lunes, 2 de noviembre de 2020

Diario de Viaje: Armilla (Septiembre de 2019)

Había un curso sobre unas técnicas que tenía que aprender en el trabajo y era en una localidad muy cercana a Granada, por lo que no me podía negar y tenía doble motivación para bajar a Andalucía. Lo hice por la A4 y después desviándome por la carretera que atraviesa la provincia de Jaén. El paijase montañoso es impresionante y los gigantescos olivares crean una atmósfera especial. Vueltas y revueltas hasta llegar a Granada, se nota la saturación de tráfico y al punto llegar al hotel.

Lo bueno que muy cerca estaba una parada del tranvía y se podía ir a la capital en un periquete. Armilla se nota que ha crecido a la sombra de la capital, como buena ciudad dormitorio. Un enorme centro comercial y mirando al sur Sierra Nevada le dejan un hermoso paraje. Recorrí alguna gran avenida y callejée brevemente para llegar al centro donde se impartía el curso, con muy buena gente y con ganas de aprender al máximo.

sábado, 31 de octubre de 2020

Diario de Viaje: Las Ventas con Peña Aguilera (Agosto de 2019)

El siguiente fin de semana a las cortas e intensas vacaciones de agosto tuvo un buen colofón. Acercarse a los Montes de Toledo siempre lo es. 

Primero fuimos al embalse de la Torre de Abraham, que esto ya es entrar en la provincia de Ciudad Real. Había verde, e hicimos una caminata por un sendero que entraba y salía de un bosquecillo que seguía al río. El castillo, por desgracia, está casi derruido y quedan solo algunas paredes. Pero mereció la pena la caminata y más cuando te acercas al centro de interpretación, pues hay caminos de madera elevados que te llevan a observar la fauna y flora del lugar, justo sobre el río Bullaque. Lo loco es que estando solos ya nos regañaron por tener a la perra suelta.

El pueblo es muy alargado y se nota que es la unión de dos antiguas poblaciones, muy cercanas, sí, pero lo suficientemente alejadas para dar esa perspectiva que la población es pequeña pero tardas tiempo en recorrerla. Callejas silenciosas con grandes peñas casi en todos los rincones, como que no las movieron cuando edificaron las casas más alejadas de la carretera y a lo lejos siempre se divisa un monte con el típico y blanco molino de la región.

Paramos en un bar a tapear y fue un gran acierto porque la carne de monte está exquisita y muy bien adobada.

domingo, 25 de octubre de 2020

Diario de Viaje: Zamora (Agosto de 2019)

Todo lo bueno dura poco, y las vacaciones, si bien intensas, tocaban a su fin. Sin embargo, para aprovechar al máximo tocó desviarse hasta Zamora y aprovechar la oportunidad de estar cerca para poder visitarla.

Intentamos aparcar un poco antes del casco histórico para no complicarnos la vida buscando lugar. Lo bueno que con un poco de caminata llegamos frente a las antiguas y blanquecinas murallas y enfilamos directamente hacia la plaza del ayuntamiento, bien amplia y con la vieja casa de gobierno presidiendo todo. Nos sentamos a comer viendo el panorama de la iglesia de San Juan, achaparrada y de influjos románicos con el curioso monumento a Merlú, clara indicación de la pasión de la ciudad por su Semana Santa.

Tras comer caminamos bajo el sol por las tranquilas calles del casco y pudimos ver la estatua a Viriato, que aún sigue teniendo fuerte influencia en la idiosincrasia zamorana. Y ya vimos los atisbos de lugares religiosos que se confunden con las antiguas casas de piedra al pasar por los conventos del Corpus Chisti y las Clarisas del Tránsito. El siguiente punto de observación también fue religioso: la iglesia de San Pedro y San Ildefonso y eso nos llevó, comprando un helado antes, hasta la famosa catedral de Zamora, con su alto pórtico y el ancho campanario de aspecto románico, con más ventanas (más cerca del cielo) a cada nivel superior.

Nos quedamos a descansar en el tranquilo parque que hay al lado, intentando tomar la tranquilidad de la ciudad y descansar un rato a las horas de la siesta. La vista de lo que queda del castillo nos acompañó todo el rato y ya con energías salimos por la pequeña Puerta del Obispo. Ahí paseamos un rato por el río Duero hasta ver el largo Puente de Piedra y una vez ahí callejeamos un poco para volver a la Plaza Mayor. 

Desde ahí paramos en un supermercado para tener algo que comer cuando llegásemos a casa y enfilamos el camino de vuelta.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Diario de Viaje: Galende (Agosto de 2019)

Poco hicimos en el núcleo poblacional principal de la zona, lo más comprar comida para pasar los días en San Martín y almorzar productos típicos de la región. Las callejas muy estrechas y había como un desnivel que te llevaba al centro del pueblo, pero poco nos separamos de la carretera. Eso sí, varios bares y restaurantes y todo con casas bajas de piedra con balcones de madera que generan un voladizo para caminar por la calle tranquilamente.

martes, 20 de octubre de 2020

Diario de Viaje: Vigo / Vigu en Galende (Agosto de 2019)

Ese día intentamos hacer una caminata tranquila. Evidentemente, no fue así. Empezamos a ver muchos senderos rurales que conectan sin necesidad de carretera los diferentes lugares o parroquias (o la subdivisión zamorana que sea) del mismo municipio.

Un paseo envueltos en color verde, con mucha vegetación que llegaba pronto, o sea, no había sembradíos ni cosas por el estilo y comenzabas ya a la sombra la caminata. En cierto momento, eso sí, encontramos unos bidones gigantes y no supimos para qué los iban a usar. Casi media hora después llegamos a Vigo (no confundir con la ciudad gallega, je) y descubrimos que el claxon que escuchábamos por la mañana que iba de aquí para allá era una furgoneta vendiendo pan. Y se metía por callejuelas que tú ni te atreverías a avistarlas.

Fuimos al barrio de arriba, que queda encajonado en el valle que genera el arroyo de la Forcadura y es espectacular los caminos que aparecen y te llevan bien arriba. Ahí había un puentecito bastante antiguo y la diminuta ermita de Nuestra Señora de Gracias. Había casas bien tranquilas con su montón de leña para el inminente otoño. El barrio de abajo es como que forma un triángulo y en cada vértice se acumula mayor cantidad de casas. Al menos esa fue la impresión que me dio. La apariencia era de casas algo reformadas para pasar los veranos y de repente una multitud de lugareños dejó la parroqua de San Miguel Arcángel y las calles estrechas se atestaron.

sábado, 17 de octubre de 2020

Diario de Viaje: San Martín de Castañeda / Samartín de Castañeda en Galende (Agosto de 2019)

Tras la larga visita en Puebla tocaba ir hacia el apartahotel que teníamos reservado. Escogimos un buen lugar, porque tocaba ascenso y, por tanto, más vegetación (aunque es diferente a la gallega). Carretera algo zigzagueante para llegar a San Martín de Castañeda, ahí arracimado en la sinuosa carretera pero enclavado en un verde paraje que te hace querer mirarlo mucho tiempo.

Lo bueno es que si caminas un poco tienes unas vistas del imponente Lago de Sanabria, con sus leyendas y su truculento pasado de inundiaciones y muertes que te cuentan los lugareños. Hay playas grandes muy concurridas pero si miras bien y te guías de algunos consejos puedes bajar hasta la playa de los Frailes que casi siempre está desierta y te puedes pegar un chapuzón en las frías aguas del lugar. Eso sí, guárdate en la bajada de las zonas más boscosas repletas de mosquitos.

Cerca del monasterio cisterciense puedes encontrar una fuente pública con agua de manantial, de las más ricas que he probado nunca, sinceramente. Por otro lado, si decides seguir subiendo tienes vistas cada vez más espectaculares y ves las montañas lejanas por todos lados. Estás como en un cuento de fantasía. Llegando a la laguna de los Peces puedes iniciar varios senderos donde te vas quedando solo y únicamente escuchas el fuerte y frío viento del lugar. Al llegar a la laguna de Cubillas ves los restos de chozos de pastores en una vegetación cada vez más rala, que se usaban para guarecerse en días fríos o largas noches. Te empiezas a imaginar viviendo ahí desconectado de todo, con tiempo para reflexionar sobre tu vida, el mundo, o sobre las leyendas y dialectos de la zona. Como detalle, por aquí y por allá había columnitas de piedras, quizás hechas por turistas pero te gusta pensar que son centenarias y las hicieron en antiguos rituales paganos en una religión casi olvidada y ya muy mezclada con elementos cristianos.

viernes, 16 de octubre de 2020

Diario de Viaje: Puebla de Sanabria / La Viella (Agosto de 2019)

Las vacaciones buenas eran las de antes, esas de tres meses. Ahora, ya adulto, tienes que economizar un pequeño número de días de descanso. Así que vuelta al interior, ver cómo el verde va decayendo y la exhuberancia deja paso al ralo. Pero ojo, el lugar al que fuimos tampoco era un desierto pero todo comparado con Galicia es como más seco.

La Puebla es un lugar impresionante, vives en una aventura medieval, y más cuando justo acudes en las fechas en las que hay una feria de aquella época. Lo primero que observas es que en un montículo hay fortificaciones seculares, muralla y castillo. Todo de piedra, todo con tejados de pizarra y en buen ángulo para mitigar las nevadas invernales, supongo. El ancho y claro río Tera da la bienvenida a bajarse hasta él, con unos prados para descansar enormes y darse una zambullida, aunque cerca del puente daba la impresión que no era muy profundo y que incluso en agosto debía estar frías sus aguas. En el caso antiguo la arquitectura es la típica del norte, finas columnas que soportan edificios de estrechas ventanas y vigas de madera por doquier. En la plaza de armas paramos para comprar algo de comer y recuperar energías y seguir recorriendo empinadas calles donde los puestos de la feria y la gente hacían que te parases a dar todo detalle de lo que veías.

No entré en el castillo de los Condes de Benavente, pero me dio la impresión que era un edificio pequeño, no muy alto pero de gruesos muros. Al lado, casi codo con codo, estaba la iglesia de Santa María del Azogue (esta de aspecto bastante medieval) y la ermita de San Cayetano, generando una placita muy concurrida. En la plaza del ayuntamiento se daban los mayores fastos y desfiles del momento y podías observar balcones de madera y vegetación. Y sí, da algo de alegría entre tanta piedra observar algo de verde. Por esa calle principal encuentras una puerta amurallada, como que daba paso antiguamente a las gentes del lugar y que cuenta con dragones como caños de lluvia.

Una experiencia genial. Con ganas de volver a ir.

Desgranando el pensamiento de Blas Infante (IV): el Ideal Andaluz y cómo implementarlo

 Esta es la cuarta parte del famoso Ideal Andaluz de 1915. Previamente se había desarrollado la filosofía infantiana de mejora continua hast...