierte en contratar y pagar dignamente al personal sanitario. Fomenta las carreras relacionadas con la salud y hazlas atractivas. Forma buen personal y que esté bien motivado, garantízales los derechos laborales, como cualquier trabajador. Se me revuelven las tripas que en Andalucía se despidan 8000 sanitarios antes de la 6ª ola y ahora clamen a jubilados para que vuelvan ad honorem a suplir la escasez de sanitarios que tú mismo has provocado.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

La trampa del concepto multinivel

Llevo ya muchos años, pero muchos, escuchando algunas ideas interesantes de los políticos sobre el modelo territorial español. Tendrá sus defectos, por supuesto, pero también sus aciertos (tanto que algunos países, en su remodelación de organización han imitado la fórmula). Este Estado de las Autonomías ha permitido grados de descentralización nunca vistos, incluso mucho más que en algunos países de nuestro entorno que se jactaban de plena descentralización. Sin embargo, el principal punto negativo es el oscuro reparto de competencias: unas son fijas del Estado y el resto son delegables pero incluso las exclusivas del Estado son susceptibles de ser delegadas.

Por un lado, con un núcleo duro cohesionador no se pierde la esencia de unidad y coordinación. Por otro, que el resto sea posible tener la competencia pues ayuda a que algunas comunidades que se lo pueden permitir pueden conseguir más y otras que no pueden (ya sea por consenso social, dificultades de gestión o presupuesto insuficiente) lo dejen para otro momento. Digamos que tienes un menú y puedes gestionar a la carta lo que te quieres llevar. Esto ayuda a que cuando estés preparado y en consonancia con las sensibilidades históricas y políticas, cada autonomía puede gozar de cierto grado de descentralización en función de lo que le convenga.

Esto es la teoría en el papel, claro. Porque puede pasar perfectamente que pidas competencias por el hecho de tenerlas, por acaparar, por parecer que eres mejor y más eficiente de lo que eres en realidad. Y la gestión queda hecha unos zorros. Y paga el de siempre, el ciudadano de a pie. Duplicidades, enchufismo, gastos excesivos, descoordinación con otras autonomías (ay con los diferentes softwares y su imposibilidad de comunicarse entre sí) terminan pasando factura al contribuyente y algo que era bueno al principio (traer la gobernabilidad y la toma de decisiones más cerca del ciudadano) termina siendo una penuria.

Si bien siempre he sido un defensor de las posturas federalistas y creo que el sistema federal puede ser un salto cualitativo al Estado Autonómico, sigo teniendo mis reparos para su implantación en España. A ver, creo que España ya funciona como un Estado Federal, aunque con fuertes asimetrías, duplicidades y descoordinación. Hay que pensar bien y mucho qué modelo federal seguir, pues hay varios y con muchas particularidades. En la extinta UPYD se apoyaba un federalismo copiado del alemán (creo que ni adaptado, sino plagiado) pero el federalismo puede ser similar al de Estados Unidos. Hay muchos casos, con sus puntos positivos y negativos. Después de pensarlo bien hay que adaptarlo a la sociedad de hoy día, pues el en federalismo la igualdad de condiciones es algo casi sagrado. O sea, no puedes fijar competencias exclusivas autonómicas si algunas comunidades no podrían con ciertas. Hay que poner un mínimo para todas. Y, lo que es más importante, una serie de competencias exclusivas estatales que queden bien descritas y abarquen lo esencial para asegurar igualdad, eficiencia y coordinación.

Aquí ya hay dos puntos en donde muchos nacionalismos negarán con la cabeza. Primero, que el Estado pinche y corte en todo momento y que su decisión, en caso de conflicto, tiene más fuerza de ley que la de un estado/región/unidad federal. Segundo, que el reparto haya de ser igual para todos, cada región ha de tener la misma lista de competencias y todas tienen la misma altura entre ellas a la vez que tienen la misma voz y tratamiento por parte del Estado central.

Y justo por eso hace unos meses, desde distintos sectores del PSOE, empezó a escucharse el concepto de «España multinivel»: una España fuerte por su alto grado de descentralización, con un Estado central en su mímina expresión y (aquí viene lo gordo) que algunas regiones gocen de más privilegios que otras, que tengan trato preferente y a nivel bilateral con el Estado central. ¡Ajá! Este era el quid de la cuestión. Hay que pasar a un modelo federal para darle más fuerza a los nacionalismos periféricos de siempre: al vasco y al catalán. Sí, el gallego siempre se queda olvidado por sus compañeros periféricos de andanzas cuando toca pedir tratos especiales (incluso se le olvida como enemigo al también preocupante nacionalismo español). Sí, de las otras nacionalidades históricas ni se las menciona en ningún caso. No es mejor trato a los desfavorecidos, sino mejor trato a los que ya tienen de por sí unos recursos económicos y políticos ingentes.

Este mimar a ciertos lugares ya se pensó en los inicios de la Transición: un articulado especial para nacionalidades históricas con alto grado de descentralización para País Vasco y Cataluña (y para Galicia si se avispaba a tiempo) y el resto del territorio o sin convertirse en autonomía o con otro articulado (y otro reparto competencial) y tratada como región. Y ahí apareció mi querida Andalucía para forzar el famoso «café para todos»: no era más que nadie, pero no quería ser menos que nadie. Con un gigante 4D de 1977 y con un referéndum con todo encontra el 28F de 1980 Andalucía sacudió tanto al Estado como a sus hermanos que querían trato preferencial para decir que ella también quería un trato igual. Este sacudirse reactivó el proceso autonómico y muchas regiones movieron ficha para lograr su grado de descentralización. No es que Andalucía hizo de alma caritativa sino que movió a su pueblo para pedir no ser olvidados ni maltratados y sirvió de acicate y ejemplo al resto de pueblos españoles.

Así que este nuevo concepto de España multinivel viene a ser un remake de lo que se vivió hace más de 40 años: un salto cualitativo donde solo se invitan a dos regiones (y a una tercera si se avispa a tiempo). Un Estado más democrático, sí, pero mayor descentralización para un club selecto. Un Estado federal asimétrico reafirmado (nuevamente) por la Carta Magna. Pues qué queréis que os diga, lo más seguro es que Andalucía vuelva a surgir para decir que no, que de nuevo no quiere ser más que nadie pero tampoco menos que nadie. Y me parece bien porque todo esto suena a una escaramuza para que Cataluña y Euskadi siegan siendo preferenciales. Es decir, no necesitan más dosis de autogobierno, sino tener algo que el resto no tenga, tener en exclusiva aunque sea una idea borrosa. Por eso el resto de España se tiene que activar y pedir justamente lo mismo. Una España «mononivel». Por mucho que se implemente, por ejemplo, el derecho de autodeterminación en un hipotético nuevo marco federal, si este derecho también es garantizado para, por ejemplo, Islas Baleares, Murcia o Melilla, queda anulada la exclusividad. Porque, seamos sinceros, desearían poder contar con un derecho a decidir por el hecho de tenerlo y exhibirlo en negociaciones y dar a entender su condición exclusiva y especial, no para usarlo en sí; en el momento que cualquier autonomía lo tuviese y pudiese jactarse de igual manera, todo quedaría anulado, generándose una nueva tabula rasay destruyendo el afán de exclusividad. ¿Que entonces llegado este caso se empezaría a hablar de confederalidad? Puede ser, pero el truco, creo, es seguir todos a la par.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...