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lunes, 29 de agosto de 2016

Alfonso XII en el Retiro

Pues sí, este parque fue testigo de numerosos paseos de uno de los monarcas más queridos en la Historia e incluso hoy es un lugar para que los jóvenes jueguen virtualmente en sus móviles. Es el monumento más importante del madrileño parque del Retiro, ubicado en el lago artificial que data de los tiempos de Felipe IV.

El monumento fue idea de la Reina Regente al poco tiempo de la proclamación del joven Alfonso XIII. La obra fue de José Grases Riera y consta de una columnata que rodea la estatua ecuestre del Pacificador con multitud de alegorías sobre tal apelativo.

El Retiro data de la época de los Reyes Católicos, fundadores del monasterio de los Jerónimos. Unos aposentos dejaron lugar a una zona de retiro espiritual (de ahí el nombre) en tiempos de Felipe II. Ya con Felipe IV se construye un palacio austero que albergue fiestas, corridas de toros y danzas y con Carlos III quedó inaugurado el vallado y se permitió la entrada libre si se cumplían ciertas normas de higiene e indumentaria. Durante la Guerra de la Independencia los franceses tomaron la plaza y destruyeron el palacio, quedando solo el Casón del Buen Retiro. Los intentos de conservación del parque llegaron a su culmen durante la I República donde se inauguró una zona de paseos de coches de caballos, donde el Duque de Fernán Núñez invirtió una suculenta suma para que esto se hiciera realidad. El paseo costaba entonces dos pesetas y media al día y por carruaje, aunque se podían conseguir abonos económicos. En 1874 se inauguró el trazado de 3 km de largo y con piso adoquinado. Se tuvieron que cortar numerosos árboles, excepto los enormes pinos denominados 'los torenos'. En 1885 el paseo quedó inaugurado incluso para los velocípedos (las actuales bicicletas).

La estatua de Mariano Benlliure de imagen de un Alfonso XII militar, pero también aficionado a los caballos. Sí, el Monarca era asiduo a paseos en carruaje. Es más, en 1880 sufrió un atentado al volver del Retiro. Salió ileso y para el día siguiente nadie pudo detenerlo de continuar con sus paseos diarios.

martes, 19 de julio de 2016

Don Alfonso y Elena Sanz

Si bien Alfonso XII siempre amó a Merchitas (como llamaba cariñosamente a la reina María de las Mercedes) su gran pasión fue Elena Sanz, una cantante de ópera, prima donna del Teatro Real. Elena nació en 1844 en Castellón y pronto fue vinculada en el mundo operístico por su gran voz. Sin embargo, hoy en día se la conoce más como la amante del Rey, por quien abandonó su profesión.

Siendo mayor que don Alfonso, se conocieron en Viena en 1872, cuando el joven estudiaba en el Colegio Teresiano. Él tenía quince años y ella veintiocho. Elena llegó a ser la protegida de la reina Isabel II y esta, asustada porque los juegos infantiles y declamaciones de amor entre su hijo y Mercedes se iban transformando en amor juvenil y sincero, ideó el plan de que solo Elena podría introducir a su hijo en las artes amatorias. Quizás, de esta manera, él se enamoraría de esta famosa cantante y abandonaría sus ensueños por su prima carnal. Pero el destino tenía pensado otro plan, puesto que Elena tuvo que partir a una gira por Sudamérica y dejó expedito el camino para que los primos pudieran seguir su legendario romance.

Ya sabemos que el matrimonio regio duró poco y no hubo descendencia, para alivio de doña Isabel y para tormento de don Antonio de Orleans. Alfonso XII se refugió en El Pardo a llorar a su amada y muchos allegados pensaron que sería capaz de intentar una locura. Fue por esto que intentaron volver a poner en su vida a Elena. Fue así como el Rey acudió al estreno de La Favorita, donde actuaba protagónicamente Elena. Cuando esta terminó la obra y subió al palco regio para cumplimentar al Monarca, la pasión volvió a surgir entre ellos. Don Alfonso no paró de acudir a sus óperas y de escribirle misivas.

Si bien Elena al principio estuvo muy reticente de volver a embarcarse con una relación con este tan alto personaje, pronto volvieron los amoríos compartidos y pronto abandonó los escenarios para consolidar su amor. Don Alfonso también lograba escaparse de sus regios deberes y acudir a los brazos de su amante. Hay notas y fotos autografiadas con mensajes que no son para nada crípticos, sino todo lo contrario.

Sin embargo, esta relación, si bien estaba aceptada por muchos (incluso doña Isabel la llamó 'mi nuera ante Dios'), no podía asegurar la continuidad dinástica al no estar casados. Para evitar un matrimonio morganático se designó por cuestiones de Estado como Reina a doña María Cristina. Cánovas, ante las iras de la Reina por no ocultar ni su marido ni la sociedad la relación con Elena, tuvo que exiliarla a París. Pero fue en 1880 cuando la cantante dio a luz al primer hijo del Pacificador, Alfonso. El Rey no tardó mucho en hacer que volviera a España, consiguiéndole una casa muy cerca de Palacio. Las visitas, como era de esperar, no escaseaban.

El matrimonio regio tuvo dos hijas, Mercedes y Teresa, pero no un varón. Alfonso XII como que se dividía en dos para estar con sus dos familias. Pero el problema vino cuando nació de Elena otro bastardo varón, Fernando. Cristina dio el ultimátum para que Elena y sus hijos huyesen de Madrid. Si no, ella volvería agraviada a Austria-Hungría. Para evitar el escándalo las presiones políticas hicieron que la cantante volviese a Madrid, aunque el propio Rey, de su dotación, daba 5000 pesetas mensuales a su familia. El problema era que lo hacía a escondidas para evitar los ataques de Cristina, por lo que la puntualidad del envío nunca estaba asegurada. Si creía la Reina que ahora el Rey solo tendría ojos para ella, se equivocaba de pleno. Don Alfonso fue de amante en amante.

Cierto que esta distancia empezó a enfriar la relación. Hubo desencuentros y peleas, además de rencillas que se abrieron de nuevo y que fueron creadas en España. Poco a poco la pasión que los unió se fue convirtiendo en una relación cordial. Ya no existía lo que fue, pero siempre estuvieron en contacto y se preocuparon por la salud y futuro de los pequeños.

Cuando el Rey murió en 1885 y María Cristina anunció su embarazo y asumió la Regencia quitó al pronto la manutención que debía recibir Elena y sus dos hijos. Elena entonces chantejeó a la Familia Real, o ingresaba el Trono 31000 francos en un depósito de deuda exterior a retirar por sus hijos al alcanzar la mayoría de edad (estimando una fortuna de 700000 francos) o publicaba las cartas de Alfonso XII que aseguraban la paternidad regia de Alfonso y Fernando. Cartas que decían, por ejemplo:

-Idolatrada Elena: mucho gusto he tenido en verte todos los días en estas funciones

-Amor mío, mañana miércoles 15, a las 11 menos cuarto, espero estar en tus brazos

-Hasta el próximo día que cacemos en furtivo, amor mío

-Adorada Elena: perdón sin anoche te hice tanto sufrir. Varias veces me desperté pensando en ti y lleno de remordimientos

-Querida Elena: hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto

-Idolatrada Elena: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso.

-Elena mía: Qué monería de retratos y cómo te lo agradezco. El chico hace bien en agarrarse a lo mejor que tiene y por eso le va a gustar tocar la campanilla. Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo. Daría cualquier cosa por verte mas no es posible. Recibe un abrazo, (firma) Alfonso.

-Querida Elena: Hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto. Me castigo por el retraso, según verás, remitiéndote 500 pesetas de plus. Seré más exacto en adelante. Me alegro de que el nene esté bueno. Mil besos de tu (firma) Alfonso.

Pero en 1898 murió Elena y sus hijos con estupor vieron que el banco que había elegido el banquero real, Prudencio Ibáñez, había quebrado. La Reina había jugado una de sus peores y más malvadas cartas y había dejado sin dinero a Alfonso y Fernando. En 1907, Alfonso perdió un pleito por el que pedía que se demostrase que era hijo del Rey muerto. El juez adujo que a los monarcas no se les podía encuadrar en el Derecho Común, evadiendo el supuesto de descendencia extramatrimonial. Alfonso entonces trabajó en importantes cargos y casó con la hija de un rico mexicano. Aunque intentaba borrar su pasado siempre tuvo buenas relaciones con doña Isabel y la infanta Eulalia, que siempre los consideraron a los hermanos como parte de la familia.

sábado, 18 de junio de 2016

La vida de Don Alfonso

Alfonso XII nació el 28 de noviembre de 1857 en Madrid, hijo de la reina Isabel II y de su consorte Francisco de Asís. Sin embargo, esto último no está tan seguro (al menos desde el punto de vista biológico) puesto que el amante de la Reina por esa época fue el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó. Además, don Francisco andaba lejos durante las fechas de la concepción y además era homosexual, con amante 'oficial' y todo.

El joven Príncipe pronto se verá obligado a abandonar su país durante la Revolución de La Gloriosa en 1868. La Familia Real se exilió en París durante un tiempo, lugar donde Alfonso cursó estudios. Pronto fue a Austria-Hungría, para formarse en el Colegio Teresiano vienés. Finalmente, y durante unos pocos meses, se fue a Reino Unido a recibir instrucción militar, en la afamada Academia de Sandhurst. Durante el exilio, más precisamente en 1870, su madre abdicó sus derechos al Trono, por lo que el joven se convirtió en Rey en el Exilio. Fue una gran maniobra política, puesto que el retorno de su familia no era una opción muy favorable si doña Isabel seguía ostentando los derechos dinásticos. La turbulenta política española de la época jugó mucho en favor de la causa alfonsina y el 29 de diciembre de 1874 se llevó a cabo el Pronunciamiento de Sagunto, por el que las autoridades militares lo reconocieron como Rey legítimo, en detrimento del régimen republicano de la época. El 9 de enero de 1875 vuelve a pisar suelo español, siendo aclamada su entrada en Barcelona. Tres días después, y tras pasar por Valencia, llega entre vítores al Palacio de Oriente.

La Restauración, régimen político que acompañó a Alfonso XII, se consolidó prontamente, basada en una política liberal y una monarquía de corte constitucional. El sistema bipartidista se consolidó durante la Restauración donde las dos facciones más relevantes eran, por un lado, la aristocracia y la clase media moderada (liderados por el Partido Liberal-Conservador de Cánovas del Castillo) y, por el otro, la clase industrial y los comerciantes (liderados por el Parido Liberal-Fusionista de Sagasta). Pero a pie de calle, el poder seguía siendo llevado por la oligarquía y por los caciques rurales, que instalaron una práctica (el pucherazo) que pronto dejó de estar en sintonía con el pueblo español. Por otro lado, si bien la Iglesia Católica perdió terreno por la Constitución de 1876 y su consagrada tolerancia religiosa, su influencia en la sociedad y la educación apenas se resintió.

Don Alfonso se ganó el apodo de El Pacificador tras lograr calmar los conflictos militares que azotaban al país, siendo los más relevantes la III Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Las victorias gubernamentales lograron consolidar la Restauración y la participación activa del Monarca en el frente lo hicieron muy popular. Tras esto, la implantación constitucional, y su escrupuloso acatamiento, fue su gran logro.

En 1878 se casó con su prima María de las Mercedes, de la que estaba perdidamente enamorado. Si bien el pueblo celebró a lo grande los esponsales y pasó el hecho al folklore popular, la reina madre y el Gobierno estuvieron fuertemente en contra de dicho enlace. ¿Por qué? Porque su suegro era don Antonio de Orléans, duque de Montpensier, un conspirador durante el reinado de Isabel II y había llegado a asesinar en un duelo en un ascenso en las opciones a ostentar la corona española. Además, su nombre se rumoreaba como instigador del magnicidio del presidente Prim, principal valedor del rey Amadeo I. Tras la bula papal que habilitaba el matrimonio doña Isabel no acudió al enlace como protesta, no a la Infanta, sino contra su padre don Antonio. El 23 de enero en Atocha mil cirios alumbraron esta nueva etapa de Alfonso XII bajo los augurios del cardenal Benavides.

El joven matrimonio duró poco. Un aborto mal curado en marzo del mismo año iniciaron el lento declive de salud de la Reina y el 26 de junio, con gran dolor por parte del Rey y del pueblo, 'Carita de Luna' abandonó este mundo. Montpensier rabió al perder un vínculo de sangre con el Trono (a pesar que después casó a su hijo con doña Eulalia, una hermana de don Alfonso). Hasta doña Letizia, fue la única Reina consorte nacida en territorio español.

Parte del luto la pasó recluido y llorando don Alfonso, aunque pronto volvió a su vida Elena Sanz, la afamada cantante y amante del joven monarca. Pero esto no era suficiente, la monarquía necesitaba continuidad dinástica y a la fuerza fue casado con doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. Tres hijos tuvieron: Mercedes, Teresa y Alfonso, este siendo póstumo.

Alfonso XII, desde que en su tierna infancia le atacaron unas crueles fiebres, tuvo una salud muy delicada. La tuberculosis pronto se hizo con él. Pero en vez de cuidarse, aumentó en su número de salidas de incógnito y de amantes. Por la noche, un vividor; por el día, un fiel cumplidor de sus obligaciones. Esto hizo que su cuerpo no resistiese más y muriese en el Palacio de El Pardo el 25 de noviembre de 1885 a la mañana, si no antes. Murió en una amplia cámara de dos balcones que justo daban a la fachada principal. La Reina y el médico de cámara fueron los que lavaron y prepararon el cadáver, que fue dejado en la enorme cama de hierro con decoración de oro en la que se produjo el deceso. Entre sus manos se le colocó el crucifijo con el que había hecho la Primera Comunión en Roma.

El día 26 comenzó a ser embalsamado debido al avanzado estado de descomposición del cuerpo. Tuvieron que emplear 25 inyecciones de un litro cada una para lograr el propósito planteado. Tras colocar el catafalco en el Palacio de Oriente para recibir el último adiós del pueblo español fue enterrado en el pudridero de El Escorial, cinco días después. Al poco tiempo, fue trasladado definitivamente al Panteón Real.

Años después, siguiendo una leyenda, el joven Alfonso XIII quiso ver a su padre, pues nunca lo conoció. Al destapar el ataúd, y para sorpresa de todos, el cadáver de don Alfonso se encontraba intacto. Parecía como dormido, decían, sumando otra leyenda más a esta insigne figura.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Breve biografía de El Pacificador (4/4)

Terminemos la breve biografía basada en los apuntes de Rafael Fernández Sirvent que están subidos en las biografías regias del portal Cervantes Virtual.

Como por todos es bien sabido, la fama de Alfonso XII no se debe solo a una excelente propaganda gubernamental en los ámbitos castrenses, ni solo en el romance popular. El Pacificador siempre fue considerado alguien muy afable y espontáneo y que hacía gala de su humanidad en multitud de ocasiones, incluso en contra del protocolo establecido. A don Alfonso le preocupaban realmente las cuitas de los españoles y siempre que le permitía el Gobierno acudía a consolar y ayudar a los damnificados por catástrofes naturales o a los enfermos de epidemias que azotaban extensas regiones. Quedan destacadas las visitas a Levante en 1879 por las inundaciones, su visita a Andalucía en 1885 por el terremoto y su presencia en Aranjuez en 1885 por la infección de cólera. Los medios de información siempre se hacían eco de sus apariciones oficiales y cuando llegaban a sus oídos las no oficiales, también iban corriendo a publicarlas. Es más, la composición de tonadillas y poemas en su honor, por sus buenas acciones humanitarias, nunca fueron pocas.

Sin embargo, la fulgurante carrera de este joven pronto se vio truncada por la tuberculosis. Su enfermedad se agravó tanto que tuvo que ser ocultado en el palacio de El Pardo. Paradas respiratorias y vómitos de sangre lo acompañarán hasta el final. Pudiera ser que muriese un día o dos antes de lo anunicado, el 25 de noviembre de 1885, por miedo a la crisis que se desataría. Pero lo que sí es cierto es que María Cristina se convirtió en Regente y no se nombró como Reina a su hija primogénita, ya que todos quedaban a la espera del sexo del bebé que Crista llevaba dentro. Don Alfonso fue amargamente llorado mientras sus restos iban hacia El Escorial. Mientras tanto, Cánovas y Sagasta intentaban mantener en el famoso Pacto de El Pardo los cimientos de la Restauración y asegurar así el turnismo de partidos que habían ideado.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Breve biografía de El Pacificador (3/4)

Y tras el pronunciamiento de Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 en Sagunto, las autoridades republicanas no tienen otra opción sino aceptar. Don Alfonso es loado en París y muchos le desean grandes augurios. Su primer punto donde pisará de nuevo suelo español será Barcelona, con más aplausos que abucheos. Era el 9 de enero de 1875. De allí viajará de nuevo en barco hasta Valenci, llegando a Madrid el 14 de enero, envuelto en una gran multitud que lo vitoreará hasta la extenuación. Incluso hay anécdotas que tanto jolgorio solo se vio cuando expulsaron a su madre. Su primera acción como Rey efectivo fue a los cinco días de entrar en el Palacio de Oriente: haría gala de su graduación militar de Capitán General y encabezaría los ejércitos gubernamentales que intentaban frenar el avance carlista. Su breve formación en Sandhurst le sirvió para fomentar su faceta de rey-soldado, cabalgando junto a los militares y compartiendo comida y vivencias. Fue, hasta el momento, el único Rey de España que ha estado en un campo de batalla. Incluso el regio muchacho repetía sin cesar que un Rey que no estuviera bajo fuego enemigo no se podía considerar un Rey como tal. La propaganda tuvo su efecto y tras la victoria de 1876 se le empezó a conocer como El Pacificador. Además, este apelativo fue consolidado tras lograr frenar las ansias independentistas cubanas y la firma de la histórica Paz de Zanjón en 1878, que daba por finalizada la Guerra Grande (aunque al año siguiente se diese la efímera Guerra Chica).

Fue también en 1876, pero el 30 de junio, cuando se promulga la nueva Constitución del país, la de mayor duración histórica hasta la fecha. En esta Carta Magna la soberanía quedaba compartida entre el propio Rey y las Cortes. Alfonso XII adquiría entonces poderes de moderación. Eso sí, contaba con grandes prerrogativas en el ámbito ejecutivo y legislativo, además de ostentar el máximo mando del Ejército y la Armada. Este texto fue la base del régimen de la Restauración, que daba un gran peso a la monarquía, y al parlamento le daba mayor relevancia que en ocasiones anteriores. Sin embargo, en un afán por consolidar las nuevas prácticas, pronto se consolidará el pucherazo y el amaño de elecciones. Pocos años después estas soluciones se alejarían del ciudadano elector medio y atacarían al corazón de la Restauración. El propio Alfonso XII llegó a criticar a los caciques y un par de veces se dirigió al Congreso y al Senado para pedir una reforma del proceso electoral. Pero nada de eso sirvió. Casi durante medio siglo el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal-Fusionista se turnarían cada cierto tiempo para enfocar la resolución de ciertos problemas. Es más, el texto constituticional quedará vigente hasta el 13 de septiembre de 1923: el golpe del dictador Primo de Rivera y la aceptación de Alfonso XIII provocarán su suspensión hasta una efímera reimplantación en 1930-1931, demasiado tarde y con la consecuencia de la proclamación de la II República.

En otros temas de Estado, don Alfonso casó dos veces. La primera, fue por amor. La elegida fue la nieta del rey francés Luis Felipe I y sobrina de Isabel II: María de las Mercedes. En enero de 1878 se dio el tan esperado enlace matrimonial. Y complicado por las acciones dudosas de su padre en contra de Isabel II y el gobierno del general Prim. Sin embargo, en junio de ese mismo año, la Reina muere debido a un aborto mal practicado, aunque en la época se dijo que era a causa de tifus. El Rey quedó muy afectado y el pueblo compuso muchas coplillas en recuerdo del amor entre los dos adolescentes. Tan trascendente fue el episodio que incluso a día de hoy sus hechos quedan en el acervo romántico hispano. En cambio, el segundo matrimonio fue por razones de Estado, pues era necesario asegurar el proceso de sucesión monárquica. A finales de noviembre de 1879 se casó don Alfonso con Marí Cristina de Habsburgo. Esta le dará tres hijos: Mercedes, Teresa y el póstumo Alfonso. Doña Cristina nunca será amada, ya que el Rey comenzará una prolífica vida extraconyugal. Muchas amantes se le conocieron, aunque siempre destacó la cantante Elena Sanz, protegida de la Reina Madre y que le dará dos hijos: Alfonso y Fernando, que nunca tuvieron derechos de sucesión al Trono. Sin embargo, cuando Cristina asumió la Regencia, intentó cortar todas las aspiraciones económicas de la familia Sanz.

martes, 7 de julio de 2015

Breve biografía de El Pacificador (2/4)

El joven Príncipe de Asturias tuvo que exiliarse junto con el resto de su familia debido a la Revolución de La Gloriosa, la cual, en 1868, destronó a Isabel II en un clima de protestas. Tras el Gobierno Provisional y la Regencia del general Serrano se sucedieron el corto reinado de Amadeo I de Saboya y la turbulenta I República. España estaba en una situación crítica mientras don Alfonso vivía en el extranjero, pues las sublevaciones carlista, cantonal y cubana azotaban con fuerza el país. La misión del Príncipe no era fácil, pues primero debía restaurar la monarquía mediante bases legítimas y después debía imponer la paz en la metrópolis y sus colonias. Don Alfonso tuvo que prepararse para esto en un tiempo récord. Sin embargo, devolver la estabilidad política, social y económica era una tarea ardua para alguien tan joven. Por eso pronto se asoció al insigne política malagueño don Antonio Cánovas del Castillo.

Idiomas, artes militares, conocimientos, eran los pilares a reforzar en el joven candidato Borbón. Para ello, no paró de viajar por las potencias europeas de la época. En Francia estuvo en el Colegio Stanislas parisino, En Suiza se formó en Ginebra, en la Academia Pública. En Austria-Hungría aprendió en el Colegio Theresianum y en Reino Unido se instruyó en la Real Academia Militar de Sandhurst. Ya en 1870, Cánovas y el Duque de Sesto habían conseguido que doña Isabel abdicase en sus derechos sucesorios, dejando a su hijo como joven monarca exiliado. Es más, en 1873, en plena República, don Antonio consiguió sustituir al Duque de Montpensier como adalid de la causa alfonsina en España. Su objetivo era influir en la opinión pública e ir organizando a los adeptos a la causa. Los postulados de Cánovas del Castillo proponían una Restauración en la que no interviniese el Ejército, tan proclive a sus pronunciamientos durante todo el siglo XIX.

Don Alfonso solo estuvo en Inglaterra un corto intervalo de tiempo, no pudiendo finalizar su formación militar de manera adecuada. Esto fue debido a la gran fragilidad de la institución republicana y al clamor de la gente para un cambio de rumbo. El general Martínez Campos no pudo esperar los planes de Cánovas y el 29 de diciembre de 1874 realizó en Sagunto un pronunciamiento en el que declaraba como Rey a don Alfonso, considerando por tanto abolida la República. El detonante fue el famoso y conocido Manifiesto de Sandhurst, que era una carta en respuesta a las felicitaciones que le habían dado por su cumpleaños. En realidad, Cánovas del Castillo plasmó ahí la hoja de ruta de la nueva monarquía y muchos que llegaron a leerlo en España comulgaron rápidamente con este. En el Manifiesto se presenta a don Alfonso como un monarca modélico, de espíritu conciliador, liberal políticamente, católico de religión y español de nacionalidad y sentimiento. Su retorno ya era inminente.

martes, 9 de junio de 2015

Breve biografía de El Pacificador (1/4)

Bueno, para refrescar la memoria nada mejor que retomar unos retazos biográficos de Alfonso XII, que a estas alturas todos saben, que es uno de mis referentes. Pero tantas cosas que hacer no le dan tiempo a uno a centrarse en todo lo que desea y, también ya lo saben a estas alturas, tengo épocas en las que me aproximo más a ciertos referentes y en otras a otros.

Rafael Fernández Sirvent nos habla de un 'reinado inacabado' debido a los pocos años de actividad regia de Alfonso XII, así como su muerte a cortísima edad. Sin embargo, fundó los cimientos del actual régimen monárquico con control parlamentario y en 1876 nació la Constitución más longeva de las que tuvimos. A esto, se le unió el influjo legendario y romántico de su persona, quedando para siempre en el acervo popular como El Pacificador, el apodo que la prensa oficial logró consolidar.

El 28 de noviembre de 1857 nace don Alfonso, hijo varón de la reina doña Isabel II y es automáticamente nombrado como Príncipe de Asturias. Ya su venida al mundo estuvo rodeada de polémica, puesto que muchas fuentes coetáneas afirman la homosexualidad del consorte de la Reina: don Francisco de Asís. Ya desde el embarazo se sospechaba que el verdadero progenitor era el oficial del cuerpo de ingenieros Enrique Puigmoltó. Esto fue aprovechado por los sectores contrarios a la dinastía Borbón para robar legitimidad a esta y resaltar el rol licencioso de la Reina. Puigmoltejo fue el primer sobrenombre del Príncipe. El 7 de diciembre de 1857 fue bautizado, teniendo como padrinos al papa Pío IX (representado por monseñor Berili) y a su hermana Isabel, la Chata.

Los que convivieron con don Alfonso lo describen como serio y muy responsable para la edad que tenía y con tintes de genialidad. Sus ojos, de color castaño, emanaban serenidad y podían transmitir multitud de emociones. Aunque su altura era menor a la media, sus facciones cautivaban a los que le rodeaban, unido esto a su amabilidad, bondad, ocurrencias y ocultación de su orgullo. Por otro lado, de todos es sabido su precaria salud, ya desde muy pequeño poniéndolo entre la espada y la pared. Los baños en el mar y la práctica de gimnasia y varios deportes (cosas de moda en la burguesía de la España de segunda mitad del XIX) serán sus primeras recetas para recobrar la salud.

jueves, 16 de abril de 2015

Alfonso XII y el terremoto (2/2)

Andrés García Maldonado en su obra Una histórica solidaridad mundial sigue con la relación de acontecimientos que tuvo el joven Rey en su visita por tierras andaluzas, sobre todo las provincias de Granada y Málaga.

El día 16 de enero Alfonso XII se dirigió por ferrocarril hacia la ciudad de Málaga, llegando por la tarde. Tras visitar sus dependencias en la Aduana se dirigió al Tedéum para después llevar a cabo la recepción y comida oficial. Al día siguiente el monarca se dirigió hacia Torre del Mar para hospedarse con un hermano de los Larios, un tal Crooke. Visitó las barracas y almorzó con los afectados de los terremotos. Tras esto visitó las fábricas Larios. Después tuvo tiempo para ir a Vélez-Málaga para visitar los destrozos en la parroquia y el ayuntamiento. Regresando a Torre del Mar visitó la propiedad de Heredia, llamada la Gaviota y pronto fue a descansar. Hay que recordar que visitando a los heridos quiso dejar allí su botiquín personal a pesar que lo necesitaba urgentemente por el estado avanzado de su enfermedad.

El día 18 de enero, de 1885, oyó misa al alba con sus acompañantes y se dirigió hacia Periana para visitar el destruido pueblo y el hospital de heridos. En una barraca almorzó, pero tanta era la pena de don Alfonso que no pudo tocar el segundo plato. Se levantó y ordenó que el resto de la comida fuese íntegramente para heridos y enfermos. Tras una visita por el pueblo regresó a Torre del Mar para cenar y descansar. El día 19 se dirige hacia Canillas de Aceituna, que también había sufrido graves desperfectos por el sismo. Visitó el pueblo y estuvo en todo momento reconfortando los heridos. Tras almorzar en una barraca volvió a Torre del Mar para descansar. A la mañana siguiente recibió a varias delegaciones de los pueblos afectados y entregó 1000 pesetas a cada delegado para ayudar en la reconstrucción. A mediodía fue para Torrox para visitarlo y de ahí pasó a Nerja. No dejó de escuchar los partes de desperfectos y dejó donativos de su bolsillo. En la ciudad de Nerja quedó maravillado por las vistas y la bautizó como Balcón de Europa. Casi al atardecer volvió a Torre del Mar.

El día 21 del mismo mes fue el Rey hacia Málaga, aunque tuvo que detenerse en el Polo porque la delegación de regidores quería agasajarlo con un almuerzo al estilo de la Caleta. Ya en la capital malacitana visitó los cuarteles militares que participaban en la reconstrucción y pasó revista a las tropas. En Aduana recibió a varias autoridades antes de irse a dormir. El día 22 salió el Pacificador en tren hacia Madrid al amanecer, llegando a la capital a medianoche. El pueblo madrileño lo estaba esperando entre clamores y vítores y acompañaron a Alfonso XII durante todo su trayecto a Palacio portando antorchas para iluminar el camino.

sábado, 28 de marzo de 2015

Alfonso XII y el terremoto (1/2)

Maravilloso Twitter que te permite seguir a decenas de cuentas donde parece (de manera simulada, claro) que las manejan personajes históricos. Una de estas es @AlfonsoXIIEsp y hace poco relató la visita del Pacificador a Andalucía, tras los terribles terremotos de Navidad de 1884.

Recoge la biblioteca de Patrimonio Nacional una relación de acontecimientos de la visita de Alfonso XII a las provincias de Málaga y Granada para visitar las labores de reconstrucción. Su secretario personal fue el encargado de hacer las anotaciones que están guardadas en la Real Biblioteca, junto a pequeñas misivas que el propio Rey escribió a su hermana la infanta Eulalia.

El 9 de enero de 1885, don Alfonso sale de Madrid ya en la tarde acompañado por numerosos miembros del gabinete, y miembros del cuerpo militar, así como sus acompañantes de Palacio, el Duque de Sesto entre ellos. Así, el día 10 por la tarde Alfonso XII llega a la localidad granadina de Loja para almorzar con un prohombre del lugar. Hecho esto se dirige a Granada, con tiempo para visitar la catedral y escuchar el Tedéum. Después, se dirige a visitar el convento de Santa Clara. Finalizado el recorrido va el Rey hasta el ayuntamiento para recibir autoridades, para cenar y descansar. El día 11 por la mañana fue el monarca a oír misa en la iglesia de las Angustias y de ahí parte en ferrocarril de nuevo hacia Loja. A eso del mediodía toma un carruaje para ir hacia Alhama, visitando en primer lugar el hospital de heridos para reconfortarlos. A la caída de la noche acude a cenar al balneario de un diputado y después de esto se retira a descansar. Tras un buen descanso el día 12 sale la regia delegación hacia Arenas del Rey para homenajear al cura Mejía, que había hecho un ingente esfuerzo para mitigar la catástrofe. Visitó Alfonso XII el barracón donde se había instalado el hospital de sangre. Tras la visita se encaminaron a Fornes y almorzaron en un molino que había en el camino, para sorpresa de los habitantes. Agrón y Ventas de Huelma también estuvieron en el itinerario, que tras finalizar regresó el Rey a Granada.

En cierto momento, según comentan algunos seguidores, un alcalde le pide visitar su pedanía, muy maltrecha por el seísmo. El Rey quiere pero los políticos, al ver que no les dará publicidad ni votos, se niegan en rotundo. Como buen constitucionalista, el Rey se abstiene de ir sin refrendo ni compañía gubernamental. Sin embargo, queda muy dolido y reniega ante sus próximos del tinglado caciquil de la Restauración, a pesar de que gracias a él goza su régimen de estabilidad.

El día 13 don Alfonso se dirige a Albuñuelas y en Padul, pueblo que estaba a mitad de camino, paró a visitar a los heridos. El río Torrente le impidió seguir hasta la localidad de destino, por lo que hicieron un corto desvío hasta Dúrcal. De vuelta en Padul, Alfonso XII visitó la iglesia. Con el tiempo sobrante tras el cambio de planes, el monarca pudo visitar la Alhambra y el Generalife, admirándose de su belleza. Saliendo de Granada el 14 llegó hasta Guevéjar marchando a pie por el fuerte temporal de granizo y nieve. Esto sin duda, repercutió en su maltrecha salud. La gente tuvo en gran estima tal esfuerzo pero pronto retornó a Granada totalmente embarrado. Visitó el hospital y las barracas fuera de la ciudad. Tras esto, se encaminó para visitar la universidad granadina y pasear por la carrera de la Bomba. De vuelta a su alojamiento, recibió numerosos delegados y alcaldes para escuchar sus problemas. El día 15 tocaba ir en tren hasta Antequera para ir hacia el Romeral, propiedad del famoso Romero Robledo. Tras almorzar fue hasta la ciudad y visitó la colegiata, el hospital, el monasterio y una cueva donde se hacían antaño rituales celtas. Tras esto volvieron a las tierras del controvertido político.

jueves, 19 de febrero de 2015

La caligrafía de Alfonso XII

La grafología es una técnica bastante conocida y sorprendente, ya que con un par de líneas de texto se puede entrever la personalidad de quien escribió eso. Por suerte no todos los manuscritos de don Alfonso fueron destruidos como petición a su muerte, algunos quedaron intactos y gracias a ellos sabemos qué pensaba y razonaba el Pacificador. Sandra María Cerro analiza la caligrafía del Rey en sus misivas dirigidas a su abuela María Cristina. ¿El tema? El mítico amor que sentía por su prima María de las Mercedes, que tan hondo caló en el acervo hispano.

Y es que lo tuvieron difícil debido a las maquinaciones de don Antonio de Orléans por acceder al Trono (promoviendo incluso el asesinato del presidente Prim). Merchitas también le escribía a María Cristina, abuela común de ambos. Usan palabras espontáneas y cuidadas, muy alejadas a los protocolos regios.

La primera vez que se conocieron, si puede llamarse así, fue en el bautizo de Mercedes (amadrinado por Isabel II), en 1860, donde el Príncipe contaba con poco menos que tres años. Entre Sevilla, Lisboa y París y en sus visitas esporádicas comenzó el amor. Una frase de un joven Alfonso a un compañero de estudios da a entender lo que sentía:

- Cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia.

En relación al tema del enlace real, contando con la oposición de su augusta madre y de las Cortes, se dirige el 1 de diciembre de 1877 hacia su 'querida abuelita' comentándole que el matrimonio será un asunto 'del cual depende la felicidad de dos nietos tuyos, que te quieren cual ninguno'. Prosigue de la siguiente manera:

-Esto unido a la convicción que tengo de que la mejor política en el matrimonio de un rey, es buscar la mayor felicidad posible, que tiene que recaer en la de su pueblo, cuando no sea más, que dándoles el ejemplo de un buen esposo y un buen padre de familia, que es la base de la prosperidad de las naciones; me ha hecho tomar la resolución de unir mi suerte a la de mi idolatrada prima.

El texto es pulcro, con detalles cuidados y una gran capacidad de entrega para con el prójimo. Los rasgos de las letras indican visión de futuro y pasión física y mental. La grafóloga indica que el nivel cultural era elevado, lo mismo que su nivel intelectual. Las ideas del Rey son claras y coherentes, basculando entre la realidad y lo anhelado. Alfonso XII se muestra seguro y reflexivo, busca sus metas de cualquier forma, incluso si es necesario recurriría a la defensa a ultranza y a la rebeldía.

Las letras de don Alfonso delatan idealismo, ímpetu, lucha, ejercicio prudente de la autoridad y un espíritu conciliador. Si bien es consciente de sus obligaciones no dudaría en colocar antes los sentimientos que la razón. Es sociable, afable, generoso, sensato, cuerdo, emocionalmente sereno, pasional, ilusionado, idealizador y preso de los sentimientos.

En el Congreso, con motivo del enlace, Alfonso XII pronuncia que:

-Señores diputados, el enlace que voy a contraer, inspirado al propio tiempo que por los más puros afectos del corazón por el conocimiento de las altas prendas que adornan a la que ha de compartir conmigo el Trono de San Fernando y de la Católica Isabel, del mismo modo que motiva vuestros entusiastas plácemes, alcanza sin duda los del país, a quien legítimamente representáis, y merece la unánime felicitación de las potencias amigas.

Y el 23 de enero de 1878 tiene lugar en Madrid el esperado enlace por amor, aunque doña Isabel no acudiese por las diferencias, no con la Infanta, sino con su padre el Duque de Montpensier. El Consejo de Ministros apaciguó a las Cortes al hablar que los ángeles no se discuten. El pueblo vio salir al Rey y a 'Carita de cielo' de la basílica de Atocha y lo celebró por lo alto pues decían que se casaron como los pobres: por amor.

La caligrafía de Mercedes indica delicadeza, minuciosidad y pasión. Aparte de ser dulce y tímida encierra un porte autoritario que sale cada vez que no consigue sus caprichos. Sus trazos denotan sencillez, sin ánimo de sobresalir y con ganas de observar más que intervenir. Destaca su gran inteligencia y su claridad de ideas, tanto que roza la obsesión. Casi nunca es objetiva y siempre intentará sacar sus planes hacia adelante. Merchitas es transparente y directa y con mucha pasión, al igual que su marido.

En abril de 1878 escribe a su abuela. desvelando el principio del fin: nada de tifus, sino un aborto del que nunca se recuperó:

-Podrá usted figurarse lo mucho que he sentido el percance que tuve, ya estoy completamente bien y quiera Dios que a la próxima no suceda lo mismo.

Desgraciadamente su estado empeoró y el día 24 de junio recibió la extremaunción, precursora de su fallecimiento el 28 siguiente. Alfonso XII se encerró para llorar desconsoladamente. Tras esto, un matrimonio arreglado, amantes varias y tabernas, hasta que en 1885 murió de tuberculosis.

Si bien María de las Mercedes no dio descendencia real y no pudo ser enterrada en el Panteón de Reyes, si terminó reposando en la Catedral de la Almudena, su gran proyecto de su corto reinado. En su epitafio reza 'María de las Mercedes. De Alfonso XII su dulcísima esposa'.

sábado, 10 de enero de 2015

Príncipe Alfonso, el 'Puigmoltejo'

El nacimiento de quien sería Alfonso XII fue un hito de alegría en Madrid y el resto de España. Ese 28 de noviembre de 1857 la Villa y Corte escuchó 21 salvas de cañón, confirmando que el nuevo Príncipe era varón. Tanta alegría hubo que los teatros interrumpieron sus funciones y las orquestas se hartaron de tocar el himno nacional. Muchos salieron a la calle a celebrarlo. Y no era para menos, ya que hay que recordar que el siglo XIX es el siglo de las guerras carlistas, las guerras civiles de las que nadie se acuerda ya y originadas porque Fernando VII no tuvo descendiente varón.

Vivas y petardos se sucedieron hasta altas horas de la noche. Y esto con la proclama de:
-¡Ha nacido el Puigmoltejo!

¿Por qué esto? Porque era de sobra conocido que Isabel II no era una esposa muy fiel. Y como buena Borbón, sus amantes se contaban casi por decenas. Pero como la Reina, evidentemente, era mujer, el machismo de la época (e incluso el de ahora) tildaba esto de bochornoso. El rey consorte, don Franciso de Asís, tenía claro que no era el padre biológico de la criatura. Es más, era homosexual, con pareja reconocida. Entonces, ¿quién era el padre? Hay numerosos candidatos, entre ellos el Duque de la Torre, el polifacético Francisco Serrano (o también conocido por la Reina como el General Bonito) o como indican nuevas teorías, el Conde de Sutton-Clonard. Pero quien se lleva todas las palmas (e incluso los que han visto un cuadro de su figura) indican que no fue otro que Enrique Puigmoltó. Y este capitán de ingenieros convivió meses con la Reina, siendo un escándalo en el Gobierno.

Hay que mencionar que Isabel II tuvo nueve hijos y Francisco de Asís (el que tenía más encajes que la soberana, según contaba ella por su noche de bodas) pronto descartó la paternidad biológica de esos vástagos. Serrano, el Marqués de Bedmar, el Pollo Arana, Miguel Tenorio y Marfori podrían ser los sucesivos progenitores, incluido Puigmoltó. Al menos esto podría evitar la fuerte consanguinidad que tenían los esposos, puesto que eran primos, descendientes de personas emparentadas. Pero bueno, muchos hijos murieron jóvenes, Alfonso XII incluido. Pero el objetivo no era la paternidad, sino la continuación dinástica y el evitar que los carlistas siguiesen reclamando el Trono.

Ya la polémica saltó con el primer hijo, nacido muerto. El padre no presentó el cuerpo y se hizo pronto desmentidos de lo que se comentaba, aunque sin mencionarlo para que los más despistados no sumasen uno más uno. Pero la pista está en que Francisco quiso un cuadro del bebé para ver a quién se parecía. Pronto nació La Chata, la princesa Isabel, confirmando la sucesión monárquica. Pero muchos Grandes de España se excusaron de ir al bautizo. ¿La razón? Que era de todos sabido que era hija del Pollo Arana, un gallardo noble, héroe de la revolución de 1848 (por la que consiguió la Cruz de San Fernando). La princesa Isabel pronto fue conocida como La Araneja, en clara referencia al compañero de bailes (y cama) de Isabel II.

La tercera hija de la Reina murió al poco. Francisco de Asís, no se sabe si inundado de pena o con ganas de ver a su amante don Antonio Ramos de Meneses, se fue al Pardo. Doña Isabel al pronto empezó a convivir con su nuevo amante, Enrique Puigmoltó y tras poco tiempo quedó embarazada. Para celebrar esto nombró a Puigmoltó Vizconde de Miranda, siendo un escándalo para la nobleza, puesto que no se podía encajar la paternidad oficial del Consorte y un advenedizo ya era noble por hecho del embarazo.

Gobierno e Iglesia pusieron cartas en el asunto. El presidente Ramón Narváez, de corte autoritario y temido por todos, quiso presentar su dimisión y provocar una severa crisis. La Reina no tembló y se negó a expulsar de su palacio a Enrique. El arzobispo de Toledo entonces empezó a criticarla, unido al nuncio del Papa, que hacía saber a la soberana que el Sumo Pontífice se negaría a apadrinar al bebé. Isabel II volvió a quedarse en sus trece, ignorando la tradición de Monarquía Católica que era España desde sus inicios. Desesperados, acudieron al confesor real, el padre Claret. Tenía fama de santo e Isabel II lo había hecho traer desde Cuba para que escuchase sus pecados. Y es que la Reina y su consorte eran altamente beatos. Claret se negó a confesar a la monarca hasta que no se fuese Puigmoltó. La batalla duró hasta tres meses después del nacimiento de don Alfonso, yéndose hasta Valencia el capitán de ingenieros. Pronto volvió Francisco de Asís a Madrid para cubrir apariencias.

El parto fue algo de lo más curioso, puesto que la Reina se rodeó de catorce reliquias: la mano derecha de San Juan, dos espinas de la corona de Jesús, el cráneo de San Ramón Nonato y el cristal de San Valentín, entre otras. Gastó mucho en limosnas para purgar en cierta manera sus pecados y ahuyentar la mala suerte del parto. La canastilla del bebé fue comprada, por una alta suma, a la Vizcondesa de Jorbalán, que llegaría a ser canonizada. La canastilla fue confeccionada en un instituto dedicado a la reconversión de jóvenes prostitutas y la tela fue comprada en París, casi nada.

De este modo, don Alfonso de Borbón llegó a este mundo. Y es que las cosas en la España del siglo XIX nunca fueron tranquilas.

martes, 23 de diciembre de 2014

Alfonso XII y el gabarrero

Esta anécdota es muy similar a una ya muy famosa donde Alfonso XII se dirigía hacia Palacio acompañado por alguien, o por el cochero que lo llevaba hacia allá. Pero siempre queda bien referir anécdotas del Pacificador. Incluso hay varias referencias que esto no le pasó a él, sino a su hijo Alfonso XIII.

Parece ser que el Rey, en una de sus famosas y prolongadas cacerías por los montes, se perdió en El Pinar. Era normal que fuese a cazar solo o acompañado de algunos amigos, pero no muchos. Y es que lo usaba como excusa para reflexionar y escribir su diario de caza, además de toparse con otros cazadores o ganaderos y compartir buenas y sencillas experiencias, a sabiendas que no lo reconocían. Vagando por el bosque se topó con un gabarrero, ocasión que aprovechó para orientarse:

-¿Sería tan amable, buen trabajador, de indicarme cómo volver a La Granja?

El hombre, buen conocedor del terreno, se lo indicó:

-Llegue por aquí hasta el Puente de Navalacarreta y verá la carreterá. Sígala y llegará a La Granja.

El Rey le agradeció con mucha cortesía las indicaciones, pero algo escocido porque no había sido reconocido dijo con aires de grandeza:

-¿Sabe con quién está hablando, gentilhombre? Soy el Rey de España.

Acto seguido irguió la cabeza a ver si lo reconocía por algún retrato o las monedas, Con los ojos entrecerrados esperó una laudatoria, Pero el gabarrero, cortó por lo sano lo que creía una broma:

-¡Ah, sí! ¡Y yo soy el Obispo de Segovia!

lunes, 17 de noviembre de 2014

Alfonso XII y la anécdota del espeto

Alfonso XII, fiel a su carisma y preocupación por los más desfavorecidos, no se estuvo quieto tras los terremotos que asolaron Andalucía el día de Navidad del año de 1884. A las pocas semanas, a pesar de su ya deteriorada salud, inicia un largo viaje a caballo y frente a ventiscas y nieve por los cerros de Granada y Málaga. Algunos historiadores llegan a asegurar que su fatal tuberculosis apareció tras aquellas visitas por estar en contacto directo entre tanta tragedia y miseria. Lo más probable es que el cansancio del viaje acortara su vida aún más.

La anécdota viene de su paso por el merendero Gran Parada, fundado dos años antes de la real visita por don Miguel Martínez Soler, más conocido por el sobrenombre de 'Miguelito, er de las sardinas'. Y es que se le considera como el creador del famoso espeto andaluz. El Rey paró a las afueras de Málaga, en un pequeño poblado denominado El Palo, atestado de pescadores y con el primer 'chiringuito' de España. Para aumentar más su popularidad y conocer algo más del duro trabajo de los pescadores, El Pacificador decidió parar en el lugar, para asombro de algunos de sus cortesanos.

El Rey no optó por el típico caldo de almejas del merendero, ya que sintió curiosidad por esa colección de sardinas asadas atravesadas por una caña partida. Miguelito ni corto ni perezoso le dio un buen espeto a Alfonso XII que, al ser la primera vez que se las veía con tal comida, no dudó de tirar de su educación francesa. Cogió cuchillo y tenedor y pronto estuvo dispuesto a atacar este manjar.

Pero no pudo. Miguelito alarmó a la concurrencia con:
-Asín no, majestá, asín no.

Alfonso XII se detuvo estupefacto y miró a los ojos del bonachón. No entendía por qué no podía comer así el espeto. La respuesta tardó poco en surgir:
-Con los deos, majestá, con los deos.

Tendremos que imaginar la cara de sorna y diversión que tuvo que poner el Monarca, puesto que ni corto ni perezoso se pringó las manos para hacer caso a su improvisado anfitrión. Y las caras de espanto de algunos cortesanos ya sería la monda.

Es más, el espeto gustó tanto al Rey que pronto hizo correr la voz y los periódicos madrileños empezaron a ensalzar el malagueño lugar para que muchos habitantes de Madrid bajasen hasta El Palo para degustar esa nueva creación que era el espeto.

lunes, 6 de octubre de 2014

Alfonso XII en Extremadura (2/2)

En los apuntes biográficos de Barrantes sobre Alfonso XII recopilados por el franciscano Enrique Escribano tenemos constancia que muchos de la comitiva no querían ir a Medellín pero al ser todo improvisado no pudieron poner muchas contras al proyecto, solo murmuraciones y quejas. Por suerte, todo lo exigido estaba ya preparado en Medellín: dos o tres coches, carros y caballerías en exceso. Alfonso XII salió corriendo del tren con mucho entusiasmo, siendo seguido por Cánovas y personal de Palacio, Oñate entre ellos. Peris Mencheta, el enviado especial de La Correspondencia no pudo subirse al pescante y se encaramó como pudo al carruaje, lo que hizo mucha gracia a Barrantes y al Rey, ya que cualquier movimiento en falso podía hacerle caer al oscilar como una lámpara. Silvela también pudo acomodarse, aunque muchos quedaron en la estación al ver que los carruajes no tenían la calidad y el porte que se esperaba para tales personalidades. Barrantes, debido a su pata de palo, también se quedó esperando.

La excusa fueron la premura del plan, pero muchos desearon quedarse en el tren en esa tarde nublada y frías. Los que paseaban por el andén al paso de las horas cambiaron a un muy mal humor. Y muchos lo pagaron con Barrantes, por supuesto. Entre ellos, el Duque de Sesto, animado por sus ayudantes. Le espetó a Barrantes que su 'extremeñismo' ridículo había puesto en peligro al Rey y al Gobierno y que era culpable de incitar a llevar a cabo proyectos temerarios a un muchacho tan temerario y loco. Sus ideas no creía que valiesen mucho, puesto que ni en Extremadura sabían quién era Hernán Cortés y tampoco dónde nació. Es más, Osorio le iba a otorgar toda la responsabilidad de lo que sucediese, ya fuese un accidente o un robo, puesto que la Guardia Civil no había tenido tiempo de ser avisada y apostarse en todo el camino.

Barrantes consideró a Alcañices como alguien poco monárquico y muy adulador y por eso no tomó en cuenta sus ataques, aunque la posibilidad de un accidente no era baja. Sin embargo, el Conde de Toreno salió en favor del cronista. Dijo que no era probable que esto fuese un peligro político, pues las empresas arriesgadas siempre salen bien y que si el Rey se acordaba de Hernán Cortés cuando no lo hacía ningún extremeño era cosa para loar aún más a Alfonso XII. Barrantes se envalentonó y recordó que el Gobierno estuvo de acuerdo con la excursión, luego ya no era su responsabilidad y que no necesitaba el Monarca ni el Gobierno su ayuda para defenderse.

Las preocupaciones desaparecieron cuando volvió la comitiva con un Alfonso XII satisfecho de la visita y a un atribulado cura del pueblo que no pudo apenas prepararse para la visita real. Tanto que no podía hablar y lo solucionaba poniéndose de rodillas. El Rey comentó con diversión que el otro carro se había atascado y no podía moverse, por lo que Silvela tuvo que hacer el camino de vuelta a pie. El tren le esperó y todo gritaron al orondo y achacoso Ministro de Estado con su frac embarrado. Incluso el Rey siguió la broma diciendo que el tren estaba parado por culpa de su falta de piernas.

Barrantes pudo comunicarle al Rey sobre los ataques de José Osorio, pero Alfonso XII dijo que había que quitar hierro al asunto: había comprendido, junto a Cánovas, la importancia del consejo de Barrantes y se lo agradecía ampliamente.

Ya en 1883 volvieron a encontrarse Barrantes y el Rey tras la nominación del primero como Gobernador Civil en Manila. Alfonso XII felicitó por la elección a Sagasta y Núñez de Arce y dijo que tal nombramiento honraba al Gobierno que había tenido la idea. Barrantes fue a despedirse personalmente del Rey y este lo trató con sumo cariño, incluso saliendo a la antecámara para que la pata de palo de Barrantes no tuviera que enfrentarse contra el resbaladizo mármol. Incluso llamó a la reina María Cristina para presentárselo. Barrantes, en un gesto de cortesía, le pidió instrucciones al Rey para su próximo destino, a lo que él contestó:

-Mejor sabe usted que yo lo que tiene que hacer en Manila.

viernes, 3 de octubre de 2014

Alfonso XII en Extremadura (1/2)

En febrero de 1879 don Alfonso viaja a tierras extremeñas para inaugurar la línea férrea Madrid-Ciudad Real-Badajoz. Hay varias anécdotas del Rey por estas tierras, como la conversión de Cáceres a ciudad (la nombró así en un discurso en octubre de 1881 cuando no era tal y para no subsanar el error le dio la dignidad de tal: 'Pues desde hoy es ciudad'). O sus trayectos hacia Portugal para tranquilizar a su receloso soberano sobre las intenciones españolas y el uso de un perfecto portugués para crear buen clima e inaugurar la línea férrea Madrid-Lisboa.

Pues bien, sumando los textos de Enrique Escribano, Alfredo Escobar y Vicente Barrantes tenemos una curiosa anécdota de su viaje. Según parece en el trayecto de Badajoz a Mérida las aclamaciones no tenían fin cuando pasaba el Rey y tocaban los acordes de la Marcha Real. Barrantes fue invitado al vagón real y comió junto al Rey, que le pedía explicaciones por todo. El cronista, falto de dientes, cada vez que hablaba soltaba algún trozo de comida que paraba en la manga del uniforme del Monarca, cosa que le parecía divertido, aunque a Barrantes le daba mucho apuro. Parece ser que Alfonso XII conocía poco sobre Mérida y su larga historia y se interesó por los libros del cronista que hacían alusión a la época romana. Antes de salir para Ciudad Real pararon en Medellín, aunque fue de improviso y solo hubo aclamaciones, nada de banderas y colgaduras. Conocer el lugar originario de Hernán Cortés lo sugirió el propio Barrantes, pues veía al Rey poco instruido sobre Roma y con poca intención de aprender del tema (aunque según dicen leía con avidez los textos relacionados con la antigua Grecia). Sin embargo, como don Alfonso era un hombre de su época estaba dispuesto a escuchar buenos consejos.

-¿No hay nada más que ver? -dijo el Rey.

-No, señor; pero habría dos cosas que hacer, que darían a Vuestra Majestad en Extremadura grandísima popularidad, por lo mismo que no están en el programa del viaje -respondió Barrantes.

-¿Cuáles son? Porque si pueden hacerse las hago -respondió rápidamente.

-Dos visitas, una a la casa de Hernán Cortés en Medellín, y la otra al famoso monasterio de Guadalupe, cuya virgen es patrona de e ídolo de los extremeños. La primera es fácil, porque vamos a pasar muy cerca y el pueblo tiene estación de ferrocarril; la segunda requiere mayores preparativos y tiempo, por estar Guadalupe a ocho o diez leguas de la línea.

Sin embargo, hacía falta el refrendo del jefe de Gobierno, el inflexible don Antonio Cánovas del Castillo.

-¿Qué le parecen a usted, Cánovas, estas ideas de Barrantes?

-Que en Guadalupe no podemos pensar; es muy dilatorio -cortó tajante el Presidente del Consejo de Ministros.

-Lo siento -respondió Alfonso XII-, pero tiene usted razón. Otra vez será. ¿Y lo de Medellín?

-Tú que dices que es fácil -le espetó Cánovas a Barrantes-, ¿podrías arreglarlo?

-Ya lo creo.

-¿Habrá carruajes en Medellín?

-Lo dudo, pero como tardaremos todavía una hora en llegar, telegrafiando a los alcaldes de Don Benito y la Serena encontraremos en la estación de Medellín lo que allí no haya.

Al Rey le pareció todo buena idea y mientras iban los responsables a telegrafiar los mensajes oportunos, dijo:

-Nada de exigencias, ni de melindres, Cánovas. Si no hay carruajes que envíen caballos; si no hay caballos, burros; y si no, iré a pie. Estoy resuelto a ir. Le agradezco mucho a Barrantes su buena idea.

Sin embargo, esta idea no cayó bien a todo el mundo. Pero dejémoslo para después.

jueves, 1 de mayo de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: altas personalidades

Termina el anecdotario alfonsino recogido por Luis Carandell con la historia más famosa que protagonizó Alfonso XII.

Era harto conocido que el joven Rey le gustaba salir con su ayo, don José Osorio (Pepe Alcañices para sus más conocidos o Duque de Sesto para los más formales y protocolarios), a dar una vuelta por las tabernas madrileñas por las noches para escuchar sin intermediarios los problemas cotidianos, las canciones y algunos comentarios sobre él. Y también para visitar a sus múltiples amantes, que también hay que decirlo.

Parece ser que una de esas veces, embozado en una capa fue solo a una taberna y trabó amistad con algún borrachín. Otras versiones cuentan que el propio Monarca llevaba alguna copa de más y que tuvo que pedir un carruaje. Sea un borrachín o el que llevaba el carruaje la cosa es que Alfonso XII no volvió solo por las calles madrileñas hasta su residencia.

Viendo que su caminata se terminaba al llegar al portalón que da a la Plaza de Oriente decidió despedirse de su acompañante. Quizás para causarle impresión o quizás para bromear un poco con él hizo una despedida altamente protocolaria:

—Buenas noches. Alfonso XII, Rey de España. Palacio Real, Madrid.

El otro no se arredró y lo tomó por un bromista o por un borrachín, así que ante el supuesto rey que estuvo acompañándole dijo con sorna:

 —León XIII, El Vaticano, Roma.

domingo, 6 de abril de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: el medievalista

Luis Carandell en su libro nos da otra curiosa anécdota del reinado de Alfonso XII. Es de sobra conocido que el andaluz Antonio Cánovas del Castillo era el sostén ideológico de la Restauración. Adalid de la causa alfonsina se había atraído a multitud de antiguos políticos y como tutor del Príncipe desterrado tenía sobre él una inmensa estrella que poco a poco, como siempre, se fue desgastando.

No solo fue un importante político de impresionante oratoria que llegó a ser Presidente del Consejo numerosas veces. Era un afamado historiador y conocedor de las casas reales anteriores en España, y sobre todo, apasionado del siglo XVII español, del que creía que aún no se había recuperado el país de tal época. Alfonso XII no era muy culto en Historia, con notable excepción del mundo griego clásico, por lo que para intentar ser un buen monarca constitucional se empecinó en aprender de todos los saberes. Esta vez le tocó a una obra sobre las monarquías medievales de lo que llegará a ser España, escritas por un clérigo que gozaba de alta estima en los círculos intelectuales. El Rey quiso comentar esta obra con su Presidente, pues conocía su sabiduría en este tema, pues deseaba empaparse en este tema y no sabía si empezar por este volumen o por el de otro. Para abrir boca le comentó:

—Me han dicho que el libro es extraordinario.

Cánovas hizo como si no escuchase y no pronunció palabra alguna para quizás no ofender al Rey. Pero este ni corto ni perezoso quiso seguir tirando de la lengua para conocer la opinión de su antiguo mentor. Así que le preguntó directamente:

 —A usted, ¿qué le parece?

Don Antonio ya no se pudo morder más la lengua y replicó de la siguiente manera para demostrar que le parecía un panfleto:

—Yo lo tenía por sabio, pero desde que el buen señor ha tenido la debilidad de escribir he rectificado por completo mi juicio.

jueves, 3 de abril de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: pasión ferroviaria

Sigamos un poco más con las anécdotas referidas en el genial libro 'Las anécdotas de la política'. Ahora toca centrarse en la apasionante y enrevesada visita que hizo don Alfonso XII por Europa allá por 1883. Visita que en cierto momento trajo muchos quebraderos de cabeza y un serio conflicto diplomático. El Rey siempre había admirado el II Imperio Alemán y había importado muchas modas y procederes, así que en su visita prusiana no se le olvidó pasar por Berlín y así cumplimentar al Káiser.

La reunión entre Alfonso XII y Guillermo I atrajo mucho interés, así tanto por ellos como por el elenco político que los seguía, por lo que el séquito de periodistas era enorme, tanto alemanes como españoles. Tras todos los protocolos el monarca hispano se encaminó a la estación de trenes y recibió la tradicional despedida fastuosa. Cuando todo terminó el Rey se subió al tren pero se percató que en los andenes aún quedaban muchos periodistas tomando notas y que si no se daban prisa perderían el tren y no podrían seguir sus pasos.

El temor estaba bien fundamentado, pues la costumbre teutónica no aplaudía a los distraídos: no se anunciaba la salida del ferrocarril mediante toques de campana. Mientras estaba despidiéndose y hablando con el Káiser no se pudo aguantar este temor, por lo que como buen aficionado a los ferrocarriles, se disculpó con Guillermo I y con la clásica entonación gritó con voz alta para que fuese escuchado:

—¡Señores viajeros, al tren!

Habría que haber visto la estupefacción del emperador junto con la sorpresa de los periodistas, corriendo a lo loco para no perder el tren.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...