De camino desde Puerto Baquerizo Moreno hasta la playa de Puerto Chino pasamos por una pequeña y humilde población llamada El Progreso. Su mayor atracción turística es un gigantesco árbol que puedes subir hasta una pequeña casita entre sus enormes ramas. Era solo para visitar pero daba ganas de pasar un fin de semana a estas alturas. Incluso podías descender por debajo del nivel del suelo y entrar en una habitación justo debajo de sus raíces. Otras distracciones, como un columpio o una barra al estilo bombero te entretenían. Todo construido con basura reciclada.
Lo que más impactó fue que el guía-taxista nos contó la historia de la isla, donde a principios del siglo XX gobernaba un déspota llamado Manuel J. Cobos, conocido por las torturas a los empleados del ingenio azucarero (creo que era de este tipo) de la isla. Las condiciones eran esclavistas y sus erráticos caprichos que pronto soliviantaba cualquiera eran castigados de la manera más cruel posible: violaciones, destierros a islas desiertas, niños colgados en los árboles y un terrible etcétera. Finalmente, una profunda revuelta destruyó gran parte de las instalaciones (aún se pueden vislumbrar los derruidos edificios) y terminó con la vida del enfermo déspota. Incluso entre la naturaleza más hermosa se puede esconder el terror humano más profundo.
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