Ahora que me he visto con mi gran amiga Nuria voy a comentar algunas anécdotas que sufrí por este hemisferio.
El primer viaje fue a Capilla del Monte, en la provincia de Córdoba. Fue un viaje de Semana Santa para ver que en Argentina hay también montañas y no sólo una llanura interminable con el trinomio vaca-silo-árbol repetido hasta la saciedad. Me enteré del viaje una semana antes de que se hiciese así que como ya dije a lo largo de mi vida "Lo planeado sale siempre mal", aplicado el recíproco. Pues bien, el día del viaje llegamos a la estación de trenes (esos bichos se destilan poco por aquí) y la gente tenía una ilusión tremenda. Y cuál fue nuestra sorpresa de que las lluvias de la semana anterior hicieron que las vías quedaran muy tocadas, luego el viaje en tren fue cambiado por viaje en autobús. El intermedio desde que dijeron que no había tren (que lo había, pero no estaba nuestro vagón a causa de las vías chungas) hasta la salida por carretera se fundamentó en un ataque de mates, guitarra y el cabreo de mi amigo Verba, de estos cabreos de que te salte la vena gorda del cuello.
Bueno, ocho horas después llegamos a Córdoba, conocida por su acento cantarín (duplican las vocales) y otras tres horas para llegar al camping de Capilla. El pueblecito muy tranquilo, poca marcha, aunque eso lo llevábamos nosotros. Hubo asados y vinos en cantidad y se introdujo la definición de Turco: la solté yo en una tienda de campaña para joder a otra tienda ya que aún continuaba la discusión de la comida, llegó el encargado y supuse que era uno de los nuestros y ahí le solté lo de turco. Se sigue usando hasta hoy este término. Habían unos de Mendoza y creo que Ezequiel hizo buenas migas. Intentamos subir el Uritorco, un monte famoso donde dicen que aparecen OVNIS (Córdoba es la provincia por excelencia de las Fuerzas Aéreas, así que...). Digo intentamos porque me quedé a mitad de camino. Se me bajó el azúcar o la tensión, me convertí en un ovillo con los músculos contraídos y empecé a potar. Un poco más y me muero. Para resarcirme en la base del monte me compré una Corona Weiki (llamada Orgasmatrón en España) que son unos alambritos que te lo pones en la cabeza y de un gustirrinín que te cagas.
Hubo sol y buen tiempo esos días y lo pasamos bastante bien. Lo peor fue llegar a Córdoba para volver... En ferrocentral nos comentaron que las vías seguían hechas mierda y que nos devolvían el dinero. ¿Y el autobús de antes para suplir el aborto del transporte? Ah no, a la mierda, con unos 15$ teníamos que conseguir un milagro (el billete de autobús estaba a los 70$). Así que empezamos a manifestarnos a gritar e insultar (una vieja monja se reía de nosotros la muy bastarda) y Valeria sacó el demonio interior. Los "amables" de Ferrocentral llamaron a los anitidisturbios. ¡Sí! Oísteis bien. Nosotros tuvimos que atacar con lo nuestro. Llamamos a la televisión. Tengo que agradecer a un tipo que pasaba por allí y se unió a nosotros hasta que volvimos. Porque sí, volvimos. La encargada de Turismo de la provincia nos llamó y nos consiguió los pasajes. Una santa. Así que tras una aventura interesante pudimos llegar por la mañana a Rosario y dormir a gusto.
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Publicado originalmente el 25-09-2008
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