domingo, 9 de octubre de 2011

El golem de Praga

Seguro que os suena esta historia. Parece ser que a finales de la Edad Media había en Praga un barrio judío que estaba continuamente oprimido por los dirigentes. Ya sabéis, los cristianos y musulmanes siempre han estado echando la culpa a los integrantes de este credo, creo que por desconocimiento o por trabajar de prestamistas y esas cosas; lo típico, lo que desconoces es fácil de odiar (pensamiento habitual para gran desgracia de la civilización humana). Un rabino, harto de la opresión, hizo de barro a un golem, una especie de ser inanimado que actúa bajo las órdenes de su creador (es como un temprano mito sobre los robots). Tras darle forma introdujo en su boca un papel escrito, ciertas fuentes indican que sólo podía ser el auténtico nombre de Dios y otras que era la orden de actuar o un pasaje bíblico. Así que nuestro golem empieza a moverse como si estuviese vivo y empieza a obedecer al rabino para ahuyentar a los cristianos opresores. La tarea fue cumplida con éxito, tanto que parece ser que no los molestaron durante varias décadas. Sin embargo, el golem no paró ahí y siguió atacando a la gente inocente de la ciudad, incluso a los propios judíos. El rabino, todo asustado intentó que el monstruo recapacitase y dejase de atacar. Unos dicen que incluso mató a su creador y siguió funcionando hasta que devastó la ciudad. Otros opinan que una tropa del ejército lo convirtió en un montón de tierra tras una larga batalla. Algunos incluso suponen que el rabino sólo quedó malherido y que en otro encuentro le quitó el papel para desactivarlo.

Se ha hablado mucho de esta leyenda, incluso creo que hay películas y todo. Lo que no sé es si alguien alguna vez aventuró a describir los pensamientos del propio golem (bueno, puede ser que por construcción no tenga cerebro y sentimientos pero es un buen ejercicio literario). Seguramente el golem se haría preguntas y no obtendría respuestas, obligado a actuar por los designios de alguien desconocido para él. ¿Por qué estoy vivo? ¿Qué misión es la que se me ha encomendado? Quizás se opusiese al mandato de su creador y no estuviese a gusto con el propósito con el que fue creado. Obligado a actuar de manera irracional mientras detestaba lo que estaba haciendo, una y otra vez sufriendo por las vidas que quitaba a la par que de manera involuntaria sus manos desgarraban miembros humanos y aplastaban cabezas para extinguir el débil hálito de vida. En su desesperación, es posible que se preguntase por qué Dios había estado de acuerdo en su creación y en su misión excecrable. ¿No era una creación? ¿No estaba previsto por Jehová? ¿Por qué permitir esa masacre? ¿Era por una buena causa? ¿No sería suficiente con asustar a los opresores y no tener que continuar una eterna espiral de violencia?.

Pudo quizás abandonarse el golem a que intentasen destruirlo para evitar hacer más daño. Daño que no lograba mutilarlo ni exterminarlo. ¿Es que si hubiese querido terminar con su existencia hubiese podido? Es como una irónica concepción de la inmortalidad. La cruel y depravada vida se niega a que desistas de tu misión, por deplorable que sea. Aunque intentes quitarte de enmedio pasará algo que te deje vivo, quizás malherido por vivo al fin y al cabo. ¿Cuál es entonces esa misión que no ha de abandonarse? ¿Matar? ¿Erradicar todo lo que vea porque sólo se me indicó que atacase a la población de Praga sin precisar a quiénes sí y quiénes no? Y algo más aterrador: el encuentro con su creador, el rabino. ¿Por qué reniega de algo que ha hecho con todo su esmero? ¿Tanto me odia? ¿Me crea y me repudia? ¿Soy yo por lo que soy o es por él por su ineptitud al crear algo imperfecto que se ha desviado de sus ingenuos planes? ¿Quizás se arrepintió de la misión que me encomendó o es sólo por poner buena reputación sobre él al evitar que dañe a sus allegados? ¿Es hipocresía lo que veo en sus ojos y escucho de su boca? ¿De verdad soy tan terrible o es que nadie usó su empatía para ponerse en mi lugar?

Así que esta historia puede tener varias moralejas: que en esta sociedad ya no acostumbramos a ponernos en la piel del otro para saber lo que siente al actuar de determinada manera o que a veces pasamos de las cosas que hacemos o provocamos, ya sea porque no nos gustan, ya porque no eran lo que pensábamos, pero que en vez de enfrentarnos a ellas olvidamos que son nuestra responsabilidad y las sorteamos sin parar a ver las consecuencias.

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Publicado originalmente el  05-04-2010

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