Aventura en un minibús hasta llegar a Santa Marta desde Cartagena de Indias. Varias horas apretujados y recorriendo varias ciudades importantes. Paramos fuera de Barranquilla a tomar un refrigerio y poder ir al baño antes de atravesar el canal hacia el lugar de destino. Lo loco fue que apenas avisaban de cuáles eran las paradas y nos bajamos en la primera de Santa Marta hasta que pudimos hablar con el conductor y explicarle que íbamos hacia un hostel que estaba a las afueras. Literalmente era la última parada, incluso salía de Santa Marta antes.
Llegamos al fin y el hostel estaba excelente, con piscina y todo. El lugar daba para remanso de paz y, como punto de encuentro tras largos años con nuestra amiga Tatiana, una colombiana que pasó varios años de estudio y trabajo allá por Rosario. Mucho que contar, la verdad.
Logramos después pasear por el centro, callejear un poco por los barrios históricos con gente en la calle aliviando las horas de calor o los puestos improvisados de arepas (riquísimas, la verdad). El Parque Santander con su blanca iglesia, los lugares de copas, la zona de movida junto al rompeolas, todo espectacular. Otras partes estaban atestadas de transeúntes que iban de un lado para otro, con las aceras llenas de puestos de ropa y enseres. Una ciudad caótica, una ciudad muy viva.
Paramos en el estudio que acababa de alquilar, con poca o ninguna cosa, así que nos pusimos con ella a ordenar y a comprar cosas para contribuir a los problemas ocasionados. Sus dos perritas, que al principio nos temían, pronto se nos hicieron un ovillo en la cama y querían mimos. Los gatos, eso sí, siempre esquivos. Durante toda la estancia pudimos escuchar su visión, como diplomática, de la historia y actualidad política colombiana de cómo iba modificándose el país y qué perspectivas de futuro le veía. Fue muy instructivo.
Paseos por los anillos principales de la ciudad y los bulevares para ir a comprar en grandes mercados, comidas improvisadas por la calle, música por todos los rincones a alto volumen con temas caribeños para celebrar el cambio de año. Todo muy especial. Eso sí, tantas vueltas dimos que tras una ligera cena de Nochevieja pronto nos fuimos a la cama y ni siquiera los fuegos artificiales y el jolgorio pudo vencer a nuestro sueño.
domingo, 6 de enero de 2019
viernes, 7 de diciembre de 2018
Diario de Viaje: Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias (Diciembre de 2016)
Siempre quise recorrer esta ciudad si una vez visitaba Colombia. Es la ciudad donde tuvo lugar la gesta del increíble Blas de Lezo y así le haría un pequeño homenaje. Pues finalmente, para pasar de año, lo logré.
En el aeropuerto tuvimos varios líos para cambiar moneda y enterarnos de cómo iba el tema de taxis. El hotel estaba cerca pero Google lo ponía en un sitio bastante complicado para llegar. Nada más lejos de la realidad, estaba justo en frente del aeropuerto. ¡Qué ridículos tuvimos que parecer y qué dinero perdido! Pero bueno, había que pagar la novatada. Eso sí, el hotel estaba espectacular, con gran habitación, nutrido desayuno y una piscina para relajarse. Después de disfrutar del lugar fuimos en un taxi casi derruido hasta el casco histórico. Tras bajar en el Parque del Centenario ves que la vegetación es muy diferente de donde provienes y que el calor pegajoso y húmedo de la costa está por todas partes. No faltó la foto de rigor frente a la Torre del Reloj ni recorrer las calles con sus balcones de madera engalanados con multitud de macetas y fachadas pintadas de vistosos colores. Es una experiencia increíble a quien le guste la ambientación colonial.
En la plaza de la catedral probamos unas excelentes arepas que fueron deliciosas, sinceramente. Ganan más las arepas colombianas que las venezolanas, en mi humilde opinión. Incluso pudimos ver un espectáculo de grupos barriales bailando las danzas típicas del lugar. Fue una experiencia muy interesante.
Paseamos por los baluartes de La Merced, Santo Domingo y San Francisco Javier, viendo el grosor de esos muros y lo que debieron sufrir los ingleses cuando arribaron a aquellas costas. Puedes ver el inmenso mar, sentir el fuerte viento y otear los finos y altos rascacielos de la parte moderna. Incluso te puedes hacer fotos en la casa de García Márquez. También en uno de los viajes relámpago vimos de lejos el inmenso castillo de San Felipe de Barajas.
Los lugares para comer, para tomar helado, son innumerables, señal de que esta parte de la ciudad solo vive por y para el turismo. Cerca del hotel había numerosos puestos y comercios y se podía pasear tranquilamente y comer pizza o tomar cócteles. A la otra mañana nos dio por pasear por la costa de la zona del aeropuerto en la que estaban construyendo el paseo marítimo con rompeolas y todo. La caminata duró bastante y en uno de los asientos de hormigón (que eran más cómodos de lo que podía aparecer a primera vista) dormimos una siesta reconfortante.
Estuvimos poco tiempo, pero creo que fue intenso. Otra parada nos esperaba.
En el aeropuerto tuvimos varios líos para cambiar moneda y enterarnos de cómo iba el tema de taxis. El hotel estaba cerca pero Google lo ponía en un sitio bastante complicado para llegar. Nada más lejos de la realidad, estaba justo en frente del aeropuerto. ¡Qué ridículos tuvimos que parecer y qué dinero perdido! Pero bueno, había que pagar la novatada. Eso sí, el hotel estaba espectacular, con gran habitación, nutrido desayuno y una piscina para relajarse. Después de disfrutar del lugar fuimos en un taxi casi derruido hasta el casco histórico. Tras bajar en el Parque del Centenario ves que la vegetación es muy diferente de donde provienes y que el calor pegajoso y húmedo de la costa está por todas partes. No faltó la foto de rigor frente a la Torre del Reloj ni recorrer las calles con sus balcones de madera engalanados con multitud de macetas y fachadas pintadas de vistosos colores. Es una experiencia increíble a quien le guste la ambientación colonial.
En la plaza de la catedral probamos unas excelentes arepas que fueron deliciosas, sinceramente. Ganan más las arepas colombianas que las venezolanas, en mi humilde opinión. Incluso pudimos ver un espectáculo de grupos barriales bailando las danzas típicas del lugar. Fue una experiencia muy interesante.
Paseamos por los baluartes de La Merced, Santo Domingo y San Francisco Javier, viendo el grosor de esos muros y lo que debieron sufrir los ingleses cuando arribaron a aquellas costas. Puedes ver el inmenso mar, sentir el fuerte viento y otear los finos y altos rascacielos de la parte moderna. Incluso te puedes hacer fotos en la casa de García Márquez. También en uno de los viajes relámpago vimos de lejos el inmenso castillo de San Felipe de Barajas.
Los lugares para comer, para tomar helado, son innumerables, señal de que esta parte de la ciudad solo vive por y para el turismo. Cerca del hotel había numerosos puestos y comercios y se podía pasear tranquilamente y comer pizza o tomar cócteles. A la otra mañana nos dio por pasear por la costa de la zona del aeropuerto en la que estaban construyendo el paseo marítimo con rompeolas y todo. La caminata duró bastante y en uno de los asientos de hormigón (que eran más cómodos de lo que podía aparecer a primera vista) dormimos una siesta reconfortante.
Estuvimos poco tiempo, pero creo que fue intenso. Otra parada nos esperaba.
jueves, 6 de diciembre de 2018
Eterno 15 de noviembre
Otro año más, un poco más viejo. Siete lustros que son ya. Pero en el fondo eso es bueno, señal de que sigo vivo. ¿Países que viven con poca democracia? Sigue habiendo y con el tiempo permanecerán, por desgracia. Incluso los países hoy en día más democráticos no están exentos de populismos y pasos atrás en las libertades democráticas. Se nos está quedando una sociedad, realmente, de mierda; donde las corporaciones multinacionales son las que realmente cortan el bacalao y que los corruptos gobiernos no dudan un ápice en recortar derechos en defensa de una mal llamada seguridad.
Todo esto me hace pensativo, todo esto me hace reflexionar si conviene seguir intentando mejorar el entorno que me rodea. Pero como uno es medio tonto sigue que sigue. No sé si la humanidad volverá a la senda del progreso y la concordia en un corto plazo de tiempo.
Y yo cada vez estoy más taciturno, menos comunicativo y retraído. No sé por qué, quizás por una melancolía que me ha inundado en estos últimos meses desde mi retorno a España o porque ya todo me ha desengañado en esta podrida sociedad.
Volví al país tras más de una década y reconstruir lazos es bastante difícil pues cada uno ha tomado su derrotero. Es imposible volver a ser lo que fuimos. Y no puedo agarrarme a los antiguos lazos e intentar recomponerlos con fe: he de ver cómo se reestructura una antigua amistad y crear nuevos lazos, nuevas amistades.
Es por eso que una vez retornado pensé que debía cortar de raíz con Andalucía porque de manera natural intentaría volver por los cauces conocidos y yo no soy el que era ni nadie es como antaño. Pero, paradójicamente, esa elección duele y me postra en un aislamiento autoimpuesto. Es algo esperable, pero no por ello deja de hacer daño. ¡Ay!
Al menos, en comparación con el año pasado, he (hemos) ganado la tan ansiada estabilidad y hemos podido empezar a crear espacios propios y una vida con metas por cumplir. Los trámites burocráticos por fin han salido a la luz y aunque sigan faltando muchos más, se ve la luz al final del túnel.
Como veis, momentos agridulces que no sé si son por la edad, por la experiencia, por el mundo o por yo qué sé. Sigo pensando...
Todo esto me hace pensativo, todo esto me hace reflexionar si conviene seguir intentando mejorar el entorno que me rodea. Pero como uno es medio tonto sigue que sigue. No sé si la humanidad volverá a la senda del progreso y la concordia en un corto plazo de tiempo.
Y yo cada vez estoy más taciturno, menos comunicativo y retraído. No sé por qué, quizás por una melancolía que me ha inundado en estos últimos meses desde mi retorno a España o porque ya todo me ha desengañado en esta podrida sociedad.
Volví al país tras más de una década y reconstruir lazos es bastante difícil pues cada uno ha tomado su derrotero. Es imposible volver a ser lo que fuimos. Y no puedo agarrarme a los antiguos lazos e intentar recomponerlos con fe: he de ver cómo se reestructura una antigua amistad y crear nuevos lazos, nuevas amistades.
Es por eso que una vez retornado pensé que debía cortar de raíz con Andalucía porque de manera natural intentaría volver por los cauces conocidos y yo no soy el que era ni nadie es como antaño. Pero, paradójicamente, esa elección duele y me postra en un aislamiento autoimpuesto. Es algo esperable, pero no por ello deja de hacer daño. ¡Ay!
Al menos, en comparación con el año pasado, he (hemos) ganado la tan ansiada estabilidad y hemos podido empezar a crear espacios propios y una vida con metas por cumplir. Los trámites burocráticos por fin han salido a la luz y aunque sigan faltando muchos más, se ve la luz al final del túnel.
Como veis, momentos agridulces que no sé si son por la edad, por la experiencia, por el mundo o por yo qué sé. Sigo pensando...
domingo, 2 de diciembre de 2018
Diario de Viaje: Playa Blanca en Isla de Barú (Diciembre de 2016)
Pasar de un año a otro siempre es buena excusa para irse a descubrir lugares. Y ya era hora de visitar la vecina Colombia. Bueno, ya habíamos visitado la frontera pero ahora tocaba descansar y disfrutar del Caribe. Y qué mejor que te organicen el viaje hasta allí aunque sea con una empresa que a las 8 de la mañana tienen ganas de invitarte a una cerveza para desayunar y bailar salsa subido a un autobús en marcha. La gente anda loca, en serio.
Playa Blanca está lejos de la industria que rodea ciertos lugares de la carretera que es paralela a la costa. Te deja el autobús en un lugar justo antes de cruzar un puente donde puedes comprar comida, recuerdos o usar el baño antes de adentrarte en la playa. Tras pasar una zona de mucha vegetación llegas a lo que realmente es una playa de arena blanca. Bueno, un amarillo muy pálido, pero da la impresión de que es blanca. Y el mar azul con tintes verdes es una maravilla. Es increíble que queden aún estos lugares.
Lo malo es el turismo masivo y el negocio que orbita a su alrededor. Casi no había lugar para tender la toalla, ya que era una sucesión de sombrillas y tumbonas que se alquilaban a precios desorbitados. Los chiringuitos casi llegaban al agua. Los vendedores ambulantes te atosigaban cuando dabas dos o tres pasos. No se podía disfrutar del día despejado. Y si querías meterte en el agua tenías que tener mucho cuidado con las motos acuáticas, que pasaban casi al lado de la costa. Un peligro enorme.
Tras el almuerzo de pescado y frutas tropicales nos mudamos a un lugar mucho más alejado donde la playa se ensanchaba. Al menos, al pie de una roca gitante, pudimos descansar un rato hasta que tocó la hora de volver a la civilización.
Playa Blanca está lejos de la industria que rodea ciertos lugares de la carretera que es paralela a la costa. Te deja el autobús en un lugar justo antes de cruzar un puente donde puedes comprar comida, recuerdos o usar el baño antes de adentrarte en la playa. Tras pasar una zona de mucha vegetación llegas a lo que realmente es una playa de arena blanca. Bueno, un amarillo muy pálido, pero da la impresión de que es blanca. Y el mar azul con tintes verdes es una maravilla. Es increíble que queden aún estos lugares.
Lo malo es el turismo masivo y el negocio que orbita a su alrededor. Casi no había lugar para tender la toalla, ya que era una sucesión de sombrillas y tumbonas que se alquilaban a precios desorbitados. Los chiringuitos casi llegaban al agua. Los vendedores ambulantes te atosigaban cuando dabas dos o tres pasos. No se podía disfrutar del día despejado. Y si querías meterte en el agua tenías que tener mucho cuidado con las motos acuáticas, que pasaban casi al lado de la costa. Un peligro enorme.
Tras el almuerzo de pescado y frutas tropicales nos mudamos a un lugar mucho más alejado donde la playa se ensanchaba. Al menos, al pie de una roca gitante, pudimos descansar un rato hasta que tocó la hora de volver a la civilización.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Quien la hace, la paga
Estamos acostumbrados a que el poderoso siempre se sale con la suya y que pase lo que pase saldrán de rositas. Incluso nos enojamos cuando se comparan penas entre alguien que roba millones y alguien que roba dos barras de pan. Sí, el mundo es injusto y desigual. Pero hay veces que las cosas nos sorprenden. No sé si es para tapar a gente más poderosa o porque los jueces se cansan de ser manipulados por los poderosos. O quizás porque el clamor popular es tan fuerte que, si fallasen de otra manera, el andamiaje institucional se derrumbaría ipso facto.
Aun algo tarde, es momento que combine viajes con reflexiones. Y quiero hablar esta vez del antiguo vicepresidente de Argentina, Amado Boudou. El caso Ciccone ha sido un fuerte detonante y por muchos aspavientos y apoyos en el seno del kirchnerismo, poco a poco se vio solo y apartado, con apoyos menguantes cuando las pruebas eran muy evidentes.
Vandenbroele, gran amigo de Boudou, había actuado como testaferro en la compra de la empresa encargada de imprimir los pesos argentinos. Esto, unido a que ejercía funciones públicas, era ya demasiado. Pero las declaraciones de Amado y esa autoconfianza en los políticos que atufa a kilómetros, poco le iba a durar. Creía que Cristina Fernández iba a poner todos los cortafuegos posibles para protegerlo. Pero no se dio cuenta que era todo tan flagrante que fue ella quien ha intentado protegerse mediante cortafuegos. Solo los fanáticos lo apoyaban mientras el votante medio quedaba expectante a ver cómo se resolvían los hechos.
Poco ayudaba ya que Vandenbroele dijera que no lo conocía de nada, cuando vivía prácticamente al lado, las pruebas de que pagaba las expensas eran innegables. Boudou fue finalmente acusado de cohecho. En agosto de este año 2018 fue condenado de una manera ejemplar: casi 6 años de prisión e inhabilitación de por vida para ejercer función pública. Incluso creo que tiene que pagar cierta cantidad de multa. Ha sido, a mi juicio, un castigo ejemplar. Una advertencia a los políticos que ya no va a pasar nadie la mano por encima.
La oposición ha babeado con esto y su detención preventiva. Pensaba que ya tenía el camino listo. Se olvidan de que la advertencia va también para ellos. El presidente Macri no tiene las manos limpias y ha de saber que si una vez fueron por el vicepresidente e incluso a la propia CFK, también pueden ir a por él tarde o temprano.
Cada día se notan más las falencias de esta imperfecta democracia, pero estos casos de políticos entrando en la cárcel nos hacen recordar que no todo está perdido, que aún hay gente íntegra que desea que imperen la libertad y la democracia
Aun algo tarde, es momento que combine viajes con reflexiones. Y quiero hablar esta vez del antiguo vicepresidente de Argentina, Amado Boudou. El caso Ciccone ha sido un fuerte detonante y por muchos aspavientos y apoyos en el seno del kirchnerismo, poco a poco se vio solo y apartado, con apoyos menguantes cuando las pruebas eran muy evidentes.
Vandenbroele, gran amigo de Boudou, había actuado como testaferro en la compra de la empresa encargada de imprimir los pesos argentinos. Esto, unido a que ejercía funciones públicas, era ya demasiado. Pero las declaraciones de Amado y esa autoconfianza en los políticos que atufa a kilómetros, poco le iba a durar. Creía que Cristina Fernández iba a poner todos los cortafuegos posibles para protegerlo. Pero no se dio cuenta que era todo tan flagrante que fue ella quien ha intentado protegerse mediante cortafuegos. Solo los fanáticos lo apoyaban mientras el votante medio quedaba expectante a ver cómo se resolvían los hechos.
Poco ayudaba ya que Vandenbroele dijera que no lo conocía de nada, cuando vivía prácticamente al lado, las pruebas de que pagaba las expensas eran innegables. Boudou fue finalmente acusado de cohecho. En agosto de este año 2018 fue condenado de una manera ejemplar: casi 6 años de prisión e inhabilitación de por vida para ejercer función pública. Incluso creo que tiene que pagar cierta cantidad de multa. Ha sido, a mi juicio, un castigo ejemplar. Una advertencia a los políticos que ya no va a pasar nadie la mano por encima.
La oposición ha babeado con esto y su detención preventiva. Pensaba que ya tenía el camino listo. Se olvidan de que la advertencia va también para ellos. El presidente Macri no tiene las manos limpias y ha de saber que si una vez fueron por el vicepresidente e incluso a la propia CFK, también pueden ir a por él tarde o temprano.
Cada día se notan más las falencias de esta imperfecta democracia, pero estos casos de políticos entrando en la cárcel nos hacen recordar que no todo está perdido, que aún hay gente íntegra que desea que imperen la libertad y la democracia
domingo, 11 de noviembre de 2018
Diario de Viaje: Marmolejo (Noviembre de 2017)
Al lado de donde, tras la mudanza de país, vivíamos. Y que nunca lo había visitado. Sorprende que en este viaje de vuelta haya empezado a tomarme en serio lo de conducir, luego gracias a mi tía pude empezar a hacer mis pinitos casi tras 10 años sin tocar el volante. Evidentemente, muchos nervios. Pero bueno, con más pena que gloria llevé a todo el mundo a este encantador pueblo.
Tras aparcar y dejar a mi tía visitando a una familiar lejana pudimos empezar a recorrer algo el pueblo: ver el coqueto ayuntamiento al lado de la iglesia de la Paz, con un campanario que es más afín a los climas del norte que a los inviernos jiennenses.
Pequeñas plazas por todo el pueblo (ensanchamientos de aceras, las despobladas, las que tienen setos y hace de barrera entre calles, etc.) donde poder sentarse a aprovechar el poco sol y tomar algo para ganar energía. Eso sí, si no te hacen caso puedes cambiarte de bar rápido y aprovechar. Después tocó recorrer las calles de casas amplias y bajas, con esa soledad típica del cambio de estación. Casas algunas antiguas de sillería y otras de blanco total, mezclado todo. Y casi siempre calles bastante anchas, de esas que te dan relax al caminar o conducir y no te oprimen, aunque en el verano no te puedes esconder del sol abrasador.
Curiosa la Plaza de España con sus columnas dispuestas en un sentido extraño y las palmeras que cobijan el parque de deportes para mayores. Casi de noche ya, iniciando la vuelta, tocó ver el gran Paseo de la Libertad, ideal para fiestas populares o para evadir el calor veraniego por la noche. No sé, pueblo pequeño pero con gran encanto.
Tras aparcar y dejar a mi tía visitando a una familiar lejana pudimos empezar a recorrer algo el pueblo: ver el coqueto ayuntamiento al lado de la iglesia de la Paz, con un campanario que es más afín a los climas del norte que a los inviernos jiennenses.
Pequeñas plazas por todo el pueblo (ensanchamientos de aceras, las despobladas, las que tienen setos y hace de barrera entre calles, etc.) donde poder sentarse a aprovechar el poco sol y tomar algo para ganar energía. Eso sí, si no te hacen caso puedes cambiarte de bar rápido y aprovechar. Después tocó recorrer las calles de casas amplias y bajas, con esa soledad típica del cambio de estación. Casas algunas antiguas de sillería y otras de blanco total, mezclado todo. Y casi siempre calles bastante anchas, de esas que te dan relax al caminar o conducir y no te oprimen, aunque en el verano no te puedes esconder del sol abrasador.
Curiosa la Plaza de España con sus columnas dispuestas en un sentido extraño y las palmeras que cobijan el parque de deportes para mayores. Casi de noche ya, iniciando la vuelta, tocó ver el gran Paseo de la Libertad, ideal para fiestas populares o para evadir el calor veraniego por la noche. No sé, pueblo pequeño pero con gran encanto.
sábado, 10 de noviembre de 2018
Diario de Viaje: San Antonio de Machala (Noviembre de 2016)
Pues sin comerlo ni beberlo, de sorpresa, me meten como ponente en un simposio y toca prepararse unas charlas a dar en el sur de Ecuador. En avión fuimos a la capital de la provincia de El Oro, y el camino al centro de la ciudad estaba plagado de plantaciones de bananos. A ambos lados y por kilómetros. Aparte, el ambiente con más oxígeno y con mayor humedad hacía un mejor medio para poder disfrutar la noche. Los típicos cableados te dan la bienvenida a Machala y las calles amplias te dejaban caminar tranquilamente.
De noche el Parque Central está iluminado hermosamente. Mucha luz, al contrario que in Ibarra. Y eso ayuda a sentirse confiado, a buscar lugares para comer con tranquilidad y a pasear y ver cómo está iluminada la catedral de la Merced y los edificios colindantes. Bancos, edificios institucionales, rascacielos de negocios, todo está bien iluminado y con un buen ambiente.
El congreso fue bastante interesante, pudiendo recorrer el inmenso campus de la UTMach, con su plaza con banderas gigantes (nos las explicaron en español para después despedirse en inglés... pareceríamos raros) y la gran cantidad de edificios para las facultades. ¡Envidia daba! Pero bueno, nada podía ser genial, pues nos transmitieron la terrible noticia del fallecimiento de una compañera nuestra, que justo iba a dar con nosotros la conferencia pero se excusó porque empezaba a sentirse mal. Joder, qué bajón. Y lo malo que uno tenía que guardar la compostura para poder terminar la jornada y dar una buena impresión a los organizadores.
Con otro compañero fuimos con un grupo de organizadores a cenar pescado cerca de la costa. Ahí ya veías los contrastes intensos entre lujosos edificios y barrios precarios. Guardias de seguridad y muchachos jugando en las calles. Ciudad con contrastes y con una cantidad de parques y plazas considerable.
Otra jornada que tuvimos que vivir con algo de dolor y con explicaciones algo redundantes, envuelto todo en una gran cantidad de actividades artísticas para enseñar las tradiciones del lugar. Interesante esto también. Lo malo fue volver, pues el avión se retrasó varias horas y nadie explicaba mucho, con dos o tres atrasos. Ya en Quito, reventados, casi fuimos timados por taxistas pero queríamos llegar a casa cuanto antes.
De noche el Parque Central está iluminado hermosamente. Mucha luz, al contrario que in Ibarra. Y eso ayuda a sentirse confiado, a buscar lugares para comer con tranquilidad y a pasear y ver cómo está iluminada la catedral de la Merced y los edificios colindantes. Bancos, edificios institucionales, rascacielos de negocios, todo está bien iluminado y con un buen ambiente.
El congreso fue bastante interesante, pudiendo recorrer el inmenso campus de la UTMach, con su plaza con banderas gigantes (nos las explicaron en español para después despedirse en inglés... pareceríamos raros) y la gran cantidad de edificios para las facultades. ¡Envidia daba! Pero bueno, nada podía ser genial, pues nos transmitieron la terrible noticia del fallecimiento de una compañera nuestra, que justo iba a dar con nosotros la conferencia pero se excusó porque empezaba a sentirse mal. Joder, qué bajón. Y lo malo que uno tenía que guardar la compostura para poder terminar la jornada y dar una buena impresión a los organizadores.
Con otro compañero fuimos con un grupo de organizadores a cenar pescado cerca de la costa. Ahí ya veías los contrastes intensos entre lujosos edificios y barrios precarios. Guardias de seguridad y muchachos jugando en las calles. Ciudad con contrastes y con una cantidad de parques y plazas considerable.
Otra jornada que tuvimos que vivir con algo de dolor y con explicaciones algo redundantes, envuelto todo en una gran cantidad de actividades artísticas para enseñar las tradiciones del lugar. Interesante esto también. Lo malo fue volver, pues el avión se retrasó varias horas y nadie explicaba mucho, con dos o tres atrasos. Ya en Quito, reventados, casi fuimos timados por taxistas pero queríamos llegar a casa cuanto antes.
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