Aún sigue sorprendiendo. El millonario populista con fuerte carga xenófoba se convirtió, contra todo pronóstico en presidente de los Estados Unidos. El mundo occidental enloqueció en el recuento de votos en tiempo real. Y sí, juró su cargo y se acomodó en el salón oval al menos por cuatro años.
Esto da para mucha reflexión. Si tuviese más tiempo (este año lo tengo jodido con el máster) desgranaría poco a poco cosas de interés. Quizás lo haga, ¿quién sabe? Lo primero de todo es cómo un caradura puede conseguir tal cantidad de votos que lo hagan presidente en función de la designación de delegados por Estado. Durante las votaciones empezaron a quejarse de cómo pervertían en sistema electoral, desde crear inverosímiles circunscripciones electorales para primar un color político a horrorizarse por el número de delegados por Estado y que el número de votos no es sinónimo de cantidad de delegados. Evidentemente, durante el periodo entre elecciones nadie se acuerda de esto y el grito en el cielo ya no tiene eco. Dentro de cuatro años volverá a pasar lo mismo.
También se habla de cómo es posible que negros, latinos y gente de bajos recursos se decidan a votar por Trump cuando siempre han sido de opción demócrata. Que por razones étnicas o económicas ya te adjudiquen qué votas es una trampa. Se habla del promedio pero persona a persona las cosas cambian mucho. La mente es un misterio. Habrá que ver detenidamente cómo ese promedio ha cambiado. ¿Qué ocurrió? ¿Desidia, desconfianza, hartazgo, lavado de cerebro, sopesado de otras opciones? Esto es cuestión de estudio y no creo que pueda lanzarme a decir algo a lo loco mientras no haya estudios que hablen del tema.
No nos podemos olvidar que en las elecciones presidenciales se presentan varios candidatos, pero la publicidad y fondos solo van a los candidatos demócrata y republicano. Forzar a la gente a tener una visión dicotómica del mundo no lleva a nada bueno. Ya se vio en Argentina. Cuando te hacen creer que solo hay dos opciones uno es el mal y otro es el voto obligado para que el mal no inunde todo (aunque seas un nefasto de nivel épico). Quizás la gente no tragó a una Hillary que había hecho gala de su afán de bombardear países ajenos, que tenía poco carisma y que no representaba ninguna continuación de la administración Obama. El peso de poder ser la primera mujer estadounidense en ser presidente era mucho, pero parece que no lo suficiente. ¿O quizás fue un 'no' al periodo Obama? Aunque ahora lo tengan como una monja de la caridad recordemos que prometió cerrar Guantánamo y ahí sigue, que ganó un Nobel de la Paz sin haber hecho nada, ni haberse revalidado después, que ha expulsado a tantos inmigrantes ilegales como planea hacer Trump...
¿Y Rusia? ¿Nadie se acuerda de Rusia? Pues sí, con sus hackeos y el flaco favor de Wikileaks a Putin han inclinado mucho la balanza. Putin quería a uno de boca grande, de discurso facilón y demagógico, capaz de seguir los dictados de su homólogo ruso y empezar una política de aislamiento internacional. Si te ocupas únicamente de tu territorio (es lo que plantea Trump a grandes rasgos), Oriente Medio queda a la merced de Rusia y el Pacífico y gran parte de África para China. Su estúpido muro con México lo va a llevar a discusiones sin fin sobre quién ha de pagar y al final lo que logrará será el rechazo internacional. Rusia consiguió lo que deseaba y atacó fuerte a Clinton, haciendo que quede bastante tiempo lamiéndose sus heridas.
Las alharacas de actores y las manifestaciones poco van a ayudar. Es un golpe bajo hacia la democracia lo que están haciendo. No siempre gana el que quieres en democracia. Por mucho que hablen de manipulación electoral (hasta el equipo de Trump lo dice) si la diferencia no es nimia la voz del pueblo es clara. Hay que dejar de llorar y comenzar una oposición crítica y responsable, no dejarle pasar ni una. Ha de cumplir lo prometido, ha de atenerse a las reglas, ha de transigir para gobernar al pueblo y no solo a una parte (y más que el Partido Republicano casi en masa ha aborrecido la candidatura de su candidato). Hay que hacer presión, no solo en las cámaras legislativas, sino con lobbies: si no te gustan las renovables o el aborto ahí vamos a estar día sí y día también contándote sus virtudes, hasta que no puedas ignorar lo que piensa un importante sector de la población. Eso es lo que hay que hacer. El apoyo democrático no se mide por cuántos van a tu juramento.
sábado, 28 de enero de 2017
domingo, 15 de enero de 2017
Diario de Viaje: Jaén (Diciembre de 2011)
El viaje teníamos que hacerlo, pero en principio íbamos a Cádiz y el despertador sonó cuando no debía sonar. Entre pitos y flautas al final había un tren que se dirigía justo en sentido opuesto y corre que te corre para llegar a él. Así que triunfamos, ya que nunca había visto esta ciudad andaluza, capital del olivo.
Llegamos en primer lugar a la estación y como locos a comprar un billete de tren de vuelta (aunque al principio quisieron hacernos el billete para un ratito después). Y de ahí tocaba orientarse. Vimos la larga vía del tranvía, pero no a este. Después nos enteramos que no fue inaugurado, vaya chasco. Caminata y desayuno de las épicas tostadas de la tierra, para ganar energía a tutiplén. Ya entrada la mañana pudimos ver un mercadillo con cosas medievales y hippies, así que a comprar. El el centro pudimos conseguir localizar la oficina de información turística y acercarnos a la enorme catedral de un estilo más claro y elegante que la barroca de Sevilla. El museo de la parte inferior estuvo espectacular y menos mal que también estuvo protegido, pues Geo estornudó y casi estuvimos a punto de destrozar patrimonio, ja.
Salimos por un taxi que nos subiese al castillo de Santa Catalina, que está en un cerro que domina toda la ciudad. No pudimos entrar, no sé si estaban cerrados o que había obra o alguna reunión. No lo recuerdo, la verdad. Pero la vista era espectacular, se veían las lomas cubiertas por hileras de olivos sin fin. Incluso donde la pendiente ponía en duda que pudiesen ser cosechados. Los efectos de las nubes grises le daban un aspecto muy medieval a la zona, como si fueses un vigía en alguna de las torretas y de un momento a otro pudieran irrumpir ejércitos amenazando la ciudad.
A la hora de bajar nos atrevimos a ir a pie cruzando la vegetación y siguiendo una muralla que va desde la ciudad hasta el castillo. No estaba en muy buenas condiciones, aunque parecía que iban a iniciar trabajos de restauración. Lo bueno de ir por ese sitio fue que divisamos incluso ardillas. Llegando a la ciudad pues no nos quedó otra de ir bajando calles con escaleras e ir orientándonos hacia la estación de tren. Es más, llegamos a una zona con iglesias y a la famosa fuente de la Magdalena, donde moraba el dragón (o lagarto, según la leyenda escogida). Las vistas del cerro desde la parte antigua pues siguen siendo cautivadoras.
Ya cansados paramos en un lugar a hartarnos de kebabs, ya que Geo no había probado esta comida nunca. Barato y abundante, como era de esperar. Otro pequeño paseo para hacer tiempo nos llevó a otro mercadillo, donde vendían los famosos orgasmatrones. Comprar uno fue cosa obligatoria. De ahí a la estación y a descansar. Turismo interior, poco afamado con respecto su hermano mayor pero que te deja muchas cosas interesantes.
Llegamos en primer lugar a la estación y como locos a comprar un billete de tren de vuelta (aunque al principio quisieron hacernos el billete para un ratito después). Y de ahí tocaba orientarse. Vimos la larga vía del tranvía, pero no a este. Después nos enteramos que no fue inaugurado, vaya chasco. Caminata y desayuno de las épicas tostadas de la tierra, para ganar energía a tutiplén. Ya entrada la mañana pudimos ver un mercadillo con cosas medievales y hippies, así que a comprar. El el centro pudimos conseguir localizar la oficina de información turística y acercarnos a la enorme catedral de un estilo más claro y elegante que la barroca de Sevilla. El museo de la parte inferior estuvo espectacular y menos mal que también estuvo protegido, pues Geo estornudó y casi estuvimos a punto de destrozar patrimonio, ja.
Salimos por un taxi que nos subiese al castillo de Santa Catalina, que está en un cerro que domina toda la ciudad. No pudimos entrar, no sé si estaban cerrados o que había obra o alguna reunión. No lo recuerdo, la verdad. Pero la vista era espectacular, se veían las lomas cubiertas por hileras de olivos sin fin. Incluso donde la pendiente ponía en duda que pudiesen ser cosechados. Los efectos de las nubes grises le daban un aspecto muy medieval a la zona, como si fueses un vigía en alguna de las torretas y de un momento a otro pudieran irrumpir ejércitos amenazando la ciudad.
A la hora de bajar nos atrevimos a ir a pie cruzando la vegetación y siguiendo una muralla que va desde la ciudad hasta el castillo. No estaba en muy buenas condiciones, aunque parecía que iban a iniciar trabajos de restauración. Lo bueno de ir por ese sitio fue que divisamos incluso ardillas. Llegando a la ciudad pues no nos quedó otra de ir bajando calles con escaleras e ir orientándonos hacia la estación de tren. Es más, llegamos a una zona con iglesias y a la famosa fuente de la Magdalena, donde moraba el dragón (o lagarto, según la leyenda escogida). Las vistas del cerro desde la parte antigua pues siguen siendo cautivadoras.
Ya cansados paramos en un lugar a hartarnos de kebabs, ya que Geo no había probado esta comida nunca. Barato y abundante, como era de esperar. Otro pequeño paseo para hacer tiempo nos llevó a otro mercadillo, donde vendían los famosos orgasmatrones. Comprar uno fue cosa obligatoria. De ahí a la estación y a descansar. Turismo interior, poco afamado con respecto su hermano mayor pero que te deja muchas cosas interesantes.
sábado, 14 de enero de 2017
El temor a lo de fuera
Viendo un programa de Lanata en la televisión argentina vino a destapar nuevamente mis temores. La tolerancia que tiene la gente a los extranjeros no es ilimitada. Les gusta crear un ambiente de opresión utilizando información sesgada y viciada. Y advierto, no es solo en Argentina, podría ser en el planeta entero.
Si la universidad argentina es libre y gratuita se deberían hacer celebraciones y recordatorios a cada instante. Crear marca país con esto e intentar que otros países te imiten. Pero no, empiezan las bocas sucias a decir que eso cuesta dinero (¿dónde lo quieres invertir si no? ¿Quieres que el Estado ahorre para que no pueda invertir lo que recauda?) aunque la cifra sea ridícula con otras. Y ahí viene lo típico: los malvados extranjeros lo hacen sin nada a cambio y dejan a un nacional fuera obligadamente. Primero de todo es que todo en esta vida se devuelve, si no de manera expresa (que también quieren eso, agradecimiento eterno) pues mediante impuestos, pagando vivienda, alimentación y muchas cosas allá. Si quieres crear una tasa para los de fuerza, hazlo, pero no puedes decir que los extranjeros estamos en lugares para llevarnos todo el dinero a una bóveda similar a la del Tío Gilito. Pues no, mientras estamos 'ocupando' lugar en vuestros países gastamos dinero. Y si hay trámites migratorios de por medio, se gasta a una velocidad bastante preocupante.
El tema de que los extranjeros dejamos sin vida ni trabajo a los nacionales es una de las falacias más populistas, demagógicas y extendidas que hay. Al Estado, en última instancia, no le importa contratar a nacional o extranjero, mientras el que está contratado siga cumpliendo en buenos términos las partes contractuales. ¿Robar puesto? Eso sería cierto si los extranjeros quisiéramos ocupar los nichos ocupados por los nacionales pero resulta ser que la mayoría de las veces los extranjeros trabajan donde los nacionales no quieren o donde no hay ningún nacional que en ese momento pueda trabajar.
También está la percepción del migrante. Los que se van de tu tierra van a ganarse el pan trabajando en serio pero los que vienen al país es gente que solo quiere vivir de subsidios y delinquir. También está que cuando vienen ricos y se afincan es porque aman nuestro país y lo quieren (aunque después, como los deportistas de élite, hagan malabares para evadir impuestos) y cuando vienen en masa gente pobre huyendo desesperada de una muerte segura en sus países, son tildados de maleantes y vagos (aunque sean los que más se partan el lomo trabajando). También está el xenófobo de turno que destaca 3 casos (sobre todo cuando toca reincidencia de robos, fundamentalismo o intentos de violación) y obvia los otros miles donde plácidamente hay una integración (convivencia, más bien) y el único afán es trabajar y sacar la familia adelante. También cuenta el país de origen: mientras más alto y rubio seas, mejor se va a tolerar la llegada. Mundo hipócrita.
Quién sabe si ahora con un mundo más globalizado y voluble, donde viajar ya no es tan exótico y hay décadas donde un país recoge inmigrante y otras donde sus habitantes emigran, la gente empezará a mejorar la opinión de los inmigrantes y de buscar a las mafias que se aprovechan de ellos (¿en serio se creen que un don nadie puede solo y sin dinero cruzar varios países a pie y pasar desapercibido?). Ojalá, porque muchas veces el propio migrante (o su familia) es el más contrario a la inmigración.
Si la universidad argentina es libre y gratuita se deberían hacer celebraciones y recordatorios a cada instante. Crear marca país con esto e intentar que otros países te imiten. Pero no, empiezan las bocas sucias a decir que eso cuesta dinero (¿dónde lo quieres invertir si no? ¿Quieres que el Estado ahorre para que no pueda invertir lo que recauda?) aunque la cifra sea ridícula con otras. Y ahí viene lo típico: los malvados extranjeros lo hacen sin nada a cambio y dejan a un nacional fuera obligadamente. Primero de todo es que todo en esta vida se devuelve, si no de manera expresa (que también quieren eso, agradecimiento eterno) pues mediante impuestos, pagando vivienda, alimentación y muchas cosas allá. Si quieres crear una tasa para los de fuerza, hazlo, pero no puedes decir que los extranjeros estamos en lugares para llevarnos todo el dinero a una bóveda similar a la del Tío Gilito. Pues no, mientras estamos 'ocupando' lugar en vuestros países gastamos dinero. Y si hay trámites migratorios de por medio, se gasta a una velocidad bastante preocupante.
El tema de que los extranjeros dejamos sin vida ni trabajo a los nacionales es una de las falacias más populistas, demagógicas y extendidas que hay. Al Estado, en última instancia, no le importa contratar a nacional o extranjero, mientras el que está contratado siga cumpliendo en buenos términos las partes contractuales. ¿Robar puesto? Eso sería cierto si los extranjeros quisiéramos ocupar los nichos ocupados por los nacionales pero resulta ser que la mayoría de las veces los extranjeros trabajan donde los nacionales no quieren o donde no hay ningún nacional que en ese momento pueda trabajar.
También está la percepción del migrante. Los que se van de tu tierra van a ganarse el pan trabajando en serio pero los que vienen al país es gente que solo quiere vivir de subsidios y delinquir. También está que cuando vienen ricos y se afincan es porque aman nuestro país y lo quieren (aunque después, como los deportistas de élite, hagan malabares para evadir impuestos) y cuando vienen en masa gente pobre huyendo desesperada de una muerte segura en sus países, son tildados de maleantes y vagos (aunque sean los que más se partan el lomo trabajando). También está el xenófobo de turno que destaca 3 casos (sobre todo cuando toca reincidencia de robos, fundamentalismo o intentos de violación) y obvia los otros miles donde plácidamente hay una integración (convivencia, más bien) y el único afán es trabajar y sacar la familia adelante. También cuenta el país de origen: mientras más alto y rubio seas, mejor se va a tolerar la llegada. Mundo hipócrita.
Quién sabe si ahora con un mundo más globalizado y voluble, donde viajar ya no es tan exótico y hay décadas donde un país recoge inmigrante y otras donde sus habitantes emigran, la gente empezará a mejorar la opinión de los inmigrantes y de buscar a las mafias que se aprovechan de ellos (¿en serio se creen que un don nadie puede solo y sin dinero cruzar varios países a pie y pasar desapercibido?). Ojalá, porque muchas veces el propio migrante (o su familia) es el más contrario a la inmigración.
sábado, 24 de diciembre de 2016
Diario de Viaje: Cádiz (Enero de 2012)
Un viaje bastante fugaz, pero creo que pudimos aprovechar el tiempo al máximo y ver las delicias de esta ciudad andaluza. Aprovechando el final de vacaciones fuimos en tren hasta esta antiquísima ciudad, confluencia de culturas tartéssicas y fenicias. El tren nos dejó en la estación, que por aquellas época estaba de reformas y ampliación. Un paseo nos llevó al puerto y a la avenida, de reformas, que llevaba hasta el ayuntamiento.
Pero bueno, la mejor parte de Cádiz es pasear por sus murallas que dan directamente al mar, como que te mete en la época donde esta ciudad era un bastión inconquistable por las fuerzas enemigas. El punto grande para mí fue llegar a los pies del monumento a la Constitución de 1812 que en pocos meses haría su bicentenario. Y es que la España liberal le debe mucho a esta ciudad andaluza. El paseo ante las olas nos llevó hasta el Parque Genovés, donde pudimos disfrutar de las afamadas tortillas de camarones. A Geo no le gustaron tanto, pero a mí sí. De ahí nuestros pasos nos llevaron hasta el castillo de Santa Catalina, donde pudimos ver sus puntos de observación y los detalles arquitectónicos, como la iglesia (sempiterna en España) y las torretas que caían justo al mar.
Ya en la playa Geo hizo su tradicional mojado de pies y decidimos después internarnos en la ciudad. Es muy característico eso de edificios altos y calles estrechas, muy típico de este istmo. Tras almorzar casi media docena de montaditos frente a la catedral nos quedó por ver la Puerta de Tierra con partes de sus gruesas murallas aún intactas, que visitamos puntualmente. Y con la hora justa, pensando que todo estaba en funcionamiento, nos metimos en un rincón para entrar por la parte trasera de la estación. Pero estaba en obras y el miedo a que la puerta estuviese cerrada aumentó por segundos. Pero hubo suerte esta vez y pudimos retornar tranquilos tras un día soleado y hermoso.
Pero bueno, la mejor parte de Cádiz es pasear por sus murallas que dan directamente al mar, como que te mete en la época donde esta ciudad era un bastión inconquistable por las fuerzas enemigas. El punto grande para mí fue llegar a los pies del monumento a la Constitución de 1812 que en pocos meses haría su bicentenario. Y es que la España liberal le debe mucho a esta ciudad andaluza. El paseo ante las olas nos llevó hasta el Parque Genovés, donde pudimos disfrutar de las afamadas tortillas de camarones. A Geo no le gustaron tanto, pero a mí sí. De ahí nuestros pasos nos llevaron hasta el castillo de Santa Catalina, donde pudimos ver sus puntos de observación y los detalles arquitectónicos, como la iglesia (sempiterna en España) y las torretas que caían justo al mar.
Ya en la playa Geo hizo su tradicional mojado de pies y decidimos después internarnos en la ciudad. Es muy característico eso de edificios altos y calles estrechas, muy típico de este istmo. Tras almorzar casi media docena de montaditos frente a la catedral nos quedó por ver la Puerta de Tierra con partes de sus gruesas murallas aún intactas, que visitamos puntualmente. Y con la hora justa, pensando que todo estaba en funcionamiento, nos metimos en un rincón para entrar por la parte trasera de la estación. Pero estaba en obras y el miedo a que la puerta estuviese cerrada aumentó por segundos. Pero hubo suerte esta vez y pudimos retornar tranquilos tras un día soleado y hermoso.
martes, 20 de diciembre de 2016
Tumultuoso 15 de noviembre
Muchas cosas tengo que hacer en este final de año. El comienzo de un máster, varios congresos, redacciones de manuscritos, recuperar las clases perdidas. Brutal y estresante. Tanto que he postergado la publicación cumpleañera más de un mes.
Iba a hablar en esta ocasión de Turquía y las zarpas de Erdogan. Y más con estos últimos sucesos. La progresiva islamización de Turquía incluso sorprendió a conocidos turcos que vieron cómo poco a poco fueron eliminando derechos como quien no quiere la cosa. ¡Incluso llegaron a criticar las sonrisas femeninas! Turquía, puente entre dos continentes, ha jugado siempre en los dos bandos, cosa que a la Unión Europea no termina de convencerle en un miedo a que su occidentalismo se disuelva. Pero tampoco la odia, porque usa a Turquía como chivo expiatorio en el caso de los refugiados: la Unión se burla de las cuotas que se impone a sí misma y paga a Turquía para alojar a las personas que deberían ser refugiadas en algún país europeo. El cinismo en estado puro.
Las dotes democráticas de Erdogan siempre estuvieron muy criticadas. Tanto que se le dio un oscuro golpe de Estado, perpetrado seguramente por elementos muy alejados de la idea de caridad y democracia. Sin embargo, el golpe falló y ha ayudado a Erdogan a quitarse totalmente su máscara, enseñando al autoritario que lleva dentro. Reprimió periódicos y escuelas, centros del saber y de la libertad de opinión y las leyes se hicieron más draconianas en un intento de perpetuarse hasta el fin de los tiempos.
Sus relaciones con Rusia tampoco son buenas, hace como un año planearon el derribo de un caza ruso y la tensión entre países se palpó en gran manera. Ayer, el asesinato del embajador ruso por un fanático (¿terrorista?) clamando por los estragos en Siria ha puesto la voz de alarma en la comunidad internacional. ¿Qué pasará ahora? ¿Dejarán tranquila a Turquía para que se ocupe de su frontera siria y evite la entrada camuflada de terroristas del ISIS? ¿Y cómo reaccionará Turquía ante las voces que cada vez hablan con más seguridad de la creación de un nuevo estado kurdo? Todo está por ver.
Iba a hablar en esta ocasión de Turquía y las zarpas de Erdogan. Y más con estos últimos sucesos. La progresiva islamización de Turquía incluso sorprendió a conocidos turcos que vieron cómo poco a poco fueron eliminando derechos como quien no quiere la cosa. ¡Incluso llegaron a criticar las sonrisas femeninas! Turquía, puente entre dos continentes, ha jugado siempre en los dos bandos, cosa que a la Unión Europea no termina de convencerle en un miedo a que su occidentalismo se disuelva. Pero tampoco la odia, porque usa a Turquía como chivo expiatorio en el caso de los refugiados: la Unión se burla de las cuotas que se impone a sí misma y paga a Turquía para alojar a las personas que deberían ser refugiadas en algún país europeo. El cinismo en estado puro.
Las dotes democráticas de Erdogan siempre estuvieron muy criticadas. Tanto que se le dio un oscuro golpe de Estado, perpetrado seguramente por elementos muy alejados de la idea de caridad y democracia. Sin embargo, el golpe falló y ha ayudado a Erdogan a quitarse totalmente su máscara, enseñando al autoritario que lleva dentro. Reprimió periódicos y escuelas, centros del saber y de la libertad de opinión y las leyes se hicieron más draconianas en un intento de perpetuarse hasta el fin de los tiempos.
Sus relaciones con Rusia tampoco son buenas, hace como un año planearon el derribo de un caza ruso y la tensión entre países se palpó en gran manera. Ayer, el asesinato del embajador ruso por un fanático (¿terrorista?) clamando por los estragos en Siria ha puesto la voz de alarma en la comunidad internacional. ¿Qué pasará ahora? ¿Dejarán tranquila a Turquía para que se ocupe de su frontera siria y evite la entrada camuflada de terroristas del ISIS? ¿Y cómo reaccionará Turquía ante las voces que cada vez hablan con más seguridad de la creación de un nuevo estado kurdo? Todo está por ver.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Diario de Viaje: Cuzco/Cusco/Qosqo (Febrero de 2016)
La furgoneta nos llevó por otros caminos fuera del Valle Sagrado. Más llanura, más espacio y a la noche pudimos llegar a Cuzco, la mítica capital imperial. Las afueras nos dejaron una mala impresión, pues había mucha basura y jaurías de perros inmensas. Una vez en el hotel tuvimos energía para burlar la lluvia y pasear por las calles de esta ciudad. No muy rápido, pues si el hotel estaba trufado de botellas de oxígeno y hojas de coca era que la altitud debía tenerse en cuenta seriamente.
Grandes edificios y iglesias imponentes, iluminadas de una curiosa manera que les hacía resaltar los detalles. Y filas de casas con andamios de madera, creando unos pasillos para peatones por su zona inferior. La verdad es que nos maravilló. Gran cantidad de arcos también, era como la cima del estilo colonial. Importante entonces encontrar buenos restaurantes, que los hay a porrillo en la plaza en la Plaza de Armas y degustar la comida típica del lugar. Tocó dormir y a gusto y reponerse al día siguiente con un suculento desayuno.
La primera parada al día siguiente fue Sacsayhuamán, conocidos como los dientes del puma, ya que antiguamente el perímetro de la ciudad tenía forma de este felino. Pasamos por cuevas y por grandes prados con unos presuntos tronos con multitud de llamas alrededor. Incluso vimos algunas alegorías de la chakana y nos deslizamos por unas rocas como un tobogán. Yo estrellé mi móvil y quedó sumergido en un charco, aunque por suerte poco a poco fue volviendo a la vida conforme se secaba. Terminamos frente al campo que da a la serrada muralla y tuvimos que soportar algunas teorías imposibles de su construcción (gravedad debilitada, gigantes, extraterrestres...). Paseando entre las murallas vimos lo que podían ser algunas figuras de animales en los sillares, aunque no hubo pruebas nunca de ello y quizás sea un ejercicio de imaginación. Y lo que existe siempre una piedra de varios ángulos que indica qué templo es de los 365 que había nos pareció harto improbable.
De ahí fuimos al montículo donde estaba Puca Pucara, con un trazado que hacía pensar en un puesto de vigilancia o en una aduana previa antes de ingresar en la capital. Era pequeño en comparación con el anterior, pero se notaban los cimientos de varias habitaciones y el monte de observación. Justo en frente también estaba Tambomachay, con sus riachuelos. Aquí el agua lo protagonizaba todo, aunque quedan muy pocos restos ya: algunas paredes muy lisas y piscinas. Incluso había una pequeña cueva y un muro con puertas o ventanas ciegas. Por último, visitamos la zona pedregosa de Kenko, la cual tiene fama de ser una suerte de templo donde se adora todo lo subterráneo. Otros hablan de una cantera. Pero bueno, las grandes rocas creaban una especie de laberinto y en algunas cuevas se veían como mesas o altares al lado de hoyos muy profundos.
Volvimos a la ciudad y seguimos paseando por una zona que combinaba cimientos incas con construcciones coloniales. Visitamos alguna que otra plaza más y comimos para reponer fuerzas en un intento de seguir por las calles que antiguamente eran donde estaba la muralla que delimitaba la forma de puma. Visitamos el convento de Santo Domingo, construido sobre el antiguo templo de Coricancha, el auténtico centro del imperio. Se dice que radialmente a este templo se alineaban los 365 templos del Imperio. El convento contiene varias zonas incas, muros de piedra exquisitamente tallada y colocada. También hay muchas zonas de arte sacro colonial y jardines que unifican el puma, el cóndor y la serpiente, los tres animales sagrados. También el clásico claustro con su enorme patio. Me gustaron unas pinturas modernas sobre los nuevos santos, los cuales desconocía.
Ya fuera paseamos para ascender a la parte alta de la ciudad y degustar una buena merienda. La noche nos pilló en el museo arqueológico con piezas de gran interés, aunque las descripciones eran más poéticas que científicas y de poco nos sirvieron. Más callejeo por zonas que mezclan lo inca con lo colonial y al hotel para madrugar.
¡Y qué problema! Peruvian Airlines volvió a fallar. Pero esto implicaba perder el vuelo de Lima a Quito. ¡Qué odio esa empresa! Por suerte, uno de sus empleados, más avispado que sus compañeros, nos consiguió un vuelo en otra aerolínea y corriendo logramos llegar al que nos traería de vuelta. Menudo fin de viaje, ¿eh?
Grandes edificios y iglesias imponentes, iluminadas de una curiosa manera que les hacía resaltar los detalles. Y filas de casas con andamios de madera, creando unos pasillos para peatones por su zona inferior. La verdad es que nos maravilló. Gran cantidad de arcos también, era como la cima del estilo colonial. Importante entonces encontrar buenos restaurantes, que los hay a porrillo en la plaza en la Plaza de Armas y degustar la comida típica del lugar. Tocó dormir y a gusto y reponerse al día siguiente con un suculento desayuno.
La primera parada al día siguiente fue Sacsayhuamán, conocidos como los dientes del puma, ya que antiguamente el perímetro de la ciudad tenía forma de este felino. Pasamos por cuevas y por grandes prados con unos presuntos tronos con multitud de llamas alrededor. Incluso vimos algunas alegorías de la chakana y nos deslizamos por unas rocas como un tobogán. Yo estrellé mi móvil y quedó sumergido en un charco, aunque por suerte poco a poco fue volviendo a la vida conforme se secaba. Terminamos frente al campo que da a la serrada muralla y tuvimos que soportar algunas teorías imposibles de su construcción (gravedad debilitada, gigantes, extraterrestres...). Paseando entre las murallas vimos lo que podían ser algunas figuras de animales en los sillares, aunque no hubo pruebas nunca de ello y quizás sea un ejercicio de imaginación. Y lo que existe siempre una piedra de varios ángulos que indica qué templo es de los 365 que había nos pareció harto improbable.
De ahí fuimos al montículo donde estaba Puca Pucara, con un trazado que hacía pensar en un puesto de vigilancia o en una aduana previa antes de ingresar en la capital. Era pequeño en comparación con el anterior, pero se notaban los cimientos de varias habitaciones y el monte de observación. Justo en frente también estaba Tambomachay, con sus riachuelos. Aquí el agua lo protagonizaba todo, aunque quedan muy pocos restos ya: algunas paredes muy lisas y piscinas. Incluso había una pequeña cueva y un muro con puertas o ventanas ciegas. Por último, visitamos la zona pedregosa de Kenko, la cual tiene fama de ser una suerte de templo donde se adora todo lo subterráneo. Otros hablan de una cantera. Pero bueno, las grandes rocas creaban una especie de laberinto y en algunas cuevas se veían como mesas o altares al lado de hoyos muy profundos.
Volvimos a la ciudad y seguimos paseando por una zona que combinaba cimientos incas con construcciones coloniales. Visitamos alguna que otra plaza más y comimos para reponer fuerzas en un intento de seguir por las calles que antiguamente eran donde estaba la muralla que delimitaba la forma de puma. Visitamos el convento de Santo Domingo, construido sobre el antiguo templo de Coricancha, el auténtico centro del imperio. Se dice que radialmente a este templo se alineaban los 365 templos del Imperio. El convento contiene varias zonas incas, muros de piedra exquisitamente tallada y colocada. También hay muchas zonas de arte sacro colonial y jardines que unifican el puma, el cóndor y la serpiente, los tres animales sagrados. También el clásico claustro con su enorme patio. Me gustaron unas pinturas modernas sobre los nuevos santos, los cuales desconocía.
Ya fuera paseamos para ascender a la parte alta de la ciudad y degustar una buena merienda. La noche nos pilló en el museo arqueológico con piezas de gran interés, aunque las descripciones eran más poéticas que científicas y de poco nos sirvieron. Más callejeo por zonas que mezclan lo inca con lo colonial y al hotel para madrugar.
¡Y qué problema! Peruvian Airlines volvió a fallar. Pero esto implicaba perder el vuelo de Lima a Quito. ¡Qué odio esa empresa! Por suerte, uno de sus empleados, más avispado que sus compañeros, nos consiguió un vuelo en otra aerolínea y corriendo logramos llegar al que nos traería de vuelta. Menudo fin de viaje, ¿eh?
miércoles, 2 de noviembre de 2016
El escudo de Puente Genil
En estas últimas semanas me ha dado por investigar, muy someramente aún, sobre escudos heráldicos. Tengo un objetivo de anciano, hacer cursos de vexilología y heráldica. Bueno, mientras tanto me dedico por mi cuenta.
En el proceso de reconciliación con mi pueblo he estado mirando poco a poco su historia (¡aún me falta tanto!) y me detuve en el escudo pontanés. Bueno, este pueblo es la fusión de dos localidades antiguas: el Pontón de don Gonzalo (o la Puente, según qué texto se mire) y Miragenil. Ambos nacen a la sombra de la fortaleza de vigilancia llamada Castillo Anzur y el asentamiento cercano. Parece que la construcción de la torreta data del año 910, luego el asentamiento era musulmán.
Tras la reconquista de la ciudad de Córdoba y zonas colindantes empieza a repoblarse la zona de frontera. Más allá de 1283, don Gonzalo II Yáñez Dovinal, señor de Aguilar, manda la construcción de un puente que franquee el río Genil y su custodia. La aldea sería fruto de pillajes y saqueos por parte del reino nazarí, tanto que fue abandonada hasta 1482 cuando Fernando el Católico inició la guerra final con Granada. Su reconstrucción ya fue permanente hasta nuestros días. La localidad, perteneciente a Córdoba, llevaba como escudo el del Marquesado de Priego: un escudo amarillo (de oro) atravesado por tres franjas (horizontales) de color rojo (de gules).
Por su parte, la villa de Miragenil, construida al otro lado del puente, pertenecía a Sevilla y fue fundada en el año 1568. Hubo un plan de construcción de un puente definitivo, de dos arcos (encargado a Hernán Ruiz II en 1561 y finalizado en 1583). No fue hasta la época de Leopoldo Lemoniez (discípulo de Eiffel) que se completó el puente tal y como lo conocemos hoy (el lado de Miragenil se derrumbó en 1684 y Matías Solano rehizo esta parte con dos arcos en 1703 y la parte de Pontón, en 1728, la rehizo Juan Antonio Camacho). Lemoniez en 1874 restauró el pilar central de Ruiz y los dos arcos de Solano, rehaciendo todo lo hecho por Camacho y dando lugar a un único arco en esta parte.
El escudo de Miragenil posiblemente fue el del Marquesado de Estepa: un escudo amarillo (de oro) con una banda a cuadros rojos y blancos alternados (de gules y plata) con tres flores de lis azules (de azur) en la zona inferior de la banda y una rosa roja (de gules) con hojas verdes (de sinople) en la parte superior.
El 18 de junio de 1821 se procede a la fusión de los dos municipios, cosa por la cual se buscó un blasón común. No sé si la idea surgió y se oficializó el 30 de octubre de 1820 o si en esta fecha se terminó el diseño. En la web del Ayuntamiento se dice que el diseño se llevó a cabo en el año 1822. O bien, el sello se creó en 1820 y se convirtió en escudo en 1822. No sé, toca seguir investigando. Se alude a José María Reina Rivas como el creador del escudo.
Sin embargo, el Pontón de don Gonzalo y Miragenil se separan en 1823 por cuestiones políticas que se escapan a mi entender. He de suponer que ambas localidades, aun separadas, conservarían el mismo escudo. Parece que La Puente sí que lo conservó, aunque no descarto que Miragenil pudo volver al anterior, ¿quién sabe? El tema de escudos oficiales para pueblos y ciudades no era tan trascendente como hoy.
Finalmente, el 10 de diciembre de 1834, por un Real Decreto en los tiempos de la Reina Regente, se oficializa la fusión definitiva de ambas localidades como Puente-Genil, pasando a formar parte de la provincia de Córdoba. El escudo entonces se convirtió en emblema de la unificación: fondo azul donde en primer plano se observa el río Genil bajo un puente que une a cada uno de sus lados dos agrupaciones de casas, al fondo un monte verde está coronado del castillo Anzur. Arriba hay una filacteria que reza "Quod natura seponit socialitas copulat" (Lo que la Naturaleza separa, la sociedad lo une). Presenta también adornando el escudo (con forma de escudo familiar con la parte de arriba como de jirones de pergamino enrollados) un bastón de mando y una espada, así como soportes y cadenas que llegan hasta la parte baja del escudo donde están, no de canto, los dos platillos de la balanza de la Justicia.
Parece que heráldicamente, o sea, para la Real Academia de la Historia, no es muy bueno el escudo, aunque intenta plasmar las características que definen la localidad. Existen unos diseños creados en el siglo XIX en los que participaron en su creación (o descripción) Antonio Aguilar y Cano (en un libro suyo de 1894) y Agustín Pérez de Siles y Prado (en un libro de 1874 y un cuadro suyo posando con el escudo, quizás confeccionado en 1860). Se habla de que si bien el boceto inicialmente usado fue de Reina Rivas, Pérez de Siles fue el que utilizó el anterior y lo modificó para darle el aspecto actual. Cuánto cambio hubo, no lo sé, ojalá existieran en museos o en la web del Ayuntamiento un seguimiento cronológico con imágenes.
Desde 1889 Puente Genil fue ganando numerosos concursos olivareros, lo que hizo que en 1935 le fuese concedido el título de "Optimi olei emporium" (Mercado del mejor aceite, mal traducido por el Ayuntamiento, confundiendo mercado -emporium- por Imperio -imperium-) por parte de la Asociación Nacional de Productores de Aceite. Este título fue incorporado al escudo como otra filacteria en la parte baja de este. Parece que este ha sido el escudo oficial desde 1935, aunque se habla que a partir de 1985 la presencia de esta filacteria empezó a caer en desuso. Sin embargo, en 2009 fue autorizado su uso por la Junta de Andalucía en su forma completa, momento en que empezó a revalorizarse esta segunda filacteria (incluso hay un tapiz en la sala de plenos del ayuntamiento con ambas).
Por otro lado, la web también habla de una pintura de 1870 hecha por Juan Montilla Melgar que está en el salón de la alcaldía. Si interpreto bien lo dicho en el libro Heráldica Oficial de la Provincia de Córdoba, de Juan José Antequera Luengo (Facediciones, 2007), un historiador pontanés habla de que en 1935, junto a la incorporación del lema aceitero se introduce sobre el río Genil dos ramas de olivo cruzadas entre sí y con varias aceitunas de color negro (de sable). Este escudo pudo durar hasta la década de 1960, donde se tiene lugar otra modificación: al puente se le representa con tres ojos (justo como es en la realidad) y no con cuatro, como había sido habitual hasta la fecha. Creo que este escudo es el que aparece en una vidriera de la Casa Consistorial. No he visto imágenes en Internet de esta vidriera y de esta versión tampoco. He visto un tallado en una cruz de madera donde el escudo de Puente Genil tiene las ramas de olivo, pero el puente tiene cuatro ojos. Como la descripción del historiador local data de 1970, me atrevería a pensar que poco después de dicha fecha se volvió al puente de cuatro ojos y que en 1985 se volvió definitivamente a la configuración previa a 1935, o sea, sin las ramas de olivo y sin el título olivarero.
Este es el escudo del que tengo más memoria desde mi infancia. Diríamos que el clásico. Lo cierto es que el 23 de marzo de 2009, como ya dije, el Ayuntamiento consiguió de la Junta la autorización definitiva de su escudo oficial, autorización que también afecta al logotipo del pueblo (un escudo altamente esquematizado). En esta petición se retoma únicamente el lema olivarero de 1935, es decir, no las ramas de olivo. La diferencia entre el escudo clásico está en que se alteran colores: antes ambas filacterias eran rojas con letras negras, ahora la de arriba es roja y letras amarillas y la de abajo blanquecina con letras negras.
En el proceso de reconciliación con mi pueblo he estado mirando poco a poco su historia (¡aún me falta tanto!) y me detuve en el escudo pontanés. Bueno, este pueblo es la fusión de dos localidades antiguas: el Pontón de don Gonzalo (o la Puente, según qué texto se mire) y Miragenil. Ambos nacen a la sombra de la fortaleza de vigilancia llamada Castillo Anzur y el asentamiento cercano. Parece que la construcción de la torreta data del año 910, luego el asentamiento era musulmán.
Tras la reconquista de la ciudad de Córdoba y zonas colindantes empieza a repoblarse la zona de frontera. Más allá de 1283, don Gonzalo II Yáñez Dovinal, señor de Aguilar, manda la construcción de un puente que franquee el río Genil y su custodia. La aldea sería fruto de pillajes y saqueos por parte del reino nazarí, tanto que fue abandonada hasta 1482 cuando Fernando el Católico inició la guerra final con Granada. Su reconstrucción ya fue permanente hasta nuestros días. La localidad, perteneciente a Córdoba, llevaba como escudo el del Marquesado de Priego: un escudo amarillo (de oro) atravesado por tres franjas (horizontales) de color rojo (de gules).
Por su parte, la villa de Miragenil, construida al otro lado del puente, pertenecía a Sevilla y fue fundada en el año 1568. Hubo un plan de construcción de un puente definitivo, de dos arcos (encargado a Hernán Ruiz II en 1561 y finalizado en 1583). No fue hasta la época de Leopoldo Lemoniez (discípulo de Eiffel) que se completó el puente tal y como lo conocemos hoy (el lado de Miragenil se derrumbó en 1684 y Matías Solano rehizo esta parte con dos arcos en 1703 y la parte de Pontón, en 1728, la rehizo Juan Antonio Camacho). Lemoniez en 1874 restauró el pilar central de Ruiz y los dos arcos de Solano, rehaciendo todo lo hecho por Camacho y dando lugar a un único arco en esta parte.
El escudo de Miragenil posiblemente fue el del Marquesado de Estepa: un escudo amarillo (de oro) con una banda a cuadros rojos y blancos alternados (de gules y plata) con tres flores de lis azules (de azur) en la zona inferior de la banda y una rosa roja (de gules) con hojas verdes (de sinople) en la parte superior.
El 18 de junio de 1821 se procede a la fusión de los dos municipios, cosa por la cual se buscó un blasón común. No sé si la idea surgió y se oficializó el 30 de octubre de 1820 o si en esta fecha se terminó el diseño. En la web del Ayuntamiento se dice que el diseño se llevó a cabo en el año 1822. O bien, el sello se creó en 1820 y se convirtió en escudo en 1822. No sé, toca seguir investigando. Se alude a José María Reina Rivas como el creador del escudo.
Sin embargo, el Pontón de don Gonzalo y Miragenil se separan en 1823 por cuestiones políticas que se escapan a mi entender. He de suponer que ambas localidades, aun separadas, conservarían el mismo escudo. Parece que La Puente sí que lo conservó, aunque no descarto que Miragenil pudo volver al anterior, ¿quién sabe? El tema de escudos oficiales para pueblos y ciudades no era tan trascendente como hoy.
Finalmente, el 10 de diciembre de 1834, por un Real Decreto en los tiempos de la Reina Regente, se oficializa la fusión definitiva de ambas localidades como Puente-Genil, pasando a formar parte de la provincia de Córdoba. El escudo entonces se convirtió en emblema de la unificación: fondo azul donde en primer plano se observa el río Genil bajo un puente que une a cada uno de sus lados dos agrupaciones de casas, al fondo un monte verde está coronado del castillo Anzur. Arriba hay una filacteria que reza "Quod natura seponit socialitas copulat" (Lo que la Naturaleza separa, la sociedad lo une). Presenta también adornando el escudo (con forma de escudo familiar con la parte de arriba como de jirones de pergamino enrollados) un bastón de mando y una espada, así como soportes y cadenas que llegan hasta la parte baja del escudo donde están, no de canto, los dos platillos de la balanza de la Justicia.
Parece que heráldicamente, o sea, para la Real Academia de la Historia, no es muy bueno el escudo, aunque intenta plasmar las características que definen la localidad. Existen unos diseños creados en el siglo XIX en los que participaron en su creación (o descripción) Antonio Aguilar y Cano (en un libro suyo de 1894) y Agustín Pérez de Siles y Prado (en un libro de 1874 y un cuadro suyo posando con el escudo, quizás confeccionado en 1860). Se habla de que si bien el boceto inicialmente usado fue de Reina Rivas, Pérez de Siles fue el que utilizó el anterior y lo modificó para darle el aspecto actual. Cuánto cambio hubo, no lo sé, ojalá existieran en museos o en la web del Ayuntamiento un seguimiento cronológico con imágenes.
Desde 1889 Puente Genil fue ganando numerosos concursos olivareros, lo que hizo que en 1935 le fuese concedido el título de "Optimi olei emporium" (Mercado del mejor aceite, mal traducido por el Ayuntamiento, confundiendo mercado -emporium- por Imperio -imperium-) por parte de la Asociación Nacional de Productores de Aceite. Este título fue incorporado al escudo como otra filacteria en la parte baja de este. Parece que este ha sido el escudo oficial desde 1935, aunque se habla que a partir de 1985 la presencia de esta filacteria empezó a caer en desuso. Sin embargo, en 2009 fue autorizado su uso por la Junta de Andalucía en su forma completa, momento en que empezó a revalorizarse esta segunda filacteria (incluso hay un tapiz en la sala de plenos del ayuntamiento con ambas).
Por otro lado, la web también habla de una pintura de 1870 hecha por Juan Montilla Melgar que está en el salón de la alcaldía. Si interpreto bien lo dicho en el libro Heráldica Oficial de la Provincia de Córdoba, de Juan José Antequera Luengo (Facediciones, 2007), un historiador pontanés habla de que en 1935, junto a la incorporación del lema aceitero se introduce sobre el río Genil dos ramas de olivo cruzadas entre sí y con varias aceitunas de color negro (de sable). Este escudo pudo durar hasta la década de 1960, donde se tiene lugar otra modificación: al puente se le representa con tres ojos (justo como es en la realidad) y no con cuatro, como había sido habitual hasta la fecha. Creo que este escudo es el que aparece en una vidriera de la Casa Consistorial. No he visto imágenes en Internet de esta vidriera y de esta versión tampoco. He visto un tallado en una cruz de madera donde el escudo de Puente Genil tiene las ramas de olivo, pero el puente tiene cuatro ojos. Como la descripción del historiador local data de 1970, me atrevería a pensar que poco después de dicha fecha se volvió al puente de cuatro ojos y que en 1985 se volvió definitivamente a la configuración previa a 1935, o sea, sin las ramas de olivo y sin el título olivarero.
Este es el escudo del que tengo más memoria desde mi infancia. Diríamos que el clásico. Lo cierto es que el 23 de marzo de 2009, como ya dije, el Ayuntamiento consiguió de la Junta la autorización definitiva de su escudo oficial, autorización que también afecta al logotipo del pueblo (un escudo altamente esquematizado). En esta petición se retoma únicamente el lema olivarero de 1935, es decir, no las ramas de olivo. La diferencia entre el escudo clásico está en que se alteran colores: antes ambas filacterias eran rojas con letras negras, ahora la de arriba es roja y letras amarillas y la de abajo blanquecina con letras negras.
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