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jueves, 31 de agosto de 2023

Las raíces andaluzas, según Blas Infante (Libro de Feria 2023)

 En este particular recorrido que venimos haciendo cada año junto al Padre de la Patria Andaluza por El Ideal Andaluz (1915) ya habíamos visto que nuestro pueblo, desde antaño, ha quedado caracterizado siempre por un optimismo sin par por la vida, por una dignidad propia y ajena que facilita un trato igualitario, por un sano y crítico humor hacia dentro y hacia arriba y por una cultura de gran profundidad. Ahora, en la tercera parte de esta obra, titulada Andalucía y El Ideal, Infante se enfoca en desmontar las sentencias que sugieren que esta tierra es incapaz de gestionarse a sí misma, que tiene un lastre congénito que le impide una y otra vez alzarse con dignidad para lograr el Ideal Humano. Veamos qué argumentos generados por los prejuicios y el desconocimiento se han usado contra Andalucía y las sabias respuestas que da Blas Infante.


¿Es el medio físico una fuente de incapacidad? Muchos usan este argumento centrado en temperaturas extremas como arma contra el progreso de Andalucía. Sin embargo, nuestra tierra está a una latitud similar a la de Grecia, cuna de la civilización occidental. Sus orografías son parecidas. El sol es el mismo, que produce las mismas sequías y hace madurar los mismos cultivos que provocan las lluvias estacionales. Flora y fauna similares. Trigo, vid, olivo: marcadores de dos culturas e idiosincrasias homologables.


¿Es entonces la pertenencia étnica una fuente de incapacidad? Para empezar, Infante tiene claro que esto no tiene fundamento debido al origen común de todas las razas. Los que aducen una posible ascendencia africana como freno del avance andaluz demuestran gran ignorancia: solo basta con pensar en Egipto y Libia y su esplendor durante la Antigüedad. Incluso recuerda Blas Infante que el origen de la especie humana es africano. Además, no descender de los imperios actuales no es una crítica justa porque estos se han alzado y caído a lo largo de la Historia. Los que fueron bárbaros, ahora son cultos. Y viceversa. ¿Ha habido mezcla de pueblos en Andalucía? ¡Por supuesto! Pero esto es algo positivo, pues la pureza (si tal concepto existe en la realidad) termina siendo sinónimo de aislamiento y decadencia.


¿Y qué pueblos se han mezclado con los habitantes autóctonos? Las culturas de Los Millares o El Argar hablan de una fuerte presencia asiática desde tiempos inmemoriales. Fue en Andalucía y no en otro emplazamiento europeo occidental donde se encuentra un contacto micénico, dejando numerosas pruebas arqueológicas. ¿Y cómo es posible que se argumente que Andalucía nunca puede llegar a nada cuando en estas tierras se desarrolló la civilización tartéssica? Infante juega con la idea de qué civilización influyó en cuál, pues las leyendas de los Campos Elíseos y la Atlántida siempre señalaron al occidente del Mediterráneo. También es claro que el legado de Argantonio fue heredado por los íberos, los cuales fueron alabados por el mismísimo Estrabón. Y los turdetanos siempre se jactaron de sus leyes en verso, ¡afirmando que tenían más de 6000 años de antigüedad! Los fenicios pronto acudieron para comerciar y con los griegos se generó una hermosa y duradera amistad. Se fundaron importantes colonias litorales y hubo abundante mezcla de sangre. La similitud de caracteres entre ambos pueblos propició la llegada de los romanos, que hicieron a la Bética su centro neurálgico peninsular. Lucano, Pomponio Mela, Columela, Séneca, Adriano, Teodosio, Trajano… fueron recibidos en Roma con los brazos abiertos, ejemplificando el desarrollo que logró Andalucía en dicha época.


¿Puede contemplarse la hipótesis de la llegada de un pueblo que truncase para siempre la pujanza andaluza? La historiografía demuestra a Blas Infante que esto ha sido muy improbable, pues poco o nada de influencia germánica se puede detectar en tierras andaluzas a pesar de que la corte visigoda fuese trasladada a Sevilla en tiempos de Amalarico. Ni siquiera las uniones promovidas por Recesvinto entre católicos y arrianos fomentaron la mezcla y los vándalos nunca tuvieron intención de mezclarse, sino de saquear.


Por otro lado, Bizancio solo se entretuvo en admirar la jerarquía eclesiástica hispalense antes de la llegada de árabes y bereberes, pueblos de gran pasión, dignidad, carisma y hospitalidad. Es la mezcla con la sangre semita la que da el gran esplendor a Andalucía. Incluso los andalusíes atemperaron los impulsos fanáticos de los almorávides y a los rigoristas del islam. Y es que al-Ándalus siempre se consideró más afín a la razón, alejada de extremismos y con un afán por el cultivo de las ciencias y las artes. La mezcla con los belicosos almohades y benimerines es casi anecdótica. Además, tampoco quedó en Andalucía vestigio de pensamientos fatalistas, pues la lucha contra la opresión nunca fue acallada y la tolerancia siempre fue un gran valor en esta tierra.


La ingente cantidad de bibliotecas en la Córdoba califal y la creación de textos científicos y tratados de higiene sorprendieron a la Europa medieval, que adaptó pronto su ordenamiento político y administrativo. La presencia de consejeros y religiosos cristianos y judíos en la corte Omeya habla de una coexistencia sincera. También tenemos como pruebas contra el tópico fatalista la prosperidad cultural de los reinos de taifas, destacando la corte de al-Mutamid, pues contaba con gran cantidad de poetisas, artistas, agrónomos, cosmólogos y pensadores. Esto se une a la posterior fundación del Reino de Granada en abierta oposición a las restrictivas políticas almohades. Aixa, Abulcasis, Averroes, Abulcasim, Wallada, ¡qué grandes ingredientes para crear el caldo de cultivo para el inicio del Renacimiento europeo!


¿Es entonces la conquista castellana la responsable del declive andaluz? Si bien hubo persecuciones y expulsiones de judíos y moriscos no puede olvidarse que durante el Renacimiento Sevilla se convirtió en uno de los puertos más importantes del mundo, punto neurálgico del comercio con América. Además, la cantidad de pintores, filósofos, matemáticos y geógrafos andaluces que pusieron a la cultura española en el escaparate mundial también habla de una Andalucía moderna pujante. No es el dominio castellano, sino la interrelación con el resto de las regiones españolas impuesta por el modelo centralista del Estado borbónico lo que ha terminado ahogando el genio andaluz. Andalucía siente los síntomas de ahogamiento cuando es considerada periferia que solo puede producir y exportar y no se le permite prosperar industrial y económicamente. ¡Andalucía se encuentra sometida a pesar de lo que le debe el genio español a esta!


Así pues, Andalucía no es que no pueda llevar a cabo grandes empresas, sino que ya ha llevado varias a buen puerto. Y estos argumentos previos no deben sonar a prepotencia, puesto que Infante clama por una solidaridad más fuerte, basada en la inteligencia y el amor para fomentar el progreso de todas las regiones. El factor más importante de la decadencia nacional que ve el de Casares es el afán de políticos y escritores de no querer que el pueblo piense por sí mismo. Y arrogándose la potestad de ser voz del pueblo, no ejercen la tarea ni con responsabilidad ni con sacrificio. Las causas del deterioro andaluz son, por tanto, históricas y no naturales. Eso quiere decir que pueden ser eliminadas y solo hace falta remover tales circunstancias para erradicar el freno del Progreso andaluz.

sábado, 27 de junio de 2020

Mi visión sobre el escudo español

Me da rabia que siempre se me ocurren ideas interesantes que escribir y al final se me olvidan o cuando llego a la bitácora, no me siento motivado para darle forma. Así que con una idea fresca, aunque no fraguada, me pongo a escribir algunas cosas.

El escudo de España, desde siempre, me ha parecido bastante bueno, que puede transmitir ciertos valores que se propuso divulgar. Principalmente, al ser creado por la Ley 33/1981, de 5 de octubre, queda libre del lastre del manoseo del franquismo, al contrario de lo que le ha pasado (¿y le está pasando?) a la bandera. Sus múltiples cuarteles evocan larga historia puesta en común, un aire de multiplicidad aunada en un viaje federal (o autonómico, que para la evocación puede ser lo mismo) y todo agrupado bajo el liderazgo y la protección de la monarquía parlamentaria. Esa es, a mi juicio, la idea que quiere transmitir el escudo.

Pero claro, este escudo no brota de la nada, no es una creación ex novo, sino una adaptación al que hubo entre 1874 y 1931 y que es muy parecido al que existió entre 1931 y 1939. Y todos ellos beben del escudo nacional (el primero que hubo) creado por la Real Academia de la Historia para el Gobierno Provisional de 1868. Antes de este momento el escudo nacional no existía, era el escudo real, el símbolo del monarca y por extensión lo usaba el aparato estatal. Ahora quedaban separados y clarificados, tanto que se buscaba nueva dinastía para gobernar España.

Permitidme ahora que empiece unas críticas paso a paso, de elemento heráldico en elemento heráldico. Principalmente, aunque efectivo el escudo, se aleja de la regla de la simplicidad heráldica (mejor mientras menos recargado) y, si consideramos el mazonado del castillo, se emplean todos los colores y los metales heráldicos (siete en total), que ya es bastante uso. Solo faltarían los forros de armiño y veros y quedaría completo y abarrotado, vamos.

La boca, la forma del escudo, es bastante efectiva, pues es la que históricamente se conoce como escudo español: cuadrilongo con la parte baja redonda. El cuartelado también es histórico, pues Castilla y León fue la primera en usar este elemento heráldico. El castillo, sobrio, es efectivo.

El león, en cambio, tiene el controvertido color morado. Desde la llegada de los Habsburgo al trono español lo han estado pintando de gules (rojo) al pensar los heraldistas flamencos que era morado por equivocación. Hasta la democracia actual predominó el gules y por fin ahora (aunque en parte) se ha reparado el error. Pero, ¿por qué en parte? Por la tonalidad de morado, que se parece más al rosa que a otro color. Es cierto que no hay ley inmemorial (aunque sí el Real Decreto 2267/1982, de 3 de septiembre) diciendo cómo debe ser tal color, solo se pide ser coherente en el mismo blasón, pero seguramente quisieron evadir las reivindicaciones republicanas y se decidieron por el morado menos morado. Es más, recuerdo que cuando gobierna la derecha en las banderas que salen en sus alocuciones los leones tendían a enrojecer y cuando gobierna la izquierda los leones tienden a amoratarse. También como crítica al león es que en el diseño oficial del Real Decreto 2964/1981, de 18 de diciembre lo dibuja con tres dedos por pata, cuando históricamente han de tener cuatro dedos. ¡Y no tiene genitales!

Las barras de Aragón son sencillas y perfectas, al igual que las cadenas de Navarra, quedando retratados los cuatro reinos históricos cristianos. Entado en punta aparece la granada, el quinto reino de origen musulmán. Se le critica que al legado andalusí se le deje ese rinconcito y no algo con tanto tamaño como el resto de los cuarteles (José I fue el primero y único que le dio el mismo espacio). Por motivos históricos siempre se ha representado así desde los Reyes Católicos, como dando a entender un añadido de gloria por haber finalizado la Reconquista. Como el escudo nacional tiene de inspiración los escudos reales y los territorios que conformaban España en 1868 creo que se quedará así. Otra crítica es que se blasona la granada 'al natural' y eso queda feo en heráldica. Esto quiere decir que la granada se coloreará del color que tiene en la realidad, rompiendo los marcos conceptuales de la ciencia heroica. Para más pasmo se tiende a representar la granada de oro (amarillo) cuando el campo es de plata (blanco) y esto rompe una importante regla heráldica (no se representa metal sobre metal ni color sobre color) que prima el contraste y la identificación del escudo en la lejanía.

Por los mismos motivos históricos aparece el escusón de Borbón (que también con su bordura de gules con campo azur -azul- rompe la misma regla heráldica). Sin embargo, si el escudo quiere representar los reinos que componen España ese escusón sobra. Incluso se blasona en un artículo separado al resto del blasón, como llamando a que supriman únicamente ese artículo. Sé que da a entender la dinastía reinante del momento pero el escudo nacional solo debería llevar elementos nacionales, las flores de lis pueden aparecer sin ningún impedimento (como ya lo hacen) en el escudo del Rey de España. Él, como máximo representante de su Casa, está capacitado para ostentarlo en forma de escusón o como desee. Otra cosa más, los escusones no cambian de forma, su boca es idéntica a la principal y la forma oficial es ovalada, lo que rompe en cierta manera la simetría. Será difícil pero en mi opinión debería ser eliminado el escusón.

El timbre es la corona real. También por motivos históricos el timbre representa la forma de gobierno del momento y es clara su identificación y no la tocaría. Heráldicamente, además, la corona no solo simboliza monarquía, sino también soberanía (¡hay escudos de repúblicas que usan coronas reales en su significado de soberanía!). Si bien en el informe de la Real Academia de la Historia se apostaba porque no hubiese timbre, respondiéndose inmediatamente que en la heráldica española eso era cosa muy rara y que planteaban como alternativa una corona cívica de laurel, pronto se abandonó esa idea y se alternaron coronas reales con coronas murales (que pueden significar tanto república como municipalismo civil). Si en aquel momento nadie pensaba que se podía vivir sin timbre, ahora creo que tampoco.

Con las columnas, el último elemento que me falta, el escudo tiene un porte y elegancia que lo identifican bastante rápido. Esos tenantes son simples y adornan bastante, retrotrayéndose a la historia mítica de la Península y a un elemento que había usado Carlos I y que retomó José I en forma de cuartel, no de tenante. Estas columnas simbolizan el Nuevo Mundo, o los territorios españoles de ultramar. O sea, en 1868, las colonias africanas, Cuba, Puerto Rico y Filipinas formaban parte de España y estas quedaban representadas en las columnas de Hércules con el lema de que el mundo continúa más allá del estrecho de Gibraltar (Plus Ultra). Hoy por hoy, esos territorios ya son independientes por lo que las columnas, en teoría, deberían quitarse del escudo porque ya no reflejarían territorios que componen España. Dada la tendencia iberoamericanista de España no creo que las quiten, sinceramente. Otro apunte más es que las ondas que las sostienen no aparecían en el modelo de 1868, le aportan dinamismo y vertiente marítima (España dominando Atlántico y Mediterráneo, en su época, claro) y en las partes altas están muy recargadas con coronas: una real (repitiendo un elemento ya presente y haciéndolo redundante, a mi juicio) y otra imperial. Para mí hay mucha recarga y quizás en 1981 los legisladores querían concienciar a los españoles sobre las formas monárquicas que no se habían vivido desde 1931 y por eso tanta repetición, pero para mí ya la sobrecarga es mucha. Así que o se eliminan o se dejan como en 1868 (y si hay que mantener las coronas dejaría la imperial y pondría en lugar de la otra la mural, en un intento de representar todas las formas políticas del pasado).

Resumiendo, me gusta el escudo al ser vistoso y poder comunicar fácilmente lo que se propone, pero su sobrecarga es tal que yo propondía eliminar o modificar ciertos elementos.

sábado, 22 de junio de 2019

La nueva ancestral tradición

Tradiciones seculares, vida rural durante cientos de años, hechos cíclicos vinculados al campo, vidas anodinas que no pasan a los anales de la historia pero que crean un hilo conductor indestructible. Eso, aparte de muchas más cosas, es el germen de la cultura. A pesar de que lugares cercanos tienen idiosincrasias similares al final siempre hay detalles únicos que los hacen dignos de prestar atención y maravillarse con sus detalles.

Se han creado multitud de leyendas que pueden retrotraerse a algunos cuentos míticos de hace miles de años pero muchas están cubiertas con folklore autóctono. Apariciones marianas, milagros, batallas épicas entre dos bandos, amores trágicos enfrentados. ¿A que nos suenan estas leyendas? Sí, pero con nombres diferentes, con ambientaciones diferentes y con algunas variantes. Todo eso crea nuestro acervo cultural.

Pero la progresiva Revolución Industrial puso en común lugares muy lejanos, imponiendo otras culturas, otras formas de entender el mundo. Afán de imponer, afán de imitar. También ocurre que al contactarse y dialogar culturas o ciudades diferentes todo va convergiendo, se van mezclando muchas cosas, se crean sinergias, se van olvidando algunos datos y reforzando los parecidos. Y claro, se crea la dicotomía ciudad-pueblo, entorno urbanita contra entorno rural. El primero se impone, atrae gente, conquista y seduce a los jóvenes, es un centro de trabajo que va creyéndose cada vez más importante y especial (parte de razón tiene) y va repudiando a su antagonista. La ciudad quiere ser cosmopolita y todo lo que venga del campo es ignorado, es tratado de cazurro y de antiguo, cosa a evitar.

Ahora es sorprendente el giro abismal que hemos tenido. Gran parte de responsabilidad  fue la creación de los Estados-Nación, de la forja del nacionalismo donde se tenía que resaltar el pasado y dar a conocer hechos y peculiaridades. Todo para sentirse diferente al otro, para sentirse una comunidad con los que comparten tu origen y tus peculiaridades. Pues vaya, parece que con el tiempo las ciudades aún tuvieron condescendencia con el campo pero con las reivindicaciones cada vez más fuertes. Regionalismo, nacionalismo han sido corrientes que han dado con fuerza a finales del siglo XX, muchos incluso con ansias independentistas.

Sin embargo, como todo relato, se hace endulzar para atraer más: nobles y justos guerreros del pasado contra abominables criminales. Tu prócer nacional es lo mejor que ha pasado, puro inmaculado, como vida hagiográfica, sin tacha. Incluso los políticos actuales son engendros comparados con esos míticos fundadores de la patria. ¿No resulta sospechoso que la vida de todo prócer sea espectacular? ¿Ni una macha? ¡Venga ya!

Y con el tiempo se empiezan a tomar como antiquísimas tradiciones cosas que surgieron hace dos siglos, temas enraizados en la noche de los tiempos que en realidad fueron hechas a la prisa y corriendo tras la época napoleónica. Símbolos antiquísimos que nunca fueron, hechos que sucedieron de otra manera o ni siquiera existieron, tradiciones celtas perdidas completamente y reinventadas con la intención de suplantar lo que ya no es conocido, adalides de tu tierra, árabes o cristianos, que hacen que sonrías de orgullo con gestas que nunca intentaron.

El pasado se ha reinventado y no nos hemos dado cuenta, justo en lo que en última instancia nos conforma como civilización.

lunes, 14 de agosto de 2017

El desprestigio de la rojigualda

Aprovechando que hay por fin huecos en mi agenda, retomo con fervor este blog, con el que he caminado largo y tendido durante mucho tiempo. Voy a poner de manera más o menos ordenada unas reflexiones que me surgieron al leer la tesis de D. García Fuente, donde hace un detallado repaso de las vivencias de la bandera rojigualda, la cual ha tenido momentos buenos y momentos malos. La cuestión es saber por qué, ya que si representa al Estado debería quedar afuera de conflictos internos de tendencia política.

El tema de su confección como bandera de la Armada en los tiempos de Carlos III parece ya bastante conocido. No fue sino hasta 1843 en que no se convirtió, por su popularidad, en la bandera del ejército. Se la llamaba 'bandera nacional', ya que en el proceso de formación de los Estados nacionales convenía crear enseñas comunes y que no fuesen las del monarca de turno. El uso en otros aspectos que el militar no era muy común por aquella época, por ahí la relevancia que la usara el ejército. Pero, como su nombre indica, representaba a la Nación y así sucedió durante esos años. La revolución de La Gloriosa de 1868 vino a confirmar esto, o sea, que la bandera nacional era de la Nación y no representaba la Monarquía isabelina, que ya poseía de por sí sus propios emblemas. Es más, el Gobierno Provisional lo único que tuvo que hacer fue confeccionar un escudo nacional propio, alejado del escudo real que era el que había hecho las veces de representación nacional, aunque sea un poco raro llamarlo así antes de las conformaciones nacionales. Tanto Gobierno Provisional, como la Regencia de Serrano mantuvieron la bandera rojigualda, así como la monarquía de Amadeo I, el cual, como representante de una nueva dinastía solo modificó el escudo nacional.

La llegada de la I República, tanto su corte federal como su corte unitario, mantuvieron la bandera roja y amarilla, aunque eliminaron la referencia a la corona que se representaba sobre el castillo y el león (este aún coronado). Si bien se propuso algún que otro modelo para crear una nueva enseña nacional, no pudieron ganar ningún concurso al considerar las propuestas menos atractivas que la bandera rojigualda.

Las cosas cambiaron con la Restauración alfonsina. La legitimidad de esta nueva monarquía se basó en que la existencia de un rey era consustancial a España y que solo la presencia de un monarca podía asegurar la paz y la prosperidad en España. Monarquía y España, según las tesis de Cánovas del Castillo, eran indivisibles, luego los símbolos nacionales españoles también representaban a la monarquía española. Cánovas intentó entonces convertir a la monarquía en algo común, un emblema nacional más y su táctica fue asociar la rojigualda a la Familia Real. Ambas entidades nunca estaban por separado, en cualquier visita, desfile o discurso, los miembros de la Familia Real iban acompañados de la bandera rojigualda, y también del himno nacional. Con el paso de los años se consiguió el objetivo, la aceptación de la monarquía, pero a cambio de que la rojigualda fuese considerada como un elemento monárquico más y no como un elemento nacional. Así quedaron vinculados los colores rojo y amarillo a la monarquía.

Con Alfonso XIII empezaron a surgir con fuerza los nacionalismos vasco y catalán. En los inicios del siglo XX el nacionalismo periférico intentaba eliminar trazas del nacionalismo español. Su táctica fue clara: atacar la figura del rey. Pero más que ir contra la persona en sí, fueron hacia el elemento que siempre lo acompañaba, la bandera. Los ataques a la bandera y los ultrajes no pararon ni un momento, incluso generaron represiones y crisis políticas que terminaban con la caída del Gobierno de turno. La Ley de Jurisdicciones, de 1906, incluso penaba con fuerza cualquier ultraje a la enseña. A los nacionalismos también se le sumaron grupos republicanos, cada vez más numerosos y mejor organizados. Estos también tenían asociada la bandera rojigualda el régimen monárquico, luego también la atacaban.

En 1915, visto lo visto, se intentó revertir la situación. Se intentó volver a crear la distinción entre monarquía y bandera nacional. Es por eso que empezó a verse la enseña en consulados y embajadas españoles en el extranjero, en un intento de que las potencias extranjeras vieran que monarquía y Nación poseían símbolos diferentes. No influyeron mucho los medios foráneos en la opinión de los españoles que se nutrían de ideas extranjeras, aunque la cuestión de separación iba a ir para largo.

La dictadura de Primo de Rivera potenció el uso de la bandera nacional y penó con crudeza cualquier ataque a la monarquía o a la bandera. Si bien en 1927 la enseña rojigualda sustituyó a la tradicional bandera mercante española para hacerla más presente en la vida cotidiana y en los negocios, estas represiones crearon más desapego tanto a la monarquía como a la enseña rojigualda. En la posterior etapa, conocida como Dictablanda, se intentó relajar la persecución de los ultrajes e incluso se propuso el uso de banderas regionales junto a la rojigualda. Pero ya era demasiado tarde. El advenimiento de la II República también portaba una nueva enseña, la tricolor. Parte inferior morada, franjas de igual anchura, escudo renovado y colocado en el centro de la enseña. Aunque en un principio vino para representar la Nación y sustituir a una enseña desgastada y manipulada, poco pudo hacer mella. Los ataques al nuevo régimen y a su bandera creó bandos y pronto se asoció la tricolor al movimiento republicano, perdiendo su intención original. La Ley de Defensa entonces persiguió con esmero toda exaltación a la monarquía o a la bandera bicolor.

Las esperanzas de nueva oportunidad para España pronto se truncaron y estalló una sangrienta Guerra Civil. Si bien las tropas sublevadas comenzaron utilizando la bandera tricolor en un intento de convencer de que seguía intacta la lealtad a la República, a los pocos meses empezaron a colocar una tira roja en la banda inferior. Esto no solo se hizo para diferenciar bandos, sino para atraerse a los combatientes requetés, aquellos soldados afectos al antiguo carlismo, los cuales seguían abanderando la enseña rojigualda. Franco entonces intentó insertar la bandera como emblema nacional, alejado de connotaciones monárquicas, aunque fuese monárquico no tenía intención de alejarse del poder y aplicarlo con mano de hierro. La 'nacionalización' de la bandera bicolor se hizo colocando un nuevo escudo, muy alejado de los usados hasta el momento y lo llenó de alegorías imperiales y lemas fascistas.

La política franquista del uso de la nueva bandera y su aceptación hizo que fuese enarbolada en festejos, actos religiosos, usada como banderines en el deporte o como decoración. Incluso se decretó su izado en colegios. Las protestas al régimen dictatorial, a pesar de ser fuertemente reprimidas, nunca se anularon. Pero en vez de protestar con la enseña tricolor, asociada ya el régimen republicano, se enarbolaban banderas regionales. Poco a poco empezaba a surgir una oposición al régimen que apostaba por democracia y autogobierno y en las zonas donde una vez primó el nacionalismo periférico, volvieron a verse de nuevo las antiguas enseñas. Y en otras regiones también empezaron a verse en eventos deportivos o folklóricos enseñas de reciente creación.

La muerte del dictador dio alas a la oposición democrática. Los grupos de izquierda enarbolaron pronto la enseña tricolor y las pretensiones de autogobierno iban enmarcadas con multitud de banderas regionales. La Transición generó un pacto y una mezcla: la bandera nacional seguiría siendo la bicolor pero con un escudo renovado y en el texto constitucional se consagró el uso y protección de las banderas regionales, a pesar de las pataletas de algunos políticos relevantes. Las banderas autonómicas pronto se hicieron muy populares, tanto que durante la década de los '80 apenas se vio la bandera rojigualda. Los nuevos gobiernos autonómicos querían crear en la sociedad un apego por su nuevo territorio y la mejor manera fue usando masivamente sus símbolos. Tácitamente la bandera nacional intervino poco e incluso se aconsejaba su ocultamiento. Quizás en favor de la publicidad de las nuevas enseñas, quizás para purgarla de las connotaciones franquistas.

Si embargo, la Familia Real también iba siempre acompañada de la enseña rojigualda, lo que ha hecho retomar la asociación de bandera bicolor con monarquía. Ocultarla tanto y solo mostrarla en estas situaciones ha vuelto a ser contraproducente. Pero a la entrada del siglo XXI, la enorme cantidad de éxitos deportivos hizo que recobrase una nueva fuerza la enseña bicolor, perdiendo el miedo a usarla y mostrándola incluso en balcones particulares. La enseña volvió a tener visibilidad y los organismos oficiales incluso volvieron a usarla en mástiles que habían estado la mayoría de las veces vacíos. Los rifirrafes en ayuntamientos vascos empezaron a ser anunciados en los medios de comunicación y su uso o ultraje en manifestaciones separatistas han tenido repercusión.

Pero bueno, la crisis económica e institucional tan fuerte que ha vivido España ha provocado, de nuevo, un desafecto en todo símbolo estatal, bandera incluida. La decepción en la política, las instituciones y los representantes ha hecho que se vuelva a ver con simpatía enseñas tricolores y regionales, ahora con significados y modificaciones que tienden más al separatismo. La historia parece volver a repetirse.

sábado, 12 de agosto de 2017

El legado de Castillo Anzur

Siempre que se habla de Puente Genil y su historia, se habla con reverencia del Pontón de don Gonzalo, incluso más que Miragenil. Bien es cierto que fueron sus núcleos fundadores y que el pueblo en sí no tiene larga historia, sino más bien estos municipios previos, donde hay que echarse atrás hacia la Reconquista (a finales del siglo XIII) para dar un inicio y una tendencia al alza a partir de finales del siglo XV y mitad del siglo XVI.

Supongo que pasa lo de siempre, unas ganas de ensalzar la historia cristiana y otra de minimizar la historia musulmana. Ahí las ciudades de Córdoba y Granada, por ejemplo, discrepan mucho. O también que las fuentes musulmanas son escasas y a veces vagas. Pero en el término municipal del pueblo actual se asentó Castillo Anzur, de fundación árabe y con bastante relevancia en su época. Incluso el escudo del pueblo resalta la fortaleza, pero después de su relevancia militar y estratégica fue vaciándose de contenido.

Atendiendo a los textos de Francisco Esojo Aguilar, el asentamiento de Castillo Anzur se fundó probablemente allá por el año 910. Se situaba en la frontera de la cora de Rayya (aunque administrativamente dependía de Bulay -actual Aguilar de la Frontera-, perteneciente a la cora de Qabra -actual Cabra-) y obedecía al nombre de al-Ranisul. Se le suponía zona de vigilancia del valle del Genil y no es hasta el siglo XII cuando se menciona al lugar como fortaleza en el marco de las campañas bélicas del monarca aragónes Alfonso I por Jaén, Córdoba y Granada (1126).

La transformación de asentamiento a fortificación parece que fue gradual, con avances en las épocas almorávides y almohades, además de en época cristiana, debido a la cercanía de la frontera del Reino nazarí de Granada. Su localización en las estribaciones de la Cordillera Subbética le hace partícipe de una gran zona de control y supervisión, aunque con el progresivo retroceso de la frontera su relevancia fue decayendo. Si bien hubo pactos de pleitesía donde los antiguos habitantes musulmanes podían mantener sus costumbres y tradiciones, la administración de Castillo Anzur fue cambiando de manos cristianas con mucha asiduidad.

La conquista cristiana hace que la fortaleza pase a nombre del Concejo de Córdoba y poco después Alfonso X dicta que las tierras cercanas a Castillo Anzur pasen a manos de la Casa de Aguilar, en la persona de Gonzalo Yáñez Dovinhal, aunque en 1258 dona el territorio a la Iglesia de Córdoba, más específicamente al obispo Fernando de Mesa. La jurisdicción eclesiástica solo duró hasta 1264, volviendo al señorío original.

El tema del territorio que ocupaba Castillo Anzur tampoco estuvo exento de polémica y tuvo que remitirse a un comité de ancianos musulmanes para que restableciesen las fronteras de antiguo. Los lindes quedaron haciendo frontera con Aguilar, Lucena, Benamejí y Estepa, justo los límites actuales de Puente Genil. Es más, en estos pleitos (1273 y 1307) ya empieza a referirse al Pontón de don Gonzalo como un asentamiento de Castillo Anzur dedicado a gestionar el paso por el río.

En 1333, Castillo Anzur, dependiente del Señorío de Aguilar, toma parte de la nobleza ante la guerra contra Fernando IV, recibiendo ayuda incluso de los granadinos. No fue hasta 1352 en que Pedro I sitia Aguilar y consigue su rendición. En 1356, este monarca castellano entrega Castillo Anzur a Vasco Alfonso de Sousa por una aceña en Écija pero en 1372, Gonzalo Fernández de Córdoba consigue recuperar la fortaleza para la Casa de Aguilar.

En la etapa de Alonso Fernández de Córdoba (1455-1501) es cuando entra en total declive Castillo Anzur y se comenzó a favorecer al Pontón de don Gonzalo, reconstruyéndolo y fomentando su repoblación, ya que los avatares de la Reconquista habían hecho que se abandonase hacía ya tiempo. Con Granada ya muy lejos no era esencial una defensa permanente y convenía más los réditos económicos de portazgo al atravesar el río. En 1494 incluso la Casa de Aguilar destruyó en Lucena el pontón del Maestre para monopolizar en el Pontón de don Gonzalo todo el tránsito. Tuvo que ser en esta época que se despobló completamente Castillo Anzur, quizás pasando todos sus habitantes a la nueva y cercana localidad (que contaba al principio del siglo XVI con 404 habitantes). En 1501, con el nuevo Señor de Aguilar, Pedro Fernández de Córdoba, se citan a las autoridades del Pontón y no de Castillo Anzur para que lo reconozcan como señor. Es más, se indica claramente que del Pontón el reconocimiento lo hacen los oficiales, no alcaldes ni alcaides, puesto que el asentamiento depende directamente de Aguilar, no de la antigua localidad de Castillo Anzur.

La Casa de Aguilar transmutó en el Marquesado de Priego y en 1519, con Catalina Fernández de Córdoba, se reafirma la existencia del Pontón y la completa omisión de Castillo Anzur. Los pleitos de 1538 y 1540 refuerzan el papel del Pontón en favor de los intereses del marquesado en contra de Estepa. La importancia se revela en que en 1534 se alcanzan los 900 habitantes. En 1554, el Pontón ya goza de alcalde mayor y comienza a ocupar zonas estepeñas al poblar la dehesa de las Quebradas, movimiento que terminará generando la aldea de Sotogordo. Quizás estos movimientos y pleitos y las ganas de crear una compotencia, son los que terminan originando la creación de Miragenil en la orilla opuesta. El resto, también es historia, pero no de Castillo Anzur.

martes, 9 de mayo de 2017

Discusiones con don Eduardo

Andaba con las ganas desde hacía tiempo, pues muchos me habían hablado de él. Las venas abiertas de América Latina es un gran libro que te hace pensar y reflexionar mucho. Eduardo Galeano pone el dedo en la llaga de varias situaciones para poner en contexto por qué Latinoamérica parte de la posición en la que está y por qué le cuesta tanto levantar cabeza. Evidentemente, tengo por seguro que hay más profundidad, pues las cosas tienden a no ser tan simples como parece y más cuando el propio autor renegó de su creación más famosa debido a la petulancia de la prosa utilizada.

Bien es cierto que da un vistazo histórico de esta parte del continente y proyecta males de ayer en la actualidad y hace un escrutinio de los intereses de las potencias extranjeras, en especial Estados Unidos. Sin embargo, para mi pobre opinión, creo que muchas ideas pueden ser discutidas. Además, si he de criticar algo de este libro es que a veces se vuelve muy contradictorio: el propio autor critica aceradamente temas que después ensalza como modelo a seguir.

En primer lugar, me asombra por qué critica tanto que se consuma whisky en Latinoamérica en vez de las bebidas alcohólicas típicas, como si el paladar de la gente o sus gustos fuesen algo impuestos. Si no te gusta la chicha, pues no la consumas. Si no te gusta el whisky, pues no lo consumas. Esto es lo que más me impactó y decepcionó de Galeano, que para ser una buena persona debes tomar lo típico, sí o sí. Eso sí, después de criticar con saña las costumbres capitalistas de los países propone seguir la senda de estas naciones para salir de la pobreza, llegando a otro momento cumbre de la doble moral. Sus posturas revolucionarias y socialistas siempre están presentes en su manuscrito y se puede leer perfectamente el texto bajo su punto de vista. Sin embargo, incluso se disgusta a veces que países latinoamericanos que abrazan dicha senda no profundicen en el modelo socialista tanto como él quisiera. O sea, no es implementar medidas socialistas o revolucionarias, sino implementarlas al grado que él cree oportuno. En otro caso, vale poco (incluida, para sorpresa de muchos, la Revolución Cubana).

El tema de la conquista lo relata crudamente pero hay algunos puntos en los que da cuenta de lo que él supone superpoblación. O hay o no hay, o es buena o no, pero no ambas cosas simultáneamente. También le desagrada que las naciones sudamericanas luchen por un desarrollo tecnológico similar a lo que hay en los países denominados del primer mundo, incluso dice que el avance es algo burgués. Esto casa con su proteccionismo obcecado (ni se le pasa por la cabeza que a veces hay que colaborar entre Estados) y los miedos que le provoca todo avance tecnológico, ya que supone que te conviertes en esclavo de los productores de tales productos, sin pensar que puede ser que ayude a progresar a la sociedad y a dar inicio a la propia tecnología nacional. Pero claro, si cuando habla de minerales y acero y ve que hay que comprarlo de países de fuera de Latinoamérica pone el grito en el cielo. Pero hombre, si pueden ser las materias primas más relevantes de nuestra civilización actual, no puedes prescindir de este recurso por ningún concepto. Como contraparte, ensalza a cada página las bondades de las materias primas del subcontinente: carne, cuero, madera, frutas, telas, etc. En serio, ¿no pueden existir fuera cosas igualmente buenas? ¿También el jamón, el queso, el aceite? ¡Por favor! Que se te ve el plumero.

Claro, siendo un convencido proteccionista, un temeroso de las materias primas foráneas y un ensalzador de las propias es normal que siempre eche la culpa a todo extranjero, europeo o estadounidense preferiblemente. No se le pasa por la cabeza que pueden existir políticos, economistas, militares o personas influyentes latinoamericanos que puedan llegar a venderse por unos cuantos dólares. Misteriosamente, las grandes corporaciones pueden hacer y deshacer a su antojo, que la legislación favorable brotará de una piedra...

Para Eduardo es necesario que todos los países latinoamericanos se unan, aunque una organización supranacional le dé escalofríos, imitar, por ejemplo a la antigua CEE es anatema a pesar de los beneficios que haya podido crear una asociación así. Y como han de ir juntos, ningún país puede destacar sobre otro. Si Brasil es el motor de Latinoamérica no va a ser por su gran población y su industria dinámica ni por su gran producción de materias primas. No. Destaca porque Estados Unidos necesita asimetrías en el sur del continente y le da poder a su perro faldero.

En serio, es un libro interesante y apasionante que revisa los ataques que ha sufrido siglos y siglos esta parte del mundo pero su análisis no llega a ser lo concienzudo y desapasionado que se requiere. Si lo ves bajo su visión muchas cosas encajan y te indigna la política imperialista intervencionista, cómo no, pero sus proclamas y rápidos desmentidos también terminan por indignarte por este lado.

domingo, 19 de marzo de 2017

Escudo de Villa del Río

Pues bien, toca hacer la misma reflexión heráldica para este pueblo, el de mis padres y con el que tengo tantos vínculos.

Según cuenta en la Revista de Feria de 2003 José Luis Lope y López de Rego, creador del escudo, fue tras una serie de charlas veraniegas durante 1960 que llegó a la conclusión de que el pueblo debía contar con su propio escudo, al igual que las poblaciones vecinas. Según le indicaron en el Ayuntamiento ya a finales de la Guerra Civil se había pensado en elaborar uno, aunque nunca se concretó nada. Aquel germen de escudo aproximadamente era la mitad superior con tres montes (Relaño, Morrión y San Cristóbal, los cuales coronan por la parte sur al pueblo) y la mitad inferior con un castillo, aunque pudieron existir otras variantes de este. En los sucesivos años Lope iría estudiando la heráldica de los pueblos cercanos y dialogando con historiadores del pueblo para desarrollar un nuevo escudo que representase verdaderamente a la villa.

Rescatando un libro de 1873, llamado Memoria de Villa del Río, de José María de la Vega, pudo determinar qué elementos más trascendentes habían quedado en el acervo cultural del pueblo. Varios diseños fueron hechos, teniendo más aceptación un escudo de tres fajas horizontales con los tres montes arriba, el castillo en el medio y olas de río (en alusión al Guadalquivir) en la parte inferior. Dos variantes de este escudo llevaban la combinación estrella-castillo-río y castillo-puente-río. La clara alusión al puente romano, que hacía de frontera entre las provincias de Córdoba y Jaén (monumento nacional desde 1931 y en uso hasta 1950), en este diseño era muy evidente. En las pocas actividades culturales que había por aquellos años en el pueblo poco a poco fue difundiéndose la idea y calando entre el pueblo la necesidad de tener un escudo heráldico.

Ya por 1970 corría por el pueblo la aceptación generalizada de una nueva versión del escudo que, a juicio de los habitantes consultados, representaba mejor la localidad: un escudo que contaba con la combinación estrella-puente-río (y es que la estrella representaba a la patrona del pueblo, la Virgen de la Estrella) y que empezó a usarse oficiosamente en romerías y eventos locales. Ya a partir de 1973 empezó a aparecer en la portada de la tradicional Revista de Feria. Es más, en 1965 fue pintado por Ángel Cabrera a todo color y expuesto en Madrid en la casa del presidente Alcalá Zamora.

La postura quedó formalizada en 1976 cuando el alcalde Bartolomé Delgado pide oficialmente a José Lope que cree el escudo. Este consultó con Juan Bernier, que trabajaba para la Diputación de Córdoba y era historiador. La opinión de este académico fue totalmente diferente a lo esperado, ya que proponía que se usara el escudo del Mayorazgo de Aldea del Río (así se llamaba el pueblo antes), fundado en 1636 por Antonio Alfonso de Sousa.

Ya desde la época de la Turdetania se habla de Sissia, un asentamiento en la desembocadura del río Salado en el Guadalquivir y en época romana había un puerto llamado Ripa. Si bien casi siempre la zona donde se asienta Villa del Río fue coto de caza perteneciente a la Corona de Castilla (e incluso antes, ya que se menciona que algunos emires y califas cordobeses iban a cazar a esta región), hubo momentos donde fue concedida su gestión a diferentes casas nobiliarias. Tras la conquista cristiana por Fernando III del lugar en 1235-1236 con la toma de los castillos musulmanes de Carit y Guat, el asentamiento queda en reparto al santanderino Fernán Ruiz de Aguayo. Sin embargo, este muere justo antes del reparto, luego es su hijo, Diego Fernán, quien toma posesión de las tierras. El escudo de la Casa de los Aguayo posee tres fajas ondulantes de azur (azul) sobre fondo de plata (blanco) y todo con una bordura de oro (amarillo) con ocho calderas de sable (negro).

En los tiempos de la guerra civil entre el rey Enrique IV y su hermano Alfonso (ambos hermanos de Isabel la Católica), don Alfonso de Montemayor toma la fortaleza de Aldea del Río en nombre del Rey. La localidad gozaba de alta relevancia pues era un lugar de postas del Camino Real. Terminada la guerra tras el envenenamiento del infante Alfonso, Fernán Pérez de Montemayor se convierte en Señor de la fortaleza en 1469. Enrique IV termina llegando a Córdoba en un intento de reconciliación y pide que se le devuelva la fortaleza de Aldea del Río bajo condición de derruirla. El escudo de la Casa de Montemayor consta de un fondo de oro con tres franjas de gules (rojo) todo con bordura de plata y cruzando una faja de sable adornada con dos dragantes (dragones) de sinople (verde).

La Casa de Sousa proviene de Portugal y estuvo emparentada con el rey luso Alfonso II. Una rama de dicha casa se traslada a Castilla por el matrimonio de María de Portugal con el rey castellano Alfonso XI y obtienen tierras en la zona cordobesa (el señorío de Castil Anzur) en 1366. Sin embargo, esta familia tuvo posesiones desde muy temprano en Aldea del Río, razón que finalmente desencadenó en la obtención de la aldea por Antonio Alfonso de Sousa en 1628, En 1635, el pueblo compra el cambio de jurisdicción, pasando a ser territorio realengo. Además, también se consiguió la obtención del título de Villa, concedido por Felipe IV. Sin embargo, en 1636, Antonio Alfonso vuelve a comprar las tierras y las vuelve a englobar en su mayorazgo. Terminará dicho mayorazgo durante la abolición de estos por la Constitución de Cádiz y las leyes de 1836. Como símbolo de la Casa de Sousa se tenían en campo de oro tres fajas de gules.

Pues bien, tras el repaso histórico Juan Bernier acepta la propuesta de escudo y coloca, entado en punta, el escudo de los Sousa. Las franjas desaparecen y sobre el cielo azur hay una estrella de plata que ilumina un puente pardo (marrón) sobre ondas de azur. Dicho escudo, bordado con los emblemas de Castilla y León y en timbre la Corona Real serán el escudo del pueblo a partir de 1983 (Adenda: revisando portadas antiguas de la Revista de Feria sí que aparece el escudo como tal a partir de dicho año; sin embargo, la corona real era abierta y no cerrada. Esta aparece en la revista de 1993, luego no me queda claro si fue una modificación a posteriori o que el blasón hablaba de cerrada y se pintó mal o si la actualización de la corona se hizo en ese mismo año de 1993 o antes, pues hay ediciones de la revista donde desaparece el escudo. No creo que importe pero mis recuerdos siempre han sido con la corona cerrada, luego puede que sí sea desde 1993 o a principios de los '90).

Sin embargo, a partir de 2003 se postula un cambio del escudo, hecho finalmente conseguido. Inicialmente la estrella era de cinco puntas, siendo este un símbolo muy foráneo a la cultura andaluza, más proclive al uso de estrellas tartéssicas de ocho puntas. Además, en numerosas alegorías a la Virgen de la Estrella se usaban estrellas de ocho puntas. No solo esto, otros historiadores indicaron que el entado representaba a la Casa de Sousa, sí, pero a una rama diferente a la de Antonio Alfonso de Sousa. El escudo heráldico de este noble era más complejo: en aspa arriba y abajo un castillo de oro en campo de gules y a izquierda y derecha, en campo de plata los cinco escudos portugueses de azur, con cinco monedas de plata alineadas 2-1-2. No sé cuándo fueron efectivos estos dos cambios en el escudo pero tengo fe de que llevan unos años ya implementados, principalmente en la portada de la Revista de Feria y desconozco si se hizo la difusión debida para que los habitantes de Villa del Río comenzaran a sustituir la versión antigua por esta.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El escudo de Puente Genil

En estas últimas semanas me ha dado por investigar, muy someramente aún, sobre escudos heráldicos. Tengo un objetivo de anciano, hacer cursos de vexilología y heráldica. Bueno, mientras tanto me dedico por mi cuenta.

En el proceso de reconciliación con mi pueblo he estado mirando poco a poco su historia (¡aún me falta tanto!) y me detuve en el escudo pontanés. Bueno, este pueblo es la fusión de dos localidades antiguas: el Pontón de don Gonzalo (o la Puente, según qué texto se mire) y Miragenil. Ambos nacen a la sombra de la fortaleza de vigilancia llamada Castillo Anzur y el asentamiento cercano. Parece que la construcción de la torreta data del año 910, luego el asentamiento era musulmán.

Tras la reconquista de la ciudad de Córdoba y zonas colindantes empieza a repoblarse la zona de frontera. Más allá de 1283, don Gonzalo II Yáñez Dovinal, señor de Aguilar, manda la construcción de un puente que franquee el río Genil y su custodia. La aldea sería fruto de pillajes y saqueos por parte del reino nazarí, tanto que fue abandonada hasta 1482 cuando Fernando el Católico inició la guerra final con Granada. Su reconstrucción ya fue permanente hasta nuestros días. La localidad, perteneciente a Córdoba, llevaba como escudo el del Marquesado de Priego: un escudo amarillo (de oro) atravesado por tres franjas (horizontales) de color rojo (de gules).

Por su parte, la villa de Miragenil, construida al otro lado del puente, pertenecía a Sevilla y fue fundada en el año 1568. Hubo un plan de construcción de un puente definitivo, de dos arcos (encargado a Hernán Ruiz II en 1561 y finalizado en 1583). No fue hasta la época de Leopoldo Lemoniez (discípulo de Eiffel) que se completó el puente tal y como lo conocemos hoy (el lado de Miragenil se derrumbó en 1684 y Matías Solano rehizo esta parte con dos arcos en 1703 y la parte de Pontón, en 1728, la rehizo Juan Antonio Camacho).  Lemoniez en 1874 restauró el pilar central de Ruiz y los dos arcos de Solano, rehaciendo todo lo hecho por Camacho y dando lugar a un único arco en esta parte.

El escudo de Miragenil posiblemente fue el del Marquesado de Estepa: un escudo amarillo (de oro) con una banda a cuadros rojos y blancos alternados (de gules y plata) con tres flores de lis azules (de azur) en la zona inferior de la banda y una rosa roja (de gules) con hojas verdes (de sinople) en la parte superior.

El 18 de junio de 1821 se procede a la fusión de los dos municipios, cosa por la cual se buscó un blasón común. No sé si la idea surgió y se oficializó el 30 de octubre de 1820 o si en esta fecha se terminó el diseño. En la web del Ayuntamiento se dice que el diseño se llevó a cabo en el año 1822. O bien, el sello se creó en 1820 y se convirtió en escudo en 1822. No sé, toca seguir investigando. Se alude a José María Reina Rivas como el creador del escudo.

Sin embargo, el Pontón de don Gonzalo y Miragenil se separan en 1823 por cuestiones políticas que se escapan a mi entender. He de suponer que ambas localidades, aun separadas, conservarían el mismo escudo. Parece que La Puente sí que lo conservó, aunque no descarto que Miragenil pudo volver al anterior, ¿quién sabe? El tema de escudos oficiales para pueblos y ciudades no era tan trascendente como hoy.

Finalmente, el 10 de diciembre de 1834, por un Real Decreto en los tiempos de la Reina Regente, se oficializa la fusión definitiva de ambas localidades como Puente-Genil, pasando a formar parte de la provincia de Córdoba. El escudo entonces se convirtió en emblema de la unificación: fondo azul donde en primer plano se observa el río Genil bajo un puente que une a cada uno de sus lados dos agrupaciones de casas, al fondo un monte verde está coronado del castillo Anzur. Arriba hay una filacteria que reza "Quod natura seponit socialitas copulat" (Lo que la Naturaleza separa, la sociedad lo une). Presenta también adornando el escudo (con forma de escudo familiar con la parte de arriba como de jirones de pergamino enrollados) un bastón de mando y una espada, así como soportes y cadenas que llegan hasta la parte baja del escudo donde están, no de canto, los dos platillos de la balanza de la Justicia.

Parece que heráldicamente, o sea, para la Real Academia de la Historia, no es muy bueno el escudo, aunque intenta plasmar las características que definen la localidad. Existen unos diseños creados en el siglo XIX en los que participaron en su creación (o descripción) Antonio Aguilar y Cano (en un libro suyo de 1894) y Agustín Pérez de Siles y Prado (en un libro de 1874 y un cuadro suyo posando con el escudo, quizás confeccionado en 1860). Se habla de que si bien el boceto inicialmente usado fue de Reina Rivas, Pérez de Siles fue el que utilizó el anterior y lo modificó para darle el aspecto actual. Cuánto cambio hubo, no lo sé, ojalá existieran en museos o en la web del Ayuntamiento un seguimiento cronológico con imágenes.

Desde 1889 Puente Genil fue ganando numerosos concursos olivareros, lo que hizo que en 1935 le fuese concedido el título de "Optimi olei emporium" (Mercado del mejor aceite, mal traducido por el Ayuntamiento, confundiendo mercado -emporium- por Imperio -imperium-) por parte de la Asociación Nacional de Productores de Aceite. Este título fue incorporado al escudo como otra filacteria en la parte baja de este. Parece que este ha sido el escudo oficial desde 1935, aunque se habla que a partir de 1985 la presencia de esta filacteria empezó a caer en desuso. Sin embargo, en 2009 fue autorizado su uso por la Junta de Andalucía en su forma completa, momento en que empezó a revalorizarse esta segunda filacteria (incluso hay un tapiz en la sala de plenos del ayuntamiento con ambas).

Por otro lado, la web también habla de una pintura de 1870 hecha por Juan Montilla Melgar que está en el salón de la alcaldía. Si interpreto bien lo dicho en el libro Heráldica Oficial de la Provincia de Córdoba, de Juan José Antequera Luengo (Facediciones, 2007), un historiador pontanés habla de que en 1935, junto a la incorporación del lema aceitero se introduce sobre el río Genil dos ramas de olivo cruzadas entre sí y con varias aceitunas de color negro (de sable). Este escudo pudo durar hasta la década de 1960, donde se tiene lugar otra modificación: al puente se le representa con tres ojos (justo como es en la realidad) y no con cuatro, como había sido habitual hasta la fecha. Creo que este escudo es el que aparece en una vidriera de la Casa Consistorial. No he visto imágenes en Internet de esta vidriera y de esta versión tampoco. He visto un tallado en una cruz de madera donde el escudo de Puente Genil tiene las ramas de olivo, pero el puente tiene cuatro ojos. Como la descripción del historiador local data de 1970, me atrevería a pensar que poco después de dicha fecha se volvió al puente de cuatro ojos y que en 1985 se volvió definitivamente a la configuración previa a 1935, o sea, sin las ramas de olivo y sin el título olivarero.

Este es el escudo del que tengo más memoria desde mi infancia. Diríamos que el clásico. Lo cierto es que el 23 de marzo de 2009, como ya dije, el Ayuntamiento consiguió de la Junta la autorización definitiva de su escudo oficial, autorización que también afecta al logotipo del pueblo (un escudo altamente esquematizado). En esta petición se retoma únicamente el lema olivarero de 1935, es decir, no las ramas de olivo. La diferencia entre el escudo clásico está en que se alteran colores: antes ambas filacterias eran rojas con letras negras, ahora la de arriba es roja y letras amarillas y la de abajo blanquecina con letras negras.

lunes, 29 de agosto de 2016

Alfonso XII en el Retiro

Pues sí, este parque fue testigo de numerosos paseos de uno de los monarcas más queridos en la Historia e incluso hoy es un lugar para que los jóvenes jueguen virtualmente en sus móviles. Es el monumento más importante del madrileño parque del Retiro, ubicado en el lago artificial que data de los tiempos de Felipe IV.

El monumento fue idea de la Reina Regente al poco tiempo de la proclamación del joven Alfonso XIII. La obra fue de José Grases Riera y consta de una columnata que rodea la estatua ecuestre del Pacificador con multitud de alegorías sobre tal apelativo.

El Retiro data de la época de los Reyes Católicos, fundadores del monasterio de los Jerónimos. Unos aposentos dejaron lugar a una zona de retiro espiritual (de ahí el nombre) en tiempos de Felipe II. Ya con Felipe IV se construye un palacio austero que albergue fiestas, corridas de toros y danzas y con Carlos III quedó inaugurado el vallado y se permitió la entrada libre si se cumplían ciertas normas de higiene e indumentaria. Durante la Guerra de la Independencia los franceses tomaron la plaza y destruyeron el palacio, quedando solo el Casón del Buen Retiro. Los intentos de conservación del parque llegaron a su culmen durante la I República donde se inauguró una zona de paseos de coches de caballos, donde el Duque de Fernán Núñez invirtió una suculenta suma para que esto se hiciera realidad. El paseo costaba entonces dos pesetas y media al día y por carruaje, aunque se podían conseguir abonos económicos. En 1874 se inauguró el trazado de 3 km de largo y con piso adoquinado. Se tuvieron que cortar numerosos árboles, excepto los enormes pinos denominados 'los torenos'. En 1885 el paseo quedó inaugurado incluso para los velocípedos (las actuales bicicletas).

La estatua de Mariano Benlliure de imagen de un Alfonso XII militar, pero también aficionado a los caballos. Sí, el Monarca era asiduo a paseos en carruaje. Es más, en 1880 sufrió un atentado al volver del Retiro. Salió ileso y para el día siguiente nadie pudo detenerlo de continuar con sus paseos diarios.

martes, 19 de julio de 2016

Don Alfonso y Elena Sanz

Si bien Alfonso XII siempre amó a Merchitas (como llamaba cariñosamente a la reina María de las Mercedes) su gran pasión fue Elena Sanz, una cantante de ópera, prima donna del Teatro Real. Elena nació en 1844 en Castellón y pronto fue vinculada en el mundo operístico por su gran voz. Sin embargo, hoy en día se la conoce más como la amante del Rey, por quien abandonó su profesión.

Siendo mayor que don Alfonso, se conocieron en Viena en 1872, cuando el joven estudiaba en el Colegio Teresiano. Él tenía quince años y ella veintiocho. Elena llegó a ser la protegida de la reina Isabel II y esta, asustada porque los juegos infantiles y declamaciones de amor entre su hijo y Mercedes se iban transformando en amor juvenil y sincero, ideó el plan de que solo Elena podría introducir a su hijo en las artes amatorias. Quizás, de esta manera, él se enamoraría de esta famosa cantante y abandonaría sus ensueños por su prima carnal. Pero el destino tenía pensado otro plan, puesto que Elena tuvo que partir a una gira por Sudamérica y dejó expedito el camino para que los primos pudieran seguir su legendario romance.

Ya sabemos que el matrimonio regio duró poco y no hubo descendencia, para alivio de doña Isabel y para tormento de don Antonio de Orleans. Alfonso XII se refugió en El Pardo a llorar a su amada y muchos allegados pensaron que sería capaz de intentar una locura. Fue por esto que intentaron volver a poner en su vida a Elena. Fue así como el Rey acudió al estreno de La Favorita, donde actuaba protagónicamente Elena. Cuando esta terminó la obra y subió al palco regio para cumplimentar al Monarca, la pasión volvió a surgir entre ellos. Don Alfonso no paró de acudir a sus óperas y de escribirle misivas.

Si bien Elena al principio estuvo muy reticente de volver a embarcarse con una relación con este tan alto personaje, pronto volvieron los amoríos compartidos y pronto abandonó los escenarios para consolidar su amor. Don Alfonso también lograba escaparse de sus regios deberes y acudir a los brazos de su amante. Hay notas y fotos autografiadas con mensajes que no son para nada crípticos, sino todo lo contrario.

Sin embargo, esta relación, si bien estaba aceptada por muchos (incluso doña Isabel la llamó 'mi nuera ante Dios'), no podía asegurar la continuidad dinástica al no estar casados. Para evitar un matrimonio morganático se designó por cuestiones de Estado como Reina a doña María Cristina. Cánovas, ante las iras de la Reina por no ocultar ni su marido ni la sociedad la relación con Elena, tuvo que exiliarla a París. Pero fue en 1880 cuando la cantante dio a luz al primer hijo del Pacificador, Alfonso. El Rey no tardó mucho en hacer que volviera a España, consiguiéndole una casa muy cerca de Palacio. Las visitas, como era de esperar, no escaseaban.

El matrimonio regio tuvo dos hijas, Mercedes y Teresa, pero no un varón. Alfonso XII como que se dividía en dos para estar con sus dos familias. Pero el problema vino cuando nació de Elena otro bastardo varón, Fernando. Cristina dio el ultimátum para que Elena y sus hijos huyesen de Madrid. Si no, ella volvería agraviada a Austria-Hungría. Para evitar el escándalo las presiones políticas hicieron que la cantante volviese a Madrid, aunque el propio Rey, de su dotación, daba 5000 pesetas mensuales a su familia. El problema era que lo hacía a escondidas para evitar los ataques de Cristina, por lo que la puntualidad del envío nunca estaba asegurada. Si creía la Reina que ahora el Rey solo tendría ojos para ella, se equivocaba de pleno. Don Alfonso fue de amante en amante.

Cierto que esta distancia empezó a enfriar la relación. Hubo desencuentros y peleas, además de rencillas que se abrieron de nuevo y que fueron creadas en España. Poco a poco la pasión que los unió se fue convirtiendo en una relación cordial. Ya no existía lo que fue, pero siempre estuvieron en contacto y se preocuparon por la salud y futuro de los pequeños.

Cuando el Rey murió en 1885 y María Cristina anunció su embarazo y asumió la Regencia quitó al pronto la manutención que debía recibir Elena y sus dos hijos. Elena entonces chantejeó a la Familia Real, o ingresaba el Trono 31000 francos en un depósito de deuda exterior a retirar por sus hijos al alcanzar la mayoría de edad (estimando una fortuna de 700000 francos) o publicaba las cartas de Alfonso XII que aseguraban la paternidad regia de Alfonso y Fernando. Cartas que decían, por ejemplo:

-Idolatrada Elena: mucho gusto he tenido en verte todos los días en estas funciones

-Amor mío, mañana miércoles 15, a las 11 menos cuarto, espero estar en tus brazos

-Hasta el próximo día que cacemos en furtivo, amor mío

-Adorada Elena: perdón sin anoche te hice tanto sufrir. Varias veces me desperté pensando en ti y lleno de remordimientos

-Querida Elena: hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto

-Idolatrada Elena: Cada minuto te quiero más y deseo verte, aunque esto es imposible en estos días. No tienes idea de los recuerdos que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por la falta material de tiempo. Dime si necesitas guita y cuánta. A los nenes un beso de tu (firma) Alfonso.

-Elena mía: Qué monería de retratos y cómo te lo agradezco. El chico hace bien en agarrarse a lo mejor que tiene y por eso le va a gustar tocar la campanilla. Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo. Daría cualquier cosa por verte mas no es posible. Recibe un abrazo, (firma) Alfonso.

-Querida Elena: Hasta hoy no te he podido remitir lo que va adjunto porque cerré el mes con deudas y sin un cuarto. Me castigo por el retraso, según verás, remitiéndote 500 pesetas de plus. Seré más exacto en adelante. Me alegro de que el nene esté bueno. Mil besos de tu (firma) Alfonso.

Pero en 1898 murió Elena y sus hijos con estupor vieron que el banco que había elegido el banquero real, Prudencio Ibáñez, había quebrado. La Reina había jugado una de sus peores y más malvadas cartas y había dejado sin dinero a Alfonso y Fernando. En 1907, Alfonso perdió un pleito por el que pedía que se demostrase que era hijo del Rey muerto. El juez adujo que a los monarcas no se les podía encuadrar en el Derecho Común, evadiendo el supuesto de descendencia extramatrimonial. Alfonso entonces trabajó en importantes cargos y casó con la hija de un rico mexicano. Aunque intentaba borrar su pasado siempre tuvo buenas relaciones con doña Isabel y la infanta Eulalia, que siempre los consideraron a los hermanos como parte de la familia.

sábado, 18 de junio de 2016

La vida de Don Alfonso

Alfonso XII nació el 28 de noviembre de 1857 en Madrid, hijo de la reina Isabel II y de su consorte Francisco de Asís. Sin embargo, esto último no está tan seguro (al menos desde el punto de vista biológico) puesto que el amante de la Reina por esa época fue el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó. Además, don Francisco andaba lejos durante las fechas de la concepción y además era homosexual, con amante 'oficial' y todo.

El joven Príncipe pronto se verá obligado a abandonar su país durante la Revolución de La Gloriosa en 1868. La Familia Real se exilió en París durante un tiempo, lugar donde Alfonso cursó estudios. Pronto fue a Austria-Hungría, para formarse en el Colegio Teresiano vienés. Finalmente, y durante unos pocos meses, se fue a Reino Unido a recibir instrucción militar, en la afamada Academia de Sandhurst. Durante el exilio, más precisamente en 1870, su madre abdicó sus derechos al Trono, por lo que el joven se convirtió en Rey en el Exilio. Fue una gran maniobra política, puesto que el retorno de su familia no era una opción muy favorable si doña Isabel seguía ostentando los derechos dinásticos. La turbulenta política española de la época jugó mucho en favor de la causa alfonsina y el 29 de diciembre de 1874 se llevó a cabo el Pronunciamiento de Sagunto, por el que las autoridades militares lo reconocieron como Rey legítimo, en detrimento del régimen republicano de la época. El 9 de enero de 1875 vuelve a pisar suelo español, siendo aclamada su entrada en Barcelona. Tres días después, y tras pasar por Valencia, llega entre vítores al Palacio de Oriente.

La Restauración, régimen político que acompañó a Alfonso XII, se consolidó prontamente, basada en una política liberal y una monarquía de corte constitucional. El sistema bipartidista se consolidó durante la Restauración donde las dos facciones más relevantes eran, por un lado, la aristocracia y la clase media moderada (liderados por el Partido Liberal-Conservador de Cánovas del Castillo) y, por el otro, la clase industrial y los comerciantes (liderados por el Parido Liberal-Fusionista de Sagasta). Pero a pie de calle, el poder seguía siendo llevado por la oligarquía y por los caciques rurales, que instalaron una práctica (el pucherazo) que pronto dejó de estar en sintonía con el pueblo español. Por otro lado, si bien la Iglesia Católica perdió terreno por la Constitución de 1876 y su consagrada tolerancia religiosa, su influencia en la sociedad y la educación apenas se resintió.

Don Alfonso se ganó el apodo de El Pacificador tras lograr calmar los conflictos militares que azotaban al país, siendo los más relevantes la III Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Las victorias gubernamentales lograron consolidar la Restauración y la participación activa del Monarca en el frente lo hicieron muy popular. Tras esto, la implantación constitucional, y su escrupuloso acatamiento, fue su gran logro.

En 1878 se casó con su prima María de las Mercedes, de la que estaba perdidamente enamorado. Si bien el pueblo celebró a lo grande los esponsales y pasó el hecho al folklore popular, la reina madre y el Gobierno estuvieron fuertemente en contra de dicho enlace. ¿Por qué? Porque su suegro era don Antonio de Orléans, duque de Montpensier, un conspirador durante el reinado de Isabel II y había llegado a asesinar en un duelo en un ascenso en las opciones a ostentar la corona española. Además, su nombre se rumoreaba como instigador del magnicidio del presidente Prim, principal valedor del rey Amadeo I. Tras la bula papal que habilitaba el matrimonio doña Isabel no acudió al enlace como protesta, no a la Infanta, sino contra su padre don Antonio. El 23 de enero en Atocha mil cirios alumbraron esta nueva etapa de Alfonso XII bajo los augurios del cardenal Benavides.

El joven matrimonio duró poco. Un aborto mal curado en marzo del mismo año iniciaron el lento declive de salud de la Reina y el 26 de junio, con gran dolor por parte del Rey y del pueblo, 'Carita de Luna' abandonó este mundo. Montpensier rabió al perder un vínculo de sangre con el Trono (a pesar que después casó a su hijo con doña Eulalia, una hermana de don Alfonso). Hasta doña Letizia, fue la única Reina consorte nacida en territorio español.

Parte del luto la pasó recluido y llorando don Alfonso, aunque pronto volvió a su vida Elena Sanz, la afamada cantante y amante del joven monarca. Pero esto no era suficiente, la monarquía necesitaba continuidad dinástica y a la fuerza fue casado con doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. Tres hijos tuvieron: Mercedes, Teresa y Alfonso, este siendo póstumo.

Alfonso XII, desde que en su tierna infancia le atacaron unas crueles fiebres, tuvo una salud muy delicada. La tuberculosis pronto se hizo con él. Pero en vez de cuidarse, aumentó en su número de salidas de incógnito y de amantes. Por la noche, un vividor; por el día, un fiel cumplidor de sus obligaciones. Esto hizo que su cuerpo no resistiese más y muriese en el Palacio de El Pardo el 25 de noviembre de 1885 a la mañana, si no antes. Murió en una amplia cámara de dos balcones que justo daban a la fachada principal. La Reina y el médico de cámara fueron los que lavaron y prepararon el cadáver, que fue dejado en la enorme cama de hierro con decoración de oro en la que se produjo el deceso. Entre sus manos se le colocó el crucifijo con el que había hecho la Primera Comunión en Roma.

El día 26 comenzó a ser embalsamado debido al avanzado estado de descomposición del cuerpo. Tuvieron que emplear 25 inyecciones de un litro cada una para lograr el propósito planteado. Tras colocar el catafalco en el Palacio de Oriente para recibir el último adiós del pueblo español fue enterrado en el pudridero de El Escorial, cinco días después. Al poco tiempo, fue trasladado definitivamente al Panteón Real.

Años después, siguiendo una leyenda, el joven Alfonso XIII quiso ver a su padre, pues nunca lo conoció. Al destapar el ataúd, y para sorpresa de todos, el cadáver de don Alfonso se encontraba intacto. Parecía como dormido, decían, sumando otra leyenda más a esta insigne figura.

martes, 14 de junio de 2016

Juan Carlos I y Sofía en Puente Genil

Sucedió un 3 de abril de 1976 y no sé si la situación volvió a repetirse. Parece ser que era su gira como Reyes por los pueblos andaluces. Entre presentación y propaganda, ya que tenía que ganar Juan Carlos muchos apoyos para poder iniciar una Transición con la mayor parte de los españoles de acuerdo. Y, en retrospectiva, sabemos que lo consiguió.

Llegó alrededor de las 12.15 tras salir de Estepa. En la Casa Consistorial las cornetas y tambores entonaron el himno nacional y los aplausos y vítores llenaron el lugar. Se descubrió una placa que conmemoraba otra efemérides; del mismo día pero de 1482, momento en el que pasó por el lugar (en la antigua Pontón de don Gonzalo) Fernando el Católico.

El alcalde era Miguel Robledo y en el balcón pronunció unas palabras agradeciendo a los Reyes por pasar por Andalucía y que sin ánimos de agobiar tomaba la regia palabra que había pronunciado ya en sus discursos más fundamentales, a saber, que nadie temiera que su causa fuese olvidada. Así, el alcalde expuso que el plan de regadíos Genil-Cabra y el abastecimiento de agua de Puente Genil y sus aldeas eran harto fundamentales para el progreso de la comarca. Los vítores de los pontaneses parece que fueron enormes y solo aflojaron cuando el Monarca agradeció la lealtad, el afecto y la confianza hacia la Corona que profesaban los habitantes. Dijo ser consciente de los problemas que sufría la localidad y que con el esfuerzo de todos se podrían resolver pronto. Finalizó con un '¡viva España!'

Ya en el salón de plenos los reyes fueron agasajados con un libro a color sobre el pueblo, así como de su afamada Semana Santa. Juan Carlos y Sofía firmaron en el libro de la ciudad y en el del Imperio Romano, la famosa y antigua corporación bíblica. Durante los agasajos la pintora Gloria Prieto les obsequió un óleo suyo donde aparecía el príncipe Felipe. A la salida, niñas con vestidos típicos de la huerta les regalaron productos de la tierra. Una de las niñas tenía discapacidad intelectual y rauda de abrazó a la Reina para hacerle entrega de una carta donde le pedía que viniese a inaugurar el inminente colegio enfocado en problemas mentales.

Cerca del barrio de Miragenil, antes de entrar en el coche oficial, la joven Petri  Pérez entregó a la Reina  un ramo de claveles rojos y amarillos, gesto agradecido por el matrimonio. Dicho coche subió al barrio nuevo, donde en la Matallana fueron ovacionados por miles de personas que se congregaron allí. ¿El siguiente destino? Montilla.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Breve biografía de El Pacificador (4/4)

Terminemos la breve biografía basada en los apuntes de Rafael Fernández Sirvent que están subidos en las biografías regias del portal Cervantes Virtual.

Como por todos es bien sabido, la fama de Alfonso XII no se debe solo a una excelente propaganda gubernamental en los ámbitos castrenses, ni solo en el romance popular. El Pacificador siempre fue considerado alguien muy afable y espontáneo y que hacía gala de su humanidad en multitud de ocasiones, incluso en contra del protocolo establecido. A don Alfonso le preocupaban realmente las cuitas de los españoles y siempre que le permitía el Gobierno acudía a consolar y ayudar a los damnificados por catástrofes naturales o a los enfermos de epidemias que azotaban extensas regiones. Quedan destacadas las visitas a Levante en 1879 por las inundaciones, su visita a Andalucía en 1885 por el terremoto y su presencia en Aranjuez en 1885 por la infección de cólera. Los medios de información siempre se hacían eco de sus apariciones oficiales y cuando llegaban a sus oídos las no oficiales, también iban corriendo a publicarlas. Es más, la composición de tonadillas y poemas en su honor, por sus buenas acciones humanitarias, nunca fueron pocas.

Sin embargo, la fulgurante carrera de este joven pronto se vio truncada por la tuberculosis. Su enfermedad se agravó tanto que tuvo que ser ocultado en el palacio de El Pardo. Paradas respiratorias y vómitos de sangre lo acompañarán hasta el final. Pudiera ser que muriese un día o dos antes de lo anunicado, el 25 de noviembre de 1885, por miedo a la crisis que se desataría. Pero lo que sí es cierto es que María Cristina se convirtió en Regente y no se nombró como Reina a su hija primogénita, ya que todos quedaban a la espera del sexo del bebé que Crista llevaba dentro. Don Alfonso fue amargamente llorado mientras sus restos iban hacia El Escorial. Mientras tanto, Cánovas y Sagasta intentaban mantener en el famoso Pacto de El Pardo los cimientos de la Restauración y asegurar así el turnismo de partidos que habían ideado.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Breve biografía de El Pacificador (3/4)

Y tras el pronunciamiento de Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 en Sagunto, las autoridades republicanas no tienen otra opción sino aceptar. Don Alfonso es loado en París y muchos le desean grandes augurios. Su primer punto donde pisará de nuevo suelo español será Barcelona, con más aplausos que abucheos. Era el 9 de enero de 1875. De allí viajará de nuevo en barco hasta Valenci, llegando a Madrid el 14 de enero, envuelto en una gran multitud que lo vitoreará hasta la extenuación. Incluso hay anécdotas que tanto jolgorio solo se vio cuando expulsaron a su madre. Su primera acción como Rey efectivo fue a los cinco días de entrar en el Palacio de Oriente: haría gala de su graduación militar de Capitán General y encabezaría los ejércitos gubernamentales que intentaban frenar el avance carlista. Su breve formación en Sandhurst le sirvió para fomentar su faceta de rey-soldado, cabalgando junto a los militares y compartiendo comida y vivencias. Fue, hasta el momento, el único Rey de España que ha estado en un campo de batalla. Incluso el regio muchacho repetía sin cesar que un Rey que no estuviera bajo fuego enemigo no se podía considerar un Rey como tal. La propaganda tuvo su efecto y tras la victoria de 1876 se le empezó a conocer como El Pacificador. Además, este apelativo fue consolidado tras lograr frenar las ansias independentistas cubanas y la firma de la histórica Paz de Zanjón en 1878, que daba por finalizada la Guerra Grande (aunque al año siguiente se diese la efímera Guerra Chica).

Fue también en 1876, pero el 30 de junio, cuando se promulga la nueva Constitución del país, la de mayor duración histórica hasta la fecha. En esta Carta Magna la soberanía quedaba compartida entre el propio Rey y las Cortes. Alfonso XII adquiría entonces poderes de moderación. Eso sí, contaba con grandes prerrogativas en el ámbito ejecutivo y legislativo, además de ostentar el máximo mando del Ejército y la Armada. Este texto fue la base del régimen de la Restauración, que daba un gran peso a la monarquía, y al parlamento le daba mayor relevancia que en ocasiones anteriores. Sin embargo, en un afán por consolidar las nuevas prácticas, pronto se consolidará el pucherazo y el amaño de elecciones. Pocos años después estas soluciones se alejarían del ciudadano elector medio y atacarían al corazón de la Restauración. El propio Alfonso XII llegó a criticar a los caciques y un par de veces se dirigió al Congreso y al Senado para pedir una reforma del proceso electoral. Pero nada de eso sirvió. Casi durante medio siglo el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal-Fusionista se turnarían cada cierto tiempo para enfocar la resolución de ciertos problemas. Es más, el texto constituticional quedará vigente hasta el 13 de septiembre de 1923: el golpe del dictador Primo de Rivera y la aceptación de Alfonso XIII provocarán su suspensión hasta una efímera reimplantación en 1930-1931, demasiado tarde y con la consecuencia de la proclamación de la II República.

En otros temas de Estado, don Alfonso casó dos veces. La primera, fue por amor. La elegida fue la nieta del rey francés Luis Felipe I y sobrina de Isabel II: María de las Mercedes. En enero de 1878 se dio el tan esperado enlace matrimonial. Y complicado por las acciones dudosas de su padre en contra de Isabel II y el gobierno del general Prim. Sin embargo, en junio de ese mismo año, la Reina muere debido a un aborto mal practicado, aunque en la época se dijo que era a causa de tifus. El Rey quedó muy afectado y el pueblo compuso muchas coplillas en recuerdo del amor entre los dos adolescentes. Tan trascendente fue el episodio que incluso a día de hoy sus hechos quedan en el acervo romántico hispano. En cambio, el segundo matrimonio fue por razones de Estado, pues era necesario asegurar el proceso de sucesión monárquica. A finales de noviembre de 1879 se casó don Alfonso con Marí Cristina de Habsburgo. Esta le dará tres hijos: Mercedes, Teresa y el póstumo Alfonso. Doña Cristina nunca será amada, ya que el Rey comenzará una prolífica vida extraconyugal. Muchas amantes se le conocieron, aunque siempre destacó la cantante Elena Sanz, protegida de la Reina Madre y que le dará dos hijos: Alfonso y Fernando, que nunca tuvieron derechos de sucesión al Trono. Sin embargo, cuando Cristina asumió la Regencia, intentó cortar todas las aspiraciones económicas de la familia Sanz.

martes, 7 de julio de 2015

Breve biografía de El Pacificador (2/4)

El joven Príncipe de Asturias tuvo que exiliarse junto con el resto de su familia debido a la Revolución de La Gloriosa, la cual, en 1868, destronó a Isabel II en un clima de protestas. Tras el Gobierno Provisional y la Regencia del general Serrano se sucedieron el corto reinado de Amadeo I de Saboya y la turbulenta I República. España estaba en una situación crítica mientras don Alfonso vivía en el extranjero, pues las sublevaciones carlista, cantonal y cubana azotaban con fuerza el país. La misión del Príncipe no era fácil, pues primero debía restaurar la monarquía mediante bases legítimas y después debía imponer la paz en la metrópolis y sus colonias. Don Alfonso tuvo que prepararse para esto en un tiempo récord. Sin embargo, devolver la estabilidad política, social y económica era una tarea ardua para alguien tan joven. Por eso pronto se asoció al insigne política malagueño don Antonio Cánovas del Castillo.

Idiomas, artes militares, conocimientos, eran los pilares a reforzar en el joven candidato Borbón. Para ello, no paró de viajar por las potencias europeas de la época. En Francia estuvo en el Colegio Stanislas parisino, En Suiza se formó en Ginebra, en la Academia Pública. En Austria-Hungría aprendió en el Colegio Theresianum y en Reino Unido se instruyó en la Real Academia Militar de Sandhurst. Ya en 1870, Cánovas y el Duque de Sesto habían conseguido que doña Isabel abdicase en sus derechos sucesorios, dejando a su hijo como joven monarca exiliado. Es más, en 1873, en plena República, don Antonio consiguió sustituir al Duque de Montpensier como adalid de la causa alfonsina en España. Su objetivo era influir en la opinión pública e ir organizando a los adeptos a la causa. Los postulados de Cánovas del Castillo proponían una Restauración en la que no interviniese el Ejército, tan proclive a sus pronunciamientos durante todo el siglo XIX.

Don Alfonso solo estuvo en Inglaterra un corto intervalo de tiempo, no pudiendo finalizar su formación militar de manera adecuada. Esto fue debido a la gran fragilidad de la institución republicana y al clamor de la gente para un cambio de rumbo. El general Martínez Campos no pudo esperar los planes de Cánovas y el 29 de diciembre de 1874 realizó en Sagunto un pronunciamiento en el que declaraba como Rey a don Alfonso, considerando por tanto abolida la República. El detonante fue el famoso y conocido Manifiesto de Sandhurst, que era una carta en respuesta a las felicitaciones que le habían dado por su cumpleaños. En realidad, Cánovas del Castillo plasmó ahí la hoja de ruta de la nueva monarquía y muchos que llegaron a leerlo en España comulgaron rápidamente con este. En el Manifiesto se presenta a don Alfonso como un monarca modélico, de espíritu conciliador, liberal políticamente, católico de religión y español de nacionalidad y sentimiento. Su retorno ya era inminente.

martes, 9 de junio de 2015

Breve biografía de El Pacificador (1/4)

Bueno, para refrescar la memoria nada mejor que retomar unos retazos biográficos de Alfonso XII, que a estas alturas todos saben, que es uno de mis referentes. Pero tantas cosas que hacer no le dan tiempo a uno a centrarse en todo lo que desea y, también ya lo saben a estas alturas, tengo épocas en las que me aproximo más a ciertos referentes y en otras a otros.

Rafael Fernández Sirvent nos habla de un 'reinado inacabado' debido a los pocos años de actividad regia de Alfonso XII, así como su muerte a cortísima edad. Sin embargo, fundó los cimientos del actual régimen monárquico con control parlamentario y en 1876 nació la Constitución más longeva de las que tuvimos. A esto, se le unió el influjo legendario y romántico de su persona, quedando para siempre en el acervo popular como El Pacificador, el apodo que la prensa oficial logró consolidar.

El 28 de noviembre de 1857 nace don Alfonso, hijo varón de la reina doña Isabel II y es automáticamente nombrado como Príncipe de Asturias. Ya su venida al mundo estuvo rodeada de polémica, puesto que muchas fuentes coetáneas afirman la homosexualidad del consorte de la Reina: don Francisco de Asís. Ya desde el embarazo se sospechaba que el verdadero progenitor era el oficial del cuerpo de ingenieros Enrique Puigmoltó. Esto fue aprovechado por los sectores contrarios a la dinastía Borbón para robar legitimidad a esta y resaltar el rol licencioso de la Reina. Puigmoltejo fue el primer sobrenombre del Príncipe. El 7 de diciembre de 1857 fue bautizado, teniendo como padrinos al papa Pío IX (representado por monseñor Berili) y a su hermana Isabel, la Chata.

Los que convivieron con don Alfonso lo describen como serio y muy responsable para la edad que tenía y con tintes de genialidad. Sus ojos, de color castaño, emanaban serenidad y podían transmitir multitud de emociones. Aunque su altura era menor a la media, sus facciones cautivaban a los que le rodeaban, unido esto a su amabilidad, bondad, ocurrencias y ocultación de su orgullo. Por otro lado, de todos es sabido su precaria salud, ya desde muy pequeño poniéndolo entre la espada y la pared. Los baños en el mar y la práctica de gimnasia y varios deportes (cosas de moda en la burguesía de la España de segunda mitad del XIX) serán sus primeras recetas para recobrar la salud.

jueves, 16 de abril de 2015

Alfonso XII y el terremoto (2/2)

Andrés García Maldonado en su obra Una histórica solidaridad mundial sigue con la relación de acontecimientos que tuvo el joven Rey en su visita por tierras andaluzas, sobre todo las provincias de Granada y Málaga.

El día 16 de enero Alfonso XII se dirigió por ferrocarril hacia la ciudad de Málaga, llegando por la tarde. Tras visitar sus dependencias en la Aduana se dirigió al Tedéum para después llevar a cabo la recepción y comida oficial. Al día siguiente el monarca se dirigió hacia Torre del Mar para hospedarse con un hermano de los Larios, un tal Crooke. Visitó las barracas y almorzó con los afectados de los terremotos. Tras esto visitó las fábricas Larios. Después tuvo tiempo para ir a Vélez-Málaga para visitar los destrozos en la parroquia y el ayuntamiento. Regresando a Torre del Mar visitó la propiedad de Heredia, llamada la Gaviota y pronto fue a descansar. Hay que recordar que visitando a los heridos quiso dejar allí su botiquín personal a pesar que lo necesitaba urgentemente por el estado avanzado de su enfermedad.

El día 18 de enero, de 1885, oyó misa al alba con sus acompañantes y se dirigió hacia Periana para visitar el destruido pueblo y el hospital de heridos. En una barraca almorzó, pero tanta era la pena de don Alfonso que no pudo tocar el segundo plato. Se levantó y ordenó que el resto de la comida fuese íntegramente para heridos y enfermos. Tras una visita por el pueblo regresó a Torre del Mar para cenar y descansar. El día 19 se dirige hacia Canillas de Aceituna, que también había sufrido graves desperfectos por el sismo. Visitó el pueblo y estuvo en todo momento reconfortando los heridos. Tras almorzar en una barraca volvió a Torre del Mar para descansar. A la mañana siguiente recibió a varias delegaciones de los pueblos afectados y entregó 1000 pesetas a cada delegado para ayudar en la reconstrucción. A mediodía fue para Torrox para visitarlo y de ahí pasó a Nerja. No dejó de escuchar los partes de desperfectos y dejó donativos de su bolsillo. En la ciudad de Nerja quedó maravillado por las vistas y la bautizó como Balcón de Europa. Casi al atardecer volvió a Torre del Mar.

El día 21 del mismo mes fue el Rey hacia Málaga, aunque tuvo que detenerse en el Polo porque la delegación de regidores quería agasajarlo con un almuerzo al estilo de la Caleta. Ya en la capital malacitana visitó los cuarteles militares que participaban en la reconstrucción y pasó revista a las tropas. En Aduana recibió a varias autoridades antes de irse a dormir. El día 22 salió el Pacificador en tren hacia Madrid al amanecer, llegando a la capital a medianoche. El pueblo madrileño lo estaba esperando entre clamores y vítores y acompañaron a Alfonso XII durante todo su trayecto a Palacio portando antorchas para iluminar el camino.

sábado, 28 de marzo de 2015

Alfonso XII y el terremoto (1/2)

Maravilloso Twitter que te permite seguir a decenas de cuentas donde parece (de manera simulada, claro) que las manejan personajes históricos. Una de estas es @AlfonsoXIIEsp y hace poco relató la visita del Pacificador a Andalucía, tras los terribles terremotos de Navidad de 1884.

Recoge la biblioteca de Patrimonio Nacional una relación de acontecimientos de la visita de Alfonso XII a las provincias de Málaga y Granada para visitar las labores de reconstrucción. Su secretario personal fue el encargado de hacer las anotaciones que están guardadas en la Real Biblioteca, junto a pequeñas misivas que el propio Rey escribió a su hermana la infanta Eulalia.

El 9 de enero de 1885, don Alfonso sale de Madrid ya en la tarde acompañado por numerosos miembros del gabinete, y miembros del cuerpo militar, así como sus acompañantes de Palacio, el Duque de Sesto entre ellos. Así, el día 10 por la tarde Alfonso XII llega a la localidad granadina de Loja para almorzar con un prohombre del lugar. Hecho esto se dirige a Granada, con tiempo para visitar la catedral y escuchar el Tedéum. Después, se dirige a visitar el convento de Santa Clara. Finalizado el recorrido va el Rey hasta el ayuntamiento para recibir autoridades, para cenar y descansar. El día 11 por la mañana fue el monarca a oír misa en la iglesia de las Angustias y de ahí parte en ferrocarril de nuevo hacia Loja. A eso del mediodía toma un carruaje para ir hacia Alhama, visitando en primer lugar el hospital de heridos para reconfortarlos. A la caída de la noche acude a cenar al balneario de un diputado y después de esto se retira a descansar. Tras un buen descanso el día 12 sale la regia delegación hacia Arenas del Rey para homenajear al cura Mejía, que había hecho un ingente esfuerzo para mitigar la catástrofe. Visitó Alfonso XII el barracón donde se había instalado el hospital de sangre. Tras la visita se encaminaron a Fornes y almorzaron en un molino que había en el camino, para sorpresa de los habitantes. Agrón y Ventas de Huelma también estuvieron en el itinerario, que tras finalizar regresó el Rey a Granada.

En cierto momento, según comentan algunos seguidores, un alcalde le pide visitar su pedanía, muy maltrecha por el seísmo. El Rey quiere pero los políticos, al ver que no les dará publicidad ni votos, se niegan en rotundo. Como buen constitucionalista, el Rey se abstiene de ir sin refrendo ni compañía gubernamental. Sin embargo, queda muy dolido y reniega ante sus próximos del tinglado caciquil de la Restauración, a pesar de que gracias a él goza su régimen de estabilidad.

El día 13 don Alfonso se dirige a Albuñuelas y en Padul, pueblo que estaba a mitad de camino, paró a visitar a los heridos. El río Torrente le impidió seguir hasta la localidad de destino, por lo que hicieron un corto desvío hasta Dúrcal. De vuelta en Padul, Alfonso XII visitó la iglesia. Con el tiempo sobrante tras el cambio de planes, el monarca pudo visitar la Alhambra y el Generalife, admirándose de su belleza. Saliendo de Granada el 14 llegó hasta Guevéjar marchando a pie por el fuerte temporal de granizo y nieve. Esto sin duda, repercutió en su maltrecha salud. La gente tuvo en gran estima tal esfuerzo pero pronto retornó a Granada totalmente embarrado. Visitó el hospital y las barracas fuera de la ciudad. Tras esto, se encaminó para visitar la universidad granadina y pasear por la carrera de la Bomba. De vuelta a su alojamiento, recibió numerosos delegados y alcaldes para escuchar sus problemas. El día 15 tocaba ir en tren hasta Antequera para ir hacia el Romeral, propiedad del famoso Romero Robledo. Tras almorzar fue hasta la ciudad y visitó la colegiata, el hospital, el monasterio y una cueva donde se hacían antaño rituales celtas. Tras esto volvieron a las tierras del controvertido político.

jueves, 19 de febrero de 2015

La caligrafía de Alfonso XII

La grafología es una técnica bastante conocida y sorprendente, ya que con un par de líneas de texto se puede entrever la personalidad de quien escribió eso. Por suerte no todos los manuscritos de don Alfonso fueron destruidos como petición a su muerte, algunos quedaron intactos y gracias a ellos sabemos qué pensaba y razonaba el Pacificador. Sandra María Cerro analiza la caligrafía del Rey en sus misivas dirigidas a su abuela María Cristina. ¿El tema? El mítico amor que sentía por su prima María de las Mercedes, que tan hondo caló en el acervo hispano.

Y es que lo tuvieron difícil debido a las maquinaciones de don Antonio de Orléans por acceder al Trono (promoviendo incluso el asesinato del presidente Prim). Merchitas también le escribía a María Cristina, abuela común de ambos. Usan palabras espontáneas y cuidadas, muy alejadas a los protocolos regios.

La primera vez que se conocieron, si puede llamarse así, fue en el bautizo de Mercedes (amadrinado por Isabel II), en 1860, donde el Príncipe contaba con poco menos que tres años. Entre Sevilla, Lisboa y París y en sus visitas esporádicas comenzó el amor. Una frase de un joven Alfonso a un compañero de estudios da a entender lo que sentía:

- Cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia.

En relación al tema del enlace real, contando con la oposición de su augusta madre y de las Cortes, se dirige el 1 de diciembre de 1877 hacia su 'querida abuelita' comentándole que el matrimonio será un asunto 'del cual depende la felicidad de dos nietos tuyos, que te quieren cual ninguno'. Prosigue de la siguiente manera:

-Esto unido a la convicción que tengo de que la mejor política en el matrimonio de un rey, es buscar la mayor felicidad posible, que tiene que recaer en la de su pueblo, cuando no sea más, que dándoles el ejemplo de un buen esposo y un buen padre de familia, que es la base de la prosperidad de las naciones; me ha hecho tomar la resolución de unir mi suerte a la de mi idolatrada prima.

El texto es pulcro, con detalles cuidados y una gran capacidad de entrega para con el prójimo. Los rasgos de las letras indican visión de futuro y pasión física y mental. La grafóloga indica que el nivel cultural era elevado, lo mismo que su nivel intelectual. Las ideas del Rey son claras y coherentes, basculando entre la realidad y lo anhelado. Alfonso XII se muestra seguro y reflexivo, busca sus metas de cualquier forma, incluso si es necesario recurriría a la defensa a ultranza y a la rebeldía.

Las letras de don Alfonso delatan idealismo, ímpetu, lucha, ejercicio prudente de la autoridad y un espíritu conciliador. Si bien es consciente de sus obligaciones no dudaría en colocar antes los sentimientos que la razón. Es sociable, afable, generoso, sensato, cuerdo, emocionalmente sereno, pasional, ilusionado, idealizador y preso de los sentimientos.

En el Congreso, con motivo del enlace, Alfonso XII pronuncia que:

-Señores diputados, el enlace que voy a contraer, inspirado al propio tiempo que por los más puros afectos del corazón por el conocimiento de las altas prendas que adornan a la que ha de compartir conmigo el Trono de San Fernando y de la Católica Isabel, del mismo modo que motiva vuestros entusiastas plácemes, alcanza sin duda los del país, a quien legítimamente representáis, y merece la unánime felicitación de las potencias amigas.

Y el 23 de enero de 1878 tiene lugar en Madrid el esperado enlace por amor, aunque doña Isabel no acudiese por las diferencias, no con la Infanta, sino con su padre el Duque de Montpensier. El Consejo de Ministros apaciguó a las Cortes al hablar que los ángeles no se discuten. El pueblo vio salir al Rey y a 'Carita de cielo' de la basílica de Atocha y lo celebró por lo alto pues decían que se casaron como los pobres: por amor.

La caligrafía de Mercedes indica delicadeza, minuciosidad y pasión. Aparte de ser dulce y tímida encierra un porte autoritario que sale cada vez que no consigue sus caprichos. Sus trazos denotan sencillez, sin ánimo de sobresalir y con ganas de observar más que intervenir. Destaca su gran inteligencia y su claridad de ideas, tanto que roza la obsesión. Casi nunca es objetiva y siempre intentará sacar sus planes hacia adelante. Merchitas es transparente y directa y con mucha pasión, al igual que su marido.

En abril de 1878 escribe a su abuela. desvelando el principio del fin: nada de tifus, sino un aborto del que nunca se recuperó:

-Podrá usted figurarse lo mucho que he sentido el percance que tuve, ya estoy completamente bien y quiera Dios que a la próxima no suceda lo mismo.

Desgraciadamente su estado empeoró y el día 24 de junio recibió la extremaunción, precursora de su fallecimiento el 28 siguiente. Alfonso XII se encerró para llorar desconsoladamente. Tras esto, un matrimonio arreglado, amantes varias y tabernas, hasta que en 1885 murió de tuberculosis.

Si bien María de las Mercedes no dio descendencia real y no pudo ser enterrada en el Panteón de Reyes, si terminó reposando en la Catedral de la Almudena, su gran proyecto de su corto reinado. En su epitafio reza 'María de las Mercedes. De Alfonso XII su dulcísima esposa'.

sábado, 10 de enero de 2015

Príncipe Alfonso, el 'Puigmoltejo'

El nacimiento de quien sería Alfonso XII fue un hito de alegría en Madrid y el resto de España. Ese 28 de noviembre de 1857 la Villa y Corte escuchó 21 salvas de cañón, confirmando que el nuevo Príncipe era varón. Tanta alegría hubo que los teatros interrumpieron sus funciones y las orquestas se hartaron de tocar el himno nacional. Muchos salieron a la calle a celebrarlo. Y no era para menos, ya que hay que recordar que el siglo XIX es el siglo de las guerras carlistas, las guerras civiles de las que nadie se acuerda ya y originadas porque Fernando VII no tuvo descendiente varón.

Vivas y petardos se sucedieron hasta altas horas de la noche. Y esto con la proclama de:
-¡Ha nacido el Puigmoltejo!

¿Por qué esto? Porque era de sobra conocido que Isabel II no era una esposa muy fiel. Y como buena Borbón, sus amantes se contaban casi por decenas. Pero como la Reina, evidentemente, era mujer, el machismo de la época (e incluso el de ahora) tildaba esto de bochornoso. El rey consorte, don Franciso de Asís, tenía claro que no era el padre biológico de la criatura. Es más, era homosexual, con pareja reconocida. Entonces, ¿quién era el padre? Hay numerosos candidatos, entre ellos el Duque de la Torre, el polifacético Francisco Serrano (o también conocido por la Reina como el General Bonito) o como indican nuevas teorías, el Conde de Sutton-Clonard. Pero quien se lleva todas las palmas (e incluso los que han visto un cuadro de su figura) indican que no fue otro que Enrique Puigmoltó. Y este capitán de ingenieros convivió meses con la Reina, siendo un escándalo en el Gobierno.

Hay que mencionar que Isabel II tuvo nueve hijos y Francisco de Asís (el que tenía más encajes que la soberana, según contaba ella por su noche de bodas) pronto descartó la paternidad biológica de esos vástagos. Serrano, el Marqués de Bedmar, el Pollo Arana, Miguel Tenorio y Marfori podrían ser los sucesivos progenitores, incluido Puigmoltó. Al menos esto podría evitar la fuerte consanguinidad que tenían los esposos, puesto que eran primos, descendientes de personas emparentadas. Pero bueno, muchos hijos murieron jóvenes, Alfonso XII incluido. Pero el objetivo no era la paternidad, sino la continuación dinástica y el evitar que los carlistas siguiesen reclamando el Trono.

Ya la polémica saltó con el primer hijo, nacido muerto. El padre no presentó el cuerpo y se hizo pronto desmentidos de lo que se comentaba, aunque sin mencionarlo para que los más despistados no sumasen uno más uno. Pero la pista está en que Francisco quiso un cuadro del bebé para ver a quién se parecía. Pronto nació La Chata, la princesa Isabel, confirmando la sucesión monárquica. Pero muchos Grandes de España se excusaron de ir al bautizo. ¿La razón? Que era de todos sabido que era hija del Pollo Arana, un gallardo noble, héroe de la revolución de 1848 (por la que consiguió la Cruz de San Fernando). La princesa Isabel pronto fue conocida como La Araneja, en clara referencia al compañero de bailes (y cama) de Isabel II.

La tercera hija de la Reina murió al poco. Francisco de Asís, no se sabe si inundado de pena o con ganas de ver a su amante don Antonio Ramos de Meneses, se fue al Pardo. Doña Isabel al pronto empezó a convivir con su nuevo amante, Enrique Puigmoltó y tras poco tiempo quedó embarazada. Para celebrar esto nombró a Puigmoltó Vizconde de Miranda, siendo un escándalo para la nobleza, puesto que no se podía encajar la paternidad oficial del Consorte y un advenedizo ya era noble por hecho del embarazo.

Gobierno e Iglesia pusieron cartas en el asunto. El presidente Ramón Narváez, de corte autoritario y temido por todos, quiso presentar su dimisión y provocar una severa crisis. La Reina no tembló y se negó a expulsar de su palacio a Enrique. El arzobispo de Toledo entonces empezó a criticarla, unido al nuncio del Papa, que hacía saber a la soberana que el Sumo Pontífice se negaría a apadrinar al bebé. Isabel II volvió a quedarse en sus trece, ignorando la tradición de Monarquía Católica que era España desde sus inicios. Desesperados, acudieron al confesor real, el padre Claret. Tenía fama de santo e Isabel II lo había hecho traer desde Cuba para que escuchase sus pecados. Y es que la Reina y su consorte eran altamente beatos. Claret se negó a confesar a la monarca hasta que no se fuese Puigmoltó. La batalla duró hasta tres meses después del nacimiento de don Alfonso, yéndose hasta Valencia el capitán de ingenieros. Pronto volvió Francisco de Asís a Madrid para cubrir apariencias.

El parto fue algo de lo más curioso, puesto que la Reina se rodeó de catorce reliquias: la mano derecha de San Juan, dos espinas de la corona de Jesús, el cráneo de San Ramón Nonato y el cristal de San Valentín, entre otras. Gastó mucho en limosnas para purgar en cierta manera sus pecados y ahuyentar la mala suerte del parto. La canastilla del bebé fue comprada, por una alta suma, a la Vizcondesa de Jorbalán, que llegaría a ser canonizada. La canastilla fue confeccionada en un instituto dedicado a la reconversión de jóvenes prostitutas y la tela fue comprada en París, casi nada.

De este modo, don Alfonso de Borbón llegó a este mundo. Y es que las cosas en la España del siglo XIX nunca fueron tranquilas.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...