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jueves, 9 de abril de 2020

La consagración del juancarlismo

A estas alturas del partido ya todo el mundo puede intuir mis simpatías por la institución de la Corona. A mi entender, y en base a muchas lecturas (no solo de artículos de opinión, sino también de ensayos teóricos e históricos con base jurídica, legislativa y procedimental) y vivencias creo que para España la monarquía parlamentaria le da más fortalezas que debilidades. Evidentemente, todo es discutible y los vaivenes pueden hacer que un día algo valga y al otro no encontrarle función. Sin embargo, por principios, la más alta magistratura estatal ha de ser neutra y representativa. Evidentemente, perseguir esto tiene un precio y es el aceptar el privilegio familiar de acceso a la Jefatura del Estado. Que sí, que la institución por configuración e historia no es democrática, pero ya hace años que me planteé esto y en una democracia también hay parcelas que no se rigen por criterios perfectamente democráticos (universidad, poder judicial, oposiciones, una familia...). Otro asunto es que se tienda a confundir el término democrático con el término universal, por ejemplo.

También, para demostrar la utilidad de un monarca, la institución ha de legitimarse día a día, no solo basta la legitimidad histórica sucesoria o la legitimidad de origen (ya sea su pecado original como designación franquista o su formulación en el entramado constitucional refrendado). Y para asegurarse aquella legitimidad de ejercicio ha de cumplir el rey escrupulosamente sus deberes constitucionales, así como, y no menos importante, actuar siempre de una manera imparcial, transparente y ejemplar. O sea, su vida pública va ligada a su vida privada y cualquier tacha que podría pasar desapercibida o perdonada en otros casos aquí se vuelve una mancha imposible de quitar. Dicho de otra manera, si estafa, si engaña, aunque sea mucho menos que cualquier otro, termina por desacreditar a la persona y, consecuentemente, a la institución. Por eso ha de exigírsele sanamente una conducta siempre irreprochable.

Queda por adelantado que sigo prefiriendo el régimen democrático a cualquier otro. Una jefatura del Estado electiva o hereditaria no afecta, a priori, el ahondamiento en los procesos democráticos de un país. Ahí están las tablas sobre índices de democracia, libertad de expresión, nivel de vida, etc., donde los primeros puestos casi siempre están ocupados por monarquías parlamentarias y los últimos casi siempre por repúblicas autocráticas. Eso sí, si llega un momento en que sí impiden la profundización democrática de una sociedad yo voy a ser el primero en replantearme las cosas. Que lo que tenga que ser, sea.

El detonante, en esta época de pandemias, no ha sido otro que salieron a la luz cuentas opacas del rey emérito donde recibía donativos de sus amigos saudíes. Parece ser que eran comisiones ilegales por conseguir que las empresas españolas fueran las que construyesen en Arabia el tren de alta velocidad, pero no lo tengo tan claro (¿no deberían dar comisión los que ganan el proyecto, o sea, las empresas españolas? ¿Por qué recibió la comisión antes del dictamen?) En todo caso, sigue siendo bien reprobable que ocultase dinero fraudulentamente y que diera donaciones a su amante Corinna para conseguir silencio. Con su dinero puede hacer lo que quiera, evidentemente, pero actuar impunemente y a espaldas de la ley es algo que es reprobable, lo haya hecho siendo inviolable por su cargo o no (y si lo hizo a sabiendas que era inviolable habría que pensarse si retener esta figura legal, ¿no?). Si tras su abdicación Juan Carlos I ha seguido con sus tejemanejes su fuero puede ser sorteado y se le puede sentar al banquillo. Faltaría más.

Este escándalo ha acaparado bastante atención mediática y muchos españoles han pedido aclaraciones o acciones por parte de Felipe VI, el cual parece que era beneficiario de estas sociedades aunque, según su palabra registrada ante notario, desconocía estos hechos. Su actuación ha sido rápida y tajante: indicar que renunciará a este dinero cuando lo herede (evidentemente no puede renunciar ahora), apartar a su padre de la agenda real y retirarle la asignación anual que recibía. Un cortafuegos que funciona y tiene la misión de evitar minar aún más si cabe a la institución. Si bien a inicios del reinado ya se hicieron gestos por la transparencia y ejemplaridad estos no tuvieron mucho recorrido (entendible por la inestabilidad gubernamental del país en este lustro): cuentas transparentes, política de regalos, alejamiento de Urdangarin y retiro del título a la Infanta. Por otro lado, si ya tenía conocimiento de estas sociedades opacas hace como un año, ¿por qué no actuó? ¿O sabía que esto era un juego de perder? ¿Esperaba que acampase el temporal sin mucho revuelo?

Ahora la institución está poniendo la carne en el asador para revitalizarse: mucha aparición en las redes sociales, muchas grabaciones e informaciones del papel mediador que realiza normalmente la Corona en silencio. Y es que, para mí, su alocución pública estuvo muy lejos del efecto esperanzador que tenía pensado. Vi a un monarca improvisando, con mucho lenguaje gestual demasiado evidente y grotesco, un aire de preocupación y una iluminación y sonido de poca calidad. Entiendo que su aparición no era necesaria pues ya habíamos tenido varias alocuciones del presidente Sánchez y tener tantos mensajes a la nación les quita solemnidad y trascendencia. Quizás alguien, de sopetón, se le ocurrió que era una buena idea y, ¡plaf!, a improvisar un discurso apenas ensayado y en fechas no muy buenas.

Hablando de la institución, por muchas ventajas que de por sí yo le vea, y de acuerdo con Moreno Luzón, es una institución que es muy dependiente de la personalidad de quien ostente el cargo. La Transición fue bastante bien gracias a la cintura política de Juan Carlos I y a la disposición de reformistas y oposición dialogante. Tampoco, y visto lo visto, podemos dejar en menos la gran labor de Adolfo Suárez y las ganas de democracia de la sociedad civil. Sin embargo, el papel de liderazgo del Rey, su influjo sobre las Fuerzas Armadas, su campechanía, su actuación en el 23-F y el beneplácito de la prensa y de sectores republicanos, hicieron cuajar la figura del juarcarlismo: posibilistas demócratas que no encajaban con las posturas monárquicas pero que aceptaban como rey a Juan Carlos I por su gran labor y la estabilidad que garantizaba.

Pero cuando pasan los años de haberse creado un mito y sus protagonistas siguen vivos, el personaje tiende a creerse que él es el mito, que es justo como lo describe el mito y no solo personas con sus virtudes y defectos. La cacería en Botsuana fue el comienzo del fin, de alguien que se creyó por encima de todo porque se identificó demasiado con la figura que se había fabricado de él. Esto, unido a una prensa que había sido largo tiempo benévola con la Familia Real, incluso cómplice de guardar ciertos secretos, le hicieron seguramente creerse impune. Ya a esos niveles no le importaba perder réditos de sus grandes logros, ya no le importaba que su caída fuese aprovechada por varios para enturbiar la Transición, ya no le importaba la continuidad de la monarquía. Él se creyó que estaba por encima de lo que había trabajado por conseguir. Y, evidentemente, cayó.

La consecuencia de esto es que tras la abdicación de Juan Carlos I el juancarlismo quedó ya sin sentido, atraer tantos seguidores de su persona tiene el punto negativo que cuando caes todos abandonan el barco. Si los juancarlistas quedan retratados como aprovechados, como gente que solo quería proyección y prebendas por estar cerca del Rey o por apoyarlo, ya todo está perdido. La proclamación de Felipe VI fue sin sobresaltos, para sorpresa de propios y extraños, quizás muchos no monárquicos la vieron con la fuerza de la inercia, o viendo la masa juancarlista (porque, seamos sinceros, muchos en la sociedad civil eran juarcarlistas, no solo empresarios y gente con poder) decidieron seguir para adelante. Pero si la persona-mito cae con el propio mito, la virtud del juancarlismo se convierte en su maldición, a saber, que todo funcionaba porque todos se arremolinaban junto a una persona. Con el juancarlismo desactivado y desacreditado, los posibilistas pueden replantearse la situación, quizás ya no es momento de seguir apoyando a una monarquía y quizás tiene más posibilidades una república. Es más, seguro que hasta el propio Juan Carlos es más juancarlista que monárquico, por lo que no se sacrificará por la institución aceptando que ha hecho mal y que sí o sí va a pasar por los tribunales; intentará, en cambio, aferrarse a su fuero y a toda argucia legal para evitar un banquillo, ya que, según él, su mito está muy por encima de lo que es legal y de lo que no es, de la ética y de la proyección de su figura en la Historia. Y de la propia institución monárquica.

El posibilista, creo que por fortuna, es pragmático y accidentalista y ahora tiene un nuevo tablero limpio para ver dónde ajustarse. Y es que en España siempre han sido mayoría: lo fueron en La Gloriosa, en la I y II Repúblicas, en la Restauración alfonsina y en la Transición tras la dictadura. Cuando ven visos de estabilidad y seguridad, allí van porque, evidentemente, quieren vivir tranquilos una vida normal, sin sobresaltos, sin recortes a sus libertades. Eligen al que consiga estabilizar una democracia. Y no, en España no hay muchos monárquicos o republicanos, en los conceptos más acérrimos del término, claro. Por mucha petulancia y soberbia que tengan hoy en día los republicanos, la cosa no está tan segura (pocos fieles van a seguir atrayendo con esa actitud, al rival hay que ganárselo, no va a venir tras ser ridiculizado). En España, como siempre, deciden los posibilistas.

domingo, 13 de octubre de 2019

El duque enjaulado (y con razón)

Hace poco saltaron los noticieros sobre que antes de lo estipulado ha salido Iñaki Urdangarin a hacer voluntariado y demostrar buena conducta para la reducción de pena. No sé si los que han accedido han considerado que el aislamiento puede hacerle mal o para congraciarse equivocadamente con las instituciones. Ni idea. La Fiscalía ha actuado rápido ante esta tropelía y parece que va a seguir rigiendo en Zarzuela los protocolos establecidos por la Reina, puesto que ella tiene más claro cómo responde el pueblo ante estas situaciones: aunque sean legítimas estas salidas la opinión pública las va a valorar fatal. No creo que quieran ahora dar un paso en falso cuando se vienen las cuartas elecciones generales en cuatro años, con un Gobierno en funciones y colectivos cada vez más descontentos con la inestabilidad política.

Ya quedaron muy atrás las quinielas agoreras de sectores republicanos, enarboladas por varios dirigentes de Podemos, a saber, la caída de la Monarquía ante tal escándalo. Imputaron a Iñaki y no se hundió nada, imputaron a la Infanta y tampoco tuvieron que salir corriendo de la Zarzuela. Ya hablaban de complot para que fuera declarado inocente en el juicio y no fue así, después imaginaron la estupefacción de que saliera de rositas Cristina (casi aciertan, pero hacía malabarismos para evitar mencionar la cuantiosa multa que ha tenido que pagar). Muchos quedaron con la boca abierta cuando entró en la cárcel y azotaron el avispero de que esto no iba a ser así, que se iba a fugar. Y después, como ya no tenían recursos, empezaron a insinuar que la falta de imágenes era porque había un complot de las grandes esferas del Estado por el que simulaban que estaba en prisión pero en verdad está ricamente a saber dónde.

Ojo, no quiero decir con esto que no haya tenido injustamente trato privilegiado. El cerco contra las cámaras, el módulo de la prisión abulense para él solo en una cárcel de mujeres, los privilegios de visitas de familiares, es para enfadarse. Otra cosa es que todos los agoreros, viendo que sus hipótesis de inmunidad regia no funcionaban, empezaban a decir "ahora veréis que sí, que pasa tal o cual injusta cosa" y siempre han fallado. Sí, aunque parezca extraño y estemos poco acostumbrados, la Justicia es imparcial y aunque lenta y a veces contradictoria, no ha temblado en impartir justicia. Como debe ser. Esto merece un fuerte aplauso, no somos el país bananero que muchos gritan a los cuatro vientos.

El concepto de fortaleza, madurez y solidez de las instituciones es algo bastante de aquí, europeo en sí pero reforzado aquí en España. No hay mito fundacional que sea definitivo, no hay un antes y después como pudo darse en una independencia latinoamericana, no se puede ahondar más allá de la Transición pues se entra en el fango del franquismo. ¿Entonces? Se está tomando como partida la Transición, se está intentando crear una idea de Estado, de país, con elementos comunes que no enfurezcan (dentro de lo que cabe) a ninguna de las partes. ¿Y quién lleva ese papel? Las instituciones como conjunto: Corona, Gobierno, Cortes Generales, Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo. No se le da preponderancia a ninguna para no desgastarla o no condensar sectores críticos, a la vez que se interrelacionan entre ellas para verlas como un todo, un todo que funciona. Con virtudes y defectos, con apoyos y detractores, pero algo que funciona. Es por eso que decir "okupa" al presidente Sánchez, por haber accedido a Moncloa tras una moción de censura (supuesto constitucional muy claro y muy legal) no ayuda a tu partido, sino más bien mina la fortaleza de una institución (hoy ejercida por un socialista, mañana ejercida por otra persona). Hablar de jueces parciales porque no te gusta la sentencia también mina la institución. Hacer del Congreso y del Senado corrales de comedias en vez de retórica y debates constructivos también minan las instituciones. Atacar a la Corona sin proponer ninguna alternativa sólida también minan las instituciones (o sea, si hacen algo mal se les critica y se les exige enmienda pero decir "no vale" y no proponer nada a cambio carece de sentido).

Construir una idea de país basada en las instituciones tiene sus puntos buenos, como por ejemplo que es una idea bastante pragmática, que se ve, que evoluciona y que se adapta a las circunstancias concretas, sin importar las personas que ejerzan de poderes del Estado. ¿Lo malo? Que se genera una dependencia o connivencia que evita que se las pueda criticar si hacen las cosas mal (vaya que criticarlas haga que desaparezcan y a cambio no haya nada útil). Y es que, como en toda creación humana, no hay nada perfecto.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Estabilidad regia ante la tormenta política

Si hay una característica principal que destaque a las monarquías, aparte del derecho hereditario conocido por todos, es la de neutralidad. Pero esta va unida a la de visión a largo plazo, pues al ser depositaria de una larga tradición histórica y las ganas de perpetuarse en un mundo que no le ve utilidad, planifica más allá del tumulto puntual, mide sus tiempos en eras mayores a legislaturas de cuatro años. Si se mira por el país, ha de hacerse en intervalos de tiempo algo mayores. Planes a futuro.

Puede pensarse que ya uno nace por derecho de sangre con todo dado, con todo seguro. Pero el mundo nunca ha sido algo seguro ni inmutable. En contra de este argumento de todo decidido (saco este argumento de los muchos que se les puede sacar en su contra) está la realidad de que ha de ganarse el puesto día a día, el titular y la familia han de revalidarse cada poco y la opinión pública se determina con mayor periodicidad y se toma más en serio que las idas y venidas de, por ejemplo, un partido político en concreto (estos siempre pueden rencauzar su estrategia cada pocos años para que la siguiente elección le sea más favorable).

La institución de la Corona llegaba a una puntuación de 3,7 justo durante la abdicación de Juan Carlos I. Felipe VI pudo remontarla hasta un 4,3 y ascenderla a principios de año hasta un 6,4.

El actual Rey, a inicios de este año que ya decae, obtenía una puntuación de 7,3 y lo ha mantenido hasta alcanzar hace poco un 7,2. Su aparición ante el desafío soberanista y la defensa de la unidad de España le ha granjeado muchas simpatías, más a él que a la monarquía en sí. Es garante de la unidad y eso es lo que defendió. No es como indicaron algunos que como representante debía aceptar todas las ideas, que fuese un monarca de todos, y que por tanto debía mantenerse al margen en todo este conflicto secesionista. Más bien su actuación fue motivada por las políticas contrarias a toda ley que se estuvieron llevando a cabo. No criticó la idea, sino la forma de implementarla. No sé por qué tanto lío armado. Las puntuaciones favorables al Rey vienen por las mujeres (7,6) y los ancianos (9,3) aunque también su valoración crece entre los jóvenes (6,5). Es sorprendente que el votante de Podemos, que a principios de año le daba un 1 de media, ahora, tras el discurso, le dé un 4 de media. Ante tantos movimientos sorprendentes, ante unos políticos que apenas llegan al 5 y que poseen miradas a corto plazo, la idea de solidez y estabilidad es una apuesta segura. Ante la tormenta la gente se pone a buscar una referencia, algo estable.

Por otro lado, la reina Letizia obtuvo a principios de año una puntuación de 6,3, algo mayor que la de su suegro Juan Carlos (6,1) y donde siempre gana la admirada Sofía (7,5). En cuanto a las hermanas de Felipe VI, doña Elena solo llega al 4,5 (y es que ya apenas posee apariciones públicas como representante de su hermano) y doña Cristina se hunde hasta un 2,0, ya que a pesar de haber sido condenada solo a una multa, evadiendo la cárcel, la gente no ha quedado convencida de sus argumentos de amor ciego hacia su marido. No ha podido seguir una actuación seria y digna de su cargo.

Reiterando lo del inicio, si bien en principio parece que la Corona tiene resueltas muchas cosas, en el fondo, es una de las instituciones más delicadas y por ello sondea la opinión de manera diaria. Cualquier paso en falso puede ser fatal.

sábado, 6 de mayo de 2017

¿Cordón sanitario para la Infanta?

Tras muchos dimes y diretes por fin hubo sentencia para el caso Nóos, aunque todo está sujeto a apelaciones y a más matizaciones. Urdangarin fue declarado culpable y el fiscal Horrach incluso pidió prisión preventiva aunque se indicó que como vive junto a un escolta del Estado este puede controlarlo y evitar que se fugue mientras duran las apelaciones. Diego Torres también tuvo condena, cosa que hay que aplaudir. Sin embargo, para sorpresa e indignación de muchos, la infanta Cristina fue absuelta, aunque no pudo escapar a la responsabilidad civil y tiene que restituir el dinero sustraído por su marido (pero como depositó una fianza mucho mayor se le va a devolver el plus, cosa que me parece perfecta, ya que, nos joda o no, la ley va a ser igual para todos).

La indignación incluso llevó a dudar de la probidad del juez Castro y las tres magistradas que dieron la sentencia. Rápidamente se le olvidó a la gente los esfuerzos de Castro ante viento y marea. También pronto olvidaron que muchos se jactaban que las magistradas Martín, Romero y Moyà eran ideológicamente próximas a Podemos. Sea esto cierto o no da cuenta de la capacidad de olvidar que tiene la gente para renovar con bríos sus ataques. Evidentemente, nos da morbo y atracción que los famosos, los ricos, los poderosos, lleguen a pasarlo mal y que esto sea aireado por los medios de comunicación. Como una venganza kármica. Yo lo digo ahora, tal y como lo dije antes: no soy experto en leyes y si antes creía en la integridad de la función judicial tras la sentencia sigo creyendo en lo mismo. Y más cuando muchos jueces, off the record, anunciaron que estaban hartos de ser considerados marionetas de los políticos e iban a arremangarse las puñetas de sus togas y a ser implacables. Lo repito, cómo se nos olvidó todo.

Pronto el temblor se hizo notar en Zarzuela. Saliese condenada o absuelta la hermana del Rey, iba a llover sobre este palacete: o porque el Jefe del Estado tenía una hermana entre rejas o porque la Justicia le había hecho un favor demostrando sus favoritismos. Bien es cierto que la Casa del Rey afrontaba el vaivén con algo de protección debido a que el segundo aniversario de Felipe VI como Monarca indicaba que la institución poseía un 73% de aprobación contra un 23% de desaprobación. Incluso las franjas de edad desmentían el hecho de que existe una masa crítica republicana que en unos meses va a dar un golpe de timón a la Jefatura del Estado: +33 en la franja de 18-34 años, +41 en la franja 35-54 de años, +50 en la franja de 55-64 años y +73 en la franja > 65 años.

Bien es cierto que los índices de aprobación bajan con la edad, por lo que eso es un buen acicate para no dormirse en los laureles y obliga a seguir dando a conocer la labor de la primera magistratura y cómo hace para llevar a cabo sus funciones y, cómo no, a llevar la transparencia y ejemplaridad más allá de lo exigido. Ya lo dijo Felipe VI junto a un grupo de niños y adolescentes: "lo que no se conoce es, a veces, difícil de querer y de comprender". Aunque siempre esté presente en las noticias o en los programas del corazón, a la hora de la verdad, pocos conocen sus procedimientos, sus límites, su presupuesto. Y esto siempre favorece malinterpretaciones y desencanto. Algo indicó Juan Carlos I hace unos años: "un rey puede hacerse querido en una generación, pero la institución monárquica tarda varias generaciones en arraigarse".

Ahora toca ver el proceder de la Casa del Rey en estos meses. Si la Infanta es inocente nada le impide retomar sus funciones de representación institucional. La sentencia del juicio mediático es la que no posee fuerza de ley pero a veces cuenta más que cualquier resolución del Poder Judicial. Como inocente debe retomar sus pasos, aunque estoy casi seguro que imperará en Zarzuela la idea de que al no haberse comportado de manera ejemplar, sea inocente o culpable, no merecerá recuperar su papel institucional. La retirada del ducado pudo haber sido la regia sentencia (además de la política de incomunicación orquestada, quizás, por la Reina), casi siempre irrevocable.

lunes, 3 de octubre de 2016

Racionalizando a don Felipe

Es de sobra conocido que a día de hoy la puntuación que dan los españoles a la Corona entra en el suspenso (4,4 según sondeos del diario digital El Español). Un 23,7% de los encuestados le da un 0 (principalmente simpatizantes de Podemos e IU), mientras que solo un 8,4% le da un 10 (principalmente simpatizantes de PP y C's). Sin embargo, a mi parecer, dar un 0 o un 10 es demasiado visceral: como que es una respuesta contundente de tus convicciones políticas y habla poco de la evaluación que te merece por desempeño, independientemente si crees que sobra o que es esencial. Siendo la media 4,4 los simpatizantes de los partidos les dieron 7,2 (los del PP), 4,3 (los del PSOE), 2,4 (los de Podemos), 5,7 (los de C's) y 1,7 (los de IU). Por franjas de edad las valoraciones son cercanas a la media en todos los casos.

Poco a poco va recuperando la Corona valoración entre los españoles, pero el dúo Iñaki-Cristina dejó a la institución en horas muy malas, sobre todo en plena crisis y el antaño rey de amoríos y cacerías. Si bien el nivel de confianza en la Monarquía fue cayendo lentamente desde finales de 1996 (quizás por los escándalos económicos), la abdicación de Juan Carlos I ha permitido un lento ascenso. Por ejemplo, Felipe VI tiene un apoyo del 52,8% (avalado por los aprobados de PP, PSOE y C's) y un rechazo del 21,2% (avalado por el suspenso de Podemos, aunque los porcentajes de apoyo-rechazo para IU y PSOE son muy parecidos). La reina Letizia posee un apoyo del 44,3% (avalado por los mismos partidos que su marido). Es el rey emérito Juan Carlos el que recibe más rechazo que apoyo, con un 40,1% (avalado por PSOE, Podemos e IU). Su esposa doña Sofía recibe un apoyo del 50,8% (avalado por los mismos partidos que su hijo pero también con amplias simpatías de Podemos e IU).

Si bien apartar a su hermana Cristina (con retiro de título nobiliario y todo) y los gestos de transparencia han sido bien recibidos, la institución necesita más acciones para que los ciudadanos la consideren completamente abierta. Evidentemente, la Corona es una institución en la que sus miembros no acceden a ella por elección, lo que la hace más susceptible a los efectos de críticas. No es como dicen algunos sobre intangibilidad e imposibilidad de tocarla, sino más bien que día a día ha de revalidarse. El papel del Rey, hoy en día, se concibe más como la cara visible de una empresa: si este falla, la empresa comienza a tener mala fama. Mientras dé buena imagen, continuará.

Según el estudio de Enrique Belda, para que el Rey siga siendo valorado y considerado útil ha de mantener impoluta su 'auctoritas'. Y esto se hace no solo apoyándose en los preceptos constitucionales validados por referéndum, sino manteniendo el nivel de neutralidad, simbolismo y representatividad lo más alto posible. Para ayudar a estos puntos, la Constitución debería contemplar varios apartados (interpretados bajo mi responsabilidad, ya que me inspiro en su escrito):

-Debe considerarse la inviolabilidad e irresponsabilidad del Monarca en tanto en cuanto sus acciones sean refrendadas por políticos. Es decir, estas características solo han de aplicarse a sus competencias constitucionales y no han de abarcar todos los aspectos de la vida del Rey (negocios fraudulentos, acciones de índole criminal, infracciones de tráfico, etc.).

-No siendo completamente inviolable e irresponsable en asuntos ajenos a la Carta Magna, se debe abrir un proceso exprés (que garantice la presunción de inocencia) donde la Justicia (de la más alta instancia para asegurar idoneidad y que está fuera de influencias partidistas de todo tipo) dirima la inocencia o culpabilidad. El ínterin sin Jefe de Estado el cargo podría ser ocupado por una Regencia o incluso las Cortes Generales podrían asumir sus funciones de manera temporal. Este punto es el que no tengo claro del todo y requiere más reflexión por mi parte.

-La Constitución debería contemplar la posibilidad de que exista un rey incumplidor de sus funciones y mecanismos para una abdicación automática, para que no pase lo de la Pepa y Fernando VII. Mantenerlo en el cargo haría más daño a la Corona que cualquier ataque externo. Aparte, resulta curioso que si el Rey llega a la proclamación soltero, puede casarse sin consentimiento democrático alguno (condición que sí se da para Príncipe y descendientes regios). Por otro lado, el Monarca es libre de tener sus gustos y preferencias, pero siendo realistas, hoy en día la imagen, publicidad y propaganda lo es todo, luego su conducta y actividades privadas (se es rey todos los minutos del día) ha de ser intachable. Y esto al menos ha de ser aplicable al consorte y sucesor.

-Si bien tiene el Rey multitud de deberes constitucionales estos apenas suscitan interés a la opinión pública (recibir a políticos, acudir a maniobras militares, por ejemplo). Otros actos más intrascendentes constitucionalmente (inauguraciones, asistencias, visitas de Estado, discursos, mediaciones en favor de los intereses españoles, etc.) son los que más llaman la atención y mantienen (o reducen) la confianza en la Monarquía. Además, no se desprende de ningún artículo que estas sean funciones susceptibles de ser refrendadas, tema que choca por la trascendencia y cercanía al pueblo que tienen. Un artículo debería entonces concebir la representación, mediación y actos protocolarios del Monarca, recibiendo por tanto refrendo (que ya lo recibe a día de hoy con la presencia en estos actos de ministros o secretarios, aunque como apunta Belda no está regulada dicha actividad).

-A colación con lo anterior, deberían incluirse como únicas actividades de la Reina (o consorte, aunque ya tiene algunas previstas como Regencia y Tutoría), del Príncipe (o Princesa como en la actualidad, pero hagámoslo genérico) o de otros miembros de la Familia Real los actos protocolarios y de representación, siempre que se hagan en nombre del Rey (o sea, el Monarca acepta que en su nombre se acuda a un lugar en vez de él, con el conocimiento y aprobación del Poder Ejecutivo) y con su pertinente refrendo.

-Se debería, ya que don Felipe asumió la Jefatura del Estado, retomar la anulación de la preferencia del varón en el orden sucesorio. Aparte, ¿qué si el Rey o el Príncipe les da por adoptar? Se hace necesaria una legislación, o quizás caso por caso como la ley de abdicación, para contemplar este caso. ¿Debería negarse? ¿Los adoptados ocuparían lugares en la línea sucesoria? Parece cuestión baladí, pero estaría bien que esto estuviese contemplado y racionalizado legalmente.

-El Rey tiene libertad en elegir los miembros de la Casa del Rey y de gestionar sus recursos. Sin embargo, la libertad debería estar para elegir a partir de una presentación de candidatos avalada por el Gobierno. Las cuentas han de ser auditadas también externamente y la Ley de Transparencia debería aplicarse completamente tanto al presupuesto de la Casa como a los gastos de Ministerios vinculados a la Corona.

Supongo que con estos cambios, no sé si realizables o no, o factibles a corto o largo plazo, el sistema monárquico español repararía los vacíos que a día de hoy existen. Eliminar toda duda o alegalidad permite fortalecer el papel simbólico de la Corona, cosa que le da utilidad y por tanto connivencia de los accidentalistas o posibilistas, que al final son mayoritarios y, con moderación y sin radicalismos, se terminan decantando por la opción más útil en cada momento oportuno, que, al final, es lo que importa, ¿no?

lunes, 29 de agosto de 2016

Alfonso XII en el Retiro

Pues sí, este parque fue testigo de numerosos paseos de uno de los monarcas más queridos en la Historia e incluso hoy es un lugar para que los jóvenes jueguen virtualmente en sus móviles. Es el monumento más importante del madrileño parque del Retiro, ubicado en el lago artificial que data de los tiempos de Felipe IV.

El monumento fue idea de la Reina Regente al poco tiempo de la proclamación del joven Alfonso XIII. La obra fue de José Grases Riera y consta de una columnata que rodea la estatua ecuestre del Pacificador con multitud de alegorías sobre tal apelativo.

El Retiro data de la época de los Reyes Católicos, fundadores del monasterio de los Jerónimos. Unos aposentos dejaron lugar a una zona de retiro espiritual (de ahí el nombre) en tiempos de Felipe II. Ya con Felipe IV se construye un palacio austero que albergue fiestas, corridas de toros y danzas y con Carlos III quedó inaugurado el vallado y se permitió la entrada libre si se cumplían ciertas normas de higiene e indumentaria. Durante la Guerra de la Independencia los franceses tomaron la plaza y destruyeron el palacio, quedando solo el Casón del Buen Retiro. Los intentos de conservación del parque llegaron a su culmen durante la I República donde se inauguró una zona de paseos de coches de caballos, donde el Duque de Fernán Núñez invirtió una suculenta suma para que esto se hiciera realidad. El paseo costaba entonces dos pesetas y media al día y por carruaje, aunque se podían conseguir abonos económicos. En 1874 se inauguró el trazado de 3 km de largo y con piso adoquinado. Se tuvieron que cortar numerosos árboles, excepto los enormes pinos denominados 'los torenos'. En 1885 el paseo quedó inaugurado incluso para los velocípedos (las actuales bicicletas).

La estatua de Mariano Benlliure de imagen de un Alfonso XII militar, pero también aficionado a los caballos. Sí, el Monarca era asiduo a paseos en carruaje. Es más, en 1880 sufrió un atentado al volver del Retiro. Salió ileso y para el día siguiente nadie pudo detenerlo de continuar con sus paseos diarios.

viernes, 5 de agosto de 2016

Tropiezos en la Corona, ¿grandes o pequeños?

El caso Nóos, con el ex Duque de Palma, fue casi la puntilla que terminó con la época dorada del reinado de Juan Carlos I. Sus presuntos romances con Corinna y las cacerías africanas dejaron un mal sabor de boca para un reinado que ha pasado a la Historia como el de la consolidación de la democracia en España y su plena integración en Europa.

Felipe VI inició su reinado intentando dar un nuevo impulso a la institución monárquica, que pasaba por unas horas bajas en cuanto a valoración y las multitudinarias manifestaciones republicanas. Renovación y transparencia fueron como sus pilares fundamentales y ha logrado que el 74,8% de los españoles valoraran de manera positiva el primer año de reinado de don Felipe. Por otro lado, el 12,1% valoró como regular su gestión al frente de la Corona, mientras que el 9,3% indicó que su gestión fue mala.

La Reina también ha tenido buena valoración por parte de los españoles tras evaluar su primer año de reinado. Un 73,6% indicó que doña Letizia desempeñó bien sus funciones, mientras que un 12% declaró que lo había hecho regular. Finalmente, un 10,3% aseguró que su gestión fue mala o muy mala.

Como pareja, los Reyes se llevan 74,9% de valoración positiva, 12,6% regular y 11,1% mal, según los datos de NC Report. Parece que las preocupaciones de cambio de Jefatura de Estado ya se han aclarado, puesto que el 60,2% apoya la continuación de la Monarquía Parlamentaria. A esta luz parece que hay más felipistas que monárquicos, apoyado esto por la puntuación de 6,9 sobre 10 para el Rey y 6,6 la puntuación para la Monarquía bajo su reinado. Volvemos, parece, a arrastrar el personalismo juancarlista que nunca pudo ser empapado en la Corona.

Quizás hay algo para interpretar que un 57,9% mejore su percepción de la Corona tras el cambio de soberano, aunque un alto 38,3% empeoró su percepción. Y es que el 76,2% vio con buenos ojos la decisión de Juan Carlos I de abdicar (el 10,6% lo vio regular y el 11,3% mal), indicando un 53,9% que no es ya necesario un referéndum para evaluar la vigencia de la forma de Estado en este país europeo, ante un 37,2% que sí lo considera necesario.

Estos porcentajes no han de tomarse como fijos. El día a día es muy desgastante. Sobre todo tras la filtración de las conversaciones privadas de los Monarcas con Javier López Madrid, un amigo empresario de hace años de la pareja. Las palabras bruscas y malsonantes de doña Letizia causaron un malestar general en la población. Esto, unido a las palabras de ánimos tras verse López Madrid envuelto en escándalos financieros como las 'tarjetas black' de Caja Madrid - Bankia han hecho que las críticas arrecien y que no vivan en una cama de seguridad, siendo un importante acicate para que se ganen el puesto día a día. También este López Madrid aparece en la Operación Púnica y fue juzgado por un presunto acoso sexual (causa finalmente sobreseída y archivada por declaraciones contradictorias de la que se declaró como víctima). Todo esto supuestamente provocó una reunión privada entre Javier y el Rey donde debido a su imputación decidiera el Monarca cortar por lo sano la relación para que la Casa Real no fuese salpicada en un futuro por relaciones amistosas continuadas a sabiendas de las investigaciones del Poder Judicial.

Así que claro que hubo tropiezos, pero tras las buenas consideraciones que tiene la ciudadanía española sobre los Reyes y la institución que representan estos tropiezos sirven (y han de interpretarse) como tirones de orejas para que no abandonen una conducta intachable, tal y como se espera de ellos al desempeñar constitucionalmente un papel de símbolo y representación de toda la nación.

sábado, 18 de junio de 2016

La vida de Don Alfonso

Alfonso XII nació el 28 de noviembre de 1857 en Madrid, hijo de la reina Isabel II y de su consorte Francisco de Asís. Sin embargo, esto último no está tan seguro (al menos desde el punto de vista biológico) puesto que el amante de la Reina por esa época fue el capitán de ingenieros Enrique Puigmoltó. Además, don Francisco andaba lejos durante las fechas de la concepción y además era homosexual, con amante 'oficial' y todo.

El joven Príncipe pronto se verá obligado a abandonar su país durante la Revolución de La Gloriosa en 1868. La Familia Real se exilió en París durante un tiempo, lugar donde Alfonso cursó estudios. Pronto fue a Austria-Hungría, para formarse en el Colegio Teresiano vienés. Finalmente, y durante unos pocos meses, se fue a Reino Unido a recibir instrucción militar, en la afamada Academia de Sandhurst. Durante el exilio, más precisamente en 1870, su madre abdicó sus derechos al Trono, por lo que el joven se convirtió en Rey en el Exilio. Fue una gran maniobra política, puesto que el retorno de su familia no era una opción muy favorable si doña Isabel seguía ostentando los derechos dinásticos. La turbulenta política española de la época jugó mucho en favor de la causa alfonsina y el 29 de diciembre de 1874 se llevó a cabo el Pronunciamiento de Sagunto, por el que las autoridades militares lo reconocieron como Rey legítimo, en detrimento del régimen republicano de la época. El 9 de enero de 1875 vuelve a pisar suelo español, siendo aclamada su entrada en Barcelona. Tres días después, y tras pasar por Valencia, llega entre vítores al Palacio de Oriente.

La Restauración, régimen político que acompañó a Alfonso XII, se consolidó prontamente, basada en una política liberal y una monarquía de corte constitucional. El sistema bipartidista se consolidó durante la Restauración donde las dos facciones más relevantes eran, por un lado, la aristocracia y la clase media moderada (liderados por el Partido Liberal-Conservador de Cánovas del Castillo) y, por el otro, la clase industrial y los comerciantes (liderados por el Parido Liberal-Fusionista de Sagasta). Pero a pie de calle, el poder seguía siendo llevado por la oligarquía y por los caciques rurales, que instalaron una práctica (el pucherazo) que pronto dejó de estar en sintonía con el pueblo español. Por otro lado, si bien la Iglesia Católica perdió terreno por la Constitución de 1876 y su consagrada tolerancia religiosa, su influencia en la sociedad y la educación apenas se resintió.

Don Alfonso se ganó el apodo de El Pacificador tras lograr calmar los conflictos militares que azotaban al país, siendo los más relevantes la III Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Las victorias gubernamentales lograron consolidar la Restauración y la participación activa del Monarca en el frente lo hicieron muy popular. Tras esto, la implantación constitucional, y su escrupuloso acatamiento, fue su gran logro.

En 1878 se casó con su prima María de las Mercedes, de la que estaba perdidamente enamorado. Si bien el pueblo celebró a lo grande los esponsales y pasó el hecho al folklore popular, la reina madre y el Gobierno estuvieron fuertemente en contra de dicho enlace. ¿Por qué? Porque su suegro era don Antonio de Orléans, duque de Montpensier, un conspirador durante el reinado de Isabel II y había llegado a asesinar en un duelo en un ascenso en las opciones a ostentar la corona española. Además, su nombre se rumoreaba como instigador del magnicidio del presidente Prim, principal valedor del rey Amadeo I. Tras la bula papal que habilitaba el matrimonio doña Isabel no acudió al enlace como protesta, no a la Infanta, sino contra su padre don Antonio. El 23 de enero en Atocha mil cirios alumbraron esta nueva etapa de Alfonso XII bajo los augurios del cardenal Benavides.

El joven matrimonio duró poco. Un aborto mal curado en marzo del mismo año iniciaron el lento declive de salud de la Reina y el 26 de junio, con gran dolor por parte del Rey y del pueblo, 'Carita de Luna' abandonó este mundo. Montpensier rabió al perder un vínculo de sangre con el Trono (a pesar que después casó a su hijo con doña Eulalia, una hermana de don Alfonso). Hasta doña Letizia, fue la única Reina consorte nacida en territorio español.

Parte del luto la pasó recluido y llorando don Alfonso, aunque pronto volvió a su vida Elena Sanz, la afamada cantante y amante del joven monarca. Pero esto no era suficiente, la monarquía necesitaba continuidad dinástica y a la fuerza fue casado con doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. Tres hijos tuvieron: Mercedes, Teresa y Alfonso, este siendo póstumo.

Alfonso XII, desde que en su tierna infancia le atacaron unas crueles fiebres, tuvo una salud muy delicada. La tuberculosis pronto se hizo con él. Pero en vez de cuidarse, aumentó en su número de salidas de incógnito y de amantes. Por la noche, un vividor; por el día, un fiel cumplidor de sus obligaciones. Esto hizo que su cuerpo no resistiese más y muriese en el Palacio de El Pardo el 25 de noviembre de 1885 a la mañana, si no antes. Murió en una amplia cámara de dos balcones que justo daban a la fachada principal. La Reina y el médico de cámara fueron los que lavaron y prepararon el cadáver, que fue dejado en la enorme cama de hierro con decoración de oro en la que se produjo el deceso. Entre sus manos se le colocó el crucifijo con el que había hecho la Primera Comunión en Roma.

El día 26 comenzó a ser embalsamado debido al avanzado estado de descomposición del cuerpo. Tuvieron que emplear 25 inyecciones de un litro cada una para lograr el propósito planteado. Tras colocar el catafalco en el Palacio de Oriente para recibir el último adiós del pueblo español fue enterrado en el pudridero de El Escorial, cinco días después. Al poco tiempo, fue trasladado definitivamente al Panteón Real.

Años después, siguiendo una leyenda, el joven Alfonso XIII quiso ver a su padre, pues nunca lo conoció. Al destapar el ataúd, y para sorpresa de todos, el cadáver de don Alfonso se encontraba intacto. Parecía como dormido, decían, sumando otra leyenda más a esta insigne figura.

martes, 14 de junio de 2016

Juan Carlos I y Sofía en Puente Genil

Sucedió un 3 de abril de 1976 y no sé si la situación volvió a repetirse. Parece ser que era su gira como Reyes por los pueblos andaluces. Entre presentación y propaganda, ya que tenía que ganar Juan Carlos muchos apoyos para poder iniciar una Transición con la mayor parte de los españoles de acuerdo. Y, en retrospectiva, sabemos que lo consiguió.

Llegó alrededor de las 12.15 tras salir de Estepa. En la Casa Consistorial las cornetas y tambores entonaron el himno nacional y los aplausos y vítores llenaron el lugar. Se descubrió una placa que conmemoraba otra efemérides; del mismo día pero de 1482, momento en el que pasó por el lugar (en la antigua Pontón de don Gonzalo) Fernando el Católico.

El alcalde era Miguel Robledo y en el balcón pronunció unas palabras agradeciendo a los Reyes por pasar por Andalucía y que sin ánimos de agobiar tomaba la regia palabra que había pronunciado ya en sus discursos más fundamentales, a saber, que nadie temiera que su causa fuese olvidada. Así, el alcalde expuso que el plan de regadíos Genil-Cabra y el abastecimiento de agua de Puente Genil y sus aldeas eran harto fundamentales para el progreso de la comarca. Los vítores de los pontaneses parece que fueron enormes y solo aflojaron cuando el Monarca agradeció la lealtad, el afecto y la confianza hacia la Corona que profesaban los habitantes. Dijo ser consciente de los problemas que sufría la localidad y que con el esfuerzo de todos se podrían resolver pronto. Finalizó con un '¡viva España!'

Ya en el salón de plenos los reyes fueron agasajados con un libro a color sobre el pueblo, así como de su afamada Semana Santa. Juan Carlos y Sofía firmaron en el libro de la ciudad y en el del Imperio Romano, la famosa y antigua corporación bíblica. Durante los agasajos la pintora Gloria Prieto les obsequió un óleo suyo donde aparecía el príncipe Felipe. A la salida, niñas con vestidos típicos de la huerta les regalaron productos de la tierra. Una de las niñas tenía discapacidad intelectual y rauda de abrazó a la Reina para hacerle entrega de una carta donde le pedía que viniese a inaugurar el inminente colegio enfocado en problemas mentales.

Cerca del barrio de Miragenil, antes de entrar en el coche oficial, la joven Petri  Pérez entregó a la Reina  un ramo de claveles rojos y amarillos, gesto agradecido por el matrimonio. Dicho coche subió al barrio nuevo, donde en la Matallana fueron ovacionados por miles de personas que se congregaron allí. ¿El siguiente destino? Montilla.

jueves, 12 de mayo de 2016

Esfuerzos para ganar confianza (o solidez)

La XI Legislatura ha sido la de más corta duración en la reciente democracia española. Si bien el 20-D hubo un clamor en las urnas que abogaban por un inicio del verdadero parlamentarismo, ya que obligaban a todas las formaciones a dialogar y a consensuar (como en los míticos años de la Transición), el empecinamiento y la cortedad de miras por un lado y el rancio inmovilismo por el otro han decepcionado a muchos. El Gobierno de Rajoy, aunque en funciones, seguirá otros meses más, por mucho que nos pese.

Ante el virtual vacío de poder muchos han vuelto su foco hacia la Corona, puesto que en estos momentos delicados un paso en falso puede quebrar su obligatoria neutralidad. Recae al Rey proponer un candidato a la presidencia y a falta de consenso este tema es muy trascendente. Pero seamos sinceros, aunque en teoría puede proponer a cualquiera (incluso al famoso independiente sugerido por Ciudadanos), en la práctica todo queda reducido a la avenencia del Presidente del Congreso y al voto positivo del Congreso de los Diputados. Es necesario entonces sondear opiniones, sugerir acercar posturas y hacer las preguntas correctas para aclarar las posiciones de unos o de conocer las posiciones de otros. Pero seamos sinceros, no se le puede pedir más de lo que se le exige constitucionalmente: no achaquemos el inmovilismo al monarca en vez de a los propios partidos políticos (o sus representantes). Desgraciadamente, parece que hoy en día está de moda criticar a alguien porque no hace lo que no puede hacer (como mucho sugerir o fomentar). ¿Desconocimiento o mala fe?

Ya las encuestas más recientes indican que ya nadie opina que la Corona es uno de los problemas principales para España. En el primer año de reinado de Felipe VI se le dio una puntuación de 6,67 sobre 10 (según Sigma Dos en junio de 2015). Los simpatizantes del PP le dan el mayor puntaje (8,1), mientras que los de IU el menor (4,5) y en los otros tres grandes partidos (PSOE, Podemos y C's) aprueba. La franja etaria de más de 65 años también le da la mayor nota (7,9), mientras que la que está entre 18 y 29 años de edad le otorga la menor (6,1).

El nuevo monarca posee un 75,1 % de opiniones favorables al desempeño de su cargo y los simpatizantes de todos los partidos se decantan mayoritariamente por el SÍ. Por otro lado, el 49 % (contra un 44,2 %) afirma que Felipe VI está recuperando el prestigio de la institución monárquica. En este caso, el NO se hace mayoritario entre los simpatizantes de Podemos e IU.

La opinión por el anterior Príncipe es en general buena, opción preferida de todos los simpatizantes y todas las franjas etarias. Esto se opone a la opinión que tienen sobre Juan Carlos I, donde si bien predomina que es buena, los simpatizantes de Podemos e IU indican que es mala de manera general (aunque todas las franjas etarias indican que la opinión mayoritaria que tienen es buena, aunque en porcentajes menores a los de Felipe VI).

Los apoyos a la Monarquía Parlamentaria han ido variando: desde el 53,8 % de enero de 2013 (41,0 % para la opción republicana), al 49,9 % de enero de 2014 (43,3 % en contra). El anuncio de abdicación en junio de 2014 invirtió la tendencia, llegando al 55,7 % de apoyos y el 35,6 % de detractores. Un año después, el apoyo subió al 61,5 % y el rechazo bajó al  33,7 %. El rechazo sigue siendo mayoritario en los simpatizantes de Podemos y de Izquierda Unida.

Finalmente, la reina Letizia por su lado ha aumentado la buena percepción por parte de los encuestados en detrimento de doña Sofía, que si bien es buena, los porcentajes de esta opción decaen paulatinamente. Solo queda decir que el 45 % le pareció bien la nueva política de transparencia de Zarzuela y el 49,8 % indica que le han parecido buenas las acciones de la nueva Familia Real. Además, el 51,9 % indicó que le pareció buena la presencia internacional del Monarca y el 82,9 % ve bien que el rey emérito siga teniendo una agenda reducida y no desean que aumente el número de apariciones. Datos para pensar y reflexionar que aunque parezca que haya un vacío de poder las instituciones españolas son sólidas y que podemos confiar en ellas y en los procesos que fueron previstos por ellas mismas, aunque a veces nos decepcionen.

jueves, 10 de marzo de 2016

¿Qué fue de los eméritos?

Pues desde que Juan Carlos I decidió abdicar ya apenas se le ve el poco pelo que posee. Doña Sofía, en cambio, sigue teniendo una agenda social aún movida pero poco a poco opacada por la nueva agenda de doña Letizia. Eso sí, ahora su número de apariciones es muy inferior al de los Reyes. Si bien al anunciar su abdicación Juan Carlos I ganó en popularidad y remontó sus peores puntuaciones tras Botswana, Nóos y sus descalabros amorosos (bajó hasta el 41,3 %), pronto volvió a ser castigado por los españoles. Y es que su demanda de paternidad y el traspiés de Spottorno (su último Jefe de la Casa) y las tarjetas 'black' hicieron que solo fuera bien evaluado por un 48,3 % de los encuestados.

Solo los más mayores tienen buenos recuerdos como quien consolidó la institución monárquica en una España que basculaba entre la admiración por el franquismo y las remembranzas republicanas y defensor de la implantación de la democracia en un país que nunca tuvo muchos encuentros con ella. Cuenta con un 25 % de rechazo y muy pocos quieren que vuelva a aparecer en la agenda real. Ahora actúa como representante de Felipe VI en las tomas de posesión de los nuevos presidentes latinoamericanos.

Por otro lado, doña Sofía tiene casi siempre unas de las aceptaciones más altas y pasó del 71,9 % en sus horas más bajas a un 80,5 %. ¿Podrá ser un tipo de empatía por aguantar con estolidez los amoríos de su esposo? ¿Será su labor abnegada siempre a favor de la Corona? Pues no se sabe, pero lo que sí es cierto es que más de la mitad de los simpatizantes de Podemos e Izquierda Unida la aprueban.

Si bien no se le puede dar un respiro a la Corona para que no hagan las tropelías que tenderían a hacer si se les da poder absoluto y connivencia, muchos españoles creen aún en su utilidad. Por ejemplo, entre un 60 y 80 % de los encuestados siempre indican que la actuación de la Corona fortalece la imagen de España en el exterior. Y esto, entre tanto marasmo y esperpento político, es algo de agradecer.

martes, 8 de septiembre de 2015

Don Felipe: manos a la obra

Sí, se habla mucho de que Felipe VI, en la intimidad, es alguien altanero y prepotente, que no escucha a los demás y pone como primer y único bastión su idea. Vale, aceptemos que es cierto, pero si esto no trasciende de puertas para fuera y no dificulta sus funciones públicas, ¿qué importa? El Rey debe dar ejemplo actuando como tal, ya que como persona ya existen otros referentes educacionales, éticos y morales. No debemos olvidar que solo es una figura política. Un tanto sui generis, sí.

Por Metroscopia don Felipe es la figura política más valorada de las conocidas. Con un saldo de +52 es aprobado por 71 personas y desaprobado por 19. Como es Jefe de Estado, el 100% de los encuestados lo conoce. Ah, el segundo mejor valorado es Albert Rivera con un +12. ¿El resto? Saldos negativos, con el presidente Rajoy cerrando la lista con -50.

De manera general, y en otras encuestas, la Monarquía Parlamentaria recibe el apoyo del 57,4% de los encuestados, dejando de manera clara que las turbulencias del momento de la abdicación fueron olvidadas. El momento del salto republicano fue desaprovechado.

Sin embargo, en cuanto a instituciones españolas se refiere, ocupa el 5º puesto. Su nota es un suspenso, 4,34, quizás debido a que la crisis arrastró para abajo a todas las instituciones, quizás porque ya nadie desea los años de vino y rosas donde la Corona podía hacer todas las cosas a su antojo, sin pasar por luz ni por taquígrafos. Mientras esté supeditada al escrutinio y crítica, intentarán sus miembros hacer las cosas bien. Sin embargo, el caso Nóos y Juan Carlos I parece que ya no son tanta losa para la institución, puesto que justo un año antes la puntuación de la Corona era de 3,72. Sube, sí, pero a marchas forzadas.

Rebajas de sueldos, auditorías externas, protocolo para la aceptación de regalos, códigos de buena conducta, son cosas que el pueblo en general ha aceptado de buen grado. Y aplaudió con fuera la revocación del título de Duquesa de Palma de su hermana doña Cristina que, si bien hasta que no finalice el juicio hay que suponerla inocente, no ha tenido comportamientos ejemplares. Suficiente para que las Islas Baleares y la Corona hayan decidido que no merecía tales agasajos. La transparencia ha de ser mayor y algún día habrá que ponerse manos a la obra e iniciar en las Cortes Generales la elaboración del tan necesario Estatuto de la Corona. Con esto, los reyes quedarían asentados un largo tiempo. Poco a poco se adecenta la casa.

viernes, 5 de junio de 2015

Ascenso regio

Pues poco a poco Felipe VI va remontando el desaguisado que le dejó su padre Juan Carlos I. El síndrome del anterior monarca, que me gustaría bautizarlo con su nombre, es el de comenzar bien y con fuerte carisma y en la vejez dilapidar todas las buenas acciones que te hicieron estimado. Por suerte, le funcionó la nariz que tango estima y supo que sin abdicación pronto pondrían las franjas de la bandera a igual anchura y la más baja sería morada en vez de roja.

Increíblemente, tras seis meses de reinado, las aspiraciones republicanas ya estaban de nuevo torcidas. El día de la proclamación de Felipe VI se hizo una encuesta y el 58 % indicaba que le parecía una persona que inspiraba seguridad. Nada mal. En diciembre de 2014, sus acciones, quizás urgidas por las ansias de puesto de la Reina, lo catapultaban al segundo puesto de líderes mejor valorados por los españoles. De los personajes políticos del ámbito internacional, solo el meteórico papa Francisco lo superaba. Nuestro Rey tenía un +49 de aceptación, mientras que doña Letizia quedaba muy cerca de su marido con un +44 de aceptación. Obama le igualaba y de ahí iba descendiendo la popularidad.

Al monarca lo aprobó un 70 % de los encuestados y lo suspendió un 21 %. La Reina contó con el apoyo del 67 % y el rechazo del 23 %. Metroscopia entonces auguraba la vuelta de la estabilidad a la Corona, tan anhelada desde la irrupción del caso Nóos.

Clasificando por los partidos a día de hoy más mediáticos, para sorpresa de muchos, el Rey fue más apoyado que rechazado en los tres más principales. Pero, evidentemente, ese porcentaje de apoyo variaba considerablemente. Los votantes del PP, el partido en el Gobierno, le otorgaron un +91, confirmando el apoyo de estos votantes a la Monarquía Parlamentaria y dejando como anécdota su sector republicano conservador. Después, el partido líder de la oposición, el PSOE, de bases republicanas pero comprometido con el constitucionalismo emanado de 1978, le concede un +77. Por último, el emergente y pujante Podemos, aún sin definición clara sobre nada importante para ganar votantes por todos los lados, daba un saldo de +13 a Felipe VI.

O sea, el valor principal es que siga desempeñando sus funciones de manera óptima, ya que el sector monárquico siempre escasea o se queda casi siempre en un lado de la balanza. Mientras siga siendo útil, los partidos más relevantes, lo verán como un activo valioso. Ver para creer en estos pocos meses.

domingo, 8 de marzo de 2015

Poco a poco remonta la Familia Real

Ya en los últimos meses del reinado de Juan Carlos I había un poco de recuperación de la imagen de la institución. No mucho, pero lo había. La cosa era que aunque se hicieran mejor las tareas y con mejor comunicación y ansias de transparencia el titular de la Corona ya estaba quemado como figura pública y política. Ya incluso los hijos habidos fuera de matrimonio guerreaban por ser reconocidos (y hoy en día ya la cosa está en tribunales).

Quedaron muy atrás sus días de apuesta por la democracia y su cintura para que la Transición llegase a buen puerto. Lo veían más como campechano, un anciano de gustos raros que lo único que se dedicaba era a operarse y a encubrir desfalcos por un lado y otro (hija, empresarios, funcionarios propios). Ya en Andalucía las últimas encuestas a los jóvenes indicaban que preferían más la República que la Monarquía, pero por pocas décimas para disgusto de los republicanos más acérrimos. Sin embargo, de manera general en España un 40,8 % se declaraba monárquico. Porcentaje muy bajo sí, quizás el mínimo. En cambio, solo el 34,1 % se declaraba republicano.

Pero fuera de sentimientos, la tendencia siempre era la misma. ¿Qué sistema la conviene más a España? Ahí gana la Monarquía con un 48,4 %, frente a la República con un 33,7 %. Ya he dicho por activa y por pasiva que si bien hay una mayoría ciudadana republicana por pragmatismo y accidentalidad, y unas gotas de sentimiento posibilista, no me lo pueden negar, se prefiere la neutralidad de la Corona en España que la parcialidad de una Presidencia.

Por otro lado, todos pensaban que era momento ya de darle paso al Príncipe: un 60,7% frente a un 29,7 % que indicaba que el Rey debía morir en el cargo. La franja etaria de 25 a 34 años clamaba por este cambio, mientras que la franja de 65 años para arriba indicaba que se respetase la tradición sucesoria.

Pues bien, en junio nos enteramos casi por sorpresa que Juan Carlos I abdicaba de manera escueta. Y siguiendo todos los pronósticos las manifestaciones no duraron mucho, mientras se preparaba contrarreloj la Ley de Abdicación. Casi dos semanas después, era proclamado Felipe VI ante las Cortes Generales. No hubo aclamaciones masivas. Las calles no estuvieron abarrotadas, pero lo mismo pasó con su padre. Solo los convencidos y los curiosos quisieron acudir. En el recorrido a veces se llegaba a una quinta o sexta fila de espectadores y la acotación de la Plaza de Oriente hizo sonreír a algunos que llenaban incluso más espacio en cualquier convocatoria hecha de la noche a la mañana.

Digo que me decepcionó un poco la asistencia. La expectación pedía más presencia. Pero bien es cierto que si hubiese estado todo abarrotado sonaría a fanatismo. Es bueno dar parabienes y felices augurios a los nuevos jefes de Estado, pero en su justa medida, vaya que se lo crean desde el primer día y se olviden de cuáles son sus funciones. Sinceros fueron los agradecimientos en el balcón de Felipe VI, con nuevo estandarte real y todo, y pronto se desmarcó de la política de su predecesor incluyendo a más colectivos (como el LGTB) en sus recepciones, más transparencia, una política laicista y códigos éticos ante los problemas que puedan venir. Incluso el proceso de abdicación había automáticamente desplazado el problema de la infanta Cristina y su imputación: ya no era parte de la Familia Real, así que el trauma se convertía en menor. Eso y que ya no participase en actos de la agenda.

Al mes del nuevo Rey las encuestas daban aumentos vertiginosos. De los encuestados, un 15 % le daba un sobresaliente, un 25 % le daba un notable, un 30 % lo aprobaba sin más y solo un 20,6 % lo suspendía. La Corona volvía a cobrar confianza en los ciudadanos. Pero bien esto podría ser por el cambio de cara, una flor de un día. El mismo perro pero con diferente y joven collar. Bueno, estos pensamientos tuvieron que disiparse cuando al siguiente mes la valoración del Rey subía hasta un 72,3 %, muy por encima de los otros actores políticos. Si bien de casi siempre la Corona había sido una de las instituciones mejor valoradas, lo era por debajo del 50 %. Y el Rey anterior también estaba por debajo del aprobado. Así que una subida espectacular en dos meses. Los consejos de su padre y las nuevas tácticas implementadas por la nueva Reina parece que están dando sus frutos. Veremos cómo van los derroteros cuando se cumpla un año de reinado.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¡Por supuesto que la Corona es irracional!

Momento ya de finalizar esta pequeña saga sobre la Corona española en la que intenté desmentir o reinterpretar las clásicas críticas de caduca, anacrónica, inútil e irracional. Ahora toca este cuarto punto. Y, como ya se viene sospechando, no creo que sea una crítica que la monarquía se base en criterios irracionales. Pero atención, no es la única forma de gobierno que se basa en puntos de irracionalidad, sino más bien los sabe explotar de mejor manera y sin tapujos.

A pesar que esto pudiera ser una crítica para algunos, se ve que muchos o no lo tienen en cuenta o no les importa. Ya en los momentos más difíciles de la institución se tenían unos resultados no muy malos. Y nada más y nada menos que en el programa de Ana Pastor en La Sexta, nada sospechosa de connivencias: 47,9 % para la Monarquía y 34 % para la República. Interesantes estos porcentajes, pues andan similares a los que se obtuvieron en 1982: 45,4 % para la Monarquía y 21,5 % para la República. Además, hace más de un año eran la reina Sofía y el Príncipe de Asturias los integrantes de la Corona más valorados, muy por encima del rey Juan Carlos I. Ya comenté que mucha gente no muy cercana al monarquismo no le incomoda tener a un Rey como Jefe de Estado, pero que no estaba contenta con las últimas actuaciones del Monarca del momento. Parece que esto no terminó en saco roto y sí quedó en el olvido eso de reinar hasta la muerte.

En el seno de la Casa del Rey siempre se ha defendido el tema irracional, puesto que el que encarna el regio cargo se considera como un producto de la tradición y la historia de una nación que ha ido decantándose con el paso de los siglos y que cuando habla no solo habla desde el momento presente, sino desde todo el bagaje de la dinastía a la que pertenece. Puede ser una tontería, y lo es a mi entender. En España se eligió a una familia que ya había estado en tal posición para que ejerciera las prerrogativas de representación, entrenando a todos sus miembros de pequeños (como todo en la vida unos retoños se torcerán y otros no) y que al quedar designada así debía ser neutral y quedar por encima de las disputas políticas. O sea, que le encargaron los ponentes constitucionales miras más altas y no atarse a palabras que queden bien o hechos que solo alcancen un ciclo de cuatro años. Las encuestas indican que tan mala idea no es y que esta percepción no ha cambiado mucho, puesto que cuando enuncian qué es el mayor problema en la vida del país, solo décimas porcentuales indican que la Monarquía y casi nunca se dice en primer lugar. Y es que aún siguen sirviendo las características de la Corona: accidentalismo (si permite el juego democrático, ¿por qué cambiarla?) y neutralidad (nadie puede ver que el Jefe de Estado promociona con descaro un partido político en particular).

Las repúblicas también cuentan con su dosis de irracionalidad, y si no que pregunten en Estados Unidos a la figura cuasi divinizada de su Presidente. Ya se encargan las películas de envolverlo en un halo especial y en dar su vida por alguien votado para un tiempo determinado. ¿No se puede sustituir por el Vicepresidente? ¿No hay otros en el país con sus ideas y posturas políticas? O la irracionalidad esa que todo es más democrático. Una cosa es la elección del cargo, que por supuesto se basa en métodos democráticos y con un diseño racional (aunque muchos votan por música, cartel o siglas, cosas que se escapan del dominio de lo racional). Se piden referéndum cuando la Constitución no incluye cosas de gran calado (o sea, que afecten a parte fundamental de la Carta Magna para que no exista un vacío legal entre la decisión y el cambio de lo que se decidió) para esto está la reforma constitucional normal y agravada. Solo hay que convencer y listo. Por irracionalidad también entendería la definición etérea de pueblo, que solo puede actuar como tal en cierto sitio (en la urna con una papeleta) y en cierto momento (durante los comicios). Ya comenté que sonaba a mota mística que yace dentro de uno y que solo puede actuar en cierta ocasión, para ello uniéndose con el resto. Se puede legislar y compartir (faltaría más en mi persona no creer en estos supuestos democráticos) pero aún la definición o quién se erige portavoz del pueblo quedan bastante confusos. O cuándo es turba y cuándo pueblo. Ya si nos ponemos más quisquillosos tampoco es muy racional que un Estado, una Nación, un país sea representado por una única persona. Vale que para no crear polémicas haya un jefe del Ejecutivo, pero ¿por qué uno solo para representar a todos y cada uno de los ciudadanos de un país? ¿No sería mejor y más racional crear una comisión o un grupo que represente a sectores mayoritarios y no tan mayoritarios? Suiza creo que tiene a 7 integrantes en la jefatura y uno por año es el portavoz del resto. O mejor, que no exista la figura del Jefe de Estado. Está en la irracionalidad el punto de la auctoritas (que no potestas), la cualidad de influir, escuchar, ser consultado y mediar. Es una persona y punto, pero sus consejos o sus avenencias la gente lo toma muy en serio, estamento político incluido. Si en el discurso de proclamación dijo algo, la prensa lo comenta hasta la saciedad. Y eso que no puede tener iniciativas políticas ni puede implementar nada. ¿Cómo es que se hace caso a alguien que solo tiene atribuciones representativas y simbólicas? Sí, es la irracionalidad de lo que representa lo que te hace escucharlo y tomarlo en cuenta, es la irracionalidad por la que puede ir a cualquier lado y convencer con su presencia y discursos que se tiene que invertir en su país o que conviene contratar a una empresa de su país y no del otro aunque ambas sean iguales. Es la irracionalidad la que hace de mediador y moderador, terciando en muchos conflictos internos. Es la irracionalidad que todos quieren estar cerca en la foto para aumentar su influencia en otro sector en que el Monarca no tiene nada que ver. Es la irracionalidad la que hace que en un discurso de buenas intenciones la gente vea el sentir general sabiendo incluso que no irá (que no puede ir) más lejos de las palabras, llegar a las acciones. Irracional también es que por muy amados u odiados que sean si salen en portada de la revista de corazón de turno se vendan como rosquillas y se comente durante bastante tiempo.

Las políticas de austeridad, cercanía y ejemplaridad implementadas por Felipe VI han hecho que la figura del Rey haya ascendido de un 47 % de aprobación ciudadana en 2013 a un 69 % en la actualidad. Bueno, contemos también las políticas de Juan Carlos I de meter a la Casa del Rey en las redes sociales y que ahora el caso Nóos no es tan directo a la Corona al no estar involucrada la Familia Real, sino la Familia del Rey. La figura de Felipe VI es la más valorada del sistema político (le siguen las Comunidades Autónomas con un 34%) y en el global es la 8ª figura más valorada por la población, empatado con la Policía. Personalmente, detenta un 58 % de personas que confían en él, contra un 19 % que sienten inseguridad de su persona. Y mucho depende de los consultores, pues hay que dividir la carga de planear una vida al detalle. Muchos querrán sobreproteger, cuando en realidad la están fastidiando y otros querrán banalizar todo, con la probabilidad de que pierda su función y parte de su irracionalidad.

Pero bueno, hay quien puede decir que por muy afín a la población que sea, no puede haber nada irracional en el entramado político. Bueno, digamos que no puede haber algo que presuma de ser irracional. Entonces quitemos al Jefe de Estado hereditario y pongamos a uno electivo. Bien. Pero eso no quiere decir que haya que destruir o exiliar a la Corona. Aún sigue teniendo un gran valor. Quizás no tanto como antes, pero aún con una inmensa influencia. Miremos si no a Serbia, una república donde la Casa Real serbia está viviendo en el país (aunque con estatus de mandatarios extranjeros) y trabajando para el Gobierno y el país en su conjunto. Siguen haciendo de representantes, aunque les correspondería a otros, pero de manera neutral. Con tan buen acierto que el 60 % de los serbios quiere que retorne la monarquía. Consiguen contratos, liman asperezas con países vecinos, atienden peticiones. Siguen usando su auctoritas a pesar que van en paralelo al sistema político. ¿No podría servir esto también para España? ¿Una república que cuente y aprecie a la Corona y que ambas se ayuden por el bien del país? Tampoco me parece mala idea. Si existen buenos activos hay que usarlos. Lo irracional sería desperdiciarlos porque se cree que cambiando de régimen todo irá a mejor. Y no hay nada peor que un irracional criticando a otro de irracional mientras se autodenomina racional.

jueves, 19 de junio de 2014

La proclamación de Felipe VI

Y es que en España nunca se coronó a ningún rey como tal (Carlos I lo fue, pero del Sacro Imperio Romano-Germánico y Carlos III como Rey de Nápoles y Sicilia). Esta mañana el flamante Rey ha sido proclamado por las Cortes Generales y ha dado un excelente discurso. Muy a mi gusto, la verdad. Directo, tocando los puntos clave y una coletilla con las lenguas cooficiales. Quiere volver a ganar el respeto y la aprobación del pueblo español y por ello postula una Monarquía renovada.

Es necesario todo esto, pero además tiene que ir acompañado de acciones concretas y verídicas. Y tiene que ejercer su papel moderador para lograr regenerar la política y democracia españolas. Que no es poco. Con la consabida preparación que tiene, seguro que puede hacer muchos guiños a favor de ello. Pero esto ha de ser rápido, ya que la sombra de la secesión catalana sigue pululando sin miedos. España estaba necesitando urgentemente esta renovación para iniciar reformas de calado, recordemos que el más reciente sondeo de Metroscopia hablaba de que un 83 % de la población encuestada deseaba la abdicación y que un 62 % quiere un referéndum para dilucidar la forma de Estado. De estos que deseaban votar, un 49 % elegía que permaneciese la Corona y un 36 % votaría a favor de la III República. En mi fuero interno no estoy muy de acuerdo con realizar un referéndum, tanto por las tensiones políticas que resucitaría pero más porque si se quiere cambiar la forma de Estado ha de ser mediante los cauces democráticos existentes. Una ley hay que acatarla siempre que siga siendo ley. Si ahora decidimos saltarnos la Constitución de 1978, como ya dije, no hay nada que indique que no se hará lo mismo con la nueva. No vale decir que la nueva República estará basada en los Derechos Humanos al contrario que las dos anteriores (no fueron promulgados hasta 1948, después claro está de 1873 y 1931), la vigente Monarquía Parlamentaria también se basa en ellos. Tampoco funciona eso de que la Transición fue idealizada y un engaño en general, puesto que si está bien quitar idealismos y sopesar la violencia franquista y separatista, aún sigue siendo un modelo de consenso exaltado por países extranjeros (y por tanto, sin vicios); ¿o el nuevo régimen no va a ser de consenso? Pues cosa mala entonces. Aparte, ya no sirve eso de que el Jefe de Estado fue impuesto por el dictador Franco, a pesar que obviaba varios sucesos y pasos constitucionales esta declaración.

No me queda otra cosa que explicitar el artículo 168 por si algún día la Monarquía Parlamentaria deja de ser útil y pragmática a los españoles. Es bastante claro el mencionado artículo: para reformar el Título II o toda la Constitución (una nueva, vamos) hace falta que estén en mayoría los partidos que quieren esos cambios y con consenso obtengan a favor la mayoría de 2/3 con los votos; tras esto le siguen nuevas elecciones para que las nuevas Cortes Generales ratifiquen otra vez por mayoría de 2/3; tras esto sí vendría el referéndum para validar todo el proceso.

No hay nada que impida la vuelta de la República, pero que se acaten las normas mientras tanto. Ya predije allá por 2010 que Juan Carlos I debía abdicar muy pronto, quizás durante 2012. Y que el proceso no debía tener muchas demoras para evitar suspicacias y trampas por ciertos sectores exaltados. Acerté de nuevo. Si la sucesión tradicional es por fallecimiento y entonces la proclamación es rápida, en una abdicación ha de ser lo mismo. En estas dos semanas y pico se ha notado como un vacío y provisionalidad, por lo que alargar los procesos de abdicación sospecho que es algo contraproducente. El mismo día 2 de junio ya hubo manifestaciones republicanas por todos lados y numerosas. Y peticiones de referéndum, aunque con clara tendencia a sospechar el resultado que más convenía. Pero hay aún inconstancia. Al día siguiente solo reunió unos cientos. ¿Que fue más que la monárquica del viernes? Por supuesto. Pragmáticos hay muchos, monárquicos menos. Y de inspiraciones ultracatólicas y nostálgicas del franquismo, muchísimos menos, como los que fueron a las plazas (aunque no está bien generalizar y pediría perdón). También el famoso y promovido Jaque al Rey de 2013 no reunió ni a medio millar en la Plaza de Oriente. Tal y como pasó con su padre, los que han ido a ver el desfile militar, el paseo de los Reyes y el saludo en el Palacio son los que han querido o han podido (esta vez ha estado muy exigente el aforo máximo en ciertos lugares). Festivo el día, pero juzgar qué quiere el país o qué no por cuántos hay o cuánto ruido se haga es algo muy simplón.

Por fin en la España constitucional se ha dado un proceso sucesorio con normalidad. Ha habido dudas y nervios. Incluso protestas y reniegos. Todo normal en una democracia. Pero yo creía que cuando Juan Carlos I anunciase la abdicación el revuelo y las protestas serían más fuertes, dando inestabilidad durante el lapso. Pero no, ha estado todo sobre unos límites tolerables y tranquilos para una democracia. Y eso es un buen signo. Si Felipe VI hace las cosas bien junto con que España salga de la crisis las instituciones se fortalecerán de nuevo. Por ahora, la sucesión ha sido normal y ajustada a la Constitución, jurando la propia Constitución, que tampoco es poco esto. Y eso da estabilidad. La misma de la que ha carecido España durante tanto tiempo en estos últimos 200 años.

¡Viva el Rey!

martes, 13 de mayo de 2014

Un Regente para que no sea inútil

Tantos vaivenes con el tema de la imputación de la Infanta ha dejado muy trastocada la Corona. Era de esperar que en sus declaraciones primara el desconocimiento y el echarle la culpa al marido y quien pensara que iba a entrar compungida y entonar el mea culpa pecaba de infantilismo brutal. Puso sonrisa de piedra para hacer picar a muchos periodistas y ciudadanos y a la hora de declarar se amilanó y tomó las de Villadiego, como cualquier hija de vecina.

Aparte de la resolución del caso, la Monarquía española está muy tocada y aunque las encuestas hablen de una lenta recuperación, no van a recuperar el apoyo y el respeto casi sagrado que tenían hace unas décadas.

En 1996, ante la pregunta '¿Qué sistema preferiría para España hoy?' un 66% indicaba que Monarquía, un 13% República y un 20% les daba igual uno u otro. Eran los mejores tiempos, donde la Corona parecía totalmente intocable: la opción Monarquía seguiría estando en la elección mayoritaria de los encuestados (65% en 1997, 72% en 1998 y 69% en 2007) en detrimento de República (15% en 1997, 11% en 1998 y 22% en 2007). El número de los que le daba igual antes era alto, pero en una década parece que intentó decantarse por la República, descendiendo a un 9% en 2007.

Tras la crisis y todo lo que ha manchado a la Corona las tendencias comenzaron a cambiar, y de manera brusca. Por ejemplo, Monarquía 56% en 2010, 54% en 2011 y 53% en 2012, ante República 34% en 2010, 37% en 2011 y 37% en 2012. Ligeramente aumenta tras un marcado descenso a los que le da igual (5%) señal de que un sector ve que el problema es sistémico y que no importa qué haya, sino que se va a repetir el mundo de la corrupción. Y es que, como todo ser reflexivo puede ver, no con un cambio de régimen se va a asegurar Educación pública y gratuita a todos y sanidad eficiente. Que la calaña de políticos no se van a ir de un día para otro. En mi humilde opinión, si con una hipotética república las cosas no van a cambiar y necesitan ser trabajadas para cambiar, ¿por qué no hacemos todo el trabajo ahora, con este régimen?

Pero el problema que hace a la gente replantearse sus lealtades quizás no sea dónde va el dinero (ahora las cuentas andan muy transparentes y van a estar controladas por una ley, cosa loable). En cualquier sitio cuecen habas y hay despilfarros (con unos cuantos asegurados sin importar quién sea el -o la- Jefe de Estado). El problema parece que es que el Rey está como ausente: su larga y tortuosa recuperación tras pasar por varias operaciones lo han dejado muy apartado y por mucho que ahora esté recuperado y mostrándose no creo que tenga agilidad y aguante como hace tres o cuatro años. Pero para más inri está obsesionado en no abdicar, como si quisiera superar con creces a Felipe V. Por mucho que la institución lo necesite y el clamor popular lo pida, no quiere bajarse de sus trece.

Algunos periodistas puede que hayan dado en el clavo. Que siga siendo Rey todo el tiempo que quiera, que siga apareciendo en las monedas y los títulos, pero que su desempeño lo haga otra persona. O sea, que es momento de nombrar un Regente. Tal y como plantea la Constitución este puesto lo ocuparía el Príncipe de Asturias. Como Regente sería más visible y tendría entrenamiento continuo para adaptarse a su futuro cargo (sin presiones de la Princesa o sin romper lealtades, solo es necesario que las Cortes Generales reconozcan alguna incapacidad en Juan Carlos I). En las encuestas, el 74% indica que la Corona está asentada en España  y que el proceso sucesorio se dará con normalidad, por eso no hay miedo de fantasmas para el Rey dando paso al Regente y actuando en su nombre, puesto que ya va siendo hora que gane peso entre los Estados árabes y algunas potencias americanas y europeas. Es más, el 79% da por seguro que Felipe de Borbón tiene ya la suficiente preparación para ejercer las funciones regias, así que si no lo puede hacer ahora, pues su padre quiere ser Rey hasta la muerte, puede llevarlas a cabo en su nombre. Con el regente Felipe la institución va a renovarse y rejuvenecerse, dando por descontado la pronta resolución de la imputación de su hermana. Su mensaje ya cala en círculos políticos y empresariales, dejemos que se visibilice aún más al Regente para que sea más sencilla su transición al cargo que hereda, muchos en el exterior estarían encantados y él llegaría a tener más experiencia, siempre aconsejado por su padre, recomendando a los jeques y a mandatarios que su hijo tiene su mismo potencial y que confíen en él como lo hicieron con su persona. Pero lo importante es que no conviertan a la institución de la Corona en algo inútil por culpa de cambios que no cambien nada, justo como tienen hoy en día algunos en mente.

Porque si no queda lastrada por parches, la institución seguirá siendo útil. Es por ello que sin tener poder efectivo goza de la auctoritas para acercar posturas, aconsejar y advertir. Si ya no fuese útil estas posturas y declaraciones no serían tomadas en cuenta, ni analizadas al detalle como hoy en día. Si la Corona fuese inútil no habría estos grandes contratos tras sus visitas internacionales: la petrolera mexicana no contrataría astilleros españoles para crear numerosos barcos por más de un lustro, o las ciudades saudíes no se plantearían que una empresa española con mano de obra nacional construyese un metro o líneas de alta velocidad entre ricas ciudades emiratíes metidas de lleno en el desierto. Incluso estos acuerdos sobre instrucción de temas de defensa o manejo de bases de datos en bibliotecas no serían posible en Omán, que otorgan prestigio al país y puestos de trabajo remunerados fronteras afuera como en Kuwait. Es más, incluso marcas de zapatos de Estados Unidos deciden poner toda su producción en España y no en otros países más convenientes (desgraciadamente por sus malas condiciones laborales). La palanca y la facilidad de conseguir estos acuerdos está. Y mientras esté eso de la inutilidad es pura patraña.

domingo, 6 de abril de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: el medievalista

Luis Carandell en su libro nos da otra curiosa anécdota del reinado de Alfonso XII. Es de sobra conocido que el andaluz Antonio Cánovas del Castillo era el sostén ideológico de la Restauración. Adalid de la causa alfonsina se había atraído a multitud de antiguos políticos y como tutor del Príncipe desterrado tenía sobre él una inmensa estrella que poco a poco, como siempre, se fue desgastando.

No solo fue un importante político de impresionante oratoria que llegó a ser Presidente del Consejo numerosas veces. Era un afamado historiador y conocedor de las casas reales anteriores en España, y sobre todo, apasionado del siglo XVII español, del que creía que aún no se había recuperado el país de tal época. Alfonso XII no era muy culto en Historia, con notable excepción del mundo griego clásico, por lo que para intentar ser un buen monarca constitucional se empecinó en aprender de todos los saberes. Esta vez le tocó a una obra sobre las monarquías medievales de lo que llegará a ser España, escritas por un clérigo que gozaba de alta estima en los círculos intelectuales. El Rey quiso comentar esta obra con su Presidente, pues conocía su sabiduría en este tema, pues deseaba empaparse en este tema y no sabía si empezar por este volumen o por el de otro. Para abrir boca le comentó:

—Me han dicho que el libro es extraordinario.

Cánovas hizo como si no escuchase y no pronunció palabra alguna para quizás no ofender al Rey. Pero este ni corto ni perezoso quiso seguir tirando de la lengua para conocer la opinión de su antiguo mentor. Así que le preguntó directamente:

 —A usted, ¿qué le parece?

Don Antonio ya no se pudo morder más la lengua y replicó de la siguiente manera para demostrar que le parecía un panfleto:

—Yo lo tenía por sabio, pero desde que el buen señor ha tenido la debilidad de escribir he rectificado por completo mi juicio.

jueves, 3 de abril de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: pasión ferroviaria

Sigamos un poco más con las anécdotas referidas en el genial libro 'Las anécdotas de la política'. Ahora toca centrarse en la apasionante y enrevesada visita que hizo don Alfonso XII por Europa allá por 1883. Visita que en cierto momento trajo muchos quebraderos de cabeza y un serio conflicto diplomático. El Rey siempre había admirado el II Imperio Alemán y había importado muchas modas y procederes, así que en su visita prusiana no se le olvidó pasar por Berlín y así cumplimentar al Káiser.

La reunión entre Alfonso XII y Guillermo I atrajo mucho interés, así tanto por ellos como por el elenco político que los seguía, por lo que el séquito de periodistas era enorme, tanto alemanes como españoles. Tras todos los protocolos el monarca hispano se encaminó a la estación de trenes y recibió la tradicional despedida fastuosa. Cuando todo terminó el Rey se subió al tren pero se percató que en los andenes aún quedaban muchos periodistas tomando notas y que si no se daban prisa perderían el tren y no podrían seguir sus pasos.

El temor estaba bien fundamentado, pues la costumbre teutónica no aplaudía a los distraídos: no se anunciaba la salida del ferrocarril mediante toques de campana. Mientras estaba despidiéndose y hablando con el Káiser no se pudo aguantar este temor, por lo que como buen aficionado a los ferrocarriles, se disculpó con Guillermo I y con la clásica entonación gritó con voz alta para que fuese escuchado:

—¡Señores viajeros, al tren!

Habría que haber visto la estupefacción del emperador junto con la sorpresa de los periodistas, corriendo a lo loco para no perder el tren.

jueves, 6 de marzo de 2014

Anécdotas de Alfonso XII: el regalo

Otra nueva anécdota recogida por Luis Carandell. Es sabido que al rey Alfonso XII le gustaban las corridas de toros y no perdió oportunidad de acudir en una en la que lidiaban dos famosos toreros, rivales y de altas cualidades, tanto que hoy en día sus nombres aún son conocidos: Salvador Sánchez Povedano y Rafael Molina Sánchez, mejor conocidos por sus apodos de Frascuelo y Lagartijo, respectivamente.

Estos, para hacerse con el favor del Rey en su particular competición (y exigencias del protocolo) le brindaron un toro cada uno, siendo del agrado de Alfonso XII. El Monarca llamó a ambos toreros al palco y les explicó la situación. No sabía hasta el último momento si podía o no asistir a la plaza de toros, por lo que la falta de decisión hizo que no preparase ningún regalo que tradicionalmente se daba a cambio del ofrecimiento del toro.

Ante la situación y el no poder llevar a cabo el intercambio que se hacía por costumbre, Lagartijo medió para decir que no había nada que regalar, puesto que su presencia ya era suficiente y del agrado de ambos lidiadores. Así que replicó:

—Conmigo está Su Majestad 'cumplío'.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...