Fueron celebradas el 21 de agosto de 1881. Esta vez las elecciones no son para los conservadores, sino para el Partido Liberal-Fusionista, consolidado en torno a Sagasta (23 de marzo de 1880), que se aprovechó de la deserción de Martínez-Campos en marzo de 1880 del partido conservador y pudo aglutinar por tanto a la izquierda de Alonso Martínez y la derecha de moderados, Jovellar y Martínez-Campos. Vota el 4,99% de la población española al existir el sufragio censitario masculino, llamando a las urnas a 846961 votantes. Debido a los pucherazos y el control caciquil desistieron de ir a votar el 29% del censo.
Con 1 escaño y el 0,2 % de los votos aparecen tres partidos: POSIBILISTA (se mantiene), IZQUIERDA DINÁSTICA (se mantiene) y REGIONALISTA (se mantiene). Los partidos PROGRESISTA (se mantiene), DEMÓCRATA (que baja), CONSTITUCIONALISTA (que baja) y la coalición CATÓLICO, CARLISTA Y TRADICIONALISTA (se mantiene) consiguen 2 escaños con un 0,5% cada uno. El partido REPUBLICANO (que sube) obtiene 10 escaños y el 2,3% de los votos. Los INDEPENDIENTES E INDEFINIDOS (que bajan) alcanzan 58 escaños y un 13,4% en el reparto. El partido CONSERVADOR (que baja) tiene esta vez 68 escaños y el 15,7% de los votos. El partido LIBERAL (que sube) finalmente consigue 281 escaños con el 65,0% de los sufragios.
Los escaños VACANTES (que bajan) son 4, representando el 1,0%. Por tanto, en total, se repartieron 432 escaños.
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Publicado originalmente el 10-06-2011
martes, 11 de octubre de 2011
La maldición de la burocracia
¿Alguno ha renegado alguna vez de los trámites burocráticos? ¿Sí? Parece que casi todos. Es que es verdad, cuando una civlización alcanza cierto grado de evolución se enlentece de manera impresionante por el aumento exponencial de la burocracia. Trámites y papeles que parece que llegan a ser casi todos superfluos. Quizás sirvan para dar de comer a una multitud de personas que de otra manera no sabrían hacer otra cosa. La cantidad de funcionarios es pasmosa, en especial los funcionarios de estos trámites. En España, su número frente al de población creo que supera con creces la media de Europa.
Ya decían que en el Imperio Bizantino la burocracia era tan grande y enorme que retrasaba y resqubrajaba el progreso del país. Hoy parece que estamos en las mismas. En un principio, la burocracia tuvo que ser un medio para racionalizar la administración estatal: si cada uno hacía las cosas a su manera había tanta complejidad que todo se derrumbaba y por eso se tiene que seguir unas reglas para regular y controlar, puesto que el Estado tiene que supervisar lo que hacen los ciudadanos. Pero a veces parece que esa supervisión se convierte en un Gran Hermano opresivo que ya no mira por el bienestar social, sino por sus intereses mezquinos aplicados en la cúpula gobernante. Alguna lengua viperina dirá que la burocracia es tan compleja para que a nadie se le ocurra innovar o aventajar al ciudadano medio, o al propio Estado (que tiembla de pensar que la gente lo vea como algo innecesario y caduco). Lo mismo pasa con los abogados; en Argentina me comentaron que las leyes eran tan oscuras en su redacción y a veces contradictoras entre sí para dar trabajo a este gremio. ¿Verdad o ficción?
Lo que uno no llega a enteder es que en la era de la informática y la comunicación por vía satélite la burocracia sea tan torpe. Piden fotocopias y fotocopias una y otra vez, trámites casi imposibles y datos redundantes. Uno esperaba que con la era de Internet y los DNI electrónicos con entregar una vez una fotocopia o dejar en la base de datos lo que te piden ya sería suficiente, pero no. Si no está acompañado por una fotocopia (quizás compulsada por un organismo lejano y más lento aún) no vale. Un amigo se atrevió a proponer que hubiese un perfil burocrático en Internet o en los archivos de un Ministerio: ibas actualizando los datos y escaneando todo lo que normalmente te piden y si en el futuro era necesario llevar a cabo un trámite, quien te pedía las cosas accedía a esa base para descargase lo pedido. ¿A nadie se le ocurrió antes? Sospecho que sí, pero la "burrocracia" se obstina en ser lo más lenta y anacrónica posible para dificultar el trámite aún más... y si lo haces tú, mejor que mejor, más vas a tardar y a perder el tiempo en cosas que poco o nada van a servirte. Y normalmente, ¡siempre te falta un documento! Lo raro es que lees la redacción de lo que te pedían y no aparece el mencionado dato. Vas a entregarlo creyendo que está todo y tu gozo en un pozo. Lo hacen adrede, apuesto algo a que sí. Así que si a pesar de los avances tecnológicos siguen con medios anticuados para tardar más y nunca tienes los requisitos completos, más te van a tener perdiendo el tiempo.
Una vez probé en enviar una documentación en la que en unos planes de doctorado faltaba la legalización del Ministerio de Educación. No pasó nada y el trámite siguió adelante. Esto demuestra que al final ni miran todo lo que te piden. Otras veces, para los antecedentes penales, tengo que sacarme una y otra vez las huellas dactilares... y eso que nunca cambian en la vida y que con una vez ya valdría. A mo novia le echaron para atrás un pago porque no había entregado un documento que no existía. Totalmente incomprensible (y eso que explicó por qué la entrega de otro documento en vez del que pedían a pesar de no existir). Claro que cuando se dieron cuenta avisaron que esa excusa no valía y que tenía que entregar otro documento parecido, pero como le habían avisado fuera de los días de recepción era su culpa que no lo entregase en el plaza de recepción. Siento que sea tan liado y contradictorio, pero fue así: te avisan fuera de término y te critican porque vas a entregar un papel ya fuera de término (si al final creen que todos tenemos una máquina del tiempo).
Y muchos funcionarios hacen la cosa cada vez peor para desesperarte. Te tratan como un tonto o con desprecio, tachándote de mentiroso y delincuente. O se niegan a atenderte porque les parece más entretenido tomar café mientras escuchan alguna historia de un compañero de oficina. Y los pocos que son competentes los anulan para que el resto no se vea tan miserable. Quizás la vida de estas personas fuera de la oficina sea tan anodina y deprimente que tienen que humillar a la gente para sentirse alguien importante. No lo sé.
A veces pienso que si los robots toman consciencia de sí mismos y dominan a la humanidad tras una revuelta, las cosas no serían tan apocalípticas como nos pintan libros y películas. La burocracia sería casi inexistente, rápida y eficaz y la corrupción sería una leyenda para asustar a los bebés en las noches de tormenta. Peor de como están las cosas es algo casi imposible de lograr.
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Publicado originalmente el 07-06-2011
Ya decían que en el Imperio Bizantino la burocracia era tan grande y enorme que retrasaba y resqubrajaba el progreso del país. Hoy parece que estamos en las mismas. En un principio, la burocracia tuvo que ser un medio para racionalizar la administración estatal: si cada uno hacía las cosas a su manera había tanta complejidad que todo se derrumbaba y por eso se tiene que seguir unas reglas para regular y controlar, puesto que el Estado tiene que supervisar lo que hacen los ciudadanos. Pero a veces parece que esa supervisión se convierte en un Gran Hermano opresivo que ya no mira por el bienestar social, sino por sus intereses mezquinos aplicados en la cúpula gobernante. Alguna lengua viperina dirá que la burocracia es tan compleja para que a nadie se le ocurra innovar o aventajar al ciudadano medio, o al propio Estado (que tiembla de pensar que la gente lo vea como algo innecesario y caduco). Lo mismo pasa con los abogados; en Argentina me comentaron que las leyes eran tan oscuras en su redacción y a veces contradictoras entre sí para dar trabajo a este gremio. ¿Verdad o ficción?
Lo que uno no llega a enteder es que en la era de la informática y la comunicación por vía satélite la burocracia sea tan torpe. Piden fotocopias y fotocopias una y otra vez, trámites casi imposibles y datos redundantes. Uno esperaba que con la era de Internet y los DNI electrónicos con entregar una vez una fotocopia o dejar en la base de datos lo que te piden ya sería suficiente, pero no. Si no está acompañado por una fotocopia (quizás compulsada por un organismo lejano y más lento aún) no vale. Un amigo se atrevió a proponer que hubiese un perfil burocrático en Internet o en los archivos de un Ministerio: ibas actualizando los datos y escaneando todo lo que normalmente te piden y si en el futuro era necesario llevar a cabo un trámite, quien te pedía las cosas accedía a esa base para descargase lo pedido. ¿A nadie se le ocurrió antes? Sospecho que sí, pero la "burrocracia" se obstina en ser lo más lenta y anacrónica posible para dificultar el trámite aún más... y si lo haces tú, mejor que mejor, más vas a tardar y a perder el tiempo en cosas que poco o nada van a servirte. Y normalmente, ¡siempre te falta un documento! Lo raro es que lees la redacción de lo que te pedían y no aparece el mencionado dato. Vas a entregarlo creyendo que está todo y tu gozo en un pozo. Lo hacen adrede, apuesto algo a que sí. Así que si a pesar de los avances tecnológicos siguen con medios anticuados para tardar más y nunca tienes los requisitos completos, más te van a tener perdiendo el tiempo.
Una vez probé en enviar una documentación en la que en unos planes de doctorado faltaba la legalización del Ministerio de Educación. No pasó nada y el trámite siguió adelante. Esto demuestra que al final ni miran todo lo que te piden. Otras veces, para los antecedentes penales, tengo que sacarme una y otra vez las huellas dactilares... y eso que nunca cambian en la vida y que con una vez ya valdría. A mo novia le echaron para atrás un pago porque no había entregado un documento que no existía. Totalmente incomprensible (y eso que explicó por qué la entrega de otro documento en vez del que pedían a pesar de no existir). Claro que cuando se dieron cuenta avisaron que esa excusa no valía y que tenía que entregar otro documento parecido, pero como le habían avisado fuera de los días de recepción era su culpa que no lo entregase en el plaza de recepción. Siento que sea tan liado y contradictorio, pero fue así: te avisan fuera de término y te critican porque vas a entregar un papel ya fuera de término (si al final creen que todos tenemos una máquina del tiempo).
Y muchos funcionarios hacen la cosa cada vez peor para desesperarte. Te tratan como un tonto o con desprecio, tachándote de mentiroso y delincuente. O se niegan a atenderte porque les parece más entretenido tomar café mientras escuchan alguna historia de un compañero de oficina. Y los pocos que son competentes los anulan para que el resto no se vea tan miserable. Quizás la vida de estas personas fuera de la oficina sea tan anodina y deprimente que tienen que humillar a la gente para sentirse alguien importante. No lo sé.
A veces pienso que si los robots toman consciencia de sí mismos y dominan a la humanidad tras una revuelta, las cosas no serían tan apocalípticas como nos pintan libros y películas. La burocracia sería casi inexistente, rápida y eficaz y la corrupción sería una leyenda para asustar a los bebés en las noches de tormenta. Peor de como están las cosas es algo casi imposible de lograr.
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Publicado originalmente el 07-06-2011
Los estertores del Presidente
Al final, las grandes declamaciones como que en España lo bueno que hay es que cualquiera puede ser Presidente del Gobierno y que los entresijos de la economía se desvelan en dos tardes no van a tener un significado bueno, sino pésimo. No es que se abogue por censura y represión, sino que la frase se reformule a la de "cualquiera preparado" y "dos tardes, teniendo experiencia previa", puesto que la dirección de un país y encabezar el Poder Ejecutivo tiene que ser algo para tomarse en serio y que si bien estamos en una democracia y cualquiera puede ser elegido, se hace necesario que los elegibles sean modestos y digan si van a estar preparados o no, presentándose en las elecciones o rechazando esto.
Nuestro presidente Zapatero, sin ninguna experiencia previa en algún Gobierno anterior o en alguna Comunidad Autónoma (o en empresa privada, siquiera), alcanzó el poder gracias a la actitud déspota de Aznar en sus últimos años de gobierno. La mayoría absoluta nunca sienta bien y su afán de protagonismo belicista y de decretos sin fin lo llevaron a una desafección popular generalizada, terminando todo en la convulsión generalizada provocada por los atentados del 11 de marzo de 2004. De la noche a la mañana se vio el candidato del PSOE en la Moncloa, cuando los propios barones del partido y muchos analistas políticos veían a Zapatero como un agente de reformas del partido para una aspiración a la Presidencia del Gobierno en 2008. Las declaraciones populares de hastío frente a un anterior Gobierno mentiroso y ocultador de desastres naturales terminaron en una esperanza renovada y una apuesta segura al talante propuesto. Sin embargo, los días de vino y rosas terminaron pronto, comenzando encontronazos con Gibraltar, algún que otro vertido similar al Prestige y la reforma de los estatutos autonómicos para fomentar una nueva descentralización (la Segunda Transición, se llamó). Temas que debían ser debatidos y consensuados, como la ley de Memoria Histórica y la ley del aborto se aplicaron rápidamente (sin estar en el programa electoral siquiera) y polarizaron a la sociedad, rescatando viejos odios y rencillas que habían quedado tapadas por la Transición. La fallida tregua de ETA y la entrada de ANV en ayuntamientos vascos y navarros terminaron por crear un clima de descontento inicial. Sin embargo, la opinión mayortitaria era de una buena gestión política y la ayuda a colectivos que desde mucho tiempo atrás fueron discriminados (discapacitados, maltratadas, desigualdad entre el número de hombres y mujeres en puestos relevantes, reparación de daños a los perdedores de la Guerra Civil y los que sufrieron represión durante la dictadura o tuvieron que exiliarse, facilidades del progreso emigrante, alianzas con países alineados con postulados pacifistas y con políticas de izquierda).
Pero todo andaba en función de la bonanza económica que gozaba el Reino. Las políticas de Aznar sobre recalificación del suelo para fomentar la construcción, la compra de viviendas y el turismo masivo, unido a una rebaja de derechos laborales para fomentar la contratación hicieron que España aumentase su nivel de vida como nunca antes y los bancos con sus créditos lograron que este nivel subiese incluso por encima de las posibilidades reales. Si bien tuvo sus efectos inversionistas altamente positivos, ya a fechas de 2002 se vio que el modelo no se sostendría mucho tiempo más, puesto que el éxito provocaba un aumento de los precios de recalificación, aumentando todo, desde hipotecas hasta especuladores y corruptos. El gobierno de Zapatero heredó esto, hay que tener en claro quién tiene la responsabilidad en esto (Aznar y Rato tuvieron mínimo dos años para revertir la situación o advertirla), pero eso no quita que el Presidente dejase correr la bola de nieve hasta después de las elecciones de 2008: cuatro años desperdiciados y agravados por la explosión de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos y la crisis institucional de perversión de poderes en España. La triple crisis, que podía haberse menguado en sus efectos si desde 2004 se hubiesen aplicado reformas urgentes, ahora afecta al país en una manera catastrófica y la calidad de vida de 2007 se recuperará allá por 2026. Por ganar las elecciones de 2008 se negó toda la crisis y una vez que ya no podía seguir siendo tapada se tomaron medidas equivocadas, castigando a los salarios medios y bajos, al funcionariado, a los jóvenes y a los jubilados, cuando se podía haber hecho más gravando a los ricos y eliminando instituciones superfluas y repetidas, junto a coches oficiales y ayudantes elegidos a dedo. Como no se tocó nada desde 2002 y el resto del mundo sí, nos hemos quedado atrás a la hora de recuperarnos y nos va a costar sangre salir de ésta, ya que los países que ya empiezan a tener de nuevo crecimiento se cebarán de nuestros problemas.
El Presidente, desde un optimismo inicial, pasó a la negación, la desvirtuación y la aceptación (aunque diciéndose obligado por Alemania y Estados Unidos), terminando en la ocultación de él mismo. Como ya escribí hace tiempo, era necesario que Zapatero advirtiese que no se presentaría a las elecciones de 2012 y que dimitiría ipso facto. Parcialmente acerté. Hace pocos meses dijo que no volvería a presentarse, dejando vía libre a los disidentes del partido para poder reestructurar al PSOE y llegar con un mínimo de probabilidades de no tener un fracaso electoral ciclópeo. Lo que pasa es que las luchas intestinas han tardado mucho en llegar. Desde que anunció su renuncia a presentarse de nuevo hasta las elecciones municipales y autonómicas de mayo, no se han escuchado ruidos de sables. Si querían hacer la imagen de piña o no había discusiones internas, nunca lo sabremos, pero lo que sí sabemos ahora es que el nuevo candidato va a comerse el marrón más grande de su vida. El triunfo del PP ha sido aplastante (que si bien aumentó en el número de votantes, ha ganado no por méritos propios, sino por un castigo al PSOE) y las manifestaciones previas lograron que aumentase el voto no bipartidista y la elección del voto nulo y blanco. Tras este desolador panorama sólo se puede esperar a una época de reinvención del partido en el periodo 2012-2016, por lo que el candidato nuevo no va a tener mucho tiempo para reivindicarse como contraposición al derechista Rajoy y si es muy carismático será borrado por el voto de castigo. Como creo que dije, Zapatero aún no dimite porque hasta julio no puede, porque se quedaría sin pensión vitalicia. Otro punto más para criticar, ya que le está restando confianza al partido en cuanto a posibles votantes. Si convoca elecciones anticipadas y se presenta un títere, a pesar del varapalo electoral, el candidato carismático quedaría incólume para las elecciones siguientes, con cuatro años de preparación. Si no dimite por dignidad es algo muy loable, pero será en detrimento de España y su partido.
¿Candidatos para sucederle? Primero hay que ver si habrá o no elecciones internas. Aunque la Constitución lo promueve, las elecciones personalistas al estilo húngaro siempre son a gusto de los dos grandes partidos. Si la hay es porque alguno no se conformará o cuando sólo haya un único candidato para crear la ilusión de democracia interna. Como es muy previsible (atendiendo a su trayectoria personal, experiencia y simpatías del Presidente) el próximo candidato va a ser el vicepresidente Rubalcaba: es el que ha estado moviendo los hilos del país durante los últimos meses, casi desde que fue designado en el cargo. Tiene algunos puntos oscuros con el caso Faisán (chivatazos de las fuerzas de la ley para beneficiar a etarras y un posible acuerdo de paz) pero a cambio es el más experimentado. El gurú Felipe González promocionará a la ministra Carmen Chacón, que ha sido publicitada al máximo y puesta en un contínuo entrenamiento para ganar conocimientos y experiencia. Pero parece que Chacón va a esperar a 2016 para no verse salpicada por la destrucción de marzo de 2012. Como renovadores también aparecen Tomás Gómez, socialista de la Comunidad de Madrid que tiene visiones diferentes a la estructura actual del partido y Trinidad Jiménez, que a pesar de sus numerosas derrotas no quiere desperdiciar su experiencia en el ámbito internacional. Otros que están a la espera de un trozo de esperanza son José Blanco, admirador de Zapatero y sucesor ideológico, y Manuel Chaves, presidente del partido que por su cantidad de años gobernando Andalucía no le hace falta más para presidir un Gobierno (a excepción del alto paro andaluz y de sus políticas de nepotismo, que le van a quitar muchos votos en feudos resentidos por estas tropelías). Otro que siempre entra en las quinielas es José Bono, tras su gestión en Castilla-La Mancha, el Gobierno y el Congreso. Lidera la parte más moderada y de actitud católica. Aparte, que seguro que se siente con rencor de haber perdido las primarias que pusieron a Zapatero sobre el tapete.
Abran juego señores.
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Publicado originalmente el 06-06-2011
Nuestro presidente Zapatero, sin ninguna experiencia previa en algún Gobierno anterior o en alguna Comunidad Autónoma (o en empresa privada, siquiera), alcanzó el poder gracias a la actitud déspota de Aznar en sus últimos años de gobierno. La mayoría absoluta nunca sienta bien y su afán de protagonismo belicista y de decretos sin fin lo llevaron a una desafección popular generalizada, terminando todo en la convulsión generalizada provocada por los atentados del 11 de marzo de 2004. De la noche a la mañana se vio el candidato del PSOE en la Moncloa, cuando los propios barones del partido y muchos analistas políticos veían a Zapatero como un agente de reformas del partido para una aspiración a la Presidencia del Gobierno en 2008. Las declaraciones populares de hastío frente a un anterior Gobierno mentiroso y ocultador de desastres naturales terminaron en una esperanza renovada y una apuesta segura al talante propuesto. Sin embargo, los días de vino y rosas terminaron pronto, comenzando encontronazos con Gibraltar, algún que otro vertido similar al Prestige y la reforma de los estatutos autonómicos para fomentar una nueva descentralización (la Segunda Transición, se llamó). Temas que debían ser debatidos y consensuados, como la ley de Memoria Histórica y la ley del aborto se aplicaron rápidamente (sin estar en el programa electoral siquiera) y polarizaron a la sociedad, rescatando viejos odios y rencillas que habían quedado tapadas por la Transición. La fallida tregua de ETA y la entrada de ANV en ayuntamientos vascos y navarros terminaron por crear un clima de descontento inicial. Sin embargo, la opinión mayortitaria era de una buena gestión política y la ayuda a colectivos que desde mucho tiempo atrás fueron discriminados (discapacitados, maltratadas, desigualdad entre el número de hombres y mujeres en puestos relevantes, reparación de daños a los perdedores de la Guerra Civil y los que sufrieron represión durante la dictadura o tuvieron que exiliarse, facilidades del progreso emigrante, alianzas con países alineados con postulados pacifistas y con políticas de izquierda).
Pero todo andaba en función de la bonanza económica que gozaba el Reino. Las políticas de Aznar sobre recalificación del suelo para fomentar la construcción, la compra de viviendas y el turismo masivo, unido a una rebaja de derechos laborales para fomentar la contratación hicieron que España aumentase su nivel de vida como nunca antes y los bancos con sus créditos lograron que este nivel subiese incluso por encima de las posibilidades reales. Si bien tuvo sus efectos inversionistas altamente positivos, ya a fechas de 2002 se vio que el modelo no se sostendría mucho tiempo más, puesto que el éxito provocaba un aumento de los precios de recalificación, aumentando todo, desde hipotecas hasta especuladores y corruptos. El gobierno de Zapatero heredó esto, hay que tener en claro quién tiene la responsabilidad en esto (Aznar y Rato tuvieron mínimo dos años para revertir la situación o advertirla), pero eso no quita que el Presidente dejase correr la bola de nieve hasta después de las elecciones de 2008: cuatro años desperdiciados y agravados por la explosión de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos y la crisis institucional de perversión de poderes en España. La triple crisis, que podía haberse menguado en sus efectos si desde 2004 se hubiesen aplicado reformas urgentes, ahora afecta al país en una manera catastrófica y la calidad de vida de 2007 se recuperará allá por 2026. Por ganar las elecciones de 2008 se negó toda la crisis y una vez que ya no podía seguir siendo tapada se tomaron medidas equivocadas, castigando a los salarios medios y bajos, al funcionariado, a los jóvenes y a los jubilados, cuando se podía haber hecho más gravando a los ricos y eliminando instituciones superfluas y repetidas, junto a coches oficiales y ayudantes elegidos a dedo. Como no se tocó nada desde 2002 y el resto del mundo sí, nos hemos quedado atrás a la hora de recuperarnos y nos va a costar sangre salir de ésta, ya que los países que ya empiezan a tener de nuevo crecimiento se cebarán de nuestros problemas.
El Presidente, desde un optimismo inicial, pasó a la negación, la desvirtuación y la aceptación (aunque diciéndose obligado por Alemania y Estados Unidos), terminando en la ocultación de él mismo. Como ya escribí hace tiempo, era necesario que Zapatero advirtiese que no se presentaría a las elecciones de 2012 y que dimitiría ipso facto. Parcialmente acerté. Hace pocos meses dijo que no volvería a presentarse, dejando vía libre a los disidentes del partido para poder reestructurar al PSOE y llegar con un mínimo de probabilidades de no tener un fracaso electoral ciclópeo. Lo que pasa es que las luchas intestinas han tardado mucho en llegar. Desde que anunció su renuncia a presentarse de nuevo hasta las elecciones municipales y autonómicas de mayo, no se han escuchado ruidos de sables. Si querían hacer la imagen de piña o no había discusiones internas, nunca lo sabremos, pero lo que sí sabemos ahora es que el nuevo candidato va a comerse el marrón más grande de su vida. El triunfo del PP ha sido aplastante (que si bien aumentó en el número de votantes, ha ganado no por méritos propios, sino por un castigo al PSOE) y las manifestaciones previas lograron que aumentase el voto no bipartidista y la elección del voto nulo y blanco. Tras este desolador panorama sólo se puede esperar a una época de reinvención del partido en el periodo 2012-2016, por lo que el candidato nuevo no va a tener mucho tiempo para reivindicarse como contraposición al derechista Rajoy y si es muy carismático será borrado por el voto de castigo. Como creo que dije, Zapatero aún no dimite porque hasta julio no puede, porque se quedaría sin pensión vitalicia. Otro punto más para criticar, ya que le está restando confianza al partido en cuanto a posibles votantes. Si convoca elecciones anticipadas y se presenta un títere, a pesar del varapalo electoral, el candidato carismático quedaría incólume para las elecciones siguientes, con cuatro años de preparación. Si no dimite por dignidad es algo muy loable, pero será en detrimento de España y su partido.
¿Candidatos para sucederle? Primero hay que ver si habrá o no elecciones internas. Aunque la Constitución lo promueve, las elecciones personalistas al estilo húngaro siempre son a gusto de los dos grandes partidos. Si la hay es porque alguno no se conformará o cuando sólo haya un único candidato para crear la ilusión de democracia interna. Como es muy previsible (atendiendo a su trayectoria personal, experiencia y simpatías del Presidente) el próximo candidato va a ser el vicepresidente Rubalcaba: es el que ha estado moviendo los hilos del país durante los últimos meses, casi desde que fue designado en el cargo. Tiene algunos puntos oscuros con el caso Faisán (chivatazos de las fuerzas de la ley para beneficiar a etarras y un posible acuerdo de paz) pero a cambio es el más experimentado. El gurú Felipe González promocionará a la ministra Carmen Chacón, que ha sido publicitada al máximo y puesta en un contínuo entrenamiento para ganar conocimientos y experiencia. Pero parece que Chacón va a esperar a 2016 para no verse salpicada por la destrucción de marzo de 2012. Como renovadores también aparecen Tomás Gómez, socialista de la Comunidad de Madrid que tiene visiones diferentes a la estructura actual del partido y Trinidad Jiménez, que a pesar de sus numerosas derrotas no quiere desperdiciar su experiencia en el ámbito internacional. Otros que están a la espera de un trozo de esperanza son José Blanco, admirador de Zapatero y sucesor ideológico, y Manuel Chaves, presidente del partido que por su cantidad de años gobernando Andalucía no le hace falta más para presidir un Gobierno (a excepción del alto paro andaluz y de sus políticas de nepotismo, que le van a quitar muchos votos en feudos resentidos por estas tropelías). Otro que siempre entra en las quinielas es José Bono, tras su gestión en Castilla-La Mancha, el Gobierno y el Congreso. Lidera la parte más moderada y de actitud católica. Aparte, que seguro que se siente con rencor de haber perdido las primarias que pusieron a Zapatero sobre el tapete.
Abran juego señores.
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Publicado originalmente el 06-06-2011
Juan Carlos I y Bildu
Publicado en http://www.monarquiaconfidencial.com/la_voz_del_lector/061130/don-juan-carlos-y-bildu Don Juan Carlos y Bildu (13-07-11)
España ha conocido en las últimas décadas un avance vertiginoso en materia económica, social y tecnológica como nunca en su historia. Este avance fue promovido por el clima de consenso, paz y talante que inspiró a los españoles durante la Transición, ciudadanos y políticos, que junto a la actitud favorable y abierta de la Corona nos han legado un país muy diferente al que conocían nuestros abuelos. Por muchas críticas que haya (la mayoría sin fundamento o recurriendo a tópicos demagógicos), la Monarquía Parlamentaria provee una estabilidad a España como ningún otro régimen, ya que por definición el Jefe de Estado tiene que ser neutral, imparcial y alejado de sesgos políticos. Además, al simbolizar la figura del Rey la unión española y de todos los españoles, sin atender a sus ideologías, es el mejor referente en el ámbito de relaciones internacionales, puesto que mira por interés general de España y no por un rédito político.
Pero últimamente se está echando en falta el papel de la Corona en la vida política española. Tras la negativa del Tribunal Supremo de dejar presentarse a la coalición Bildu a las inminentes elecciones, el Tribunal Constitucional dio un fallo contrario (decisión que acato, pero que no comparto). No contaron con las declaraciones de ciertos terroristas sobre los planes auténticos ni a los historiales de muchos integrantes del movimiento con relaciones con el entorno de ETA, amén de numerosos detalles que como mínimo invitan a sospechar. No digo que el Rey tenga posibilidad de veto o solape su actuación con las competencias de los tres poderes políticos, ni que se erija como corrector del Constitucional. Sólo digo que se atenga a las suficientes atribuciones que le otorga la Constitución en el título dedicado a la Corona. Al Rey no le compete juzgar sobre Bildu, sino que debe tener en cuenta la votación de los miembros del tribunal, que indican que están arracimados en dos corrientes políticas (progresistas y conservadores) y votan en bloque, lo que da la sospecha que el TC está politizado y pierde por tanto su independencia. El Rey debería aplicar el artículo 56.1 para ser árbitro y moderador del juego democrático y advertir que desde 1985 las leyes de elección de magistrados para el CGPJ y el TC están hechas para que los órganos se conviertan en marionetas de los partidos de turno. Si bien su poder moderador lo realiza en multitud de ocasiones en reuniones privadas, al pueblo español le encantaría ver a Su Majestad en alocución pública diciendo que es necesario que haya una nueva ley para que el Poder Judicial sea verdaderamente independiente (art. 117.1). Así, cualquier sentencia, ya fuere sobre Bildu u otro tema, quedaría limpia de sospecha de interés partidista.
De igual manera, la Corona ha de hacerse más presente en la vida pública mediante una nueva democratización estatal. A muchos ciudadanos, sin importar su ideología, le gustaría ver que se cumpliera el artículo 6 (democracia interna en los partidos políticos), el artículo 7 (sindicatos independientes del Gobierno), el artículo 68.3 (ley electoral justa y proporcional) y el artículo 138.2 (solidaridad entre autonomías y eliminación de privilegios).
En un país del siglo XXI es imprescindible que los ciudadanos se rijan a sí mismos y hagan una vida democrática normal, pero de ninguna manera esto debe conllevar que el Jefe de Estado se olvide de ejercer sus competencias legítimas y constitucionales cuando sea necesario, sino todo lo contrario.
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Publicado originalmente el 01-06-2011
España ha conocido en las últimas décadas un avance vertiginoso en materia económica, social y tecnológica como nunca en su historia. Este avance fue promovido por el clima de consenso, paz y talante que inspiró a los españoles durante la Transición, ciudadanos y políticos, que junto a la actitud favorable y abierta de la Corona nos han legado un país muy diferente al que conocían nuestros abuelos. Por muchas críticas que haya (la mayoría sin fundamento o recurriendo a tópicos demagógicos), la Monarquía Parlamentaria provee una estabilidad a España como ningún otro régimen, ya que por definición el Jefe de Estado tiene que ser neutral, imparcial y alejado de sesgos políticos. Además, al simbolizar la figura del Rey la unión española y de todos los españoles, sin atender a sus ideologías, es el mejor referente en el ámbito de relaciones internacionales, puesto que mira por interés general de España y no por un rédito político.
Pero últimamente se está echando en falta el papel de la Corona en la vida política española. Tras la negativa del Tribunal Supremo de dejar presentarse a la coalición Bildu a las inminentes elecciones, el Tribunal Constitucional dio un fallo contrario (decisión que acato, pero que no comparto). No contaron con las declaraciones de ciertos terroristas sobre los planes auténticos ni a los historiales de muchos integrantes del movimiento con relaciones con el entorno de ETA, amén de numerosos detalles que como mínimo invitan a sospechar. No digo que el Rey tenga posibilidad de veto o solape su actuación con las competencias de los tres poderes políticos, ni que se erija como corrector del Constitucional. Sólo digo que se atenga a las suficientes atribuciones que le otorga la Constitución en el título dedicado a la Corona. Al Rey no le compete juzgar sobre Bildu, sino que debe tener en cuenta la votación de los miembros del tribunal, que indican que están arracimados en dos corrientes políticas (progresistas y conservadores) y votan en bloque, lo que da la sospecha que el TC está politizado y pierde por tanto su independencia. El Rey debería aplicar el artículo 56.1 para ser árbitro y moderador del juego democrático y advertir que desde 1985 las leyes de elección de magistrados para el CGPJ y el TC están hechas para que los órganos se conviertan en marionetas de los partidos de turno. Si bien su poder moderador lo realiza en multitud de ocasiones en reuniones privadas, al pueblo español le encantaría ver a Su Majestad en alocución pública diciendo que es necesario que haya una nueva ley para que el Poder Judicial sea verdaderamente independiente (art. 117.1). Así, cualquier sentencia, ya fuere sobre Bildu u otro tema, quedaría limpia de sospecha de interés partidista.
De igual manera, la Corona ha de hacerse más presente en la vida pública mediante una nueva democratización estatal. A muchos ciudadanos, sin importar su ideología, le gustaría ver que se cumpliera el artículo 6 (democracia interna en los partidos políticos), el artículo 7 (sindicatos independientes del Gobierno), el artículo 68.3 (ley electoral justa y proporcional) y el artículo 138.2 (solidaridad entre autonomías y eliminación de privilegios).
En un país del siglo XXI es imprescindible que los ciudadanos se rijan a sí mismos y hagan una vida democrática normal, pero de ninguna manera esto debe conllevar que el Jefe de Estado se olvide de ejercer sus competencias legítimas y constitucionales cuando sea necesario, sino todo lo contrario.
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Publicado originalmente el 01-06-2011
Gobierno alfonsino de 1881
El día 8 de febrero de 1881 el partido liberal alcanza el poder ejecutivo en el primer turno de partidos de la Restauración. Continuará hasta el 13 de octubre de 1883, que tras una crisis dejará paso al gabinete de la Izquierda Dinástica. La Presidencia del Consejo es para Práxedes MATEO SAGASTA que tiene que ausentarse durante tres periodos, puesto interinamente ocupado siempre por Arsenio MARTÍNEZ-CAMPOS ANTÓN: la primera desde el 10 de julio hasta el 2 de agosto de 1881; la segunda desde el 9 al 19 de enero de 1882, y la tercera desde el 25 de julio al 25 de agosto de 1882. El Ministro de Estado es Antonio AGUILAR Y CORREA todo el periodo. El Ministro de Gracia y Justicia es Manuel ALONSO MARTÍNEZ desde el inicio del gobierno hasta el 9 de enero de 1883. Por ausencia entre el 9 de agosto y el 6 de septiembre lo sustituye de manera interina José Luis ALBAREDA. La vacante del cargo la toma Vicente ROMERO GIRÓN desde el 9 de enero hasta el 13 de octubre de 1883. El Ministro de Guerra siempre fue Arsenio MARTÍNEZ-CAMPOS ANTÓN, que abandonó las filas conservadoras tras su Presidencia. El Ministerio de Marina fue para Francisco de Paula PAVÍA Y PAVÍA hasta el 9 de enero de 1883, siendo reemplazado por Rafael RODRÍGUEZ ARIAS VILLAVICENCIO el día 13 de enero de 1883 hasta el final del Gobierno. De manera interina entre el 9 y el 13 de enero el cargo lo desempeña Arsenio MARTÍNEZ-CAMPOS ANTÓN. El Ministerio de Hacienda fue para Juan Francisco CAMACHO, hasta la renovación ministerial del 9 de enero de 1883, sustituido por Justo PELAYO CUESTA. El Ministerio de Gobernación fue para Venancio GONZÁLEZ FERNÁNDEZ hasta el 9 de enero de 1883, cargo que ocupa después Pío GULLÓN E IGLESIAS hasta el 13 de octubre. Práxedes MATEO SAGASTA desempeña el cargo de manera interina por ausencia del titular entre el 6 y el 22 de septiembre de 1881. El Ministerio de Fomento tiene a la cabeza a José Luis ALBAREDA desde el 8 de febrero de 1881, pero es sustituido por Germán GAMAZO CALVO tras la renovación ministerial. El Ministro de Ultramar es Fernando de LEÓN Y CASTILLO hasta la renovación ministerial, excepto durante una ausencia entre el 2 de julio y el 1 de agosto de 1881 que lo ocupa José Luis ALBAREDA y otra entre el 23 de julio hasta el 11 de septiembre de 1882 que lo ocupa Arsenio MARTÍNEZ-CAMPOS ANTÓN. El sustituto fue Gaspar NÚÑEZ DE ARCE.
Inicialmente, el Presidente del Congreso de los Diputados es Francisco de Borja QUEIPO DE LLANO, hasta el 25 de junio de 1881, siendo relevado por José POSADA HERRERA desde el 20 de septiembre de 1881 hasta el 26 de julio de 1883. El Presidente del Senado es Manuel GARCÍA BARZANALLANA hasta 1882, dejando el puesto posteriormente a José GUTIÉRREZ DE LA CONCHA. El Presidente del Tribunal Supremo es Eduardo ALONSO COLMENARES.
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Publicado originalmente el 02-06-2011
Inicialmente, el Presidente del Congreso de los Diputados es Francisco de Borja QUEIPO DE LLANO, hasta el 25 de junio de 1881, siendo relevado por José POSADA HERRERA desde el 20 de septiembre de 1881 hasta el 26 de julio de 1883. El Presidente del Senado es Manuel GARCÍA BARZANALLANA hasta 1882, dejando el puesto posteriormente a José GUTIÉRREZ DE LA CONCHA. El Presidente del Tribunal Supremo es Eduardo ALONSO COLMENARES.
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Publicado originalmente el 02-06-2011
Cuando la Naturaleza ruge
Cada día llevamos a cabo una actividad que por la costumbre se vuelve anodina. Discutimos los sueldos, la inflación, las vacaciones, la política, etc. pero siempre de tal modo que ignoramos conscientemente que casi todo es de manera transitoria y efímera. Cuando el planeta Tierra se mueve un poco, todo lo anterior se va al garete e intentamos sobrevivir y escapar a la amenaza, incluso llegando a dejar los principios que pocas horas antes defendíamos con ardor. El problema es que el ser humano, al saber que es la especie dominante, se cree también que es el núcleo de la creación (en íntima relación con la filosofía cristiana medieval) y que gracias a la tecnología que desarrolla está a salvo y pervivirá por siempre jamás. Esto es verdad hasta que ocurre un terremoto, un maremoto, un huracán, lluvias impresionantes, sequías abrasadoras, fenómenos solares y actividad celeste. Al ser tan compleja la tecnología se vuelve muy dependiente de cada una de sus partes y se fragiliza, como si fuese un ser vivo. Quizás ignoramos esto adrere, porque si no la locura y la anarquía serían el tópico general.
Y la fuerte dependencia al entorno natural a la sociedad avanzada puede resumirse a lo que ha ocurrido en marzo a Japón. Este Imperio se localiza en un archipiélago del Pacífico, justo sobre una zona de subducción, en la que dos placas tectónicas se encuentran y una engulle a la otra, provocando la creación de islas montañosas con cantidad de terremotos y volcanes. Japón sólo tiene una ínfima parte de su territorio como zona habitable y cultivable; su población es tan numerosa que se ven obligados a permanecer un tercio de japoneses fuera de su país, de tal manera que cuando regresan a casa otro tercio sale (viajes, estudios, turismos, intercambios). Su historia particular y florida ha creado una de las civilizaciones más peculiares del mundo por su combinación de alta tecnología y tradición milenaria y su gusto de expresión esperpéntico freak como manera de oponerse a su propia manera de ser ordenada y sumisa en la que la producción capitalista y la transformación de la materia prima que adquiere es su razón de ser. A pesar de ser una zona de terremotos contínuos, y por tanto con una gran inversión en arquitectura que minimicen los daños, el terremoto de este año fue devastador. El nivel de 8,9 de la escala de Richter (que no tiene tope, al contrario de la creencia popular que el máximo es 10) provocó grandes daños. Si bien la preparación de la gente es ejemplar y los edificios resistieron gran parte del daño infligido, las víctimas fueron elevándose a cada minuto. Quizás hubiese sido una triste nota en los periódicos que se olvidaría a la semana si no fuese porque el epicentro se dio en pleno mar, provocando un tsunami de proporciones dantescas que hizo incluso más daño que el terremoto en sí. Aun sabiendo que iba a pasar todo esto con un minuto de adelanto, nada se pudo hacer. Las olas destruyeron los edificios ya maltrechos y anegaron kilómetros de costa, acabando con un número impresionante de víctimas.
Si bien esto de por sí es desgarrador, la prensa occidental al poco rato se relamió los labios para sacar jugosa tacada. El terremoto y el tsunami fueron muy localizados y destruyeron las ciudades que quedaron en su radio de acción más virulento, pero el resto del país quedó incólume. Pero esto no era del agrado de la prensa, por lo que declaró que de norte a sur de Japón la destrucción era palpable y evidente. La histeria cundió de tal modo que muchos occidentales saturaron las líneas de Internet y de teléfono para contactar con sus familiares que estaban allí. Cuando respondían decían que por su zona la vida era normal, algún apagón de luz o escasez de cierto producto en los supermercados, pero la vida seguía igual tras sentir el terremoto: bares y cines abiertos y gente paseando por las calles. Normal, porque habitaban zonas no afectadas. Pero la prensa no quiso borrar una bonita historia por culpa de la verdad, así que intentaron silenciar o manipular a estos reporteros improvisados y cuando decían que no veían histeria en su ciudad los tachaban de obcecados y estúpidos. Esto es lo que pasa cuando el periodismo se dedica a inventar historias que vendan y no a informar la verdad.
Pero como es evidente, esto no acabó aquí. Aunque muy minuciosos y trabajadores, siempre hay alguien que es un caradura y quiere aprovecharse. Pero no se le ocurrió otra manera a estos facinerosos que timar en la construcción de una central nuclear. Fukushima no sólo tuvo que soportar un impresionante terremoto y los efectos colaterales del maremoto, sino negligencias de la empresa encargada de construir los reactores y vigilar el mantenimiento. Sabiendo el riesgo sísmico de Japón a nadie aún se le ocurrió que por muchas protecciones es mejor localizar tus centrales en zona segura y llevar la energía a tu país si el mundo fuese realmente un planeta globalizado y no un sucedáneo de colonización estadounidense. La prensa ahora tenía por dónde hurgar y las organizaciones antinucleares se frotaron las manos y pidieron que se suprimieran esta fuente de energía (sin considerar el aporte energético que dan del total, sin tener en cuenta que no es sólo apagar un botón y decir adiós, sin querer abandonar el tren de vida actual, sin cavilar si hay que volver a los combustibles fósiles o si hay que depender de unas energías renovables hoy en día poco rentables). Los Gobiernos occidentales, en un arranque de populismo pusieron a revisar sus centrales y a entrever cuándo cerrarlas, sin considerar si estaban o no en zonas de riesgo sísmico y de tsunamis. Pánico al estilo de marabunta, sí señores. Los periódicos y las televisiones olvidaron pronto las muertes causadas por el terremoto y el tsunami y los costes de reparación y se dedicaron a analizar hasta el último punto del "nuevo Chernóbil". Quizás nunca llegue a ese punto, pero es un titular impactante. Las fisuras de las campanas de contención de los reactores amenazaban un escape de radiación, pero por orgullo los japoneses se negaron a que las campanas se fundiesen por el calor y atrapasen en su estructura el material nuclear. Si hubieran hecho esto habrían perdido miles de millones en inversiones, pero habrían salvado a una zona importante de Japón y a varios kilómetros de mar de recibir altas dosis de radiación, cuyos efectos aún no se van a comprender. Los diseños de los reactores nucleares contemplan estas posibilidades catastróficas y tienen un mecanismo natural de autodestrucción, pero el orgullo japones ante los gaijin (no-japoneses) incultos quisieron mostrar que podían manejar todo el problema. Soltaron nubes radiactivas, usaron agua de mar para refrigerar los reactores y la devolvieron al océano, tiraron agua dese helicópteros y camiones de bomberos en un intento de tapar un brazo roto mediante tiritas. Lanzaron a decenas de obreros a la muerte segura para que intentasen reparar las fisuras y los incendios. ¿Todo para qué? ¿Por orgullo? ¿Y qué queda del orgullo y dignidad de las familias de poblaciones cercanas que van a ser desalojadas o recibir radiaciones que les provoquen cáncer? ¿Y la salud de la flora y fauna oceánica que va a sufrir y que afectará a posibles consumidores?
El desastre ha sido tal que hasta el mismo Emperador ha salido en público (cosa extraña, ya que hasta hace menos de medio siglo nunca habían hablado a la población, puesto que siempre gozaron de atribuciones simbólicas y cargos en ceremonias religiosas) para tranquilizar a la población y pedir disculpas y comentar que todos los japoneses (incluido él) tendrán que comenzar tiempos de austeridad. El Primer Ministro también ha prometido que dejará de gozar de su sueldo hasta que todo esto termine. La empresa responsable ya pidió perdón y asumirá los costes totales, aunque es demasiado tarde para rectificar, puesto que la tragedia ya tuvo lugar. Los reactores están contenidos de nuevo, aunque se dan periódicamente algún que otro escape o un fallo en la conexión de la red eléctrica urbana. Las réplicas de los terremotos agravan al situación y creo que tardarán varios meses hasta aplacar todo indicio de peligro. La reconstrucción de las zonas devastadas por los fenómenos naturales está comenzando, pero el gasto y el tiempo tienden a valores obscenos. Esto nos hace reflexionar que no somos nada en comparación con la Tierra y que con un leve soplido todo nuestro bienestar se esfuma, pero también nos enseña a ser responsables con las cosas que implican responsabilidad y que si nos caemos podemos volver a levantarnos, aunque no le parezca muy poético a los periodistas. Y, como colofón, es necesario hacerse una reflexión en la que abarque qué medios de producción de energía debería utilizar el ser humano, equilibrando rendimiento, renovabilidad, disponibilidad y coste. Con estos cuatro puntos hay para rato y no para saltar al calor de los acontecimientos con cosas que no llegan a satisfacer estos cuatro puntos.
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Publicado originalmente el 19-05-2011
Y la fuerte dependencia al entorno natural a la sociedad avanzada puede resumirse a lo que ha ocurrido en marzo a Japón. Este Imperio se localiza en un archipiélago del Pacífico, justo sobre una zona de subducción, en la que dos placas tectónicas se encuentran y una engulle a la otra, provocando la creación de islas montañosas con cantidad de terremotos y volcanes. Japón sólo tiene una ínfima parte de su territorio como zona habitable y cultivable; su población es tan numerosa que se ven obligados a permanecer un tercio de japoneses fuera de su país, de tal manera que cuando regresan a casa otro tercio sale (viajes, estudios, turismos, intercambios). Su historia particular y florida ha creado una de las civilizaciones más peculiares del mundo por su combinación de alta tecnología y tradición milenaria y su gusto de expresión esperpéntico freak como manera de oponerse a su propia manera de ser ordenada y sumisa en la que la producción capitalista y la transformación de la materia prima que adquiere es su razón de ser. A pesar de ser una zona de terremotos contínuos, y por tanto con una gran inversión en arquitectura que minimicen los daños, el terremoto de este año fue devastador. El nivel de 8,9 de la escala de Richter (que no tiene tope, al contrario de la creencia popular que el máximo es 10) provocó grandes daños. Si bien la preparación de la gente es ejemplar y los edificios resistieron gran parte del daño infligido, las víctimas fueron elevándose a cada minuto. Quizás hubiese sido una triste nota en los periódicos que se olvidaría a la semana si no fuese porque el epicentro se dio en pleno mar, provocando un tsunami de proporciones dantescas que hizo incluso más daño que el terremoto en sí. Aun sabiendo que iba a pasar todo esto con un minuto de adelanto, nada se pudo hacer. Las olas destruyeron los edificios ya maltrechos y anegaron kilómetros de costa, acabando con un número impresionante de víctimas.
Si bien esto de por sí es desgarrador, la prensa occidental al poco rato se relamió los labios para sacar jugosa tacada. El terremoto y el tsunami fueron muy localizados y destruyeron las ciudades que quedaron en su radio de acción más virulento, pero el resto del país quedó incólume. Pero esto no era del agrado de la prensa, por lo que declaró que de norte a sur de Japón la destrucción era palpable y evidente. La histeria cundió de tal modo que muchos occidentales saturaron las líneas de Internet y de teléfono para contactar con sus familiares que estaban allí. Cuando respondían decían que por su zona la vida era normal, algún apagón de luz o escasez de cierto producto en los supermercados, pero la vida seguía igual tras sentir el terremoto: bares y cines abiertos y gente paseando por las calles. Normal, porque habitaban zonas no afectadas. Pero la prensa no quiso borrar una bonita historia por culpa de la verdad, así que intentaron silenciar o manipular a estos reporteros improvisados y cuando decían que no veían histeria en su ciudad los tachaban de obcecados y estúpidos. Esto es lo que pasa cuando el periodismo se dedica a inventar historias que vendan y no a informar la verdad.
Pero como es evidente, esto no acabó aquí. Aunque muy minuciosos y trabajadores, siempre hay alguien que es un caradura y quiere aprovecharse. Pero no se le ocurrió otra manera a estos facinerosos que timar en la construcción de una central nuclear. Fukushima no sólo tuvo que soportar un impresionante terremoto y los efectos colaterales del maremoto, sino negligencias de la empresa encargada de construir los reactores y vigilar el mantenimiento. Sabiendo el riesgo sísmico de Japón a nadie aún se le ocurrió que por muchas protecciones es mejor localizar tus centrales en zona segura y llevar la energía a tu país si el mundo fuese realmente un planeta globalizado y no un sucedáneo de colonización estadounidense. La prensa ahora tenía por dónde hurgar y las organizaciones antinucleares se frotaron las manos y pidieron que se suprimieran esta fuente de energía (sin considerar el aporte energético que dan del total, sin tener en cuenta que no es sólo apagar un botón y decir adiós, sin querer abandonar el tren de vida actual, sin cavilar si hay que volver a los combustibles fósiles o si hay que depender de unas energías renovables hoy en día poco rentables). Los Gobiernos occidentales, en un arranque de populismo pusieron a revisar sus centrales y a entrever cuándo cerrarlas, sin considerar si estaban o no en zonas de riesgo sísmico y de tsunamis. Pánico al estilo de marabunta, sí señores. Los periódicos y las televisiones olvidaron pronto las muertes causadas por el terremoto y el tsunami y los costes de reparación y se dedicaron a analizar hasta el último punto del "nuevo Chernóbil". Quizás nunca llegue a ese punto, pero es un titular impactante. Las fisuras de las campanas de contención de los reactores amenazaban un escape de radiación, pero por orgullo los japoneses se negaron a que las campanas se fundiesen por el calor y atrapasen en su estructura el material nuclear. Si hubieran hecho esto habrían perdido miles de millones en inversiones, pero habrían salvado a una zona importante de Japón y a varios kilómetros de mar de recibir altas dosis de radiación, cuyos efectos aún no se van a comprender. Los diseños de los reactores nucleares contemplan estas posibilidades catastróficas y tienen un mecanismo natural de autodestrucción, pero el orgullo japones ante los gaijin (no-japoneses) incultos quisieron mostrar que podían manejar todo el problema. Soltaron nubes radiactivas, usaron agua de mar para refrigerar los reactores y la devolvieron al océano, tiraron agua dese helicópteros y camiones de bomberos en un intento de tapar un brazo roto mediante tiritas. Lanzaron a decenas de obreros a la muerte segura para que intentasen reparar las fisuras y los incendios. ¿Todo para qué? ¿Por orgullo? ¿Y qué queda del orgullo y dignidad de las familias de poblaciones cercanas que van a ser desalojadas o recibir radiaciones que les provoquen cáncer? ¿Y la salud de la flora y fauna oceánica que va a sufrir y que afectará a posibles consumidores?
El desastre ha sido tal que hasta el mismo Emperador ha salido en público (cosa extraña, ya que hasta hace menos de medio siglo nunca habían hablado a la población, puesto que siempre gozaron de atribuciones simbólicas y cargos en ceremonias religiosas) para tranquilizar a la población y pedir disculpas y comentar que todos los japoneses (incluido él) tendrán que comenzar tiempos de austeridad. El Primer Ministro también ha prometido que dejará de gozar de su sueldo hasta que todo esto termine. La empresa responsable ya pidió perdón y asumirá los costes totales, aunque es demasiado tarde para rectificar, puesto que la tragedia ya tuvo lugar. Los reactores están contenidos de nuevo, aunque se dan periódicamente algún que otro escape o un fallo en la conexión de la red eléctrica urbana. Las réplicas de los terremotos agravan al situación y creo que tardarán varios meses hasta aplacar todo indicio de peligro. La reconstrucción de las zonas devastadas por los fenómenos naturales está comenzando, pero el gasto y el tiempo tienden a valores obscenos. Esto nos hace reflexionar que no somos nada en comparación con la Tierra y que con un leve soplido todo nuestro bienestar se esfuma, pero también nos enseña a ser responsables con las cosas que implican responsabilidad y que si nos caemos podemos volver a levantarnos, aunque no le parezca muy poético a los periodistas. Y, como colofón, es necesario hacerse una reflexión en la que abarque qué medios de producción de energía debería utilizar el ser humano, equilibrando rendimiento, renovabilidad, disponibilidad y coste. Con estos cuatro puntos hay para rato y no para saltar al calor de los acontecimientos con cosas que no llegan a satisfacer estos cuatro puntos.
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Publicado originalmente el 19-05-2011
Segundo Gobierno alfonsino de 1879
Tras la victoria electoral de los Liberales-Conservadores, Cánovas retoma el poder el 9 de diciembre de 1879 y no lo abandonará hasta el 8 de febrero de 1881. La Presidencia del Consejo, por tanto, recae durante todo el intervalo en Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO. El Ministro de Estado es Francisco de Borja QUEIPO DE LLANO, que permanece efímeramente hasta el 20 de enero de 1880. Interinamente la cartera es ocupada por Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO hasta el 19 de marzo de 1880, momento en que es designado como Ministro a José ELDUAYEN GORRITI, que ocupará su cargo hasta el final del gobierno. Entre el 25 de octubre y el 22 de noviembre de 1880, por ausencia del titular, el cargo es desempeñado interninamente de nuevo por Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO. Durante todo el periodo, el Ministerio de Gracia y Justicia estuvo ocupado por Saturnino ÁLVAREZ BUGALLAL, el mismo tiempo que José Ignacio ECHEVARRÍA fue Ministro de Guerra. El Ministerio de Marina fue durante todo el gobierno para Santiago DURÁN Y LIRA. El Ministro de Hacienda fue Manuel de OROVIO ECHAGÜE, que inició su desempeño el 9 de diciembre de 1879 y teminó el 19 de marzo de 1880, día en que fue relevado por Fernando COS GAYÓN hasta el final del mandato de Cánovas. El Ministro de Gobernación fue Francisco ROMERO ROBLEDO, que estuvo toda la legistaltura excepto en dos ocasiones que se ausentó: desde el 19 de marzo hasta el 7 de abril de 1880 le sustituyó Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO y entre el 25 de octubre y el 28 de noviembre de 1880 le sustituyó Fermín LASALA Y COLLADO. El Ministro de Fomento fue Fermín LASALA Y COLLADO y el Ministro de Ultramar fue, hasta el 19 de marzo de 1880, para José ELDUAYEN GORRITI, siendo reemplazado hasta el final por Cayetano SÁNCHEZ BUSTILLO.
Desde 1876, el Presidente del Senado sigue siendo Manuel GARCÍA BARZANALLANA. El Presidente del Congreso de los Diputados fue Adelardo LÓPEZ DE AYALA Y HERRERA hasta el 30 de diciembre de 1879, puesto que fallece en esta fecha. El siguiente Presidente ocupa el cargo durante todo este gobierno y es Francisco de Borja QUEIPO DE LLANO. Finalmente, el Presidente del Tribunal Supremo continúa siendo Fernando CALDERÓN COLLANTES.
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Publicado originalmente el 18-05-2011
Desde 1876, el Presidente del Senado sigue siendo Manuel GARCÍA BARZANALLANA. El Presidente del Congreso de los Diputados fue Adelardo LÓPEZ DE AYALA Y HERRERA hasta el 30 de diciembre de 1879, puesto que fallece en esta fecha. El siguiente Presidente ocupa el cargo durante todo este gobierno y es Francisco de Borja QUEIPO DE LLANO. Finalmente, el Presidente del Tribunal Supremo continúa siendo Fernando CALDERÓN COLLANTES.
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Publicado originalmente el 18-05-2011
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