Otro apunte más sobre mis múltiples viajes.
"Tras irnos (donde en el parque te transportaban en un gracioso trenecito) nos llevaron a las tres puntas o algo así, es donde el río Iguazú desemboca en el Paraná y cada parte de la Y que forman es de un país (Argentina, Brasil y Paraguay), indicado por unas torres del color de la bandera."
lunes, 8 de enero de 2018
lunes, 1 de enero de 2018
Diario de Viaje: Ciudad del Este (Junio de 2007)
Dando protagonismo a mi visita fugaz a Paraguay.
"Por la tarde, aunque no lo habíamos comprado, nos llevaron a Ciudad del Este que está en Paraguay. Una tarde brutal, eran como los retales, pero ocupaban toda la ciudad. Muchas cosas truchas y muchas cosas extrañas pero ahí vendían hasta los ratones. Todo estaba lleno de policía que tenían un gracioso fusil preparado para hacerte trizas. Me atreví y le pregunté dónde podíamos tomar un aperitivo. Lo conseguimos y muy barato."
"Por la tarde, aunque no lo habíamos comprado, nos llevaron a Ciudad del Este que está en Paraguay. Una tarde brutal, eran como los retales, pero ocupaban toda la ciudad. Muchas cosas truchas y muchas cosas extrañas pero ahí vendían hasta los ratones. Todo estaba lleno de policía que tenían un gracioso fusil preparado para hacerte trizas. Me atreví y le pregunté dónde podíamos tomar un aperitivo. Lo conseguimos y muy barato."
viernes, 29 de diciembre de 2017
Puigdemont o la huidiza col de Bruselas
Sí, esas coles verdes y pequeñitas que si no las enfilas bien con el tenedor dan un salto y huyen rápido del plato. Con ese esperpento creo que hay una buena metáfora para el actual tema catalán. Mira que en varias ocasiones me he visto tentado a escribir una entrada en el blog pero cada dos o tres días aparecía algo nuevo que me frenaba para no hacer la entrada incompleta. Como la Historia se escribe día a día y lo que estamos viviendo es algo que en el futuro aparecerán en los textos a estudiar, siempre va a quedar incompleta. Pero bueno, ya en el futuro lo continuaré. O no.
El tema viene de largo y sobre todo en el impulso a ideas nacionalistas y regionalistas tras la Transición. Nada de malo tiene, los que me conocen pueden atestiguarlo, pero algunos usan ciertos derroteros para su beneficio propio, dejando el de los demás muy trastocado. Esos pactos a gobernar desde Moncloa dependiendo de CiU o como se llame ahora les dio gran protagonismo (y sus victorias autonómicas incontestables también) y con el nuevo Estatuto de 2006, donde se manejaba el término nación para Cataluña se creó un buen ambiente de nacionalismo. No tengo nada en contra de considerar a España como un Estado compuesto de varias naciones, pero parece que los tribunales no lo tuvieron tan claro y echaron para atrás partes del nuevo articulado. Eso creó una afrenta que se utilizó incluso para tapar los casos de corrupción en el antaño y honesto oasis catalán. Ay, cuánto se ha hablado del 3% en comisiones. Ay, Pujol, el político mejor considerado en Cataluña con toda la familia desfalcando y metiendo dinero a lo loco en Andorra.
Bueno, Artur Mas, el discípulo de Pujol, no pudo estar en mejor posición al alcanzar la Generalitat y empezar con una política de que el Estado les robaba. Buena parte de razón tenía al tener una pobre financiación y un cierto trato gélido hacia esta tierra por parte de Madrid. Lo importante era tapar corrupciones, acallar patéticas financiaciones en sanidad, gestiones deleznables... Agravios comparativos y hacerse las víctimas al principio funcionó, aunque a día de hoy cansa y no convence (y más siendo una de las regiones de Europa con mayor autonomía). Ahí se llegó al referéndum del 9-N en el año 2014 donde, a mi juicio, Rajoy jugó de una manera eficaz y elegante: dejó que todo se llevase a cabo para ver cómo votaban menores, gente no empadronada y en varias ocasiones. Pero bueno, esto no terminó de amedrentar al enfervorizado nacionalismo y siguieron como clérigos ensimismados. Las elecciones cada vez daban menos escaños a los soberanistas pero esto no los amedrentaba.
Para que Puigdemont llegase a la Generalitat casi se acaba con el plazo de búsqueda de candidatos. Mas, creyéndose desgastado, tomó un perfil bajo durante la campaña, aunque con fuerza quiso revalidar su presidencia. No se lo dejaron los socios de la CUP y en una jugada frenética, Puigdemont salió de la nada y se convirtió en el heraldo del independentismo. Habría otro referéndum y nada parecía evitarlo. Esta vez Rajoy, tras su tumultuosa reválida de su cargo, jugó diferente y, para mía, imperó más el interés partidista que el interés general. Dejó hacer y cuando vio que todo se le echaba encima, ya se estaba votando el 1-O de 2017. Había avisado que no pasaría nada, pero pasó. Participación amañada, claro, pero cuando vio que a nivel internacional la gente iba a alabar el proceso de independencia puso a actuar a las fuerzas de seguridad, actuando con una crudeza muy elevada. Imágenes desagradables que recibieron críticas internacionales.
Los políticos independentistas empezaron a abrazar con fuerza el reciente concepto de posverdad: actuar como si nada pasara, aludiendo a vagas referencias legitimadoras. No importaba que incumplieran todas y cada una de las leyes y que el Tribunal Constitucional vetase sus locas leyes. Actuaban como si estuviesen en una realidad paralela y no importaba qué ley había ni cuántas advertencias (incluso de los propios juristas del Parlament) se les hacían. Actuar de una manera hasta que por cansancio o reiteración se tornase en normal y aceptable. Cero autocrítica. Eso me ha mantenido sorprendido hasta hoy, como si fuesen sordos ante todo.
El mensaje del Rey fue duro, nunca se había pronunciado de manera tan contundente. No se preocupó por las cargas policiales y eso es criticable, pero actuó como un resorte. Los catalanes constitucionalistas (que, por cierto, no son un porcentaje desdeñable) empezaron a protestar y a parodiar la posverdad independentista. Las empresas empezaron a amenazar con marcharse de Cataluña (al menos su sede social). Los partidos políticos constitucionalistas abandonaban las votaciones del Parlament que podían ser sujeto de acción judicial. Eminencias políticas clamaban por manifestaciones multitudinarias y pacíficas. Ya nadie se acordaba de los temblorosos puentes tendidos desde Moncloa donde se sugería que si todo se detenía se lograría una Hacienda catalana propia, al estilo vasco. La gente dejó de tener miedo y empezó a ondear la bandera constitucional, tanto dentro como fuera de Cataluña. Y la senyera fue la que acalló la proliferación de esteladas.
He de confesar que viví estos días con suma tristeza. De ver cómo políticos que no escuchan al pueblo jugaban su terrible juego, de familias rotas por visiones polarizadas, de cómo la confianza internacional se reducía a la nada.
No importó que Puigdemont estuviese a punto de echarse para atrás. Sus socios de ERC y la CUP no se lo iban a perdonar y sus apariciones con horas de retraso ya eran costumbre. Demasiado miedo de tomar el camino sensato y con la única opción de seguir huyendo para delante. Lástima que la agonía se haya perpetuado tanto, porque este tema catalán se ha usado (y se está usando) como cortina de humo para tapar corruptelas (véase el PP en su máxima expresión). El 10 de octubre vivimos la independencia de Cataluña durante 8 segundos aproximadamente, expresada de manera ambigua y confusa, como si supiesen que esto no llegaría muy lejos y la Justicia atacaría con toda su fuerza. Por suerte, la Unión Europea apoyó sin ambages la unidad de España, así como muchos países del planeta. Ningún reconocimiento a la República Catalana, ni siquiera los esperados. Esto hizo mucho daño. Y más que los pocos apoyos vinieran de marginales partidos europeos de extrema derecha, haciendo ver que el nacionalismo no tiene aliados sanos.
El 27 de octubre, a pesar de las manipulaciones de los resultados electorales del 1-O, se votó (¡esperando una mayoría simple para tal decisión!) la Declaración Unilateral de Independencia. Pero el antaño fantasma del artículo 155 de la Constitución comenzó a tener más peso. Largos y lentos requerimientos, preguntas y respuestas vagas que pedían un diálogo (con la posverdad de que estar fuera de la ley te habilita a seguir dialogando en igualdad de condiciones), el Tribunal Constitucional tumbando todo y el Senado con debates agrios activaron el 155, el cual tampoco fue tan severo como vaticinaban algunos viejos periodistas. Con pasmosa facilidad se abortó todo, con sorpresa nadie arrió la bandera española de la fachada del Parlament. Con admiración vimos cómo acudían a declarar sin protestar y tras un tiempo en la cárcel, prometer humillantemente que lo que habían hecho no se volvería a dar y que acatarían la Carta Magna sí o sí (aunque ahora algunos perjuren).
Puigdemont aprovechó para huir, de manera algo cobarde. Junqueras al menos fue lo suficientemente estoico como para quedarse en el país e ir a la cárcel, con todas las consecuencias. En Bruselas, a pesar de las manifestaciones multitudinarias, pocos apoyos ha podido ganar. Los políticos de Bélgica no lo quieren cerca por sus consecuencias y el altavoz de las instituciones europeas tampoco le fue dado. Parece que ahora, por no tener oficio ni beneficio en Bélgica, ha de irse (ya sin la extraña euroorden) y puede que recale en Rumanía. ¿Quién sabe? Lo que sí se sabe es que si toca territorio español va a ir directamente a la cárcel. Las elecciones autonómicas de este mes de diciembre no han aclarado mucho el panorama, aunque el ascenso impresionante de C's puede que tenga consecuencias. Toda esta agonía y esperpento parece que se prolongará en el tiempo, generando un limbo donde ambos bandos ganen y pierdan a la vez. Quizás, la sarcástica propuesta de Tabarnia (una nueva comunidad autónoma formada por partes de las provincias de Barcelona y Tarragona), la cual se justifica con las mismas propuestas que el independentismo catalán (y estos contraargumentando como había hecho hasta ahora el unionismo, cruel ironía), termine por abortar toda esta locura con una sonrisa. Eso sí, la sociedad catalana está bien fracturada y eso va a tardar mucho en restañarse.
El tema viene de largo y sobre todo en el impulso a ideas nacionalistas y regionalistas tras la Transición. Nada de malo tiene, los que me conocen pueden atestiguarlo, pero algunos usan ciertos derroteros para su beneficio propio, dejando el de los demás muy trastocado. Esos pactos a gobernar desde Moncloa dependiendo de CiU o como se llame ahora les dio gran protagonismo (y sus victorias autonómicas incontestables también) y con el nuevo Estatuto de 2006, donde se manejaba el término nación para Cataluña se creó un buen ambiente de nacionalismo. No tengo nada en contra de considerar a España como un Estado compuesto de varias naciones, pero parece que los tribunales no lo tuvieron tan claro y echaron para atrás partes del nuevo articulado. Eso creó una afrenta que se utilizó incluso para tapar los casos de corrupción en el antaño y honesto oasis catalán. Ay, cuánto se ha hablado del 3% en comisiones. Ay, Pujol, el político mejor considerado en Cataluña con toda la familia desfalcando y metiendo dinero a lo loco en Andorra.
Bueno, Artur Mas, el discípulo de Pujol, no pudo estar en mejor posición al alcanzar la Generalitat y empezar con una política de que el Estado les robaba. Buena parte de razón tenía al tener una pobre financiación y un cierto trato gélido hacia esta tierra por parte de Madrid. Lo importante era tapar corrupciones, acallar patéticas financiaciones en sanidad, gestiones deleznables... Agravios comparativos y hacerse las víctimas al principio funcionó, aunque a día de hoy cansa y no convence (y más siendo una de las regiones de Europa con mayor autonomía). Ahí se llegó al referéndum del 9-N en el año 2014 donde, a mi juicio, Rajoy jugó de una manera eficaz y elegante: dejó que todo se llevase a cabo para ver cómo votaban menores, gente no empadronada y en varias ocasiones. Pero bueno, esto no terminó de amedrentar al enfervorizado nacionalismo y siguieron como clérigos ensimismados. Las elecciones cada vez daban menos escaños a los soberanistas pero esto no los amedrentaba.
Para que Puigdemont llegase a la Generalitat casi se acaba con el plazo de búsqueda de candidatos. Mas, creyéndose desgastado, tomó un perfil bajo durante la campaña, aunque con fuerza quiso revalidar su presidencia. No se lo dejaron los socios de la CUP y en una jugada frenética, Puigdemont salió de la nada y se convirtió en el heraldo del independentismo. Habría otro referéndum y nada parecía evitarlo. Esta vez Rajoy, tras su tumultuosa reválida de su cargo, jugó diferente y, para mía, imperó más el interés partidista que el interés general. Dejó hacer y cuando vio que todo se le echaba encima, ya se estaba votando el 1-O de 2017. Había avisado que no pasaría nada, pero pasó. Participación amañada, claro, pero cuando vio que a nivel internacional la gente iba a alabar el proceso de independencia puso a actuar a las fuerzas de seguridad, actuando con una crudeza muy elevada. Imágenes desagradables que recibieron críticas internacionales.
Los políticos independentistas empezaron a abrazar con fuerza el reciente concepto de posverdad: actuar como si nada pasara, aludiendo a vagas referencias legitimadoras. No importaba que incumplieran todas y cada una de las leyes y que el Tribunal Constitucional vetase sus locas leyes. Actuaban como si estuviesen en una realidad paralela y no importaba qué ley había ni cuántas advertencias (incluso de los propios juristas del Parlament) se les hacían. Actuar de una manera hasta que por cansancio o reiteración se tornase en normal y aceptable. Cero autocrítica. Eso me ha mantenido sorprendido hasta hoy, como si fuesen sordos ante todo.
El mensaje del Rey fue duro, nunca se había pronunciado de manera tan contundente. No se preocupó por las cargas policiales y eso es criticable, pero actuó como un resorte. Los catalanes constitucionalistas (que, por cierto, no son un porcentaje desdeñable) empezaron a protestar y a parodiar la posverdad independentista. Las empresas empezaron a amenazar con marcharse de Cataluña (al menos su sede social). Los partidos políticos constitucionalistas abandonaban las votaciones del Parlament que podían ser sujeto de acción judicial. Eminencias políticas clamaban por manifestaciones multitudinarias y pacíficas. Ya nadie se acordaba de los temblorosos puentes tendidos desde Moncloa donde se sugería que si todo se detenía se lograría una Hacienda catalana propia, al estilo vasco. La gente dejó de tener miedo y empezó a ondear la bandera constitucional, tanto dentro como fuera de Cataluña. Y la senyera fue la que acalló la proliferación de esteladas.
He de confesar que viví estos días con suma tristeza. De ver cómo políticos que no escuchan al pueblo jugaban su terrible juego, de familias rotas por visiones polarizadas, de cómo la confianza internacional se reducía a la nada.
No importó que Puigdemont estuviese a punto de echarse para atrás. Sus socios de ERC y la CUP no se lo iban a perdonar y sus apariciones con horas de retraso ya eran costumbre. Demasiado miedo de tomar el camino sensato y con la única opción de seguir huyendo para delante. Lástima que la agonía se haya perpetuado tanto, porque este tema catalán se ha usado (y se está usando) como cortina de humo para tapar corruptelas (véase el PP en su máxima expresión). El 10 de octubre vivimos la independencia de Cataluña durante 8 segundos aproximadamente, expresada de manera ambigua y confusa, como si supiesen que esto no llegaría muy lejos y la Justicia atacaría con toda su fuerza. Por suerte, la Unión Europea apoyó sin ambages la unidad de España, así como muchos países del planeta. Ningún reconocimiento a la República Catalana, ni siquiera los esperados. Esto hizo mucho daño. Y más que los pocos apoyos vinieran de marginales partidos europeos de extrema derecha, haciendo ver que el nacionalismo no tiene aliados sanos.
El 27 de octubre, a pesar de las manipulaciones de los resultados electorales del 1-O, se votó (¡esperando una mayoría simple para tal decisión!) la Declaración Unilateral de Independencia. Pero el antaño fantasma del artículo 155 de la Constitución comenzó a tener más peso. Largos y lentos requerimientos, preguntas y respuestas vagas que pedían un diálogo (con la posverdad de que estar fuera de la ley te habilita a seguir dialogando en igualdad de condiciones), el Tribunal Constitucional tumbando todo y el Senado con debates agrios activaron el 155, el cual tampoco fue tan severo como vaticinaban algunos viejos periodistas. Con pasmosa facilidad se abortó todo, con sorpresa nadie arrió la bandera española de la fachada del Parlament. Con admiración vimos cómo acudían a declarar sin protestar y tras un tiempo en la cárcel, prometer humillantemente que lo que habían hecho no se volvería a dar y que acatarían la Carta Magna sí o sí (aunque ahora algunos perjuren).
Puigdemont aprovechó para huir, de manera algo cobarde. Junqueras al menos fue lo suficientemente estoico como para quedarse en el país e ir a la cárcel, con todas las consecuencias. En Bruselas, a pesar de las manifestaciones multitudinarias, pocos apoyos ha podido ganar. Los políticos de Bélgica no lo quieren cerca por sus consecuencias y el altavoz de las instituciones europeas tampoco le fue dado. Parece que ahora, por no tener oficio ni beneficio en Bélgica, ha de irse (ya sin la extraña euroorden) y puede que recale en Rumanía. ¿Quién sabe? Lo que sí se sabe es que si toca territorio español va a ir directamente a la cárcel. Las elecciones autonómicas de este mes de diciembre no han aclarado mucho el panorama, aunque el ascenso impresionante de C's puede que tenga consecuencias. Toda esta agonía y esperpento parece que se prolongará en el tiempo, generando un limbo donde ambos bandos ganen y pierdan a la vez. Quizás, la sarcástica propuesta de Tabarnia (una nueva comunidad autónoma formada por partes de las provincias de Barcelona y Tarragona), la cual se justifica con las mismas propuestas que el independentismo catalán (y estos contraargumentando como había hecho hasta ahora el unionismo, cruel ironía), termine por abortar toda esta locura con una sonrisa. Eso sí, la sociedad catalana está bien fracturada y eso va a tardar mucho en restañarse.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Diario de Viaje: Zuheros (¿1994?)
Seguro que estaba en primaria, ya que la visita a Zuheros fue una excursión organizada por el colegio donde estudiaba. Tanteando en mi imperfecta memoria llego a esta fecha, pero no pondría la mano en el fuego por asegurar que fue ese año. ¡Y mucho menos adivinar el mes!
Si recuerdo la llegada y la salida a Zuheros con mis compañeros. Pueblo pequeño, casas blancas, enclavado en una zona de escarpadas montañas. También tengo recuerdos de las ruinas de la torre que coronan al pueblo, pero antes no era tan entusiasmado a la Historia y tampoco te dejaban patear los lugares con total libertad.
El destino era la afamada Cueva de los Murciélagos. Si no confundo cosas, creo que es la que un gran pedrusco cayó hace miles de años y la taponó, permitiendo conservar pinturas rupestres, las cuales fueron cubiertas en parte por graffitis de gamberros de hace multitud de décadas (para que digan que la generación nuestra es la perdida y que la anterior era la seria y trabajadora). Pasear y ver las estalactitas y estalagmitas merece mucho la pena, en verdad. Subir y bajar por esos corredores húmedos naturales te hacía imaginar cómo vivía la gente cavernícola, qué creencias tenía y cómo era su día a día.
La idea, a día de hoy, me sigue gustando. Hay que empapar de historia y cultura a las nuevas generaciones. No todo en Andalucía se puede resumir a Semana Santa, turismo, playa y flamenco.
Si recuerdo la llegada y la salida a Zuheros con mis compañeros. Pueblo pequeño, casas blancas, enclavado en una zona de escarpadas montañas. También tengo recuerdos de las ruinas de la torre que coronan al pueblo, pero antes no era tan entusiasmado a la Historia y tampoco te dejaban patear los lugares con total libertad.
El destino era la afamada Cueva de los Murciélagos. Si no confundo cosas, creo que es la que un gran pedrusco cayó hace miles de años y la taponó, permitiendo conservar pinturas rupestres, las cuales fueron cubiertas en parte por graffitis de gamberros de hace multitud de décadas (para que digan que la generación nuestra es la perdida y que la anterior era la seria y trabajadora). Pasear y ver las estalactitas y estalagmitas merece mucho la pena, en verdad. Subir y bajar por esos corredores húmedos naturales te hacía imaginar cómo vivía la gente cavernícola, qué creencias tenía y cómo era su día a día.
La idea, a día de hoy, me sigue gustando. Hay que empapar de historia y cultura a las nuevas generaciones. No todo en Andalucía se puede resumir a Semana Santa, turismo, playa y flamenco.
lunes, 25 de diciembre de 2017
Diario de Viaje: San Ignacio (Junio de 2007)
Otra entrada más dando protagonismo a ciudades que visité de paso. Extracto de otra publicación.
"Primero vimos una misión jesuítica en Misiones, muy buena, así del siglo XVI y con una capilla sin techo y los barracones de los indios."
"Primero vimos una misión jesuítica en Misiones, muy buena, así del siglo XVI y con una capilla sin techo y los barracones de los indios."
martes, 19 de diciembre de 2017
Diario de Viaje: Mollina (¿1989?)
Difícil recordar todo esto. Sí recuerdo que fue cuando estaba en el parvulario, no sé si en el mismo año de entrar a primaria o el año previo. Esto es lo malo de los cursos en el hemisferio norte, que no encaja curso con año.
Bueno, fue un viaje para ver la legendaria laguna de Fuente de Piedra y sus flamencos pero creo que esta vez estaba bastante seca y apenas vimos nada. En Mollina como mucho recuerdo plazas con setos y suelo de albero y una fuente que tenía varios chorros. Siento no poder ser más explícito, pero me pilla viejo tales remembranzas.
Bueno, fue un viaje para ver la legendaria laguna de Fuente de Piedra y sus flamencos pero creo que esta vez estaba bastante seca y apenas vimos nada. En Mollina como mucho recuerdo plazas con setos y suelo de albero y una fuente que tenía varios chorros. Siento no poder ser más explícito, pero me pilla viejo tales remembranzas.
lunes, 18 de diciembre de 2017
Diario de Viaje: Wanda (Junio de 2007)
De nuevo retomo los relatos de las ciudades intermedias.
"En la vuelta llegamos a Argentina y visitamos las minas de Wanda, una mina a cielo abierto donde se extraen geodas. Todas las mujeres flipando."
"En la vuelta llegamos a Argentina y visitamos las minas de Wanda, una mina a cielo abierto donde se extraen geodas. Todas las mujeres flipando."
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