Como siempre cada viajecito lleno de anécdotas. Si ya en mi llegada a Buenos Aires al principio de año quisieron retenerme el portátil, que no había autobús directo a Rosario y que en Retiro me la jugaron y tuve que convertirme en polizón de otro autobús este regreso no es menos.
Todo comienza con un retraso de hora y media del vuelo. La razón: que se había roto en Madrid y tuvieron que arreglarlo y tras aterrizar ni dio tiempo a enfriarse los sillones de los otros culos que ya estábamos montados. Y luego dicen cómo existen accidentes de avión (la supervisión me la imagino un vistazo rápido, no dio tiempo a más). Este desbarajuste de horas me iba a joder los planes de regreso y eso que aún no había visto la gigantesca T4S que se concecta mediante metro con la T4... cuanto espacio vacío y escaleras mecánicas, para mí que es para desorientar, si más chiquitita funcionaría igual. Conseguí encontrar qué cinta descargaba equipaje (no fue trivial) y en minutos llegué a Atocha, con un margen de 20 minutos para comprar billete. Tiempo de sobra si no fuese por la incompetencia de las taquillas, así que tuve que llamar a mi familia y pasar la noche allí, con el frío y lluvia que había.
Al día siguiente, más embrollo, huelga de taxistas que comenzaba en Atocha, así que en coche sólo pudimos hacer la mitad de camino y buscar como locos una boca de metro que llevase a Atocha. Afortunadamente a partir de ahí todo bien y a disfrutar de una merecidas vacaciones. Feliz solsticio y año nuevo.
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Publicado originalmente el 31-12-2009
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