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sábado, 15 de junio de 2024

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hasta la perfección y cómo esto afecta en la organización social y el progreso de toda la Humanidad. Tras esto, Blas Infante pudo recorrer y documentar la existencia de Andalucía y destacar cuáles son sus características más definitorias. Y para que Andalucía implemente lo mejor de sí se puso a evaluar sobre qué elementos impiden en la actualidad (tanto en la que escribió su obra como en el momento actual) que desarrolle todas sus potencialidades. "Existe un ideal para Andalucía, Andalucía existe; y es capaz de realizar ese ideal; imponiendo el matiz de su genio en el triunfo del Progreso español". Esto no es exclusividad de Andalucía, sino de todas las regiones españolas y estas han de competir sanamente en hacer predominar sobre las demás su personalidad y sus cualidades para motivar a las demás. Y es así, generando un ambiente de dar lo mejor de uno mismo, ya sea región o persona, que España logrará volver a reivindicarse en la escena internacional y aportar sus cualidades en el progreso de toda la Humanidad: la determinación por los ideales, la renuncia al egoísmo, la caballerosidad. Ya lo dice el lema andaluz: Andalucía, por sí, para España y la Humanidad.

Ahora bien, ¿cuál es el ideal de Andalucía? Ya hemos visto que la mayor característica es el amor por la vida, una alegría de vivir traída por los griegos, pues al compartir geografía y climas similares la filosofía es totalmente homologable. Aun estando el genio andaluz debilitado puede verse en el cante, en la liturgia, en las fiestas, costumbres y en toda manifestación artística. Infante da por hecho que entonces no son necesarias sesudas investigaciones para determinar cuál es, y mucho menos inventarlo. Ya se ve y se detecta en multitud de eventos históricos. Es el papel de relegación de los últimos siglos y al fanatismo de pureza religiosa es la responsable de dicha desolación. El fanatismo nunca ha hecho bien a Andalucía, pensar en la vida del Más Allá choca con los postulados andaluces de saborear y disfrutar la armonía del universo. Creer que la muerte es la única manera de librarse de las penas es lo más antiandaluz que puede existir. El Ideal andaluz condensa el optimismo y el amor por la creación, el culto a la naturaleza y a la Humanidad que tiende a enaltecer la armonía que lleva a la perfección, haciéndonos progresar sin fin.

El artista andaluz no piensa en el dolor y la miseria sino que anhela contemplar el mundo perfecto para implementarlo en nuestro mundo, en nuestro momento. No es egoísta, quiere que participe toda la Humanidad de este placer. Los medios de realizar el Ideal son los hitos a cumplir para llegar hasta él. Como no se puede implementar directamente se deben alcanzar ideales próximos e ir refinando hasta llegar a este. Estas condiciones han de cumplirse, a saber: fortalecer el genio, trabajar con él para consolidar una voluntad inspiradora y libertad para realizar los valores que resultan de la inspiración. Para el primer punto, y viendo ya que el genio andaluz hoy en día está débil, necesita purificarse de estigmas. Hay que eliminar el optimismo exacerbado, el optimismo que no es de origen griego y que llama a la lucha, al desprecio a la naturaleza y que termina en el pozo de la fatalidad vital y las actitudes indolentes. Este ni siqueira es el generado al considerarse víctima de la providencia, hay un regocijo en la indolencia, en sentirse sombrío. Este fatalismo nunca ha sido propio en la Historia de Andalucía. Hay que erradicar la exageración y el apasionamiento que no se vuelca en la fe por la capacidad creadora de la Humanidad. Hay que empezar a reconocer la dignidad y la responsabilidad, eliminando pasiones desbordadas. Esto nos devolverá al optimismo griego que tanto bien nos ha hecho a lo largo de los siglos.

El segundo punto sí que está casi ausente. El genio andaluz está débil y por tanto no hay una voluntad unificada. No hay conciencia de pueblo, no hay conciencia de unidad que se manifieste en todas las esferas de la vida andaluza. Sin un pueblo fuerte y capacitado no se puede defender correctamente la vida ni nuestros ideales. Y sin este segundo punto el tercero no podrá existir. "Para que la vida de un pueblo sea reconocida por la ley constitutiva de una sociedad es preciso que imponga su reconocimiento mediante vigorosas revelaciones". ¿Cómo generar unidad? Mientras los elementos constitutivos, o sea, las provincias, se consideren como entes homogéneos y con poca afinidad con las demás, poco podemos hacer. No puede haber una fuerte voluntad de las provincias están disgregadas. Aunque para Blas Infante es la debilidad de pueblo la que conlleva la debilidad de los lazos entre provincias, no al revés. Es por eso que todo intento por la fuerza de la ley a generar algo que no existe en los corazones no puede triunfar. Una ley que obligue artificialmente a ser solidario en un marco artificial y con unos límites a la libertad está abocada al fracaso. Las combinaciones humanas no pueden sustituir con sus obras formales y vacías a las obras esenciales de la Naturaleza. Como ejemplo da la coetánea Ley de Mancomunidades, la cual intentaba ser implementada a todas la regiones aunque no estuviesen preparadas. Infante cree que solo Cataluña podría ser la receptora, pues en ese momento era la región más fuerte y con más conciencia de sí misma de España. En resumen: el cambio ha de ser de abajo hacia arriba, crear conciencia en las personas y de ahí, en sinergia, germinará la conciencia en municipios, comarcas y provincias. Solo así se afirmará políticamente la existencia de Andalucía y se conseguirá la capacidad administrativa. Construir de arriba hacia abajo ni siquiera sirve como acicate. Solo contempla su implementación sin son normas muy elementales y poseen mecanismos de ampliación en función de los grados de avance del territorio: no pueden aplicarse todos los mecanismos al inicio porque de manera natural se intentaría gestionarlo todo con pocas fuerzas y recursos. La actual organización provincial oculta la existencia de Andalucía como un ente común, los municipios no se ven como elementos de un todo mayor. Es más, las concejalías no se ven como parte de un todo común (el Ayuntamiento) a la hora de recaudar impuestos y aplicar normas. Es más, Congreso y Senado no se ven como parte de un todo común, la organización del Estado en tres poderes. Ese es el problema de aplicar un marco muy amplio cuando aún no hay preparación. El mecanismo debe existir pero debe ser paciente con Andalucía para no ahogar su creatividad ni a su genio. Aunque queramos dotarnos de un sistema jurídico propio y administrar nuestra propia riqueza y autogobierno necesita de un proceso de fortalecimiento previo y la capacidad de indicar cuándo y hasta qué grado podemos exigir competencias exclusivas. Pero, atención, esto no quiere decir que la organización estatal sea heterogénea. Un sistema de aplicación gradual pero que sea el mismo en último grado al resto de regiones: no se puede mutilar el desarrollo de ninguna región y darle menos oportunidades en el pugilato nacional. Porque Andalucía no es más que nadie, pero tampoco menos que nadie. Reconocer el marco es ya un paso para la redención, para el progreso. La libertad de aplicación dependerá de la evolución de la conciencia de pueblo. Pero esta libertad ha de ser contraria a los impulsos independentistas: extirpar a España de alguna de sus regiones conllevaría a que no pudiese nunca llegar de nuevo al concierto de las naciones, cosa indispensable para el progreso de la Humanidad.

Primero de todo hay que fortalecer el espíritu regional difundiendo la Historia andaluza y su genio a través de sus producciones culturales. Debe hacerces hincapié en la solidaridad y la dignidad para afirmarse políticamente y reivindicar autogobierno y su utilidad. Y esto ha de aplicarse sin demora para luchar contra el centralismo que ahoga a toda región española. El marco legislativo actual ahoga el progreso de las regiones porque se aplica sin contar la psicología, la geografía y la historia de las regiones que conforman España. Andalucía no puede quedarse atrás en este camino porque quedaría eternamente esclavizada y dirigida por intereses foráneos, estigmatizadas ante el mundo entero. Este es un ideal próximo: fortalecer el espíritu y la conciencia de pueblo. Los ideales se cunplirán en función de las energías ya existentes. Ya se ha expresado que no se puede abarcar todo desde primera hora, sino en función de las fuerzas del momento para evitar así la disociación y la frustración. Es necesario conocer los puntos débiles para ir fortaleciéndose e ir generando solidaridad entre municipios, comarcas y provincias. Hay que centrase en el elemento básico y natural: el municipio. Sin una conciencia municipal la conciencia de pueblo no existe. Si no se abarcan los problemas más directos, que más están a la vista, ¿cómo atender a lo lejano, a lo que no se ve? Sin un municipalismo fuerte y sincero no se puede tener conciencia regional ni nacional.

Si bien existe un amor por el terruño en el que se nace y vive, poco amor hay por el desarrollo municipal en temas de legislación, administración y obras. Sin este refinamiento poco se puede lograr en el pugilato entre municipios de la misma comarca. Se cree que lo de uno es lo mejor cuando en una región las características de tierra y clima siempre son idénticas a las de otros pueblos. Hay que cambiar ese sentimiento visceral y hacerlo consciente. Porque es por estas pasiones que el individuo genera mentalidad de rebaño, sensación ideal para que el cacique maneje el municipio a su antojo. Se necesita hacer pedagogía, mucha, para enseñar a las personas las características del municipio, de hacerle saber cuáles son sus elementos constitutivos y generar una consciencia regional que indiqué hacia dónde se quiere ir y cómo. Hay que hacer hincapié en el medio antes de explicar el fin. Hay que explicar primero el ideal próximo, generar un patriotismo municipal que defienda las características del municipio y que se dediquen esfuerzos en pos de lograr la prosperidad de todos los habitantes del municipio. Hay que fomentar la participación del ciudadano en la vida municipal, defender su autonomía y adaptar una legislación en función del avance del municipio para no frenar a los que posean más consciencia. ¿Por qué no se ha logrado hasta ahora? Por las penalidades históricas que ha ido sufriendo el andaluz, que le han alejado de su instinto sociable y de su afán por vincularse para un fin mayor. No existen instituciones que velen cultural, política y socialmente de los municipios. No hay quien fomente valores debido a las imposiciones administrativas que lo evitan y de las trabas económicas para crear y mantener. Para el primer punto, Blas Infante rechaza que haya trabas administrativas, al menos en cuanto a organización municipal se refiere, en cuanto al caciquismo cree que no se prolongará a partir de que el municipio empiece a funcionar correctamente: no es la causa del atraso, sino uno de los síntomas. Es así que las trabas económicas y sociales han de ser las verdaderas causantes. En efecto, el pueblo andaluz está conformado por jornaleros y clase media. Los terratenientes no viven en el campo asiduamente o ni siquiera viven en Andalucía. De la clase media se puede definir el propietario que trabaja su propia tierra, el colono, los artesanos e industriales elementales y los burócratas. Infante considera como jornalero a los trabajadores del campo y a los obreros industriales de ciudad. En Andalucía predomina la clase agricultora, los jornaleros, pues el campo ha sido históricamente la vocación de Andalucía: ha alcanzado grandes cotas civilizatorias siempre que ha enfocado su interés a la agricultura. La clase media campesina apenas existe. Los jornaleros no pueden sustituir a la clase media, la cual sustenta los ideales colectivos. El pobre jornalero está maltratado, su jornal se ha mantenido intacto durante siglos y la pena y el desasosiego que se genera al ver cómo son maltratados hace saltar lágrimas al empático. Duele el corazón.
 

jueves, 31 de agosto de 2023

Las raíces andaluzas, según Blas Infante (Libro de Feria 2023)

 En este particular recorrido que venimos haciendo cada año junto al Padre de la Patria Andaluza por El Ideal Andaluz (1915) ya habíamos visto que nuestro pueblo, desde antaño, ha quedado caracterizado siempre por un optimismo sin par por la vida, por una dignidad propia y ajena que facilita un trato igualitario, por un sano y crítico humor hacia dentro y hacia arriba y por una cultura de gran profundidad. Ahora, en la tercera parte de esta obra, titulada Andalucía y El Ideal, Infante se enfoca en desmontar las sentencias que sugieren que esta tierra es incapaz de gestionarse a sí misma, que tiene un lastre congénito que le impide una y otra vez alzarse con dignidad para lograr el Ideal Humano. Veamos qué argumentos generados por los prejuicios y el desconocimiento se han usado contra Andalucía y las sabias respuestas que da Blas Infante.


¿Es el medio físico una fuente de incapacidad? Muchos usan este argumento centrado en temperaturas extremas como arma contra el progreso de Andalucía. Sin embargo, nuestra tierra está a una latitud similar a la de Grecia, cuna de la civilización occidental. Sus orografías son parecidas. El sol es el mismo, que produce las mismas sequías y hace madurar los mismos cultivos que provocan las lluvias estacionales. Flora y fauna similares. Trigo, vid, olivo: marcadores de dos culturas e idiosincrasias homologables.


¿Es entonces la pertenencia étnica una fuente de incapacidad? Para empezar, Infante tiene claro que esto no tiene fundamento debido al origen común de todas las razas. Los que aducen una posible ascendencia africana como freno del avance andaluz demuestran gran ignorancia: solo basta con pensar en Egipto y Libia y su esplendor durante la Antigüedad. Incluso recuerda Blas Infante que el origen de la especie humana es africano. Además, no descender de los imperios actuales no es una crítica justa porque estos se han alzado y caído a lo largo de la Historia. Los que fueron bárbaros, ahora son cultos. Y viceversa. ¿Ha habido mezcla de pueblos en Andalucía? ¡Por supuesto! Pero esto es algo positivo, pues la pureza (si tal concepto existe en la realidad) termina siendo sinónimo de aislamiento y decadencia.


¿Y qué pueblos se han mezclado con los habitantes autóctonos? Las culturas de Los Millares o El Argar hablan de una fuerte presencia asiática desde tiempos inmemoriales. Fue en Andalucía y no en otro emplazamiento europeo occidental donde se encuentra un contacto micénico, dejando numerosas pruebas arqueológicas. ¿Y cómo es posible que se argumente que Andalucía nunca puede llegar a nada cuando en estas tierras se desarrolló la civilización tartéssica? Infante juega con la idea de qué civilización influyó en cuál, pues las leyendas de los Campos Elíseos y la Atlántida siempre señalaron al occidente del Mediterráneo. También es claro que el legado de Argantonio fue heredado por los íberos, los cuales fueron alabados por el mismísimo Estrabón. Y los turdetanos siempre se jactaron de sus leyes en verso, ¡afirmando que tenían más de 6000 años de antigüedad! Los fenicios pronto acudieron para comerciar y con los griegos se generó una hermosa y duradera amistad. Se fundaron importantes colonias litorales y hubo abundante mezcla de sangre. La similitud de caracteres entre ambos pueblos propició la llegada de los romanos, que hicieron a la Bética su centro neurálgico peninsular. Lucano, Pomponio Mela, Columela, Séneca, Adriano, Teodosio, Trajano… fueron recibidos en Roma con los brazos abiertos, ejemplificando el desarrollo que logró Andalucía en dicha época.


¿Puede contemplarse la hipótesis de la llegada de un pueblo que truncase para siempre la pujanza andaluza? La historiografía demuestra a Blas Infante que esto ha sido muy improbable, pues poco o nada de influencia germánica se puede detectar en tierras andaluzas a pesar de que la corte visigoda fuese trasladada a Sevilla en tiempos de Amalarico. Ni siquiera las uniones promovidas por Recesvinto entre católicos y arrianos fomentaron la mezcla y los vándalos nunca tuvieron intención de mezclarse, sino de saquear.


Por otro lado, Bizancio solo se entretuvo en admirar la jerarquía eclesiástica hispalense antes de la llegada de árabes y bereberes, pueblos de gran pasión, dignidad, carisma y hospitalidad. Es la mezcla con la sangre semita la que da el gran esplendor a Andalucía. Incluso los andalusíes atemperaron los impulsos fanáticos de los almorávides y a los rigoristas del islam. Y es que al-Ándalus siempre se consideró más afín a la razón, alejada de extremismos y con un afán por el cultivo de las ciencias y las artes. La mezcla con los belicosos almohades y benimerines es casi anecdótica. Además, tampoco quedó en Andalucía vestigio de pensamientos fatalistas, pues la lucha contra la opresión nunca fue acallada y la tolerancia siempre fue un gran valor en esta tierra.


La ingente cantidad de bibliotecas en la Córdoba califal y la creación de textos científicos y tratados de higiene sorprendieron a la Europa medieval, que adaptó pronto su ordenamiento político y administrativo. La presencia de consejeros y religiosos cristianos y judíos en la corte Omeya habla de una coexistencia sincera. También tenemos como pruebas contra el tópico fatalista la prosperidad cultural de los reinos de taifas, destacando la corte de al-Mutamid, pues contaba con gran cantidad de poetisas, artistas, agrónomos, cosmólogos y pensadores. Esto se une a la posterior fundación del Reino de Granada en abierta oposición a las restrictivas políticas almohades. Aixa, Abulcasis, Averroes, Abulcasim, Wallada, ¡qué grandes ingredientes para crear el caldo de cultivo para el inicio del Renacimiento europeo!


¿Es entonces la conquista castellana la responsable del declive andaluz? Si bien hubo persecuciones y expulsiones de judíos y moriscos no puede olvidarse que durante el Renacimiento Sevilla se convirtió en uno de los puertos más importantes del mundo, punto neurálgico del comercio con América. Además, la cantidad de pintores, filósofos, matemáticos y geógrafos andaluces que pusieron a la cultura española en el escaparate mundial también habla de una Andalucía moderna pujante. No es el dominio castellano, sino la interrelación con el resto de las regiones españolas impuesta por el modelo centralista del Estado borbónico lo que ha terminado ahogando el genio andaluz. Andalucía siente los síntomas de ahogamiento cuando es considerada periferia que solo puede producir y exportar y no se le permite prosperar industrial y económicamente. ¡Andalucía se encuentra sometida a pesar de lo que le debe el genio español a esta!


Así pues, Andalucía no es que no pueda llevar a cabo grandes empresas, sino que ya ha llevado varias a buen puerto. Y estos argumentos previos no deben sonar a prepotencia, puesto que Infante clama por una solidaridad más fuerte, basada en la inteligencia y el amor para fomentar el progreso de todas las regiones. El factor más importante de la decadencia nacional que ve el de Casares es el afán de políticos y escritores de no querer que el pueblo piense por sí mismo. Y arrogándose la potestad de ser voz del pueblo, no ejercen la tarea ni con responsabilidad ni con sacrificio. Las causas del deterioro andaluz son, por tanto, históricas y no naturales. Eso quiere decir que pueden ser eliminadas y solo hace falta remover tales circunstancias para erradicar el freno del Progreso andaluz.

sábado, 10 de junio de 2023

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (III): Andalucía y el Ideal

 La tercera parte de El ideal andaluz (1915) de Blas Infante se enfoca ahora no ya en describir sus principios filosóficos y en demostrar que existe realmente Andalucía. Lo que ahora toca es desmontar las sentencias que indican que esta tierra es incapaz de gestionarse a sí misma, que tiene un lastre congénito que le impedirá alzarse con dignidad para dirigirse a lograr el Ideal Humano. Las razones negativas que se esbozan se refieren a un terreno que no ayuda al progreso y a un sustrato étnico incapaz de lograrlo. Blas Infante se plantea negar, mediante ejemplos, tales postulados, originados por una falta de estudio de la realidad andaluza y una negativa a comprobar de primera mano qué sucede.

Infante comienza admitiendo que sí existen las predisposiciones, ya sean a nivel de pueblo como de individuo, eso no es refutable. Pero más que un lastre, la predisposición es requisito indispensable para la existencia de una variedad de caracteres y puntos de vista, una mezcla y competencia que ayuda a la consecución de ideales. Eso sí, atestigua que hay una predisposición común del ser humano hacia la libertad. Gracias a ella el ser humano es tal, gracias a ella se puede, mediante esfuerzo, desbaratar los lastres que pueden generar ciertas predisposiciones. Da igual qué argumento fatalista se dé, con la libertad se pueden lograr grandes metas. Y es la propia libertad la que garantiza incluso la existencia de posturas fatalistas. Infante cree que con sus argumentos se hace lo suficiente como para callar a los fanáticos deterministas basados en razas.

¿Es el medio físico una fuente de incapacidad? Andalucía está a una latitud similar a la de Grecia, cuna de la civilización occidental. Sus orografías son parecidas. El sol es el mismo, que produce las mismas sequías y hace madurar los mismos cultivos que provocan las lluvias estacionales. Flora y faunas similares. Trigo, vid, olivo, marcadores de ambas culturas y forjadoras de genios e idiosincrasias homologables.

¿Es la pertenencia étnica una fuente de incapacidad? Para empezar, Infante tiene claro que esto no tiene fundamento debido al origen común de todas las razas. Aparte, muchas culturas que han pasado por Andalucía han tenido muchos puntos comunes, procedencias similares. Y el tiempo que han morado en estas tierras no ha sido suficiente para generar rasgos fisiológicos particulares. Tacha de ignorantes a los que apoyan la idea de que solo los pueblos dominantes del momento son los que tienen capacidad civilizatoria. Los imperios han ascendido y caído a través de los milenios: los bárbaros de ayer son los cultos de hoy. Y viceversa.

Si se piensa que es un lastre tener sangre africana solo hay que pensar en el milenario Egipto, donde la antigüedad de Grecia y Fenicia palidecen. Incluso se consideraba Libia en esos años el germen de la cultura mediterránea. Se puede argumentar que era un imperio esclavista, aunque las posturas revisionistas (las de mirar con juicios del presente actos pasados) pueden ser aplicadas incluso al día de hoy para las civilizaciones futuras. Y si todos los pueblos partieron de las mismas prácticas, ¿cómo es que las potencias actuales no pudieron lograr el nivel de avance de Egipto? Si es un lastre tener sangre africana al pertenecer al tipo de Cro-Magnon, ese lastre debe ser compartido por todos los pueblos de España y Europa. Además, no se sabe a ciencia cierta el lugar de origen de dicha raza. ¿Canarias? Su pureza puede ser por originarse ahí o porque quedaron aislados. ¿Y qué es el concepto de pureza sino un constructo? Cita varios estudios del momento que confirman la presencia de Cro-Magnons en todos los puntos de la Península Ibérica y que su origen es inequívocamente africano. Incluso habla despectivamente de la raza aria asiática, que truncó muchas culturas neolíticas de gran proyección e Infante deduce que por culpa de tales salvajes (de los que se enorgullecen naciones centroeuropeas) no se dio en Asia un florecimiento similar a lo ocurrido en Grecia.

Pero tampoco se puede demostrar fehacientemente un origen plenamente africano porque en el oriente peninsular se han encontrado numerosos yacimientos de procedencia asiática que cobijaron culturas milenarias como Los Millares o El Argar. Fue en Andalucía y no en otro emplazamiento europeo donde se encuentra una presencia micénica, elevada cultura de origen oriental. La presencia de dólmenes de influencia micénica atestigua una interacción privilegiada mucho anterior al contacto con los fenicios. Los descubrimientos de joyería en Carmona y las etimologías de numerosas poblaciones que perduran aún tienen una clara raíz micénica. Nombres de pueblos prerromanos como túrdulos o turdetanos, incluso el propio nombre de Argantonio, son de origen asiático. Incluso el propio pueblo ibero se le achaca un origen asiático, independientemente de si llegaron por el Estrecho de Gibraltar o por los Pirineos. ¿Cuál es el origen étnico del andaluz? Solo la arqueología podrá descubrirlo pero todo apunta a una presencia ya desde el Paleolítico Superior. Los restos de esta época y del Neolítico son idénticos al de tipo caucásico, tipo predominante en la Prehistoria europea. La civilización primitiva andaluza por tanto es sui generis, pues no puede adjudicarse plenamente a orígenes africanos, asiáticos o europeos de manera exclusiva.

Dicha civilización andaluza, pre-tartéssica, trabajaba con maestría el oro incluso antes de llegar a la Edad de los Metales. La cerámica encontrada en el oriente andaluz habla del gran sentido artístico de aquella gente. Incluso existen antiguos vestigios de escritura original, anterior a la presencia fenicia. La novedad es que es fonográfica, se representan sonidos, no objetos o ideas y hay suficientes estudios y pruebas que lo confirman. Dicho sistema de escritura autóctono pudo convivir con otros en la Península, incluso influenciar idiomas posteriores. Infante descarta el origen fenicio debido a la disparidad de símbolos alfabéticos entre ambos idiomas y no entiende por qué la historiografía moderna no tiene más presente este singular hecho. ¡Recordamos que los turdetanos decían que tenían leyes escritas en verso con más de 6000 años de antigüedad! Y esto habla bien del primitivo pueblo andaluz, pues debía ya tener alta inteligencia como para desarrollar un antiquísimo y complejo sistema de escritura. ¿No habrá sido Andalucía el verdadero foco de la civilización grecolatina? ¿O un importante foco más bien? Incluso se ha detectado una influencia del alfabeto griego por parte del andaluz. ¿Pudo haber influido también en los alfabetos etrusco y frigio? Incluso hay pruebas que indican que la civilización cretense usaba o se inspiró en el alfabeto. 

Ya Blas Infante especula si las construcciones megalíticas andaluzas puedan ser autóctonas y que los micénicos hayan podido importarlas, llevándose la fama. ¿Y si la desconocida raza pelásgica no fuese en realidad descendiente de la andaluza? Se expandió por el Mediterráneo y se dividió en iberos, libios y ligurios, llegando a asentarse en Asia Menor posteriormente para emigrar al tiempo hacia Europa. Quizás esto explique por qué los griegos pensaban que los Campos Elíseos estaban en la Península, explica también las relaciones fraternales entre griegos y tartéssicos y las grandes semejanzas entre pueblos mediterráneos. Ya se sabe de las exploraciones tartéssicas por Europa y sus contactos con los pueblos del sur de Europa. Pudiera ser que incluso aleccionasen a los cartagineses para que explorasen la costa atlántica africana. Y todo esto puede concluir que la raza andaluza no es inferior, sino que pudiera incluso ser la generadora de las razas que hoy se consideren superiores. ¡Quién sabe si esto es la prueba definitiva de que la humanidad no se generó en el Extremo Oriente! ¡Quién sabe si ha sido Andalucía la musa para crear el mito de la Atlántida!

Defendida queda la raza andaluza (recordemos que habla Infante desde el estado del arte de comienzos del siglo XX, donde había hipótesis asentadas que aún no estaban del todo confirmadas y se creía verdaderamente en la existencia de razas, incluso la teoría del origen chino de la humanidad era una fuerte rival a la teoría africana) y por tanto es momento de ver qué influencias han tenido en este pueblo andaluz las invasiones de pueblos. Si los iberos tienen un origen africano o asiático no importa, pues este no impactó a las raíces del lugar, de similar procedencia. De dicha mezcla fue que surgiría Tartessos, aliada y potenciada posteriormente por los griegos. Civilización mencionada incluso en la Biblia. La cultura del Sudeste también fue revelada para los pueblos orientales y muy bien considerada. Incluso la Dama de Elche fue encontrada cerca de la frontera con Tartessos. Puede ser de manufactura ibérica, pero tuvo que tener fuertes influencias tartéssicas. Estrabón se atreve a afirmar que los celtíberos fueron muy influenciados por Tartessos, tanto que estas civilizaciones no hubiesen prosperado si no hubiera sido por el legado de Argantonio. En cuanto al legado fenicio y cartaginés, estos no pueden ser el origen del pueblo andaluz por el simple hecho que hubiesen desconfiado también del rival fenicio, esto es, Grecia. Además, el pueblo fenicio nunca fue muy numeroso y sus colonias no fueron urbes, por lo que la influencia se debe al contacto comercial, no al patronazgo de los pueblos camíticos. Hubo más encontronazos con los sucesores de los fenicios, los cartagineses, su carácter sombrío impedía buenos contactos y la influencia no pudo ser mucha por la proximidad de la llegada de los romanos a la Península Ibérica.

En cuanto a los griegos hay numerosas pruebas de fundaciones de importantes colonias no solo en el litoral, sino también en el interior peninsular. Muchos pueblos autóctonos incluso se decían descendientes de estos navegantes griegos y aportaban un fuerte amor por la literatura, tanto que algunas ciudades, como Cádiz, se erigían como centros de peregrinaje de los sabios de la época. La mezcla de los pueblos autóctonos con los romanos fue propiciada por la similitud de caracteres y pronto los gobernantes romanos eligieron la Bética como centro neurálgico de su imperio. La fundación de numerosas ciudades a lo largo del Guadalquivir, el desarrollo de artes similares a otros puntos principales del mundo romano, las grandes personalidades (Silio, Lucano, Tiloso, Pomponio Mela, Columela, Séneca, Adriano, Teodosio, Trajano) que fueron recibidas en Roma con los brazos abiertos, son ejemplos del desarrollo que logró Andalucía en dicha época. La Bética no luchó contra el influjo romano por su amor a la paz y a la civilización. Provincia senatorial que fue resguardada de ínfulas belicistas.

En cuanto a la influencia vándala solo se dio de manera bélica. No hubo mezcla, pues el pueblo invasor estuvo menos de dos décadas antes de su paso a África y lo único que dejó fue sangre y fuego. Infante pronto desmiente las teorías del origen del nombre de Andalucía: bajo ningún concepto pudo ser una derivación de Vandalucía. Si hubiese sido así, los autores contemporáneos deberían haberse referido a la tierra con tal nombre, cosa que no hacen, aunque sí refieren y documentan la invasión vándala. Es más, el nombre de Andalucía, o su origen, solo empieza a escucharse en los años de la presencia musulmana, no antes. Infante indica que poco o nada de influencia germánica se puede detectar en tierras germánicas a pesar de que la corte visigoda fuese trasladada a Sevilla en tiempos de Amalarico. El pueblo visigodo dominaba la zona central de la península y poco contacto generaba con las periferias, lugares donde nunca eran bien recibidos. Ni siquiera las políticas de Recesvinto sobre uniones entre católicos y arrianos pudo fomentar la mezcla de ambos pueblos. Los bizantinos, en continuo conflicto con Atanagildo, no pudieron ejercer mucha influencia, a excepción de zonas costeras del Levante. Eso sí, admiraban el avance de la civilización se que desarrollaba en el sur debido a la pujanza de la Iglesia hispalense. 

Por otro lado, la invasión musulmana permitió la mezcla con sangre árabe y bereber, aunque la presencia almorávide y almohade, debido a su extremismo religioso, no promovió la mezcla con otros pueblos del norte de África. El pueblo andalusí nunca fue muy afín a los extremismos, ni siquiera los veían con buenos ojos como aliados ante el avance cristiano. Eso sí, el pueblo almorávide no llegó a ser tan inflexible como parecía ser: bajo su dominio se permitía el estudio, la numismática, la elaboración de documentos científicos, etc. Es decir, los almorávides fueron parcialmente apaciguados con la idiosincrasia andalusí. Por otro lado, el dominio almohade fue muy restrictivo aunque aparecieran grandes pensadores como Averroes. El odio que se tenían era tal que la mezcla sanguínea y su influencia fueron prácticamente nulas y como prueba está el esplendor del Reino de Granada, forjado en contra de los almohades. Tampoco se espera mucho de la fugaz estancia de los benimerines en el año 1276. Se sucederán diferentes correrías hasta su expulsión final a manos de Fernando IV de Castilla.

Para Infante, el árabe posee una grandeza histórica sin parangón, de gran belleza y actividad ligera y rauda. De gran imaginación y gran fortaleza, propiedades que les hacen apasionados por el amor, por las cosas bellas, por la hospitalidad, por la libertad y por la lucha por unos ideales superiores. Sin embargo, un exceso de pasión hace que les sea fácil llegar al fanatismo, fuente perenne de sus desgracias. Es la mezcla con esta sangre semita la que da el gran esplendor a Andalucía. En cuanto a los bereberes, Infante destaca su sentimiento de igualdad, su carisma, de su propia dignidad, de su libertad y de su cariño por su hogar. Eso sí, ambos pueblos también han sido caracterizados por sus estigmas. El fanatismo es uno de ellos que tiende hacia posturas intolerantes, actitudes insolidarias y un miedo al progreso. Otro estigma es el fatalismo, que reduce de conceptos al ser para lograr resignar toda idea de lucha contra la opresión. Sin embargo, estos estigmas apenas afloraron en al-Ándalus, quizás debido a que estos fueron atemperados por el pueblo autóctono. Quizás hubo algunos momentos donde preponderaron pero globalmente el mundo andalusí se conoció por ser una civilización altamente tolerante. 

La civilización andalusí progresó tanto que su ordenamiento político y administrativo fue adoptado pronto por los cristianos del norte: leyes, impuestos, procesos judiciales... En ningún lugar del mundo musulmán, excepto en al-Ándalus se dio que los gobernantes musulmanes aceptasen juicios a cristianos por obispos cristianos por vejar la religión dominante en tiempos de Abd al-Rahman II. El fatalismo fue ahogado por el genio andaluz, más proclive al uso de la razón que desencadena siempre a la libertad. El fanatismo desaparece absolutamente en la época califal, donde Abd al-Rahman III permite las algaradas del monje Gorza y cuenta como consejero al obispo Rosemundo. El fanatismo y la intransigencia son tan extraños a Andalucía que el resto del Islam los consideraban como tibios creyentes. "Ellos hubieran concluido bajo la acción constante del espíritu andaluz, por tener solo una sonrisa, compasiva para tales máximas y tales códigos, que interdicen la razón". A pesar de los pasos atrás de Almanzor en favor del populismo, los reinos de taifas fueron protectores de los libre pensadores y científicos que se sumergían en los saberes clásicos y retrucaban al Islam con sentencias irónicas. Todo esto promovió un odio dentro del Islam para con al-Ándalus, dando luz verde a la desposesión de los territorios y fomentando los malos tratos hacia los andalusíes. Fue por esta causa que el Imperio Almorávide dio el salto desde África y las frases andalusíes donde se clamaba por mejor estar al lado de un cristiano peninsular que de un musulmán africano.

Si Blas Infante desmonta el tópico de la intolerancia, también lo hace con el del fatalismo. Un centro civilizatorio como fue Córdoba, que iluminó el posterior Renacimiento europeo, no puede ser fatalista. Faro para las primeras universidades europeas, heredera de los grandes sabios de la antigüedad. En Córdoba las bibliotecas llegaron a ser numerosas (se habla de más de medio millón de volúmenes), la venida frecuente de sabios europeos, casi un centenar de escuelas y academias, hogar de príncipes ilustrados y grandes médicos como Abulcasim, historiadores como Aben Pascual, filósofos y escritoras como Aixa, Habibah y Mitilene.

Por su parte, en la Sevilla del rey al-Mutamid, también afloraron poetisas, agrónomos, matemáticos, astrónomos, químicos, cosmógrafos, gramáticos, oradores... El reino nazarí también contó con nombres muy ilustres y bibliotecas gigantescas. Las escuelas andalusíes eran buenas y numerosas, evitando la existencia de población iletrada. Sus saberes agronómicos y sus sistemas novedosos de irrigación levantaban envidias. Revitalizaban tierras estériles y sus productos y limpieza (no solo de ropajes sino también que había en Córdoba casi mil baños) admiraban a todos los europeos. Y los impuestos eran llevaderos y movilizaban el comercio. Esto se dio durante el Califato, como el esplendor intelectual se dio durante las taifas y la prosperidad de todo orden durante Granada. Entonces, ¿qué argumentos quedan en los que echan en cara la herencia semítica a los andaluces? ¿No será que más bien pervive un odio atávico que viene de la Reconquista y aún es imperdonable que Andalucía haya nutrido las raíces del Renacimiento europeo?

Resume entonces Infante que la subraza andaluza es autóctona, de procedencia desconocida (¿quizás íbera?), la cual se ha nutrido a lo largo de milenios con sangre de diferentes culturas. Muchos indicarán que tanta mezcla hace que los puntos fuertes se debiliten, quedando un compuesto débil. Infante recurre a un símil biológico: si todo es homogéneo, si nada cambia, la población termina por agonizar, luego es la pureza lo que es preocupante, no la mezcla.

Andalucía hasta la Edad Moderna, entonces, ha sido una parte importante y muy destacada de España. Incluso después, en los siglos XV y XVI, en pleno Renacimiento, Sevilla se erige como el puerto más importante del mundo con tráfico ingente de tejidos y máquinas. Y la cantidad de pintores, filósofos, matemáticos y geógrafos andaluces que pusieron la cultura española en la puntera mundial también habla de una Andalucía moderna pujante. ¿No es curioso que también en Andalucía de forjó el descubrimiento de América y fuera solar de las revoluciones más importantes? Es la interrelación actual con es resto de regiones españolas lo que ha terminado ahogando el genio andaluz. Andalucía se encuentra sometida a pesar de que el genio español le debe gran parte a Andalucía. Infante se rebela contra los que llaman a los andaluces como raza inferior, incluso frases vertidas por andaluces hacia otros andaluces. Ha demostrado que todos los argumentos en favor de la inferioridad no son sólidos. No es que no pueda llevar a cabo grandes empresas, sino que ya ha llevado a buen puerto multitud de ellas. Y no quiere que estos argumentos suenen a prepotencia, a supremacismo, sino que clama por una solidaridad más fuerte, basada en la inteligencia y el amor. El factor más importante de la decadencia nacional es el afán de políticos y escritores de no querer que el pueblo piense por sí mismo. Y arrogándose la potestad de ser voz del pueblo, no ejercen la tarea ni con responsabilidad ni con sacrificio.

Las causas del deterioro andaluz son, por tanto, históricas y no naturales. Eso quiere decir que pueden ser eliminadas, solo hace falta remover tales circunstancias que frenan el Progreso andaluz.

sábado, 5 de noviembre de 2022

La realidad andaluza, según Blas Infante (Libro de Feria 2022)

 Queridos lectores, en la última edición de la Revista de Feria nos quedamos estudiando la parte más filosófica de Blas Infante. En este arranque de su Ideal Andaluz (1915) exponía la misión vital de perfección que todos tenemos y cómo la finitud de nuestra vida hace que este camino se convierta en una lucha colectiva por conseguir ciertos ideales. Además, esa colectividad, si cada individuo ponía lo mejor de sí, generará un pueblo que buscará lo mejor para la humanidad entera. Y bajo el concepto de colectividad se pasó por el ideal de España, país que debía recoger lo mejor de sus partes para que pudiese progresar de manera óptima.


Blas Infante termina la sección preguntándose si realmente existe Andalucía, pues ve de manera urgente que esta tierra aporte su idiosincrasia y sus potencialidades para liderar al resto de regiones españolas y hacer que España retorne al concierto de las naciones. En la segunda sección del Ideal Andaluz (titulada, precisamente, Andalucía), Infante da por hecho su existencia: siempre se habla de ella, aunque sea para criticarla.


A inicios del siglo XX Andalucía estaba debilitada, triste, sin pulso. Para revertir esto y transformarla en una tierra fuerte, industriosa y feliz solo se requiere que el pueblo andaluz no pierda el genio con el que fue forjado. No todo está perdido, puesto que el genio andaluz, aunque aletargado, existe. Pero, ¿cuál es la particularidad del pueblo andaluz? Su mezcla, la aportación de otros pueblos que nutren su original energía vital. Las sucesivas fuerzas dominadoras del solar andaluz no han podido diluir la idiosincrasia andaluza, sino más bien la han enriquecido. Sus fronteras pueden haber cambiado a lo largo de los siglos pero sus características permanecen inmutables.


Muy bien, el pueblo andaluz ha pervivido a lo largo de los siglos. ¿Pero cuál es el genio que lo caracteriza? A diferencia de postulados posteriores centrados en al-Ándalus, Blas Infante señala que el genio viene de antes, del influjo griego que legó un optimismo sin precedentes al pueblo tartéssico. Dicho genio ha caracterizado a las gentes de Andalucía a lo largo de toda su historia: la vida está para ser vivida, para lograr el Ideal Humano; no es un triste tránsito hacia la muerte. Una alegría de vivir que llega a reivindicarse en forma de dignidad incluso en los momentos de mayor sufrimiento y pesadumbre. Una psicología optimista en un entorno de gran belleza natural, he ahí el genio andaluz: ser exagerados en la generosidad, actuando de manera sencilla y sincera. Una exaltación fastuosa que, paradójicamente, otorga a todas las personas el mismo trato y dignidad.


Ambas características, la exaltación de la alegría de vivir y la consciencia de la dignidad propia y del prójimo hacen que el genio andaluz se caracterice por su amor, por su respeto a la vida y a los semejantes, elementos primordiales del humanismo y la democracia, nada menos. Andalucía no puede ser solar de pérdida de derechos, de desigualdades. Puede haber momentos de resignación o de hacer tambalear lo logrado, pero estos pronto dejan paso de nuevo a la pulsión andaluza original. En estas tierras se exaltaron las ideas griegas (con su Hércules que crea por el amor y al contrario que el belicoso Hércules-Melkart fenicio), las cuales inclinaron la balanza hacia los romanos y no hacia los cartagineses. Fue la Bética, una nueva y renovada entidad heredera del legado de Argantonio, la que siguió dando ejemplo al mundo a través de grandes pensadores y dirigentes. La Bética prosperó en libertad y en esplendor, porque a través de Roma, Andalucía expresaba su amor por Grecia.


Andalucía tuvo esplendor con los monarcas visigodos de talante más dialogante, destacando los apoyos de las causas justas y de la repercusión de sus pensadores, como San Isidoro. Ni siquiera las invasiones vándalas pudieron doblegar su pujanza: atemperaron al invasor en pocos años. Solo cuando las ideas reformistas de Witiza fueron acalladas por el belicista Rodrigo los andaluces empezaron a mirar al otro lado del Estrecho. Pronto los árabes quedaron subyugados por el genio andaluz: cuando el fanatismo empieza a impregnar las madrasas orientales, en Córdoba se reafirma la libertad. Al-Ándalus retoma la ciencia clásica, la poesía, el deporte, la higiene, la oratoria y la filosofía. Y este legado fue heredado por los reinos de taifas (con al-Mutamid como ejemplo paradigmático) los cuales, ante el fanatismo almorávide y almohade, facilitan indirectamente el avance cristiano por la Península Ibérica.


El amor por Grecia se muda con los siglos a Granada y espera pacientemente al Renacimiento europeo y la reivindicación del saber griego. En Andalucía nunca se implementó la idea de castas y el feudalismo apenas arraigó. Incluso Gonzalo de Córdoba llegó a ser un referente renacentista por su genio andaluz. Si bien es cierto que la Inquisición y el absolutismo enmudecen y humillan, pero no aniquilan, el genio andaluz, fue esta tierra la que vio nacer al Estado constitucional y las Revoluciones de talante democrático. La Constitución antequerana de 1883, como culmen, hace patente las ideas federalistas y libertarias que llegaron a darse en el solar andaluz. En momentos de necesidad el genio andaluz despierta con fuerza.


Una consecuencia de la alegría de vivir es el sentido del humor andaluz, tachado a veces injustamente de superficialidad. "En Andalucía, una sonrisa es el mejor símbolo de la fe" afirma, tajante, Infante. Y no solo el humor es expresión del genio andaluz, sino sus formas artísticas: su cante, su poesía, sobre todo las que irradian desde Sevilla, erigida ya como núcleo espiritual andaluz en el Siglo de Oro. Las particularidades del genio andaluz, a través del artista, se cuelan de vez en cuando en las obras, dando a pensar el potencial encerrado en un pueblo dormido, pero no muerto. Pintura, música, teatro, arquitectura, todas pueden tener el adjetivo andaluza, puesto que tienen un vínculo bien contrastable a la cultura gallega, castellana, aragonesa, vasca, catalana, etc.


El genio andaluz ha llegado, por tanto, malherido hasta la época de Blas Infante, aunque sus bases siguen bien intactas y bien presentes en las ocho provincias. Los lazos de unión espiritual y psicológica definen al pueblo andaluz como un ente independiente y con marcada personalidad, capaz de reclamar justicia e independencia, como pasó en las rebeliones de los siglos XVI y XVII. Andalucía, para existir, no necesita de lengua propia; Andalucía, para existir, no necesita de leyes propias antiquísimas. La coyuntura político-jurídica del momento es igual para todas las regiones y todas tienen el mismo derecho de otorgarse un autogobierno en un país que no ha sabido (o no ha podido) generar un nuevo derecho duradero y aplicable en todos sus rincones.


"Andalucía existe: no es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado", concluye Infante. Que no pueda desarrollar su fortaleza ni gestionar políticas no dictamina la inexistencia de ninguna región. ¿Cómo revertir esta situación de debilidad? Lo primero es la Vida, vivirla requiere de generar un derecho. Para ello se necesita un pueblo andaluz (que ya existe), que se fortalezca y capacite. Pero antes de esto es preciso saber si las incapacidades son inherentes al pueblo andaluz o si son las coyunturas históricas las que impiden el alcance del Ideal. Así termina esta segunda sección del Ideal Andaluz, con un fuerte alegato a la historia e idiosincrasia andaluzas. El estudio de las causas que lastran el desarrollo andaluz merece un estudio detallado aparte. Pero eso, queridos lectores, tendrá que ser el año que viene. ¡Disfruten la Feria!

domingo, 10 de abril de 2022

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (II): Andalucía

 En la última entrega nos quedamos estudiando la parte más filosófica de Blas Infante, cómo veía la misión vital de perfección, cómo los límites de nuestra vida hacen que este camino se convierta en una lucha colectiva por conseguir ciertos ideales y cómo esa colectividad, si cada parte pone lo mejor de sí, genera un pueblo que busca lo mejor para la humanidad entera. Y como colectividad se pasó por el concepto e ideal de España, la cual debía recoger lo mejor de sus partes para que pudiese progresar de manera óptima.

En el Ideal Andaluz, Blas Infante termina la sección preguntándose si realmente existe Andalucía, pues ve de manera necesaria que se aporte su manera de ver el mundo, sus potencialidades, para liderar al resto de regiones españolas y así volver con fuerza en el concierto de las naciones, las cuales esperan ansiosas el retorno de España. En esta segunda sección de su gran obra de 1915, titulada precisamente Andalucía, Infante defiende con uñas y dientes la existencia de dicha región.

A principios del siglo XX se dudaba, a pesar de los renovadores impulsos federalistas de la no nata Constitución de Antequera de 1883, de si los andaluces tenían derecho de constituirse como pueblo, de regir sus destinos, de converger individualidades en una comunidad. Algunos medios decían que sí, pero por pena, como si fuese una dádiva: un pueblo débil y con muchas injerencias ajenas. O sea, se aspira a una Andalucía fuerte, industriosa, feliz, pero se constata una Andalucía debilitada, triste, sin pulso. Aunque estas afirmaciones piadosas encierran el dato incontestable que aunque mal, existe. Y si existe puede resurgir siempre que el pueblo no pierda el genio con el que fue forjado. Y Blas Infante atestigua que no está todo perdido, puesto que este genio andaluz y el pueblo que lo mantiene ha existido desde hace mucho tiempo.

¿Cuál es la particularidad del pueblo andaluz? Su mezcla, la aportación de otros pueblos que nutren su original energía vital. Las fuerzas dominadoras del solar andaluz no han podido absorber la idiosincrasia andaluza, sino más bien enriquecerla: el sustrato indígena continúa porque los conquistadores no pudieron sino querer unirse e, indirectamente, mejorar al pueblo conquistado. E Infante ve el germen allá en el esplendoroso Tartessos, reconvertido en la Bética por los aportes cartagineses y romanos. No fue destruido el mítico reino de Argantonio, sino que mutó a una nueva y renovada entidad que siguió dando ejemplo al mundo. Los visigodos reconocerán su personalidad a pesar de las divisiones artificiales que se le hayan podido hacer. Los musulmanes la convirtieron en su centro neurálgico. Y durante la Reconquista se aceptó su existencia y su unidad, hablando de los reinos de las Andalucías, aunque las conquistas se alargasen en el tiempo. Ni siquiera la "reciente" división provincial ha logrado desvirtuar el concepto de Andalucía. Esta pervivencia y demarcación no solo se achaca a sus accidentes orográficos (Sierra Morena y el valle del Guadalquivir), puesto que muchas veces el influjo andaluz llegaba al Levante, al sur extremeño o al Algarve portugués, sino la localización (expandida o replegada) de un pueblo con ganas de hacer valer el genio que los constituye.

Muy bien, el pueblo andaluz ha pervivido a lo largo de los siglos. ¿Pero cuál es el genio que lo caracteriza? A diferencia de postulados posteriores centrados en al-Ándalus, Blas Infante señala que el genio viene de antes, del influjo griego que legó un optimismo al pueblo tartéssico, el cual ha caracterizado a las gentes de Andalucía: la vida está para ser vivida, para lograr el Ideal Humano; no es un triste tránsito hacia la muerte. Una alegría de vivir que llega a reivindicarse en forma de dignidad incluso en los momentos de mayor sufrimiento y pesadumbre. Una psicología optimista en un entorno de gran belleza natural, he ahí el genio andaluz: ser exagerados en la generosidad, llevando a cabo la tarea con gran sencillez. Una exaltación fastuosa que, paradójicamente, otorga a todas las personas el mismo trato y dignidad.

Como ejemplos personificados del genio andaluz Infante relata el trato amable de Argantonio para con los comerciantes griegos. Estos, expulsados de sus tierras, son recibidos por el monarca como hermanos perdidos y los quiere incluir en la sociedad. Ante la negativa de estos, no se enfada el rey, sino que promueve fundar ciudades para que puedan asentarse. También cita a Gonzalo de Córdoba, mirando por el bien de sus soldados, no importándole que saqueen su propia casa si es en beneficio de sus hombres. También menciona a varios monarcas andalusíes, personas de gran sensibilidad y corazón.

Una consecuencia de la alegría de vivir es el sentido del humor andaluz, tachado a veces injustamente de superficialidad. "En Andalucía, una sonrisa es el mejor símbolo de la fe" afirma tajante Infante. Esto ayuda que ante las calamidades y problemas el andaluz contemple su situación a veces estoicamente, con seriedad e impávido y otras veces con ironía y cierto desdén, ya que al principio molesta el obstáculo hacia la Perfección pero se termina dando cuenta uno que no hay nada que le pueda impedir seguir tras ella.

No solo el humor es expresión del genio andaluz, sino sus formas artísticas: su cante, su poesía. Un análisis sesgado puede decir que es muestra de pensamientos funestos y negativos pero hay que atender bien a los detalles para detectar ese desprecio innato hacia la muerte. Exaltar lo lúgubre, darle esas notas características andaluzas son causa de la inspiración pero siempre se termina relativizando todo, incluso la propia muerte.

La exaltación de la alegría de vivir y de la dignidad propia y del prójimo hacen que el genio andaluz se caracterice por su amor, por su respeto a la vida y a los semejantes, elementos primordiales del humanismo y la democracia, nada menos. Como dato que lo confirma, en Andalucía nunca se implementó la idea de castas y el feudalismo tuvo muy escasa aceptación. Cuando en Europa el derecho divino era la doctrina principal, la Andalucía musulmana, con esa evocación griega que nunca se fue, propugnaba la igualdad política. Puede haber en Andalucía aristocracia fundada en sangre, pero la autóctona es la del talento: no es cosa novedosa que los latifundistas y los jornaleros lleguen a tratarse de tú a tú sin problemas. Han podido existir momentos regresivos y de pérdida de derechos avaladas en Andalucía, sí (como el apoyo a las Cortes de Cádiz y el posterior apoyo al absolutista Fernando VII), pero estos datos hay que verlos en el contexto histórico y en la vehemencia y espontaneidad del genio andaluz. Porque si bien esto ha pasado se puede ver que el apoyo fernandino nunca prosperó y sí el constitucional.

Andalucía no puede ser solar de pérdida de derechos, de desigualdades. Si bien los griegos fueron barridos por los cartagineses, la concepción de la vida como actividad creadora mediante el amor y no la fuerza quedaron plasmada en el Hércules heleno que ha llegado a nuestros días, el belicoso y sediento de sangre Melkart cartaginés no ha prosperado aunque en un momento concreto se le aceptara. Por eso se acepta la llegada de Roma (y no de Cartago), que lleva el testigo espiritual griego en su forma de ser. Por eso prosperó la Bética en libertad, en esplendor, porque a través de Roma Andalucía expresaba su amor por Grecia. Por eso Andalucía no tuvo con buenos ojos la invasión de los vándalos, los cuales llegó a atemperar en cierto grado. Y en el dominio visigodo Andalucía tuvo esplendor con los monarcas de talante más dialogante, destacando los apoyos de las causas justas y de la repercusión de sus pensadores, como San Isidoro. Y cuando el belicista rey Rodrigo se impuso al reformador Witiza, pronto los andaluces miraron al otro lado del Estrecho para buscar ayuda en los bereberes y sus caudillos árabes. Y pronto los árabes quedaron subyugados por el genio andaluz, tanto que cuando el fanatismo empieza a impregnar en las madrasas orientales, en Córdoba se reafirma la libertad en sus madrasas. Se retoma la ciencia clásica, la poesía, el deporte, la higiene, la oratoria y la filosofía. Y el movimiento cultural fue mantenido a la caída del Califaro en los reinos de taifas. Unos reinos de taifas que, ante el fanatismo almorávide y almohade no terminan de apoyar y unificar al Islam, facilitando así indirectamente el avance cristiano por la Península Ibérica.

Un amor por Grecia que se muda con los siglos a Granada y espera pacientemente al Renacimiento europeo y la reivindicación del saber griego. Sin embargo, el origen del fanatismo de la Inquisición empieza a ahogar el genio andaluz. La intolerancia ataca a las personas de mente abierta, independientemente de su religión. Conversiones forzosas, expulsiones masivas, autos de fe, quema de libros, empezaron a oscurecer los logros y avances andaluces. Tal y como pasó con Cartago, con los pueblos germánicos, los almorávides y los almohades, el genio andaluz se ve aplastado por la intransigencia.

Pero dicho genio no ha sido extinguido a pesar de tales avatares. Queda mudo, humillado, pero no muerto. Muchos pintores y poetas han dado señal a lo largo del tiempo del potencial que guardan los andaluces y políticamente queda patente el intento de proclamar en el siglo XVII al Duque de Medina Sidonia como Rey de Andalucía al calor de la independencia portuguesa. Dicho genio andaluz ha llegado malherido hasta la época de Blas Infante, aunque sus bases siguen bien intactas y bien presentes en las ocho provincias, generando lazos de unión espiritual y psicológica que definen al pueblo andaluz como un ente independiente y con marcada personalidad.

Y este espíritu andaluz queda patente y reconocido por todos los rincones de España. Si se piensa en Galica queda evocada la nostalgia melancólica; si se piensa en Castilla queda clara su gravedad severa; con Aragón el alma reconoce la lealtad sincera y el amor por la naturaleza; con Vizcaya, la férrea voluntad viril, y con Cataluña, una impaciencia rebelde. Y a la hora de pensar en Andalucía se evoca lo hermosa que es la vida, o sea, la alegría de vivir. Y las diferencias con las evocaciones castellanas son tantas que difícilmente pueden tener orígenes comunes. Andalucía no puede ser Castilla: no solo Sierra Morena corta la conexión, sino también el matiz psicológico y la fisonomía moral.

Andalucía, para existir, no necesita de lengua propia. Infante pone como ejemplo el de Aragón, que nadie discute su existencia ni historia y tiene como lengua inmensamente mayoritaria la castellana. Andalucía, para existir, no necesita crear un derecho ni tener leyes antiquísimas. La coyuntura político-jurídica del momento es igual para todas las regiones y todas tienen el mismo derecho de otorgarse un autogobierno en un país que no ha sabido (o no ha podido) generar un nuevo derecho duradero y aplicable en todos sus rincones.

Donde Andalucía se refleja mejor es en el arte, donde las particularidades del genio andaluz, a través del artista, se cuelan de vez en cuando, dando a pensar el potencial encerrado en un pueblo dormido, pero no muerto. Pintura, música, teatro, arquitectura, todas pueden tener el adjetivo andaluza. Algunos dirán que solo sale de Sevilla pero se puede ver que solo con esta ciudad falta algo de perfección. Sevilla es el centro espiritual de un ente mayor: Andalucía. Y es en el centro donde con más fuerza se puede detectar el renacer con renovada vitalidad.

"Andalucía existe: no es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado", concluye Infante. Los que niegan este hecho piensan más en que no poder expresarse políticamente es no existir pero son dos cosas diferentes. Que no pueda desarrollar su fortaleza y por tanto no necesite gestionarse administrativamente no dictamina la inexistencia de ninguna región. ¿Cómo revertir esta situación de debilidad? Lo primero es la Vida, vivirla requiere de generar un derecho. Para ello se necesita una base que ya existe, el pueblo andaluz, solo hace falta que se le fortalezca y capacite. Pero antes de esto es preciso saber si las incapacidades son permanentes, sistémicamente presentes en el pueblo andaluz o si por el contrario son coyunturas históricas que pueden ser superadas para alcanzar el Ideal.

Así termina esta segunda sección de El ideal andaluz, con un fuerte alegato a la historia e idiosincrasia andaluzas. El estudio de las causas que lastran el desarrollo andaluz merecen un estudio detallado aparte.

jueves, 10 de marzo de 2022

Visiones blanquiverdes

 Ya me conocéis. Del pie que cojeo ya creo que está claro. Pero también es de sobra conocido cómo voy basculando cada cierto tiempo entre varias de mis opciones preferentes. Como era evidente, ante tanta polarización y descreimiento de la clase política, sin fuertes referentes que merezcan la pena, me volví a inclinar hacia el andalucismo.

Tuve siempre ciertas nociones históricas y folklóricas pero decidí profundizar un poco más. No solo he ido publicando algunos artículos reivindicativos de la cultura andaluza en la revista de feria villarrense. Por fin tuve tiempo y me leí la gran obra de Blas Infante, el Ideal Andaluz. Me quedan otras muchas obras de gran importancia y que desarrollan su pensamiento inicial (o lo transforman completamente) pero primero quiero empaparme de su piedra angular, de la que mayoritariamente bebe la Andalucía actual. También me queda mucho que aprender sobre el andalucismo de segunda ola, el político, que inició a la par que la Transición (o incluso un poco antes) y que termina contra todo pronóstico y toda traba consiguiendo la consideración de nacionalidad histórica con una autonomía de primer nivel. Hay un par de libros sobre el Partido Andalucista y unas memorias (creo que son memorias) de Rafael Escuredo que quiero conseguir.

Y mis aficiones andalucistas, ya esbozadas hace mucho tiempo con las propuestas de Foro Andaluz, el partido liderado por Manuel Pimentel y con la piedra fundacional llevada a cabo en mi pueblo, han visto que desde la crisis económica de 2008 y la decretada disolución del Partido Andalucista puesta en marcha en 2015, ha quedado en paralelo con la novedosa y cultural tercera ola del andalucismo. Un andalucismo que cuaja a veces en formaciones políticas (ahí está Teresa Rodríguez) pero que es más desenfadado, más juvenil, más reivindicativo de sus características para evitar que lo usen como tópico, más vinculado al cante, a la música, a la poesía, al activismo. Es más dinámico y coge muchos hilos para poder tejer un andalucismo menos encorsetado.

Estoy ahora escuchando el programa de radio liderado por Pura Sánchez llamado Andalucía, un pueblo con historia. Ahí se relatan junto al debate de expertos temas interesantes para Andalucía, no solo históricos (4D, Reconquista, América, orígenes, Gibraltar) sino de actualidad y que son los constitutivos de la Andalucía actual (educación, minería, olivar, agua). Es bueno aprender de los expertos.

También ando escuchando en retrospectiva el canal de Youtube llamado Café en Andalú, donde un par de chavales con muchas ganas e ilusión han conseguido consolidar un nuevo espacio de andalucismo, invitando a militantes históricos del andalucismo (Isidoro Moreno, Manuel Delgado, Rojas Marcos...) y a nuevas figuras de este movimiento, tales como a Antonio Manuel, Pilar González, Pastori Filigrana, Pilar Távora, Manuel Ruiz Romero...). Se aprende mucho escuchando a gente comprometida y tratando muchos temas, tales como el feminismo, la ruralidad, la gentrificación, la definición de Andalucía, etc. Lo que no me termina de cuajar es que, si bien hacen un trabajo pedagógico encomiable, apenas abandonan la órbita del marxismo y de posturas muy afines a Podemos (o Adelante Andalucía, tras la crisis Rodríguez-Iglesias). No digo que esté mal esto de por sí, pero se nota que no llevan a invitados con opiniones algo diferentes a lo que debe ser el andalucismo. ¡Incluso se descolocan cuando un invitado propuso un modelo de España confederal para que encaje Andalucía en vez de abogar por las posturas independentistas! Además, el decir que el andalucismo es aglutinador y a paso seguido dar etiquetas de qué es andalucista y qué no es me descoloca mucho, la verdad. O el tejemaneje que hacen para agarrarse de una definición muy arriesgada de colonia para llegar a explicar que Andalucía es una colonia de España, aunque después sea el primer caso donde la metrópoli hace suya la idiosincrasia de la colonia para venderlo como algo típico español (de todo el territorio, se entiende), como Marca España (cosa que también critican por apropiación y anulación cultural, evidentemente).

Hay muchos artículos de opinión que postulan una Andalucía con dos vertientes del andalucismo principales: una socialdemócrata con foco municipalista y sin complejos por la identidad dual Andalucía-España y otra soberanista y más transformadora. Creo que ese es un buen camino donde mucha gente puede sumarse en vez de una única visión del andalucismo muy concreta y con tendencia a excluir posturas dispares.

Como dijeron en uno de los programas, para volver a levantar a Andalucía hace falta ponerse unas gafas blanquiverdes, o sea, arreglar los problemas de los andaluces desde una perspectiva andaluza, con herramientas y soluciones andaluzas. A día de hoy hay tres formaciones con tendencias andalucistas: Adelante Andalucía con Teresa en la cabeza (aunque puede que esté la formación muy coptada por Anticapitalistas), la coalición Andaluces Levantaos (con el andalucismo municipalista de AxSí y el trasfondo de Más País) y Unidas Podemos (con mucho lastre, a mi entender, de lo que se dicte en Madrid). Quizás tanta fragmentación no es buena electoralmente pero se puede hacer la lectura que el andalucismo no murió nunca, sino que se aletargó y resurgió cuando menos se lo esperaban. Incluso la derecha de Moreno Bonilla empieza (no sé si por convencimiento o por electoralismo) a empatizar con las partes más moderadas del andalucismo. Algo se cuece, veamos qué será.


miércoles, 13 de octubre de 2021

El ideal humano y la nación, según Blas Infante (Libro de Feria 2021)

En esta época tan turbulenta parece que toca frenar un poco y pensarse uno mismo hacia dentro. Por eso, para esta publicación me gustaría alentar a toda persona que resida en Andalucía (y también a andaluces que viven fuera) que participe en esa reflexión interior sobre sus raíces culturales, históricas e idiosincráticas. Y qué mejor manera que abordando la figura de Blas Infante y su amplia obra.

Desde la disolución en 2019 del Partido Andalucista se ha ido viendo, en el campo cultural, un renacimiento de la idiosincrasia andaluza en lo que se ha venido en llamar “Andalucismo de Tercera Ola”. Antonio Manuel Rodríguez, Pastora Filigrana, María Sánchez, Javier Aroca, Manu Sánchez y la banda Califato ¾ son unos pocos pero muy ilustrativos ejemplos de andaluces que quieren reflexionar sobre qué significa Andalucía y ser andaluz. Es verdad que también existen formaciones políticas andalucistas que abarcan un gran espectro y en donde se pueden mencionar, entre otros, a Pedro Ignacio Altamirano, a Teresa Rodríguez y a Modesto González.

Creo que, al calor de esta nueva ola, este humilde intento de difundir las ideas que dieron estructura a la Andalucía en la que vivimos debe enfocarse en la gran obra fundamental que fue, es y será el Ideal Andaluz (1915). Es verdad que Blas Infante, con los años, cambiaría algunos puntos de vista, pero esta obra es el paradigma y el punto de partida de lo que es Andalucía en la actualidad e invito a toda persona a que la lea con detenimiento, pudiendo ahondar con más detalle que lo que puede aportar esta publicación.

La primera sección de esta obra, llamada El Ideal, queda enmarcada por la presentación de esta obra infantiana a los ateneístas: "Este es el problema: Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, un plan cultural y una fuerza que apostolice y salve". ¿Y cómo se plantea conseguirlo? Primero, dando a conocer sus postulados filosóficos que rigen su pensamiento, para inmediatamente identificar cómo se deben plasmar en la idea que tiene de España y cómo Andalucía puede jugar un papel fundamental en el desarrollo de estas ideas.

Para Blas Infante la vida es un proceso continuo que tiende hacia la perfección absoluta, a la trascendencia en la eternidad. Es el impulso natural de todos los seres vivos y mediante la lucha por la vida el Universo gestiona la soberana armonía que rige todo. Si bien la perfección absoluta es una meta, una estrella que guía, en el corto plazo la vida intenta conservar todo logro que consigue y en este punto el ser humano va con ventaja, pues al usar la razón y la inteligencia comprende este impulso natural de la vida. Es el raciocinio el que se opone a alcanzar el objetivo de la eternidad mediante el temor, sino que elige como herramientas la libertad y el amor. Solo con el amor a uno mismo, a sus congéneres y a la vida que le rodea se puede avanzar en el gran objetivo.

Sin embargo, debido a lo corta que es la vida de una persona nos cuesta ver esa meta, ese camino a recorrer y dicha lucha vital por la perfección la sentimos como un destino, un viaje de depuración y perfeccionamiento. Por tanto, el ideal humano es algo diferente a la eternidad en sí, por lo que se articula como acicate y guía para progresar. Para sortear la muerte y el dolor, para trascender nuestra propia vida, el ser humano ha generado la Ciencia, el Arte y la Moral: son caminos que intentan acercar a todos los mortales una velada imagen de la meta última, de la belleza de la perfección y esto queda resumido en su sentencia "Transformar la Tierra en Cielo, que es llevar, al Cielo, la Tierra". Y que existan estas ramas del conocimiento lleva a colación que por individualidades la tarea de llegar a la perfección absoluta sería imposible, así que lo óptimo es que sea una tarea en conjunto, un trabajo colaborativo. El pueblo toma así forma en el ideario de Blas Infante: la familia ayuda al individuo, el municipio ayuda a las familias y el pueblo ayuda a los municipios.

La unión de individuos genera una consciencia colectiva, un sentimiento de pueblo, de historia y destino común: un ideal de nación. Si entre individuos ha de haber un sano pugilato para hacer triunfar la personalidad de cada uno y poder influenciar de la mejor manera entre personas, las naciones han de actuar igual: no con guerra, sino con el poder de la razón y el ejemplo. España, para Blas Infante, es una nación que no está dando ejemplo, que no lidera el carro de la modernización ni del avance de la sociedad. Pero no lo dice como crítica, sino como lamento, ya que en el devenir histórico y social de inicios del siglo XX echa en falta el punto de vista español (la caballerosidad, las ganas de conservar todo lo bueno, la abnegación, la justicia, la fe, etc.).

España debe enfocarse en volver al lugar que le correspondía, en elevar su nivel y codearse con las grandes potencias para que estas quieran imitarla y así encaminarse todas hacia la consecución del Ideal Humano. Para ello debe aprender España a usar los marcos referenciales europeos, a no encerrarse sobre sí misma. Pero no solo eso, para que España sea fuerte, han de serlo sus componentes: individuos, familias, municipios y regiones. En el total han de estar todos los matices de las partes y actuar de manera recíproca y complementaria. Si esto se impide, las partes llegarían a ser homogéneas e indistinguibles, no generando ningún nuevo factor que fuese de provecho para el conjunto. Evidentemente, las partes han de converger hacia un fin común que, en última instancia, repercuta en favor de toda la humanidad. Infante dice, acertadamente, que el alma española es solo la suma convergente de las energías regionales. Y es por ello que descarta las ideas independentistas de varias regiones, puesto que pronto languidecerían al tender a la homogeneidad al aislarse una la individualidad. Es más, la complejidad del Estado-Nación es tal que todo intento separatista quiere indicar un abandono de un ente complejo y evolucionado. Es por ello que Infante se lamenta de la división entre Portugal y España porque así la familia ibérica perdió fuerza y quedó bajo la influencia de potencias extranjeras.

Para que España pueda resurgir de sus cenizas ha de mirar a su pasado y aprender de sus proezas; no debe destruir lo poco bueno que le queda, sino reforzarlo. Y para ello toda región debe fortalecerse también y entrar en un pugilato cultural e ideológico para sobreponerse a las demás e impregnar con su carácter el alma española forjada por una comunidad, con una historia común y debatiéndose en un medio geográfico identificado.

Por supuesto, para Infante, Andalucía ha de ser una región que intente darle un aura característica al país, no como realidad sustantiva e independiente, sino como parte integrante de España. Blas Infante confía en que el liderazgo moral andaluz es esencial para que España vuelva a lo más alto del panorama internacional y que pueda ayudar en el progreso humano. Pero Infante debe responder unas preguntas antes de que Andalucía entre en el pugilato, indagar algunas cuestiones vitales. ¿Existe Andalucía? ¿Cuál es el genio andaluz? ¿Es Andalucía incapaz de lograr alzarse? ¿Cuáles son las trabas que no permiten el despegue andaluz? Para conocer sus acertadas respuestas habrá que esperar, si así lo desean, queridos lectores, un año más.

martes, 13 de julio de 2021

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (I): el Ideal

A día de hoy, en un mundo donde la crispación y la polarización política es la nota general, donde la crisis económica y sanitaria pega con fuerza, resurgen unos valores que estuvieron dormidos algunas décadas: los valores del andalucismo. Ya se habla de una tercera oleada de andalucismo (la primera es la histórica de inicios del siglo XX y la segunda es la que arropó la gestación e impacto del Partido Andalucista en los albores de la Transición) y, si bien la defunción del PA en 2019 parecía la puntilla final al andalucismo, este se ha transfigurado de mil maneras más enfocadas en el plano cultural que en otro: Antonio Manuel Rodríguez, Pastora Filigrana, Javier Aroca, Manu Sánchez y la banda Califato ¾ son unos pocos pero muy ilustrativos ejemplos de andaluces que quieren reflexionar sobre qué significa Andalucía y ser andaluz. En esta época tan turbulenta parece que siempre toca frenar un poco y pensarse uno mismo hacia dentro. Es verdad que también existen formaciones políticas andalucistas que van desde las rocambolescas ideas de Pedro Altamirano con sus Países Andaluces (que abarcarían desde el Algarve y Alentejo portugueses hasta el sur de Alicante, pasando por el Rif marroquí) hasta la nueva formación de Teresa Rodríguez de resonancias anticapitalistas o la formación, de vocación también municipalista, AxSí de Modesto González

Para esta entrada me gustaría alentar a toda persona que resida en Andalucía (y también a andaluces que viven fuera) que participen en esa reflexión interior sobre sus raíces culturales, históricas e idiosincráticas. Qué mejor manera que abordando la figura de Blas Infante y su amplia obra. En un humilde intento de difundir las ideas que dieron estructura a la Andalucía en la que vivimos hoy me enfocaré en varias entregas en su obra fundamental publicada en 1915: el Ideal Andaluz. Cierto que Infante, con el paso de los años cambiaría algunos de sus postulados y defendería cosas diferentes a las que defendió en un principio pero me parece interesante comentar su obra más emblemática y de la que más se ha bebido en la cultura andaluza actual. Ya lo dijo Blas Infante a los ateneístas justo antes de presentar esta obra "Este es el problema: Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, un plan cultural y una fuerza que apostolice y salve" Evidentemente, recomiendo su lectura para evitar mi sesgo y que cada uno se empape y evalúe con sus criterios pero espero que estos comentarios le sean de utilidad o acicate para acercarse a la obra del gran pensador que fue Blas Infante.

La primera sección que inicia el libro se titula, y con razón, El Ideal. Es la parte más filosófica y compleja de la obra y sirve de base para generar una hoja de ruta por todo el libro, incluso cuando se pone más político usa como referencia esta sección, como buen hilo conductor. Para Blas Infante la vida es un proceso continuo que tiende hacia la perfección absoluta, a la trascendencia en la eternidad. Es el impulso natural de todos los seres vivos y mediante la lucha por la vida el Universo gestiona la soberana armonía que rige todo. Si bien la perfección absoluta es una meta, una estrella que guía, en el corto plazo la vida intenta conservar todo logro que consigue y en este punto el ser humano va con ventaja, pues al usar la razón y la inteligencia comprende este impulso natural de la vida. Es el raciocinio el que se opone a alcanzar el objetivo de la eternidad mediante el temor, sino que elige como herramienta la libertad y el amor. Solo con el amor a uno mismo, a sus congéneres y a la vida que le rodea se puede avanzar en el gran objetivo.

Eso sí, todo el plan, todo el camino a recorrer, no es diáfano. Es verdad, el futuro nadie lo conoce y solo podemos ver un pequeño trecho del camino vital que recorremos y lo más seguro es que no nos dará tiempo de alcanzar la perfección absoluta, así que la lucha vital por esta perfección la sentimos como un destino, un viaje de depuración y perfeccionamiento. Por tanto, Infante concluye que el ideal humano es algo diferente a la eternidad y a la lucha por la vida, pues es mediato y va consiguiendo logros poco a poco de manera concreta. Entonces, ese Ideal de perfección, esa sensación de destino es la que se erige en guía y acicate para no dormirse en la complacencia y seguir ese oculto pero seguro camino. 

Infante termina explicando que el mal, la muerte, el dolor, existen como experiencias vivificadoras. No podemos dormirnos en los laureles y estas oscuras acechanzas están ahí para recordarlo. También, por lo efímero de la vida humana y del largo recorrido hasta la perfección se explica la existencia de la Ciencia, del Arte, de la Moral: son caminos que intentan acercar a todos los mortales una velada imagen de la meta última, de la belleza de la perfección. "Transformar la Tierra en Cielo, que es llevar, al Cielo, la Tierra" llega a decir Infante en relación a esto, poniendo como ejemplo la vida de Jesucristo. Y que existan estas ramas del conocimiento lleva a colación que por individualidades la tarea de llegar a la perfección absoluta sería imposible, así que lo óptimo es que sea una tarea en conjunto, un trabajo colaborativo. El pueblo toma así forma en el ideario de Blas Infante, un acto colectivo de progreso mediante las herramientas que son la ciencia, el arte y la moral.

La unión de individuos genera una conciencia colectiva, un sentimiento de pueblo, de historia y destino común: un ideal de nación. Si entre individuos ha de haber un sano pugilato para hacer triunfar la personalidad de cada uno y poder influenciar de la mejor manera entre personas, las naciones han de actuar igual: no con guerra, sino con el poder de la razón y el ejemplo. España, para Blas Infante, es una nación que no está dando ejemplo, que no lidera el carro de la modernización ni del avance de la sociedad. Pero no lo dice como crítica, sino como lamento, ya que en el avance de la sociedad echa en falta el punto de vista español. Echa en falta el ideal caballeresco, que es el alma del idealismo; los siglos de guerra han provocado que se luche de manera innata por conservar el bien que se consiguió con mucho esfuezo y todos los logros pasados no deben caer en el olvido, sino generar una virtud de grandeza, que es lo que están necesitando y reclamando las naciones hermanas de España. Abnegación y justicia que combata por el amor y una fe inagotable en ayudar, no para estar en contra de nadie.

Para ello, España debe enfocarse en volver al lugar que le correspondía entre las naciones e iniciar un pugilato con fuerza cultural moral y física, es decir, la fuerza de la civilización que es capaz de eliminar obstáculos históricos sin usar la fuerza bruta. Infante llama a esto "europeizar España", elevar el nivel del país, igualarse en intensidad (no en cualidad) ante las primeras potencias, llegar a un punto en que el resto de naciones quieran adaptar los postulados, avances y valores de España. Eso sí, hay que imitar los elementos comunes, usarlos de marco referencial, no plagiar cualquier cosa. Solo así se podrán llevar a cabo creaciones originales, pues no se pueden ignorar o anular los dones que dio la naturaleza y la historia al genio español. Por consiguiente, Infante está en contra de la colonización cultural, de renegar de nuestros puntos positivos para simplemente emular cualquier cosa que venga de fuera.

Pero para que España sea fuerte, han de serlo sus componentes: individuos, familias, municipios y regiones. En el total han de estar todos los matices de las partes y actuar de manera recíproca y complementaria. Si esto se impide, las partes llegarían a ser homogéneas e indistinguibles, no generando ningún nuevo factor que fuese de provecho para el conjunto. Evidentemente, las partes han de converger hacia un fin común que, en última instancia, repercuta en favor de toda la humanidad. Por tanto, es obligatorio que cada nación se subdivida en regiones en función de elementos comunes y afines, no solo por el bien, en este caso, de España, sino también por el bien de todos sus ciudadanos. Infante dice, acertadamente, que el alma española es solo la suma convergente de las energías regionales. Solo regiones fuertes en una sana competencia pueden dar buenos frutos para el conjunto español. O sea, la mejora como país ha de ser un proceso de abajo hasta arriba.

"Vivir, por sí, para España" ha de ser el límite de cada región, pues Infante postula que una región que quisiera convertirse en nación (en territorio independiente) pronto languidecería, pues la individualidad asilada tiende a la homogeneidad. Quedar fuera del grupo de regiones que componen las naciones en función de la geografía, de la historia y de la psicología solo puede ser algo transitorio al no tener reciprocidad y que mandato imperante internacional lucharía en contra de este evento. Es por ello que Infante se entristece en ver la división entre Portugal y España, pues cree con fuerza que la familia ibérica ha de estar unida para evitar quedar a la sombra de otras potencias que, de seguro, las explotarán.

Y habla de regiones de manera genérica porque no está en contra de llamarlas naciones (siempre y cuando entonces España sea considerada supernación). ¿Y si en el pasado uno de los reinos que llegarían a conformar España hubiese tomado otro camino y se hubiera independizado fructíferamente desde entonces? Blas Infante no descarta que en ese caso sí se hubiesen generado regiones en el territorio separado y que posiblemente sería un Estado viable y que los caminos se habrían bifurcado de manera independiente. Pero esto tuvo que haber sucedido ya hace siglos porque el proceso de unificación española no puede ser revertido en la actualidad: el aumento de complejidad traído desde la creación del Estado indica evolución y apelar a antiguos hechos no sirve como razón de peso para el separatismo el día de hoy. Y en ese mismo día de hoy las ricas y diversas historias que configuran cada región quedan circundadas en la Historia de España, puesto que en cada territorio han existido grandes personajes con ideales muy similares: desde el Cid Campeador y Gonzalo de Córdoba en la Corona de Castilla hasta Pedro III y los almogávares en la Corona de Aragón. Tan claras y poderosas afinidades, en especial el ideal católico, hablan de la obligada unidad de España a pesar de la diversidad de sus componentes.

En la actualidad (recordemos que Blas Infante escribe en el primer tercio del siglo XX, en plena I Guerra Mundial) España ha quedado muy relegada con respecto al resto de potencias vecinas pero ese glorioso pasado que ostenta tiene que servir para otra cosa diferente al ensimismamiento por los hechos pasados, es prueba de que si una vez se consiguió puede volver a suceder, los ideales siguen intactos y solo falta la fe en ellos. No hay que destruir lo poco que queda, sino reconstruir el resto. Una comunidad, con una historia común y debatiéndose en un medio geográfico identificado hacen brotar el alma española. Infante se lamenta que esta alma no sea ibérica, pues reprueba el tutelaje inglés a Portugal, ya que al renegar del hogar común, de la tradición y de la sangre hace que el destino que tenían nuestros hermanos lusos quede truncado por instrumentos de castigo personificados en potencias coloniales. Esto lo usa como criterio ejemplificador para las regiones con ansias separatistas, advirtiendo que Reino Unido y Francia siempre aprovechan estas veleidades para tomar el control de las regiones descarriadas: «En España, pues, solo regiones, hay. Solo regiones puede haber», concluye. Y la misión de cada región ha de ser el fortalecimiento nacional porque, evidentemente, cada elemento (incluso desde el individuo) ha de luchar por el bien común, por el ideal inmediatamente superior, que es lo que marca la senda para llegar a alcanzar el Ideal Humano. Para cumplir tal aspiración cada región debe robustecer lo que la hace única y diferente y elevarse en función de sus características e idiosincrasia. Al hacerlo así cada región contrastará cada una con las demás e intentará de manera natural que el alma de la nación quede impregnada de su matiz regional característico. Solo así el país entero podrá progresar mediante fuerzas físicas, morales y sociológicas. Cada región vencerá durante cierto tiempo (no hay victorias definitivas) y dará un aura característica al país, será la región más española al poner en lo más alto el nombre de España.

Por supuesto, Andalucía ha de ser una de esas regiones, no como realidad sustantiva e independiente, sino como parte integrante de España. Ha de luchar por ser la región que imponga de manera pacífica y fructífera su criterio y matices característicos en la patria. Blas Infante confía en que el liderazgo moral andaluz es esencial para que España resurja de sus cenizas y vuelva a lo más alto del panorama internacional y que España pueda ayudar en el progreso humano. Pero antes de esto, Blas Infante se detiene para iniciar la siguiente sección del libro porque es necesario, antes de que Andalucía entre en el pugilato, indagar algunas cuestiones vitales. ¿Existe Andalucía? ¿Cuál es el genio andaluz? ¿Es Andalucía incapaz de lograr alzarse? ¿Cuáles son las trabas que no permiten el despegue andaluz?

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...